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Siglo XIX > 1830-1839 > 1838

Discurso de Anastasio Bustamante al abrir las sesiones del Congreso. Enero 1, 1838. Al cerrar las sesiones del Congreso. Junio 30, 1838. Al abrir las sesiones del segundo periodo. Julio 1, 1838. Al cerrar dichas sesiones. Diciembre 29, 1838.
Enero 1, 1838. Junio 30, 1838. Julio 1, 1838. Diciembre 29, 1838.

El General Bustamante, al abrir las sesiones del primer período, el 1 de Enero de 1838.

Señores diputados y senadores:

Volvéis á reuniros para continuar vuestros trabajos y llenar los deberes que os impone el carácter de que estáis investidos. Cada período de vuestras sesiones excita la atención general y alimenta la esperanza de un porvenir venturoso que borre la memoria de nuestros desaciertos y de nuestras desgracias.

Pero en este día muy particularmente, fijan los mexicanos en la Representación nacional y el Gobierno Supremo todas sus miradas, y aguardan con impaciencia la efusión de sus votos y las seguridades de que el principio del año de 1838, lo será también de la felicidad y gloria de la Patria.

Yo quisiera, señores, anunciaron hoy el total arreglo de los ramos de la Administración; pero ya que no me es dado satisfacer vuestro patriotismo, sabed que la paz se conserva, y que el buen sentido de la Nación y su odio á la guerra civil, multiplican los elementos que vosotros y el Gobierno deben combinar para promover la prosperidad general.

Cansados ya los mexicanos de los trastornos interiores que los han conmovido por tanto tiempo sin otro fruto que el saludable de la experiencia, claman por la tranquilidad y el reposo, y nos conjuran, señores, á trabajar incesantemente en beneficio de la República.

Al encargarme del Gobierno, preví las dificultades que opondrían, el estado en que se hallaban todos los ramos, la falta de confianza y de crédito público, el abandono de los establecimientos de utilidad común, la escasez de los empleados y del Ejército por la penuria extrema del Erario.

Todo debía concurrir á embarazar la ejecución de las leyes constitucionales de la manera regular y perfecta que era indispensable para darles el poder moral, sin el cual no pueden respetarse debidamente los códigos fundamentales.

El Gobierno no ha perdonado esfuerzo alguno para establecer el actual, y os ha manifestado las causas que retardaron el establecimiento y formación de las autoridades y tribunales de la República. Casi todos ejercen ya sus respectivas atribuciones, y luego que el Gobierno pueda arreglar el pago permanente de sus empleados, seguirá sin tropiezo la administración civil y judicial en los departamentos.

De una y otra deben nacer el mayor impulso que se dé á los demás establecimientos, y la protección más constante de las garantías individuales.

Puedo aseguraros que las autoridades se hallan animadas del mejor celo para poner en práctica las disposiciones de la Constitución, á pesar de los obstáculos que ha encontrado su fiel y exacto cumplimiento.

El examen que habéis hecho del Presupuesto General de Hacienda, os da dado á conocer la imperiosa necesidad de arreglar los gastos públicos y de sacar al Gobierno de la situación comprometida en que lo pone diariamente la falta de recursos para cubrir sus preferentes atenciones.

De este arreglo depende hoy, señores, el de los demás ramos, el buen nombre de la República, el bienestar de los empleados y particulares, el comercio y la industria, y la vida, en fin, de nuestra sociedad.

El Gobierno se ocupará de él sin descanso y os manifestará sucesivamente sus trabajos. Vuestra cooperación corresponderá, sin duda, á vuestro celo por el bien público.

El plan que arregle al Ejército, tan ventajoso para la Nación, como necesario para la disciplina, será uno de los objetos principales de las tareas del Ejecutivo.

Los sufrimientos de nuestras tropas que sostienen la seguridad exterior y el orden interior merecen la gratitud pública, y yo no seré nunca indiferente á ellos.

Los departamentos de Californias y Nuevo México han vuelto á la unidad nacional, y sus sencillos habitantes, dignos de toda la solicitud del Gobierno, manifiestan por repetidos actos de obediencia y de patriotismo, los sentimientos que los animan, y su fiel cooperación para reprimir á los desnaturalizados que quisieron sujetarlos á la dominación extranjera.

Ya estáis impuestos de las providencias dictadas por el Gobierno para obtener resultados tan satisfactorios, y es de esperar que los autores de los deplorables excesos cometidos en Nuevo México, sufrirán el condigno castigo.

Sobre la campaña de Texas, sólo diré que ella es la primera obligación del Gobierno y de los mexicanos, y que yo no desempeñaría debidamente el puesto que ocupo, si no pusiera en ejercicio todo el poder y facultades del Ejecutivo para superar los obstáculos que la han retardado, contando siempre con la eficaz cooperación del Legislativo.

