Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

  Siglo XIX

      1890-1899

      1880-1889

      1870-1879

      1860-1869

      1850-1859

      1840-1849

          1849

          1848

          1847

          1846

          1845

          1844

          1843

          1842

          1841

          1840

      1830-1839

      1820-1829

      1810-1819

      1800-1809

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XIX > 1840-1849 > 1840

Discurso de Anastasio Bustamante al abrir las sesiones del primer periodo del Congreso. Enero 1, 1840. Al cerrar dichas sesiones. Junio 30, 1840. Al abrir las sesiones del segundo periodo. Julio 1, 1840. Al cerrar dichas sesiones. Diciembre 31, 1840.
Enero 1, 1840. Junio 30, 1840. Julio 1, 1840. Diciembre 31, 1840.

El General Bustamante, al abrir las sesiones del primer período, en 1 de Enero de 1840.

Ciudadanos diputados y senadores:

Vais á renovar en este día el período de vuestras tareas legislativas: de ellas espera nuestro país la consolidación del orden público, el total restablecimiento de la paz interior y el sostén de sus derechos y crédito en lo exterior.

Decidido el Ejecutivo á conservar todo el vigor de las leyes, restituyó en 30 de Julio último la que arregla la libertad de la prensa, y habiéndose generalizado por ella la opinión sobre la necesidad de las reformas constitucionales, el Supremo Poder Conservador hizo la declaración correspondiente sobre la voluntad nacional en tan interesante materia.

En efecto, dicho Poder Supremo ha declarado que, sin aguardar el período designado en la misma Constitución, se puede proceder á efectuar las reformas que más convengan á las exigencias públicas en el modo legal que ella prescribe.

El Gobierno se propone, tan luego como sea suficientemente conocida la opinión pública sobre los puntos más importantes de las reformas, presentar sus proyectos al Cuerpo Legislativo, obsequiando esa misma opinión, que en todos los Departamentos se ha expresado unísona en el sentido de que ellas se hagan de un modo legal y pacífico, y sin dar lugar á nuevos proyectos que comprometerían su tranquilidad y nos alejarían de los bienes inestimables de la paz.

Apenas ha comenzado á disfrutarse de ella, cuando el Ejecutivo ha fijado su atención hacia los establecimientos literarios y de beneficencia pública, procurando asegurar sus rentas en medio de la excesiva penuria del Erario.

Como resultado de las revoluciones anteriores, la seguridad pública se ve amagada, especialmente en los caminos y despoblados, por bandas de malhechores, á quienes sólo podrá escarmentar el castigo más pronto y ejemplar.

Entretanto que la Administración de Justicia provee de remedios eficaces á tan urgente mal, el Gobierno no duda recomendar á las Cámaras las iniciativas hechas por algunas Juntas Departamentales contraídas á que los ladrones de esta clase sean juzgados militarmente.

Algunas gavillas de bandidos, favorecidas por la fragosidad del terreno, hostilizan aún el departamento de Michoacán, á pesar de la constante persecución que sufren por parte de las tropas del Gobierno; mas espero que muy pronto serán escarmentadas.

Restablecida la tranquilidad en lo interior de la República, apenas había quedado un pequeño número de revolucionarios en los departamentos interiores del Oriente, acaudillados por Anaya, Canales y Zapata, después de la prisión del ExGeneral Lemus; pero obstinados hasta el exceso en llevar adelante sus miras anárquicas, se han unido á los aventureros venidos de Texas, y seduciendo á los incautos habitantes de las villas situadas á las márgenes del Río Bravo, aumentaron con ellos su fuerza y sitiaron á Matamoros; mas el valor y heroica constancia de la benemérita división del Norte y la bizarría de su digno General en Jefe, D. Vicente Canalizo, frustraron completamente sus perversos designios, y, según participa el mismo General, se habían retirado ya de aquellas inmediaciones.

Los importantes servicios que componen la expresada división, han prestado siempre contra los enemigos de la integridad del territorio, los hacen dignos de la gratitud nacional, y el Gobierno va á ocuparse muy pronto de recompensarlos con proporción á su mérito sobresaliente, así como también lo hará con los demás que, habiéndose distinguido en la lucha contra la Francia y contra los enemigos de la tranquilidad interior, no han sido aún remunerados.

