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Siglo XIX > 1830-1839 > 1838

Manifiesto de Joaquín Miguel Gutiérrez.
21 de abril de 1838.

MANIFIESTO DE JOAQUÍN MIGUEL GUTIÉRREZ.

21 DE ABRIL DE 1838.

La Federación es mi ídolo porque estoy convencido hasta la evidencia de que sólo ésta situación de gobierno os dará mayor grado de libertad, menos gravámenes y en todos conceptos muchas ventajas.

De ésta han nacido mil resoluciones de sostener la Constitución de 1824, pasando por toda clase de sacrificios y padecimientos y por eso es mi constancia en promover el restablecimiento de aquel código que nos han arrebatado perfidamente la mayor hipocresía.

Con todo lo que ha pasado sobre nosotros en tres años de llanto, de luto, de inseguridad, y de persecuciones, de tiranía y de rapacida ¿aún habrá uno que no esté desengañado?

Sólo los opresores y los que susisten del desorden actual, que son pocos, deben estar bien hallados.

Las rentas son engullidas por unos cuantos y la tropa y los empleados perecen de hambre: las contribuciones se han aumentado y se recaudan extorcionando y sin contribuciones de los préstamos casi se han sistemado pues han sido frecuentes; las multas son continuas y aun existen contribuciones impuestas y cobradas al arbitro de los Comandantes, mas nada basta para proporcionar la subsistencia de la guarnición, jamás el Estado la ha tenido más reducida en su número, así es que a los pueblos le cuesta doblemente el objeto llamado de seguridad pública y ¿la hay Conciudadanos?

¿Vivís seguros, os dedicáis contentos a vuestros trabajos, gozáis de dulce placer de la quietud en el seno de vuestras familias?

Nada, nada de esto. Se atacan vuestras propiedades con escándalo y aun la negativa del portero de una hacienda ha conducido en un macho aparejado con un par de grillos a la capital en medio de una escolta a un ciudadano que quiso sostener sus derechos ante un Comandante.

El sobresalto reside de continuo en vuestros corazones porque al menor chisme son conducidos a las cárceles, y en éstas el que entra tan fácil, con suma dificultad sale y eso al año o dos, bajo fianzas de tres personas, y a pesar de que el llamado Tribunal halla fallado lisamente vuestra libertad.

Esto pasa con los inocentes porque hay asesinos que han quedado impunes por ser del numero de satélites.

Las contribuciones se cobran con rigidez: no se les da su legítima inverción ¿que se hacen pues?

No lo pregunten: recordad cómo vinieron los Gil Paredes, los Zarates, los Maldonados y tantos otros y en qué estado de opulencia regresaron; recordad lo que en sus vicios han dilapidado muchos de ellos y allí está, sí, allí encontraréis la sangre de los pueblos chupada inhumanamente por esos insaciables vampiros.

Comparad estos tiempos y tales hechos con los de la peor época de la federación y en que si hubieron excesos fueron hijos de circunstancias de poquísima duración y nunca comparables a los que ya bajo un sistema de depredación hemos sufrido sacad las consecuencias y obrad con decisión y con firmeza.

Este es el tiempo a propuesto y es preciso que no dejemos pasar la ocasión para sacudirnos de la perniciosa esclavitud.

Yo os convido para que cooperen eficazmente. Harto conocen mis intenciones y que aun los que se decían mis mayores enemigos nada han sufrido de lo que esperaban teniéndolos en mis manos.

Creían que su muerte era segura y han obtenido su libertad porque mis principios son hermanarnos todos, olvidar y condenarnos nuestros agrabios y resentimientos.

No seáis, pues, por más tiempo víctimas de una credulidad que ya hoy es tropa.

La federación es mi ideario tal cual se ha proclamado en la Nación toda y tal cual la sostienen nuestros inclitus Generales.

Seguidme que os conduce a las glorias de la Patria vuestro conocido y mejor amigo.

Fuente:

Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940.  Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. Edición y formación en computadora al cuidado de Isidro Saucedo.  México, 1998. p. 138-139.