Siento manifestaron que el gobierno de los Estados Unidos no ha apreciado debidamente la conducta que ha seguido el de la República, sosteniendo con dignidad los derechos nacionales, confesando con la mejor buena fe la justicia de algunos de sus reclamos, y negando con la misma la de otros muchos, que ni están fundados en el derecho público, ni pueden hacerse valer tampoco por el internacional.

Los nuestros no se han satisfecho aún por aquel Gabinete, y yo no consideraré restablecida la más perfecta armonía que debe reinar entre ambos pueblos para su prosperidad, mientras no manifieste al mundo con una conducta tan amistosa como franca, que cumple religiosamente los tratados, y observa los principios y reglas de buena vecindad.

Debemos esperarlo, y el Gobierno nada omitirá para precaver un rompimiento que sería muy funesto á los dos Estados más considerables del Continente Americano.

Dentro de breves días se os informará circunstanciadamente de todos los ramos de los respectivos Ministerios, y de las ideas del Gobierno sobre los adelantos y mejoras que deben promoverse.

Tocaré, sin embargo, un punto que ha conmovido los ánimos y ha servido de pretexto á algunos para calumniarme y á otros para equivocarse sobre mis sentimientos y mi conducta.

Ya comprendéis que hablo de las exposiciones dirigidas al Gobierno por un corto número de ciudadanos y corporaciones para que se cambie la actual Constitución, conforme á los deseos ú opiniones particulares de los que las han suscrito.

Es un deber mío manifestar en este acto solemne, que aunque he lamentado el abuso del derecho importante de petición, y más aún, la inquietud y alarma que ha causado en la República, no he creído deber emplear otro medio que el de una prudente tolerancia en defensa de las leyes fundamentales.

El extravío de la opinión, cuando los ciudadanos sufren, es hasta cierto punto excusable; y la voz del Gobierno, no la violencia, debe corregirlo, mientras no se toquen las vías de hecho.

Ni á vuestra ilustración, ni á la de ningún observador imparcial, se ha ocultado que la fatal coincidencia de los males públicos con el sistema establecido, podría seducir al patriotismo de algunos mexicanos, y dar una arma peligrosa á los inquietos para propagar la discordia, pidiendo un nuevo orden de cosas.

El buen sentido de la Nación la ha sofocado, y manifestada su voluntad soberana de una manera tan explícita en sus leyes fundamentales, como provechosa para la paz pública, me impone una nueva obligación de sostener mis juramentos.

Confiad, pues, señores, en el ardiente celo que anima al Gobierno para favorecer el voto nacional y zanjar los cimientos de la grandeza futura del Estado.

Vosotros estáis llamados á dictar las leyes sabias y justas que deben allanar todos los obstáculos, y dar fuerza y poder al Ejecutivo, para llevar al cabo la vasta organización de que de pende el bienestar de los mexicanos.

El acuerdo que existe entre los Supremos Poderes, y la manifestación de sus deseos y de sus esperanzas, difundirá en los departamentos el espíritu de unión que prepara á la patria largos años de paz y de prosperidad.—Dije.

Respuesta del Presidente del Congreso, Dr. D. Pedro Barajas.

Al comenzar el Congreso sus tareas legislativas en las sesiones ordinarias de 1838, yo no pretendo trazar un bello ideal de la República, ni quiero prometer á los mexicanos, que muy en breve tocarán el término de la felicidad; son bien notorias las dificultades que se presentan para llegar á este fin deseado, y el allanarlas en su totalidad no es obra de un momento.

Los males que sufrimos datan su principio en una época muy atrasada; han crecido con el transcurso de los años, y las continuas revoluciones han reagravándolos hasta el extremo de haber sido alguna vez insoportables.

Las heridas que ha sufrido la Patria son muy profundas, los remedios para curarlas sumamente delicados, y, por lo mismo, deben aplicarse con prudencia y cuidado.

La imaginación más atrevida y. la memoria más fecunda y fiel, se aturde al considerar las desgracias que desde el año de 24 han sobrevenido á este pueblo digno de mejor suerte: él ha pagado un tributo harto caro á la infancia política, en que precisamente debía encontrarse quien por trescientos años fué víctima del sistema colonial, y repentinamente pasó al rango de las naciones independientes y libres.

Teniendo el mexicano á la vista un pueblo vecino cuya felicidad se ponderaba más allá de lo cierto, adoptó inconsideradamente sus instituciones; y por una dolorosa experiencia de más de diez años, se convenció de que unas mismas leyes políticas no son adaptables á todas las naciones.