La conducta de las autoridades de los departamentos limítrofes á Texas, es igualmente digna de los mayores elogios por su decisión y uniformidad en contrariar los planes de los desnaturalizados mexicanos que intentan separar de la unión nacional algunos de aquellos pueblos; y el Ejecutivo no omitirá cuantos esfuerzos estén á su alcance para asegurar nuestras fronteras, recobrando el territorio de Texas, usurpado por los ingratos extranjeros á quienes dimos una generosa hospitalidad en aquella parte de la República.

Desde 18 de Junio del año próximo anterior dirigió el Gobierno á su Consejo la iniciativa que con algunas modificaciones elevó después al Congreso el 26 de Noviembre, pidiendo facultad para hacer los gastos necesarios y adoptar las medidas político-militares conducentes á. fin de reducir á la unión nacional el Departamento de Texas, cuya iniciativa se halla pendiente en la Cámara de Diputados, lo mismo que otra, que tiene por objeto el que se declaren traidores á la patria los que con hechos ó por escrito fomenten las miras de cualquiera potencia extranjera ó de los usurpadores de Texas, para la desmembración del territorio mexicano ó para dominarlo.

El Ejecutivo tiene el honor de recomendar de nuevo ambas iniciativas, esperando os ocuparéis de ellas con el empeño y urgencia que la importancia de su objeto exige de vuestro patriotismo.

Los Departamentos limítrofes á las tribus bárbaras continúan hostilizados por sus frecuentes incursiones, y el Ejecutivo se ocupa de proporcionar los recursos y dictar las medidas que exige la seguridad de aquellos habitantes.

Los decretos que en uso de la facultad concedida por la ley de 13 de Junio de 1838, ha expedido el Gobierno, se os han comunicado por el Ministerio respectivo, y se os dará. conocimiento de los que aún faltan para el completo arreglo del Ejército.

Estando el Gobierno convencido hoy más que nunca de la necesidad de crear una Marina bien organizada, se ocupa de la iniciativa que os dirigirá muy pronto sobre un asunto tan interesante.

Dado el decreto del 1 de Junto, que convirtió la deuda extranjera, de un modo tan ventajoso á la. República como á los tenedores de bonos, el Gobierno lo reglamentó, y, en consecuencia, se está destinando la sexta parte de los derechos de las Aduanas marítimas de Veracruz y Tampico al pago de los respectivos dividendos.

Merece muy especial consideración el ramo de Hacienda, como que de él depende la subsistencia del Gobierno y de la Nación toda. Mientras no se igualen los ingresos con los egresos, es imposible arreglar los diversos ramos de la Administración pública.

En solicitud de recursos extraordinarios se verá el Gobierno precisado á adoptar medidas más ó menos ruinosas, según la naturaleza ó condiciones de los negocios y en proporción á las circunstancias políticas de la República.

Los capitales que debieran destinarse al fomento de la industria nacional y demás empresas útiles, se invertirán en especulaciones de tan fácil corno excesivo lucro, y la Nación se desmoralizará á medida que se ensanchen los límites del agiotaje, caminando con pasos avanzados á su total ruina.

Este, en concepto del Gobierno, es el punto más grave, y que requiere toda la atención y pronta dedicación del Cuerpo Legislativo.

Si ha de haber orden, y si éste se ha de consolidar, es indispensable que al Gobierno se le proporcionen los recursos necesarios para cubrir el deficiente que resulta en las erogaciones públicas.

Debe, pues, reducirse el Presupuesto general de gastos á lo más preciso, á lo absolutamente indispensable, y si no bastan para cubrirlo las rentas actuales, deben establecerse prontamente las que después de un maduro examen se crean menos gravosas y más convenientes.

Sería inútil agregar, que en esta organización tan necesaria como ejecutiva, debe obrarse uniforme y simultáneamente; pues los arreglos parciales de uno ú otro ramo sólo producirán, en vez de utilidad, complicaciones y trastornos.

Tengo la satisfacción de anunciaros, que las naciones amigas continúan en buena inteligencia con el Gobierno de la República, y que otras desean entablar con ella relaciones de amistad y comercio.

Pendientes se hallan de vuestra aprobación los tratados celebrados con la República del Ecuador, los reinos de Wurtemberg y Baviera, las Ciudades Anseáticas y la Confederación Helvética.

