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Siglo XIX > 1830-1839 > 1834

Tesis Profesional de Benito Juárez.
Oaxaca, enero 13 de 1834.

La Corte de Justicia concede el segundo examen profesional de Abogado al…

C. BENITO JUÁREZ

Corte de Justicia de Oaxaca.

Diciembre diecisiete de mil ochocientos treinta y tres.

Admítase a examen al solicitante, para cuyo efecto ocurrirá a sacar el expediente que le tocare en suerte para hacer la correspondiente relación de su materia y resolver sobre ello lo que fuere fundado en Derecho.

Rúbricas.

- Lo rubricaron los Señores Magistrados del margen, doy fe.

- Lope S. Germán, Secretario.

- Rúbrica.

Relación del caso que se le propuso al…

C. BENITO JUÁREZ

En su último examen Profesional.

Exmo. Señor:

La ciencia de las leyes civiles, protectoras de la propiedad, libertad y seguridad individual, había sido desconocida por mucho tiempo entre los desagraciados oaxaqueños.

La política bárbara y mezquina del gabinete español había decretado el eterno envilecimiento de los mexicanos, y deseando sostener su poder tiránico sobre la ignorancia de los pueblos, puso trabas a las ciencias, reconcentrándolas en la Metrópoli para que así no se difundiesen por todas las clases de la sociedad.

La ciencia del Derecho era lo menos común; por esa causa fatal, para que el oaxaqueño poseyese la noble facultad de la Abogacía, era preciso que renunciase de su país, abandonase su familia, sacrificase su fortuna.

Pocos tenían esta fuerte resolución, pocos contaban con recursos para una prolongada subsistencia, pocos por lo mismo, se hallaban en aptitud de abogar por sus semejantes.

Pero los días fatales de estos sucesos pasaron ya, y sólo pertenecen a la historia, para oprobio de nuestros conquistadores.

En efecto, todo recibe una feliz mutación, la condición de los pueblos se mejora de un momento a otro.

Los Hidalgos e Iturbides recobran la independencia nacional, los pueblos se revisten de los atributos de su imprescriptible soberanía, Oaxaca se hace libre, independiente y soberano, y el primer Congreso Constitucional, de eterna y grata memoria, funda el Instituto de Ciencias y Artes, convocando a la juventud para que sin trabas se instruya en los derechos del hombre y del ciudadano.

Yo tuve la gloria, Señor Excmo., de acudir a este llamado, y así es que mi educación política y civil, la debo a ese benéfico establecimiento, fruto precioso de la independencia y de la libertad, allí adquirí los conocimientos teóricos del derecho, y después de tener parte de la práctica de esa complicada ciencia, disfruto hoy la satisfacción de terminar mi carrera literaria, ante vuestra excelencia (V. E.) que ha tenido la dignación de admitirme a este examen, y a vista de mis compatriotas a quienes aspiro ser útil en todo tiempo.

Yo desearía amenizar esta función con la erudición y el acierto que se debiera; pero mis luces demasiado cortas y mis fuerzas demasiado débiles, no me dan lugar para más.

V. E., con la prudencia que acostumbra, disimulará las faltas notables en que voy a incidir al resolver las cuestiones que resultan del expediente que se me ha entregado, en el término de cuarenta y ocho horas; mas antes de proponer tales cuestiones me parece indispensable relacionar los hechos que las motivan; ellos son los siguientes.

En el mes de Septiembre de 1825 presentó escrito Pedro Nolasco Hernández, en representación y a nombre de la República de San Bartolomé Sotula, a la Excma. 1ª. Sala de la Corte de Justicia, refiriendo habérseles inferido un despojo de tierras a este pueblo, por el Juez accidental de Teposcolula, Don José García, a pedimento de San Juan Ixtaltepec, sin haber sido citado, oído ni vencido en juicio, juzgando que este procedimiento ilegal, injusto y atentatorio a las leyes que garantizan la propiedad, haya sido originado por haber recibido García trescientos pesos de la parte contraria, con expresa trasgresión de las disposiciones terminantes del derecho, y concluyó con que se le hiciese la competente restitución de sus tierras.

