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Siglo XIX > 1840-1849 > 1841

Manifiesto de Francisco Sentmanat.
San Juan Bautista de Tabasco, 25 de mayo de 1841.

MANIFIESTO DE FRANCISCO SENTMANAT.

SAN JUAN BAUTISTA DE TABASCO, 25 DE MAYO DE 1841.

Tabasqueños:

Cuando allá en diciembre del año pasado me separé de vuestro lado, después de haberos auxiliado en la conquista de vuestras leyes y derechos, me retiré con el más profundo dolor y con el objeto de alejar de vosotros las disenciones que debían resultar de injustas rivalidades.

Desgraciadamente el sacrificio que hice de mis inclinaciones y simpatías, no produjo los buenos efectos que con mi separación me había propuesto alcanzar; pues que en lugar de las desaveniencias que pretendí precaver, se presentaron otras de más fatales consecuencias para la causa que habéis sabido sostener con tanto valor y denuedo.

Así es que la pugna no fué ya entre los caudillos de la libertad de Tabasco, sino entre una facción que aspiraba por la fuerza á dominar al estado sin cuidar de su seguridad ni de su bien, y las autoridades constituidas que pretendían emanciparse de aquella ignominiosa tutela, para poderse dedicar á mejorar la condición de los pueblos, asegurando antes de todo el restablecimiento de sus leyes contra las agresiones de la caduca oligarquía.

Entonces fué cuando tuve ocasión de conocer el aprecio que hacíais de mis pequeños servicios.

Nuestro gobernador los recomendó de una manera bastante honorífica para mí, y el augusto congreso se apoyó en ellos para haberme considerado acreedor al título apreciable de ciudadano del estado.

Comprometísteis además de otras maneras diferentes mi reconocimiento y gratitud.

Pues que vuestros votos me buscaron en el retiro que había elegido, y a pesar de las voriferaciones de la calumnia que se empeñó desacreditarme, suponiéndome designios bastardos, jamás dejásteis de contar con mi hábil cooperación para sostener la justa causa y para consolidar la libertad con el respeto debido a las garantías individuales.

¡Qué imputaciones no me hicieron entonces mis gratuitos adversarios, y qué pruebas no recibí de vuestra ilimitada confianza en la firmeza de mis principios!

Las consideraciones que dispensé á los verdaderos ó supuestos enemigos de las instituciones federales, dieron á mis antagonistas motivo para acusarme de adicto á esa inicua administración, que ha desolado á la república y la ha cubierto de oprobio y afrenta en el exterior por crímenes espantosos y actos horribles de una verdadera inhumanidad salvaje.

¡Centralista, oligarca, retrógrado yo, que he defendido constantemente en Europa y en América la libertad democrática, y que he formado mis costumbres en el país clásico del federalismo que asegura el ejercicio de los derechos políticos de los pueblos sin la licencia ni el desorden!

¡Que delirio! El federalista que haya dado acogida á tal especie, no me conoce; y miserablemente se equivoca el centralista que me considere su parcial por el respeto religioso que haya yo dispensado á su simple opinión, á su persona, su honor y su fortuna.

Lo veréis, tabasqueños, ahora que vamos á buscar al enemigo á sus propias posiciones para vengar la sangre que ha derramado de nuestros compatriotas con la mayor inhumanidad en la acción de Comitán; y ahora que vamos á hacer progresar nuestra justa causa por lo restante de la república.

Esos horribles asesinatos cometidos en ciudadanos inermes, que arrodillados imploraron en vano la clemencia del vencedor, ó que en los hospitales en que se hallaban enfermos, han recibido la muerte en lugar de la asistencia que la humanidad les debía, serán bien pronto castigados en las personas de sus inicuos perpetradores.

Si hay y habrá consideraciones con los pacíficos centralistas y aun con los que en el campo de batalla sostengan sus opiniones, arreglando su conducta á los principios reconocidos por los pueblos civilizados en el modo de hacer la guerra, no habrá ningun miramiento con los que lo violen de cualquiera manera que sea, ni menos con los asesinos, que como en la acción desgraciada de Comisión abusen de la victoria.

Tales son, tabasqueños, mis principios, y tales las reglas que servirán constantemente de norma á mi conducta política, civil y militar.

Os lo juro.

Fuente:

Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940.  Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. Edición y formación en computadora al cuidado de Isidro Saucedo.  México, 1998. p. 189-190.