El Gobierno de S. M. B., por medio de su Ministro en México, ha dado las pruebas más inequívocas de su amistad en los buenos oficios que ejerció para la celebración de los tratados de paz con Francia y en la armonía con que ha seguido cultivando sus relaciones con la República. Se ha concluido un tratado de amistad y comercio entre México y S. M. el Rey de los Belgas, que se someterá oportunamente á vuestra aprobación.

Los preliminares del Tratado de Comercio con España están pendientes de su ratificación en aquella Corte. Ha llegado recientemente á esta capital el Sr. D. Angel Calderón de la Barca, Ministro Plenipotenciario y Enviado Extraordinario de S. M. C. cerca del Gobierno de la República, y me prometo que, con tal motivo nuestras relaciones adquirirán muy pronto nueva fuerza y vigor en favor del comercio de ambos países.

Aunque no había admitido S. M. el Rey de Prusia el arbitraje á que se le invitó para dirimir las diferencias entre México y los Estados Unidos, conforme á la convención de 10 de Septiembre de 1838, posteriormente se ha servido aceptarlo, nombrando, al efecto, como su representante, al Sr. Barón Reo une, su Ministro Plenipotenciario cerca del Gobierno de Washington.

Confío fundadamente en que, allanadas las dificultades que hicieron necesario este paso, nuestras relaciones con aquella República continuarán, como hoy existen, en los términos amistosos y benévolos que deben perpetuarse entre dos naciones amigas y vecinas, habiendo sido recibido ya oficialmente con el carácter de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de ella el Sr. Porrhatan Ellis.

Nuestras hermanas las Repúblicas del Sur y Centro América han sido invitadas de nuevo por México para formar una Asamblea de Plenipotenciarios que arregle su derecho internacional, adquiriendo por su unión la fuerza defensiva de que pudieran carecer si permaneciesen aisladas; y no dudo que un proyecto tan útil como grandioso, llegará á realizarse en beneficio común de todos los países, á los que, unidos por los vínculos naturales de un mismo origen, religión, idioma y costumbres, deben estrechar todavía más y más la identidad de intereses y la vecindad de las localidades.

Los tratados de paz, que pusieron término á nuestras diferencias con la Francia, se han ratificado ya por su Gobierno, y cuando se reciban se publicarán con las formalidades establecidas.

El de la República se ocupará con la más preferente atención de todos los arreglos preliminares para cumplir las estipulaciones respectivas del tratado y consolidar las buenas relaciones que deben existir entre los dos países.

S. M. el Rey de los franceses ha nombrado con este objeto, y con el carácter de Ministro Plenipotenciario, al Sr. Barón Alleye de Ciprey, y se espera de un momento á otro su llegada á la República.

En tal estado de cosas, y cuando sólo debiera felicitarme con el Congreso por la reconciliación entre mexicanos y franceses, me es muy sensible manifestares, que el Gabinete de las Tullerías ha reconocido por un tratado de amistad, comercio y navegación la independencia de la llamada República de Texas.

Nuestro Ministro en París ha protestado debidamente contra este acto, que por notables circunstancias ha parecido al Gobierno poco conforme á la buena inteligencia y amistad que por les tratados de Veracruz debieran restablecerse de una manera más satisfactoria.

Os he manifestado, representantes del pueblo, con la franqueza y sinceridad que me caracterizan, el estado de la Nación al tiempo de abrir las sesiones del presente período constitucional: os he indicado también medidas que, en concepto del Gobierno, deben adoptarse para promover la felicidad de la Patria.

A vosotros, á vuestra prudencia y sabiduría, toca remediar los males más urgentes de los pueblos, que os han confiado sus poderes para la prosperidad común de una nación, que á la verdad es digna de mejor suerte.

¡Quiera el cielo ilustrar vuestras tareas legislativas, para que veáis logrados los grandiosos objetos de vuestra alta y noble misión!

Contestación del Presidente del Congreso, B. José Rafael Berruecos.

Las revoluciones de los cuerpos políticos, observa un político moralista, suelen tener sus períodos como las enfermedades de los cuerpos humanos, para sus crisis decisivas.