Este convencimiento le hizo volver sobre sus pasos, y el año de 34 manifestó explícitamente su voluntad, invistiendo á los representantes que nombró con amplísimas facultades para cambiar el sistema de la administración, consultando á las luces que despedían de sí los desengaños.

Estas no son imposturas de partido; son hechos de que dan testimonio las actas más auténticas que existen en los archivos de la Nación.

Los representantes, en virtud de sus facultades, dieron á la República una Constitución, si no la más perfecta, porque jamás lo son las obras de los hombres, á lo menos la que pareció más acomodada para impedir que se repitieran las desgracias padecidas por largos años; y á fin de que esta misma Constitución se reformara ó cambiara si no correspondía á las esperanzas, teniendo bien presente el Congreso Constituyente, que las innovaciones prematuras y las ideas de estabilidad, son igualmente peligrosas, fijó á las leyes fundamentales un término prudente para su reforma ó variación, dando tiempo á la reflexión y á la experiencia, á fin de que se adoptara lo útil, desechándose lo pernicioso.

Apenas hace un año que se publicó la nueva Constitución: de este corto período, los primeros cuatro meses se emplearon en elegir á los individuos que ocuparan los Supremos Poderes de la Nación y de los departamentos.

Y cuando el tiempo restante no es suficiente para poner en acción toda la economía de las leyes constitucionales, no puede asegurarse de sus resultados antes de la práctica.

Si algunos genios amantes de lo óptimo de las cosas, que siempre es enemigo de lo bueno, han levantado su voz contra la Constitución pidiendo el restablecimiento de la que ha sido recientemente abandonada, seguramente se han olvidado de los padecimientos sufridos, de los gastos enormes que era indispensable erogar para tantos poderes independientes en sus administraciones respectivas, de tantos embarazos para que una nación homogénea se uniformara en su Gobierno y leyes, de tantos abusos del poder cometidos sin responsabilidad, de tantos ataques á la religión y á la moral, y, en fin, de aquellos días calamitosos en los que afligidos los mexicanos con los estragos del cólera, sufrían la persecución más violenta, y al mismo tiempo que unos encerrados en las prisiones esperaban la muerte sin auxilios, otros vagaban como extranjeros en su patria, sin, encontrar un pequeño espacio de tierra donde poder sentarse á llorar sus desdichas. ¡Tiempos infelices que nos quitaron hasta la esperanza de paz y de consuelo! Sí, hasta la esperanza.

Y cuando el Soberano Autor y Conservador de las sociedades nos ha concedido mejores días; cuando se disfruta de paz; cuando se desconoce el espíritu de persecución y los mexicanos todos viven seguros, sin que el Congreso ni el Gobierno pretendan invadir las propiedades ni proscribir á los ciudadanos, y los perseguidos en otro tiempo olvidan sus padecimientos y no están animados contra los que les oprimieron con todo el peso del poder, ¿será justo destruir estos elementos de felicidad y de concordia, ex poniéndonos á recaer en el abismo de desgracias en que estuvimos sumidos otra vez?

¿Será racional violentar al pueblo que ha querido el actual orden de cosas, como se manifiesta por las facultades que el año de 34 dió á sus representantes, por las exposiciones que después hizo por el órgano de las autoridades de los Estados pidiendo el cambio del sistema federal, por la paciencia inalterable con que esperó la nueva Constitución, por la paz en que ha permanecido después de su publicación, y por la resistencia que ha hecho en estos días á las pretendidas innovaciones?

El Congreso no lo estima racional ni justo, ni puede prestarse á los deseos de algunos particulares, ya porque abrir la puerta á cambios diarios es perder aun las ideas del orden, haciendo las leyes fundamentales tan movibles como la voluntad de los descontentos, y ya porque el deber, los juramentos y la falta de poderes prohíben á los representantes de hoy hacer lo que pudieron los de 34, pues que las facultades de unos y otros son esencialmente diversas, lo que se deja ver con la sencilla lectura de sus credenciales.

El Congreso quiere trabajar en el bien de la Nación; se ocupará asiduamente de sus necesidades: ni le dominan las ideas de una indulgencia reprensible ni las de persecuciones criminales.

Desea que se consolide la paz, y á su sombra poner los cimientos de la felicidad futura: al efecto se lisonjea de estar en perfecta consonancia y armonía con el Ejecutivo.

Ve en el Supremo Magistrado de la Nación al hombre que en otro tiempo y con otros embarazos para salvar á la Patria que perecía, le dió un soplo de vida y la encaminó á una dicha que hasta hoy lloramos el que no pudiera consumarse.

Cuenta además con las bellas prendas que adornan al mexicano, el que sí es un león en la campaña, fuera de ella es pacífico, dócil, amante del orden y de la libertad nacional, y celoso de su religión, única verdadera, y fuente de la que nacen todas las virtudes.

