1838
Manifiesto Antimonarquista.
4 de octubre de 1838.


MANIFIESTO ANTIMONARQUISTA.

4 DE OCTUBRE DE 1838.

Si hubiéramos de enumerar todos y cada uno de los hechos con que el Gobierno Central de México ha marcado su administración fatal, ¿a dónde iríamos a parar?

Qué páginas, qué volúmenes y qué tiempo sería necesario para hacer una descripción que cuando se dueñe por la historia horrorizará á la posteridad y llenará de execrable infamia a sus autores no menos que á los débiles esclavos que, abatiendo el noble orgullo de la frente mexicana, han querido llevar con oprobio la cadena ignominiosa con que los atara un déspota, un tirano.

Bien sabida es la serie de maldades que ha salido á fijar el destino de los mejicanos desde el funesto Plan de Cuernavaca; el influjo que este pacto infernal ejerció por entonces sobre los desgraciados mejicanos, desgarró las entrañas de la madre patria, cuyo amable pecho no cicatrizaría si sus hijos continuaran aletargados unos y engañados otros.

Cada Presidente desde entonces, cada Gobernador, cada comandante y cada esbirro ó soplón ha hecho á su vez un patrimonio de los empleos y de los puestos públicos; nos han saqueado con la sanción de un capricho que ellos llaman ley: han arrancado á los ciudadanos del sagrado de sus hogares para cometer con ellos los actos de mayor venganza, despreciando no ya las garantías del decreto natural, sino aún las fórmulas y ritualidades que han jurado; no somos ya libres en Méjico para escribir porque la prensa es perseguida; no para hablar porque los espías están pagados y las prisiones dispuestas, y no finalmente para pensar porque no se nos quiere como á hombres sino como á esclavos embrutecidos.

Pero entretanto ¿la suerte de los mejicanos ha de estar consignada en los obscuros principios de la edad media?

Hemos de consentir que arrancada por la más vil de las traiciones, la Carta federal que depositábamos en nuestro corazón, sea sustituída perpetuamente por la negra política de unas leyes detestables que solo autorizan la sin razón, la injusticia, la arbitrariedad, la ignorancia, el robo; el asesinato y todo el catálogo de crimenes atroces?

¿Hemos de ver con serenidad que desde el año venturoso de 1810 se haya derramado inútilmente á torrentes la sangre de nuestros padres, de nuestros hijos, de nuestros hermanos, de nuestros amigos y de muchos miles de nuestros paisanos por la libertad de la patria?

¿Será posible que inflamada tanto tiempo nuestra sangre, hoy se halle helada y sin tendencia para recobrar los derechos tan sagrados que nos han arrebatado?

El gobierno de Méjico, no es otro que el Síc volo. síc jubeo del clero y del ejército, porque la filosofía, la razón y la justicia eterna aún no se escapan de sus sacrílegas plantas.

Si nos detenemos aunque sea momentáneamente y hacemos un ligero análisis de los ramos principales de la administración pública, consentiremos sin indignarnos al vernos sin garantía alguna, por que el de hacienda está reducido á la mas escandalosa bancarrota: negociar préstamos ruinosos fomentando el agiotaje para enriquecer unos cuantos y exigir contribuciones directas, ordinarias y estraordinarias; he aquí el mezquino sistema de un ramo que sólo existe para la ostentación, para el lujo de los palaciegos y para pagar espías y asesinos.

Estas son verdades probadas y demostradas hasta la evidencia, é impulsados por su fuerza algunos senadores así lo han dicho en sesión al ministro Gorostiza; díganlo también los huérfanos, las viudas, los retirados y los empleados civiles á quienes sólo se paga con papel que no vale mas que el diez por ciento.

El de justicia que no ha podido arreglarse en muchos de los departamentos por lo impracticable de las malísimas leyes de la materia, se hallan en otras manos manchadas mil veces por el crimen; Méjico es el mejor testigo de que la injusticia está puesta en venduta, por que esta virtud jamás se administra al que la tiene; se dá al que la compra con el otro y la inocencia es perseguida, el crimen impumne; mientras que se usurpan los decretos civiles de los hombres.

No puede ser buen juez en el actual desorden, sino el que respira ideas de aristocracia, de oligarquía de una retrogradación á los olvidados tiempos de las cruzadas, aunque no esté instruido en los elementos de la jurisprudencia, aunque carezca de virtudes comunes; y aunque finalmente esté cubierto con el negro manto de las vanalidades; ésta es la prostitución en que se halla un ramo tan esencial como dá vida a las naciones, y que tocando ya en Méjico á su término, es preciso que si el Pueblo en masa y unido no toma la venganza por su mano, se desprenda del un ángel exterminador que no con la espada como en Israel, sino con el trueno y el rayo convierta en átomos a tanto perverso.

El ejército, éste es un caso que no se puede entender ni explicar; mas por los efectos tan perniciosos que produce bajo la base en que se halla montado, no podemos menos que decir que es un mal y un mal tan grave que él verdaderamente es la causa y orígen de nuestra infortunada situación.

El soldado en Méjico no es el guardián de las instituciones como en todos los países del universo, no es el centinela que cuida por el orden y tranquilidad de los que con tal objeto la pagan u haber; es sí el usurpador de cosas y derechos porque armado con la espada y cubierto con el fuero de la impunidad se hace legislador universal y señor de vidas y haciendas; muy fieles desengaños tenemos de esta verdad, y aunque al escribirla recordamos que en otro tiempo fuimos soldados; pero entiéndase que servimos a la patria y no a un partido vengador y caprichoso.

¿Y qué diremos a la conducta política del clero secular y regular en cuya diciplina debe intervenir el soberano?

Ella es opuesta al evangelio, y mientras se les permitía tomar una parte activa de los negocios públicos, no podremos levantar un Templo á la concordia; la alianza del altar con los batallones, es contra los principios que enseñó Jesucristo y esto es lo que ha podido disminuir el prestigio de la religión cristiana.

Fuente:

Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940.  Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. Edición y formación en computadora al cuidado de Isidro Saucedo.  México, 1998. p. 145-146.