Si la observación es exacta, plugiese al cielo que á los seis lustros de inquietudes, desastres y amarguras que han apurado los mexicanos desde su glorioso grito en el pueblo de Dolores, se efectuase la postrera crisis que afianzara para siempre su bienestar, su dicha y su buen nombre.

Tal es el voto ardiente del Congreso, y la dulce esperanza que lo alienta, al ver con ojo filosófico el cuadro que hoy ofrece la República al través de algunas sombras, pero sombras que, cargando especialmente á los contornos, hacen resaltar más los plácidos objetos que figuran en el centro.

En este, al recordar tristes memorias, se ve con asombrosa admiración, que México, á despecho de una suerte fatal y caprichosa, después de haber sufrido tan fuertes sacudimientos y multiplicados vaivenes, sostiene dignamente el rango de Nación libre y soberana, sin haber ofuscado la gloria singular que se debe á sí solo, la gloria de haberse elevado á ese alto puesto por la heroicidad de sus propios esfuerzos, sin haber mendigado los ajenos.

Tendiendo la vista al exterior, aparece el cuadro no menos halagüeño. Las Repúblicas hermanas y una vecina respetable con quienes México tanto simpatiza en sentimientos liberales, siguen obsequiándolo con el homenaje de la fraternidad y de la benevolencia.

La primera amiga entre las potencias de Europa, esa nación generosa que se adelantó á las demás para acatar á México independiente y aceptar sin desdén los favores con que éste brindara á todas desde un principio, continúa en la mayor inteligencia; y después de haber prestado algún servicio importante, parece dispuesta á dispensarle todavía nuevos oficios.

Las otras potencias, unas han entrado ya en relaciones igualmente amistosas, otras se van sucediendo en solicitarlas con empeño, y todas se pre rentan con la divisa y garantía de la libertad y la franqueza.

La España, que á fuer de madre muy sensible á los celos, se había mostrado esquiva tanto tiempo, cambiando de dueño cambió también de afectos, depuso espontáneamente el ceño adusto, y hoy con la risa en los labios acaba de dar prendas de la más fina y tierna amiga.

En fin, concluidas las malhadadas diferencias con la Francia, bien que á costa de un sensible triunfo, pero triunfo quizá más honroso para el vencido que glorioso para el vencedor, reina, al menos por ahora, la paz y la armonía con todas las potencias exteriores.

Volviendo los ojos al interior, se mira casi restablecido el orden y tranquilidad en lo general de los Departamentos, y se concibe seguro que los restos existentes del fuego de la rebelión no tardarán en apagarse en sus propias cenizas, seguridad que presta no sólo el poder de las armas, sino también y principalmente el buen sentido de la mayoría de los pueblos, harto escarmentados ya con los golpes de una cruel experiencia.

Solamente sobre un lejano confín del horizonte se divisa un nublado tempestuoso, levantado por la insolencia de unos huérfanos ingratos é impregnado un poco más hoy día por la perfidia de unos cuantos mexicanos, indignos de este nombre.

Un esfuerzo noble de los que saben apreciar el timbre de la Patria, bastará á conjurar ese nublado, y lo disipará, haciendo que descargue sobre las cabezas de sus mismos autores. Para ello será preciso hacer algunos sacrificios costosos.

Pero ¿qué son los sacrificios para México, cuando los exigen el honor nacional y la integridad del territorio, especialmente hoy que estos títulos sagrados, según acaba de revelar el Gobierno, han sido desatendidos por la Francia en favor de los texanos, contra lo que era de esperarse, de una reconciliación tan sincera de nuestra parte, y tan reciente?

A vista de este cuadro, mal trazado pero verdadero en el fondo, cuyo colorido no lo ha prestado el arte de la perspectiva ilusoria, sino la realidad positiva de las cosas, qué ventura feliz no debe prometerse el Congreso?

¿Qué pronóstico favorable no debe hacer á los mexicanos? El Congreso ve ya orientar el día en que los votos de la Nación sean de todo punto cumplidos. Sólo restaba que fuese secundado el anhelo de ella por las reformas de sus leyes fundamentales. El Supremo Poder Conservador no ha vacilado en abreviar el término para ese efecto.