La miseria del Erario, esa terrible plaga cuya sola idea hace temblar al mexicano, es muy remediable tan solo con que haya buenos reglamentos económicos, y se recauden y distribuyan las rentas por manos puras.

Todavía el país de la plata y el oro es fecundo como en otros tiempos: la acuñación de moneda y la extracción de oro y plata pasta en estos últimos años, manifiestan que los productos de las minas no son inferiores á los de aquellos días prósperos de que disfrutó el gobierno español.

Esos descubrimientos nuevos de fundos metálicos, ¿no están alentando también nuestras esperanzas? Aprovechémonos de los elementos que tenemos para la felicidad general.

Si para ocurrir á las urgencias del momento necesita el Gobierno de recursos, el Congreso le auxiliará con medidas legislativas, porque sabe que está en su deber prestarlas, y no teme que el digno Presidente invierta las rentas en provecho de algunos particulares y perjuicio de la Nación.

Es muy sensible que el gobierno de los Estados Unidos no corresponda á la franqueza y buena fe del mexicano: algún día se convencerá de que esta Nación es tan fiel y religiosa en el cumplimiento de sus tratados, como celosa para sostener sus derechos, y firme para conservar su dignidad y su decoro.

Esa guerra de Texas es preciso llevarla adelante, y castigar á unos advenedizos que han correspondido con la mayor ingratitud á los beneficios de la Nación; y el Ejecutivo tendrá todos los medios necesarios al efecto, que pendan del Legislativo.

Plantear el orden constitucional, revisar las leyes de Hacienda que han probado tan mal en los departamentos, y otros muchos objetos del mayor interés, llaman la atención del Congreso, el que hará los esfuerzos posibles para corresponder á la confianza y deseos de los pueblos.

¡Ojalá los mexicanos todos se unan y cooperen con sus luces y arbitrios á dar orden y paz á la República!

¡Ojalá se borre de su memoria aun el nombre de los partidos!

Entonces este suelo privilegiado por la naturaleza será el objeto de admiración y de respeto para los pueblos cultos.

De lo contrario, dividida perpetuamente la Nación, agitada por movimientos tumultuosos, despedazada por la guerra civil y corrompida por doctrinas insensatas, se destruirá por sí misma, y sus débiles restos serán la presa de cualquier tirano que pretenda poseerlos.

El General Bustamante, al cerrar dichas sesiones, en 30 de Junio de 1838.

Señores:

El período constitucional que concluye hoy, presenta sucesos tan importantes para la República como dignos de la atención y examen de sus legisladores.

Ya sea que se considere la situación interior del país, ya los negocios de lo exterior, vosotros encontraréis en el tiempo que ha transcurrido desde Enero del presente año, los favores de la Providencia, y la protección que ha dispensado para asegurar la paz y el nombre con que debe figurar México entre los pueblos civilizados.

Volved la vista, señores, á las difíciles circunstancias en que aun nos hallamos, y pensad en los gloriosos compromisos que liemos contraído, y en la necesidad de una común y constante cooperación para precaver los males que pudieran afligir á la Patria.

La tranquilidad se restablece, y las partidas de disidentes que lograron alterarla en algunos puntos, han sido deshechas por las armas del Gobierno. Los pequeños restos que quedan desaparecerán bien pronto, y la seguridad en los poblados y caminos se afianzará de un modo estable.

Si debe ser satisfactorio para la representación nacional que la sedición se haya sofocado en tan corto tiempo, lo será más al considerar que el buen sentido de los pueblos opone invencibles obstáculos á los perturbadores.

Todos lamentan y sienten los males que ha causado la guerra civil; y un voto, un sentimiento unánime hace buscar le felicidad pública bajo los auspicios de la paz y del orden.

Cuando éstos no descansaran en tan sólidos fundamentos, las diferencias de la República con el gobierno francés harían pesar sobre los sediciosos la execración general.

Las relaciones amistosas que existían con la Francia se han interrumpido; sus fuerzas navales bloquean nuestros puertos más importantes, y han cometido otras hostilidades.

El ultimátum del ministro francés es tan inadmisible, como son invariables la dignidad y el honor de la Nación mexicana.

Los negocios, en consecuencia, se han complicado, y los compromisos de una y otra parte han subido á un alto punto, sin embargo de las intenciones leales y esfuerzos del Gobierno de la República para prevenir estas dificultades por medios honoríficos para ambos países.

Instruido ya el Congreso de las pretensiones del gobierno francés y de los graves perjuicios y ofensas que ha hecho á la Nación desde que ha comenzado á hostilizarla, no podrá, menos de apreciar en su justo valor la conducta prudente y digna del Ejecutivo.