Las reformas se harán con arreglo á las mismas leyes, en todo lo que estén de acuerdo la razón, la justicia y la conveniencia pública, y bajo la protección de la Alta Providencia, que si no ha abandonado hasta aquí á la Nación en manos de su propio consejo, seguirá fomentando en los corazones mexicanos el espíritu de unión fraternal y de espontánea docilidad á sus divinas inspiraciones.

El Congreso cuenta con tan plausibles auspicios; cuenta asimismo con la eficaz cooperación del Ejecutivo y de los otros Poderes; y protesta por su parte consagrar todos sus desvelos al bien general de sus dignos comitentes, en desempeño de la soberana confianza con que le han honrado.

Se ocupará oportunamente de las medidas que ha indicado el Gobierno, dando la preferencia correspondiente á las que versan sobre arreglo de la Hacienda y Administración de Justicia.

¡Dichoso mil veces si lograra llenar los objetos que abrazan sus deseos! Vería entonces realizada la esperanza que lo anima, de que en el año de 1840 comience la era de felicidad para el pueblo mexicano.

El General Bustamante, al cerrar dichas sesiones. en 30 de Junio de 1840.

Señores:

Vuestros trabajos legislativos en el período que concluye hoy, han correspondido á la importancia de algunas medidas de interés común, que os ha propuesto el Gobierno.

El arreglo que habéis hecho para expeditar la Administración de Justicia en la Corte Marcial; los recursos que habéis decretado para auxiliar al Ejecutivo, aunque insuficientes como vosotros conocéis, para remediar las necesidades del Erario, y el acuerdo de que se ocupa el Senado para sistemar el uso saludable de la imprenta, merecen, entre otras leyes importantes que habéis expedido, muy particular atención.

El Gobierno, tan decidido por la libertad de escribir y de pensar, como opuesto á un desenfreno que tanto desacredita al sistema representativo, desea que la imprenta entre nosotros sirva para ilustrar al pueblo, para corregir los abusos ó errores de los gobernantes y para asegurar con su fuerza y su prestigio las garantías individuales; pero no puede ver sin horror que sea el vehículo del desorden, de la calumnia y de la guerra civil.

El acuerdo que se halla en el Senado sobre este interesante asunto, nada tiene de opuesto á los reglamentos vigentes en las naciones más ilustradas y es muy conforme á los principios de una verdadera y sólida civilización.

El próximo período en que vais á continuar vuestras tareas, está destinado al examen de los presupuestos y de las medidas convenientes para proporcionar al Gobierno las sumas indispensables para los gastos del Tesoro público. Habrá otros de que tendréis que ocuparos, por ser urgentes y de interés.

El General Bustamante, al abrir las sesiones del segundo período, el 1 de Julio de 1840.

Señores:

Nunca ha necesitado más el Gobierno de la cooperación del Cuerpo Legislativo, que en las circunstancias presentes. Objetos de importancia y trascendencia extraordinaria reclaman de ambos Poderes todo el celo y todos los esfuerzos que desde luego deben emplearse cuando se trata de consolidar el crédito exterior y asegurar la integridad y reposo interior de la Nación.

Instruidos ya vosotros por las repetidas manifestaciones del Ministerio, de la preferencia con que deben dictarse algunas medidas de salvación, yo no haré más que indicarlas y excitar de nuevo vuestra sabiduría y patriotismo.

La Constitución ha destinado especialmente el período que comienza hoy, para el examen del Presupuesto general y arreglos convenientes á fin de nivelar los ingresos con los egresos del Tesoro público.

Vosotros sabéis que hay un enorme déficit, y que, aun cuando el Gobierno pudiera disponer libremente de la totalidad de sus rentas, todavía sería necesario que se pensase en nuevos arbitrios para cubrir completamente los gastos de la administración pública.

El Congreso tiene conocimiento de los arreglos que se hicieron á consecuencia de la ley de 8 de Agosto del año anterior, de la religiosidad con que el Ejecutivo ha cumplido sus compromisos y del pago que se está haciendo á los tenedores de bonos mexicanos conforme al convenio aprobado por la ley de 1? de Junio de 1839.

La usurpación de Texas y el peligro que amenaza á los Departamentos limítrofes, hostilizados á la vez por los bárbaros; la sublevación de Yucatán contra el orden constitucional; la necesidad de comprar buques de guerra; "la urgencia de completar los cuerpos permanentes del Ejército y de organizar los de milicia activa, y la de auxiliar, en fin, con oportunos recursos á las divisiones del Norte y á otras que se hallan en campaña, reclaman toda la solicitud del Cuerpo Legislativo.

Sin los recursos necesarios, los esfuerzos del Gobierno no corresponderán á sus deseos, y los males que puedan sobrevenir, serán el resultado de las dificultades que encuentre el Ejecutivo para precaverlos.

Vosotros estáis viendo en las divisiones del Norte y en la guarnición de Campeche el carácter distintivo y el mérito del Ejército mexicano.

Los triunfos que han obtenido las primeras y la resistencia heroica y capitulación honrosa de la última son un testimonio inequívoco de lo que se debe al valor y al patriotismo de soldados fieles, sufridos y subordinados.

Ellos han merecido bien de la Patria y se han hecho justamente acreedores á la consideración de sus dignos representantes.

Si la Nación es sensata, y si está decidida por la paz y el orden público, no por eso faltan enemigos interiores que se empeñan en inflamar los combustibles que han aglomerado los años desgraciados de nuestra existencia política.

La revolución se ha sofocado mil veces, porque los pueblos y sus autoridades tienen á la vista el abismo en que quisiera precipitarlos el monstruo de la anarquía.

Las intrigas revolucionarias, no obstante, se suceden sin interrupción: los pretextos para el desorden se multiplican, y hasta los esfuerzos que hace el Gobierno para mantener ilesos los principios fundamentales del sistema representativo, dan á los malos, por circunstancias que el Congreso sabe, y yo no debo mencionar, una arma poderosa para atacar y subvertir el orden establecido.

Al Congreso, pues, toca, y á su vez al Gobierno, remover los obstáculos que tanto contrarían la felicidad pública. Nada será más eficaz que las útiles y urgentes reformas de la Constitución, cuyo proyecto se ha presentado ayer en la Cámara de Diputados por su comisión respectiva.

De ellas están pendientes los pueblos, y sólo con ellas podrán ponerse en acción los elementos fecundos en que abunda la República, para figurar dignamente entre las naciones poderosas y civilizadas.

Yo recomiendo, pues, al Congreso este punto de tan vital importancia, y debo asegurarle también, que de él espera la Nación su bienestar y su prosperidad.—Dije.

Contestación del Presidente del Congreso, D. José María Figueroa.

Al abrirse las sesiones del segundo período constitucional del año de 1840, no será permitido anunciar prosperidades, cuando todo conspira á infundir temores de un porvenir desgraciado.

Son tan notorios cuanto graves los males que afligen á la Nación: un Erario empobrecido, costumbres cada día más depravadas, inseguridad de bienes y de la vida en un país infestado de bandidos, y al lado de esta calamidad una general miseria.

El desarreglo, la discordancia en todo y un espíritu siempre creciente de desunión y discordia, son los caracteres casi distintivos de la desgraciada sociedad en que vivimos al presente.

No es exagerada la pintura: el cuadro está toscamente bosquejado, y, no obstante, su imperfección derrama en el ánimo las ideas más ingratas y melancólicas. Las autoridades trabajan por contener ese torrente de desorden, y con sus esfuerzos nobles detienen un algo el curso de sus progresos.

Cuál podría ser el origen de males tamaños y tantos? No otro, á la verdad, que las revoluciones que han como familiarizado, en el suelo más rico, más abundante y que reúne los elementos de grandeza y felicidad.

Incitar á la desobediencia; quitar á las leyes su fuerza y su vigor; enmascararse con el patriotismo para seducir á la multitud; invadir las ajenas propiedades; romper los diques todos de la moral y asaltar los puestos públicos, arrancando el gobierno de aquellas manos á las cuales únicamente lo confiaron los pueblos por un orden legal; he aquí lo que hacen las revoluciones y los inmensos daños que producen, no siendo el menor la disensión y odios que engendran en individuos de un propio suelo, en miembros de una misma familia.

A estado tan deplorable nos han traído las revueltas, sin que un solo momento pueda consentirse que el sistema y la actual administración son causas productivas de esas fatalidades.

Amontónense cargos para hacerlos caer sobre las leyes fundamentales y el Gobierno, por razón de que los males se miran de presente, que la preexistencia de estos mismos responden bien á las imputaciones calumniosas.