Si el honor no fuera el primero de los bienes de una República libre, ó si la guerra entre dos pueblos llamados á ser amigos fuera de menos trascendencia á sus intereses y bienestar, podría creerse quizá que el Gobierno se ha debido inclinar á alguno de los extremos de que ha deseado apartarse.

Pero vosotros, señores, estáis ya palpando las ventajas de este sistema de firmeza y moderación, que ha podido conciliar los respetos que merece el nombre de la República con las exigencias de la paz exterior.

Las hostilidades que han cometido las fuerzas navales de Francia y el bloqueo que sufren nuestros puertos, habrían debido justificar las represalias más severas por parte de la República.

Mas el Gobierno, señores, después que ha dejado bien puesto el honor nacional, no ha encontrado inconveniente en excitar con su generosa moderación al Gabinete de Francia para que adopte otra conducta conciliable con el decoro é intereses de los dos países.

No podré asegurar cuál será el término de estas lamentables diferencias; pero sí protesto que será digno de la Nación Mexicana.

Dispuestos á sostener, llegado el caso, una guerra que no hemos provocado, y deseosos de una paz honorífica para México y Francia, no es dudosa la política que debe seguirse en las presentes circunstancias.

Sabéis también que el Gobierno de los Estados Unidos ha aceptado el arbitraje de una potencia amiga, que propuso el de la República para restablecer la buena inteligencia y armonía interrumpidas desgraciadamente.

Si he lamentado el mal estado de nuestras relaciones, nunca dudé que aquel Gabinete se prestaría al fin á un acomodamiento razonable y propio de la civilización y sentimientos filantrópicos de México y los Estados Unidos.

Lejos hoy de reproducir las mutuas quejas que se han hecho valer, sólo se ocuparán sus gobiernos de un arreglo definitivo y satisfactorio que haga olvidar las diferencias que han puesto en peligro la paz con nuestros vecinos.

La ley sobre neutralidad expedida últimamente por las Cámaras de la Confederación americana, y las seguridades dadas á nuestro Ministro, deben dejarnos satisfechos respecto de sus sinceras y francas intenciones.

La amistad de la República con otras potencias de Europa y América, se ha hecho extensiva al Reino Belga y al nuevo Estado del Ecuador.

Sus gobiernos han enviado plenipotenciarios debidamente acreditados, para entablar negociaciones que den impulso al comercio con aquellos países.

El de la República las favorecerá con todo el celo que merecen las ventajas recíprocas que deben producir, y los progresos de nuestras relaciones exteriores.

Tengo el más vivo sentimiento de no poder anunciaros que la campaña de Texas se ha abierto de nuevo; pero vuestra sabiduría calificará si ha sido posible al Gobierno allanar las dificultades.

Por fortuna, estas sólo dependen de circunstancias accidentales, que deben variar dejando libre al Ejecutivo para poner en acción los recursos y el poder de la República, á fin de recobrar la integridad de su territorio

La paralización del comercio exterior, aunque ha perjudicado todos los giros, ha demostrado también que la Nación abunda en recursos para subsistir, y la necesidad de un sistema interior de Hacienda que provea á los gastos de la administración.

Esta obra, tan digna de las Cámaras, pondrá término á las necesidades del Erario. Remediarlas en cuanto sea posible, es uno de los primeros objetos á que debéis consagrar toda vuestra atención.

Yo no puedo dejar de recordaros las escaseces que de muchos años atrás sufren la mayor parte de los empleados del Gobierno y sus valientes tropas con toda la resignación que era de esperar de verdaderos republicanos.

Las sufrirán todavía mayores si fuere necesario; pero el Congreso y el Gobierno deben proteger, con la más activa solicitud, la suerte de tan fieles servidores de la Patria.

Organizado el Ejército y sistemada la Policía y la Hacienda, no volverán á conmoverse los fundamentos de la tranquilidad pública.

El carácter nacional, que en las diversas crisis políticas se ha presentado tan noblemente, será el primer móvil de los fecundos elementos de este suelo privilegiado y de la prosperidad general.

Las diferencias exteriores, ó terminarán honrosamente, ó darán nuevos motivos para que la República siga manifestando su decisión en defensa de los derechos nacionales.

Vosotros señores, formáis una de las columnas más firmes de la Patria, y vuestras tareas legislativas en el próximo período, corresponderán, sin duda, al objeto grandioso que ha mar cado el pacto constitucional.

Considerad bien la extensa carrera que el Ejecutivo tiene que andar, y continuad prestándole toda vuestra cooperación con el celo más ardiente y la más profunda confianza.—Dije.

Contestación del Presidente del Congreso, D. José María Cuevas.

La breve y enérgica reseña que el Jefe del Estado presenta en su anterior discurso á la Representación nacional, da la idea más exacta de los importantes acontecimientos que tan rápidamente se han sucedido en la primera mitad del presente año.