¿Como pudiera crearse un Erario, ni arreglarse los diferentes ramos en medio de las agitaciones, ya de una guerra extranjera, ya de las intestinas, que conmueven el país y multiplican los gastos? El orden, inseparable de la paz, desaparece tau pronto como ésta se pierde.

Pero las revoluciones nacen de las injusticias del Gobierno, de la tiranía que ejerce y de la opresión en que se vive. ¡Y quién sin tener el ruin destino de desconceptuar al Gobierno, podrá hablar de esta manera, mirando la confianza en que se vive y el sosiego con que se descansa por la noche?

Los mismos enemigos del Gobierno que se apellida tiránico, ¿no se pasean tranquilos por medio de la ciudad á las claras horas del día? ¿Hay espionaje? ¿Se teme ser sorprendido en una conversación?

No más los criminales, que sienten momentáneamente los pasos de la justicia, espantados siempre por las aldabadas de la conciencia, se inquietan á toda hora: los demás no temen, porque no tienen de quien temer.

Cuando se habló al principio de un porvenir azaroso, no se quiso significar que los enemigos del orden llevarían á cabo su temeraria empresa, sino que á los males presentes seguirían otros mayores.

Puede asegurarse, por el contrario, que no lograrán, como lograron, cambiar el Gobierno por las vías del crimen y de la fuerza, ó porque el actual régimen cerró en mucha parte la entrada á las ambiciones particulares y las armas no están en las masas, que como los fluidos se mueven y ondulan á cualquier impulso; ó, lo que es más seguro, porque la Providencia puso ya un término á las conflagraciones generales, y si permite que haya algunos movimientos convulsivos, acaso es, entre otros motivos, sin pretender sondear sus inescrutables designios, para disminuir el número de esos famosos caudillos, que vienen como arrastrados por sus crímenes, hasta de países extraños, buscando su castigo y el sepulcro.

Esta predicción, que no es resultado de los cálculos de un político profundo, ni menos efecto de sobrehumana inspiración, procede de algún conocimiento del sistema, de los rastros que en nuestra reciente historia dejaron los hechos de la revolución, del número remarcable de cabecillas que han perecido desde Moctezuma hasta Zapata, y de los planes muy adelantados que se tienen para refundir en pocos días hasta lo que no pende de los gobiernos de la tierra.

Y pues las revoluciones nos perdieran del todo como nos han arruinado hasta aquí, combátanse hasta su exterminio, usando, caso que la blandura y persuasión se desprecien, del rigor y de la fuerza.

Trabájese en ello sin descanso, y ni un día, ni un solo momento deje de tratarse de la reducción de Texas, de ese Texas cuartel general de anarquistas, plantel de revoluciones y punto en que se apoya una palanca cuyo extremo de potencia está qué se yo dónde, pero para obrar contra la independencia de México.

Y ya que los ingratos colonos nos fuerzan á que les hagamos la guerra por nuestra propia seguridad, llevémosla, y será garante del triunfo la justicia, que irá delante de nuestras banderas.

Si como es de temer, empeorásemos nuestra situación, se aflojaren más de lo que están los vínculos de unión, y aun bamboleasen las bases que sostienen el edificio social, no siendo permitido jamás desesperar de la salud de la República, opónganse á los grandes riesgos un ánimo todavía mayor, haya una inmutable firmeza y resuélvase con brevedad y sin vacilación en los momentos de angustia.

Semejante conducta (se asegura) salva á los gobiernos y libra á los pueblos de los horrores anárquicos.

El proyecto de reformas constitucionales, presentado ya por la Comisión, pasará á las Juntas Departamentales.

Tienen los escritores públicos una materia, la más vital acaso que pudiera ofrecerse para hacer á la causa nacional un distinguido servicio, abriendo una discusión franca y noble, que ilustre los muchos y graves puntos que abraza.

Los anarquistas, si no han de seguir la conducta del lobo del apólogo, que al fin devoró al inocente cordero, deberían deponer las armas desde Texas hasta Yucatán.

La única manera de dar á las obras de los hombres, que salen siempre toscas de sus manos, aquella perfección de que son susceptibles, es mejorarlas con los conocimientos que dan el tiempo y la experiencia. La fuerza nunca jamás será órgano de la razón.

El Congreso, que espera del celo, actividad y tino del Ejecutivo que por todos medios hará volver á la Nación el reposo de que tanto necesita; va á dar toda su atención á los objetos que son propios de este período de sesiones; la dará igualmente á los negocios que ocurran con los requisitos que expresa el art. 21 de la tercera ley constitucional, y cooperará sin reserva con cuanto sea de su resorte al logro de los empeños y atenciones del Ejecutivo; porque abunda en deseos de la felicidad del país, y ningún sacrificio que á eso tienda, le parecerá grande.

Quiera, entretanto, el Soberano Autor de las sociedades dirigir en circunstancias tan aciagas una mirada de clemencia hacia esta Nación, ha tanto tiempo infortunada, disipando con su poder irresistible los nublados que asombran en parte el hermoso cielo de la República.—Dije.

El General Bustamante, al cerrar dichas sesiones, en 31 de Diciembre de 1840.

Señores diputados y senadores:

Los trabajos de los Cuerpos Legislativos en los períodos difíciles, y cuando la inquietud pública hace infructuosos los esfuerzos más patrióticos y las más puras intenciones, se paralizan forzosamente ó se complican por lo menos con notable perjuicio de la sociedad.

Apenas comenzabais á ocuparos de los negocios importantes consignados en los arts. 14 y 21 de la segunda ley constitucional, cuando estalló en esta capital la asonada escandalosa del 15 de Julio, comprometiendo la paz, el orden público y los más caros intereses de los mexicanos.

Sofocada por los valientes servidores de la Nación, y por la energía de sus autoridades, no dejó por eso el espíritu revolucionario de sembrar aún la desconfianza, precursora de la discordia y de la guerra civil; pero me lisonjea la fundada esperanza de que los conatos de los anarquistas se estrellarán siempre en la fidelidad incorruptible de los verdaderos patriotas.

Sensible es ciertamente que circunstancias tan azarosas hayan impedido la aprobación del Presupuesto general de gastos, objeto casi exclusivo de estas sesiones; pero la Nación sabe que la culpa no es de vosotros: está satisfecha de vuestro celo en el cumplimiento de vuestra alta misión, y lo quedará mucho más cuando sepa que los trabajos que tenéis adelantados sobre tan importantes materias, facilitarán los del año próximo venidero.

Ella, además, os estará agradecida porque habéis premiado el mérito de los bravos y leales militares que en la capital y en los Departamentos han combatido denodadamente en defensa de las leyes y de la integridad del territorio de la República; porque habéis aliviado las angustias del Gobierno, decretando un préstamo, que ya comienza á realizarse; porque os habéis ocupado de meditar los arbitrios que pudieren poner término á los males que causa en el comercio y en las clases más necesitadas la falsificación de la moneda de cobre; en fin, porque entre otros objetos dignos de vuestra atención, no olvidasteis el muy principal de las reformas constitucionales, publicando un proyecto, hijo de la ilustración, de la imparcialidad y del patriotismo de sus autores.

Os puedo asegurar, señores, que al concluir la presente Legislatura su período constitucional, os acompaña la gratitud de la Nación, porque vuestras tareas han llevado siempre el sello puro del desinterés y del amor al bien público, y los que de entre vosotros os retiráis hoy al seno de vuestras familias, podéis lisonjearos de que el futuro Congreso, unido con el Gobierno, como lo ha estado el actual, perfeccionará vuestros trabajos, cooperando al establecimiento completo de la tranquilidad pública y á la reorganización de los diversos ramos de la administración de los pueblos.

Afortunadamente la guerra civil cada día tiene menos número de sectarios; y las ideas pacíficas, puras y verdaderamente patrióticas están apoyadas en la opinión y en los intereses nacionales.

Consolidada la paz, lo estará igualmente la prosperidad de nuestro suelo privilegiado.

Fuente:

Los presidentes de México ante la Nación : informes, manifiestos y documentos de 1821 a 1966. Editado por la XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados. 5 tomos. México, Cámara de Diputados, 1966. Tomo 1. Informes y respuestas desde el 28 de septiembre de 1821 hasta el 16 de septiembre 1875.

Los cinco tomos fueron digitalizados por la Universidad de Texas:
http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/history/index.html



Descargar Archivo (s): [ 1840.pdf ]