La tranquilidad y la paz interior se restablecen como por encanto, y los esfuerzos de los mal contentos por todas partes chocan, se estrellan y desaparecen á la vista de la energía del Gobierno, á la presencia del buen sentir de la mayoría nacional ó á la resistencia valerosa del Ejército mexicano; y ni la distancia de los lugares, ni la sorpresa de los movimientos, ni la escasez de los recursos del Gobierno Supremo, pueden servir de embarazo á la enérgica acción con que restablece el orden y la seguridad, ya logrando convencer á los incautos de la seducción, y separarlos del engaño, aplicándoles una franca amnistía que concedió el Congreso, o ya usando, siempre con éxito y con moderación, de las armas nacionales contra los generales que habían fijado toda su suerte en el uso reprobado é ilegal de la fuerza, intentando subyugar la inmensa mayoría de la República á los caprichos de un corto número de disidentes, que en vano procuró contrariar el voto unánime de los mexicanos, manifestado de un modo inequívoco en favor de la felicidad pública, que sólo puede permanecer al lado de la paz y del orden.

La conducta firme á la vez que moderada del Gobierno mexicano con respecto á la Francia, después del ultimátum y de la imposición del bloqueo á nuestros puertos principales, ha sabido conciliar, en efecto, como dice su E., el General Presidente, los respetos que merece el nombre de la República con las exigencias de la paz exterior, é inútilmente se fatiga la oposición en inventar cargos contradictorios, suponiendo debilidad á veces y á veces una exaltación acalorada en el modo de obrar de nuestro Gabinete, que en medio de los extremos ha sabido dirigir la nave del Estado por el sendero que le marcan la prudencia, el honor nacional, la equidad y la civilización.

Entretanto nuestras relaciones amistosas se restablecen con la República de Washington, y se extienden á la Bélgica en el antiguo Continente, y al Ecuador en el nuevo.

La campaña de Texas, suspendida á virtud de las circunstancias accidentales que han afligido á la República, volverá á comenzar tan luego como éstas varíen, y el voto general de la Nación, que dama por la integridad de su territorio, se verá obsequiado y satisfecho, como es justo.

La necesidad, por último, de un sistema de Hacienda, y las escaseces sufridas con tanto heroísmo y constancia por la mayor parte de los empleados del Gobierno y sus valientes tropas, han llamado con justicia la atención del digno Presidente, quien no duda recomendar su importancia vital á los representantes de la República para que en las sesiones próximas desplieguen los fecundos elementos de que abunda la Nación.

El General Bustamante, al abrir las sesiones del segundo periodo el 1 de Julio de 1838.

Señores:

El arreglo de que vais á ocuparos, es de tan alta importancia y tan conforme al sistema de Hacienda adoptado en todos los Gobiernos representativos, que puede considerarse como el fundamento de los demás ramos de la Administración.

El Presupuesto general, formado según la justa proporción de los ingresos con los egresos del Erario, es la base principal de la riqueza pública y la más firme garantía para librar al pueblo de impuestos, que ó no sean necesarios, ó no pesen con igualdad sobre los haberes de los contribuyentes.

Circunstancias tan conocidas como desgraciadas han retardado por muchos años el despacho de los presupuestos que se han presentado, y la formación de un plan de Hacienda que satisfaga las exigencias del tesoro público.

A este mal tan grave deben atribuirse en gran parte los atrasos y compromisos en que se ha visto, no menos que los préstamos ruinosos, que casi sin interrupción han contraído los gobiernos después de la época de la Independencia.

Penetrados vosotros, señores, de las incalculables ventajas que debe producir el arreglo de un punto tan necesario para el Gobierno, como útil para la República, des empeñaréis debidamente la obligación que os imponen las leyes constitucionales en el presente período.

Aunque él está destinado para el ramo de Hacienda, la importancia y preferencia de otros negocios os obligarán á examinar los que el Gobierno os fuere presentando y creyese más urgentes y dignos de vuestra deliberación en las actuales sesiones.

El Ejecutivo, entretanto, se congratula con el Congreso por los sentimientos de que ambos se hallan animados para afianzar los derechos y promover el engrandecimiento de la Nación.

Respuesta del Presidente del Congreso, D. Bernardo Couto.

Por segunda vez, bajo el imperio de la nueva ley constitucional, va á ocuparse el Congreso en la revisión de los presupuestos: mejor diré, el pueblo mexicano, por medio de sus representantes, va á ejercer el segundo acto posesorio de una de sus más importantes prerrogativas.

El derecho de votar las contribuciones, timbre clarísimo de los pueblos libres, ha puesto saludables límites al Poder donde carecía de ellos, y afianza la libertad á las naciones que tienen ya la gloria de poseerla.

No será nunca esclavizado, ha dicho ingeniosamente uno de los padres de la Independencia americana, el pueblo que sepa conservar en sus manos los cordones de su bolsillo.

Testigo de esta verdad es esa isla famosa, solar de la libertad entre los modernos, cuyos sabios estatutos más hace de un siglo que sirven de modelo á las gentes que aspiran al renombre de libres.

¿Los fueros ingleses tienen otro principio, descansan en otra base que este mismo derecho de que va á usar ahora el Congreso Mexicano?

Derecho de precio inestimable, que realiza el pensamiento de la soberanía de la Nación y asegura á nuestro pueblo el título augusto de pueblo rey.

Como punto de buen gobierno y arreglada administración, es también de gran cuenta la operación en que va á emplearse el celo de los legisladores.

A la manera que en la vida privada el vigilante padre de familia considera á menudo el estado de sus haberes para ajustar á él con cuerda economía las erogaciones de la casa, así entre nosotros los representantes de la Nación examinan y decretan cada año los gastos que deben hacerse y los impuestos con que han de cubrirse.

Económicos sin apocamiento en la primera de estas operaciones, próvidos sin demasías en la segunda, ni permitirán que la sustancia de los pueblos se malgaste en objetos vanos, ni expondrán al Estado á las funestas resultas que ocasiona siempre la falta de los medios convenientes para ocurrir á las atenciones públicas.

Pero si bajo estos dos aspectos ofrecen un interés duplicado las sesiones que se abren hoy, tienen todavía más alta importancia por circunstancias clásicas y del momento.

Los presupuestos que en esta vez acuerda el Cuerpo Legislativo, serán, sin duda, un vivo testimonio del ferviente patriotismo del pueblo mexicano.

Este, que luchó por espacio de once años, solo y sin ajena ayuda, para adquirirse una independencia plena é ilimitada, para ser señor en su propia casa y no recibir órdenes de nadie, ha oído intimaciones de un Gobierno lejano, á las que podría nunca acceder sin comprometer para lo sucesivo las excelsas prerrogativas de su soberanía.

Se ha contestado á ellas con la dignidad, el pulso y firmeza que corresponden á la Nación en cuyo nombre se hablaba.

Hasta qué punto una noble negativa pueda preparar nuevas escenas de gloria, sin duda, para el nombre mexicano, es todavía un secreto del porvenir.

Mas la previsión de las Cámaras ocurrirá seguramente desde ahora á todos los casos posibles; y si la ocasión llegase, no faltarán, no, los medios necesarios para que el honor nacional se conserve sin mancha.

Los recursos todos de un pueblo magnánimo y decidido estarán entonces á disposición de las manos expertas que hoy llevan el timón de la República y que en otra época han sabido ganar laureles eternos peleando por la causa de la Nación.

Sea cual fuese la forma bajo que se presente la cuestión de Independencia, cualesquiera que sean las nubes con que se pretenda cubrir los ataques que se la dirijan, ella será siempre sostenida como en 1821, y la patria de los Hidalgo é Iturbide prodigará nuevamente su sangre y sus tesoros para sacarla gloriosa y triunfante.

Que el Señor Dios Todopoderoso se digne, en las presentes sesiones, derramar su don de consejo y sabiduría sobre el Cuerpo de Legisladores, á quien incumbe dictar con tiempo medidas eficaces para que en su caso tengan estos votos cumplido efecto

El General Bustamante, al cerrar dichas sesiones, en 29 de Diciembre de 1838.

Señores:

Jamás se habían presentado asuntos de tanta importancia ni de una trascendencia más general á los intereses domésticos de la República y á su crédito exterior, como los que han sido objeto de vuestros trabajos legislativos en el actual período de sesiones.

Terminado éste hoy, y debiendo continuar aquéllos en el nuevo que va á comenzar el 1 del año inmediato, tendréis que emplear todo vuestro celo y vuestra eficaz cooperación para libertar á la patria de los males que la aquejan, y sostener con el Gobierno los derechos nacionales.

Las leyes que habéis dictado sobre los diferentes ramos de la administración pública y el conocimiento que habéis adquirido de los esfuerzos que demanda la salud de la patria, inspiran al Ejecutivo la más profunda confianza en sus representantes.

Muy pronto sabréis cuáles son las medidas que en su concepto deben adoptarse en las presentes circunstancias, y confío en que las que vosotros acordéis en desempeño de vuestra misión, serán las más conformes á las exigencias públicas, á la consolidación del orden interior y á la prosperidad general.

Contemplad, pues, señores, los grandiosos objetos que van á fijar vuestra atención, y el deber que la Patria os ha impuesto de sostener su honor, de oponer una resistencia vigorosa á los enemigos exteriores y de afianzar de una manera estable la unión y la paz entre los mexicanos.

El gobierno está decidido á llenar con firmeza tan sagradas obligaciones, y á corresponder dignamente al voto y á la confianza de la Nación.—Dije.

Contestación del Presidente del Congreso, D. José Rafael Berruecos.

Los asuntos que fija la Constitución como objetos precisos del período legislativo que hoy termina, habrían bastado por sí solos para ocupar la atención del Congreso.

Su importancia y trascendencia son tan vitales para el bienestar de la República, que el Congreso se lisonjearía muy justamente y sin vanidad, si tuviese la satisfacción de haberlos llenado de todo punto conforme á su deber, á sus deseos y á sus esfuerzos.

Por desgracia no ha sido así. Sucesos tan extraordinarios como aciagos, cuyo detall es excusado para un pueblo testigo ocular de todos ellos, han absorbido en su mayor parte la atención de las actuales Cámaras, merced á la influencia del astro maligno que de tiempos atrás aparece estacionario en el cenit de la República, y cuyos aspectos sólo varían de cuando en cuando para alterar de mal en peor nuestra atmósfera política!

Un gobierno extranjero, más preciado de culto é ilustrado, que consecuente á los principios filosóficos que dogmatiza; más célebre por sus errores y extravíos que por los bienes que haya procurado á su nación; más temido de los otros pueblos, del globo por el sofisma y artería que por la inmensidad del poderío de que blasona, ese gobierno, digo, ha querido aprovechar la ocasión de nuestras lamentables circunstancias para ganarse un nombre más en la historia y acrecer su fortuna á costa de la nuestra, llevando muy más allá de lo justo orgullosas pretensiones.

Así lo ha entendido la Representación nacional, así cree que lo ha conocido ya la República toda, y así espero que llegarán á persuadírselo .todas la potencias amigas y no amigas nuestras.

En esta persuasión, y en la sublime confianza que debe inspirar la más justa de las causas, México, perdida toda esperanza de una composición racional, apurados cuantos medios le sugiera la moderación de su manso carácter y la buena fe de su honradez y probidad, no ha vacilado en levantar el guante que el gobierno francés le ha tirado.

Al dar este paso, no le ha desalentado la debilidad de su infancia política, harto capaz de arredrar á una nación menos magnánima.

¡Quizá tendrá la gloria de señalar la época de su niñez, bajo la protección del cielo, acertando un tiro de honda á la frente del gigante que le provoca!

Entretanto, el Congreso actual, sin desatender las exigencias ordinarias de la Nación, y sin conturbarse á la vista de efímeros nublados tempestuosos, ha dictado cuantas medidas caben en la órbita de sus poderes, y le ha pedido el Ejecutivo, para ocurrir á las necesidades del Erario y del Ejército, de estos dos apoyos hoy más esenciales que nunca para salvar á la Patria, asegurar su independencia, cimentar su gobierno, hacer á éste verdaderamente respetable en el interior y el exterior, y purificar su crédito, desgraciadamente manchado por miserias y causas inopinadas.

Tampoco ha desatendido el Congreso el mérito de los heroicos defensores de Veracruz, ni ha dejado de preparar la reconciliación de los mexicanos.

¡Ah! ¡Reconciliación de los mexicanos! ¡Dichoso una y mil veces el día en que todos lleguemos á darnos el abrazo fraternal!

Colocados todos entonces en derredor del Gobierno, bajo la egida de la ley, y fuertemente ligados al mismo como centro inmóvil de unidad, formaremos un muro impenetrable á la osadía extranjera.

¡Allí se estrellará ésta, allí echará pie atrás, y de allí se retirará, como en otro tiempo la España, diciendo en tono de aplauso: este pueblo es digno de gobernarse á sí mismo; dejémosle gozar en paz de sus glorias y placeres, y procuremos en adelante merecer justamente su amistad:

El Congreso espera que el Gobierno, por su parte, empleará toda su prudencia para lograr tan suspirado desenlace. El Congreso, por la suya, cooperará con todo el celo y desempeño que el Gobierno desea.

¡Ojalá que ambos lo consigan, sin mengua del deber y sin dejar caer un solo borrón de debilidad ó de injusticia sobre las actas en que se consignen las medidas que adoptaren!—Dije.

Fuente:

Los presidentes de México ante la Nación : informes, manifiestos y documentos de 1821 a 1966. Editado por la XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados. 5 tomos. México, Cámara de Diputados, 1966. Tomo 1. Informes y respuestas desde el 28 de septiembre de 1821 hasta el 16 de septiembre 1875.

Los cinco tomos fueron digitalizados por la Universidad de Texas:
http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/history/index.html



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