Dicho Superior Tribunal ordenó que se devolviese esta demanda al interesado, previniéndole ocurriese ante el Juez de Teposcolula a usar de sus derechos, en donde podría interponer los recursos oportunos cuando le conviniese.

En esta atención, la República de Sotula hizo igual instancia ante el expresado Juzgado, instaurando un juicio de despojo, ofreciendo la correspondiente información sumaria al efecto, y pidiendo la restitución enunciada.

El juez admitió la demanda, y con citación contraria procedió al examen de testigos, no obstante no habérsele presentado interrogatorio comprensivo de las preguntas útiles relativas a la acción intentada, ni haberse determinado por el actor la ubicación de la cosa reclamada, cuyos requisitos son tan esenciales en materias de naturaleza, y lo eran aún antes de que por una ley novísima se detallasen específicamente.

El primer testigo fue Justo Velasco, vecino de Huauclilla, casado, labrador y de cuarenta años de edad, y bajo juramento dijo:

Que San Bartolomé Sotula había sido despojado en el mes de Agosto próximo anterior, de los terrenos comprendidos bajo los nombres de Acuático y Cahuayende dos que están hacia el Norte y pueden tener la extensión entre ambos más de dos mil setecientas varas; que Sotula ha estado en posesión de estas tierras de tiempo inmemorial sin haber sido inquietado ni perturbado por nadie, sino es hasta la presente que Ixtaltepec subrepticiamente había logrado inferirle el despojo de que se queja, añadiendo que trae a la memoria que en tiempo que fue Juez Don Juan Antonio Herrera, los de Ixtaltepec habían hecho una siembra de magueyes en uno de los sitios mencionados, y se le obligó a que los calacen y entre tanto acababan de usufructuarlos, pagasen una libra de cera a Sotula, en reconocimiento del suelo, pues eran unos meros superficiarios.

El segundo testigo fue Julián de la Cruz, vecino de Santa Catalina Tlaxila, viudo, labrador y de edad de sesenta años, y bajo juramente dijo: lo mismo que el antecedente sin diferencia laguna, excepto de o hablar acerca de la siembra de magueyes de que se ha hecho relación.

El tercer testigo fue Pascual López, vecino de Santiago Camotlán, viudo, labrador y de edad de ochenta años, y bajo la religión del juramento, declaró en los propios términos anteriores.

Concluida esta información el Juez actuario expidió requisitoria al de 1ª instancia de Nochixtlán, para la citación de la República de Ixtaltepec, cuyo trámite es extraño que haya sucedido y no procedido a ella.

En este supuesto, D. Pedro Guzmán Alvarado en representación del reo presentó escrito al Juez anterior D. José García, quien con total arreglo del artículo 91 de la Ley de Tribunales había recibido la correspondiente información a su parte del despojo que se le había inferido, restituyéndole en todo, mediante una solemne posesión de los terrenos; hace así mismo exhibición de varios títulos con el objeto de comprobar el derecho que le asiste respecto a ellos, y concluye pidiendo se tenga por subrepticia, ilegal e impertinente la demanda contraria y por de ningún valor ni efecto, todo lo actuado a consecuencia de ella.

Se halla agregado el expediente de que se hace relación esta parte y contiene una sumaria información de testigos que fueron examinados con citación de la otra parte, a quien del modo más desatinado se el hizo saber, no la parte expositiva del pedimento relativo al despojo, sino también el interrogatorio y todo lo que había ocurrido: cada uno de dichos testigos absolvió las preguntas que se le hicieron, las cuales todas son adversas al que las hizo, y por consiguiente, contraproducente, en razón de que ellos deponen asegurando que el pueblo de Sotula llevaba más de treinta años de poseer las tierras cuestionadas, cuya sola circunstancia indica bastantemente cuán fuera de propósito se había instaurado un juicio sumarísimo de despojo que sólo se versa sobre la posesión interina, y cuyo interdicto debe deducirse dentro de un año y un día, según derecho.

No obstante ser evidente esto, el Juez García declaró por despojada a la República de Ixtaltepec, y la restituyó en virtud de la posesión que le dio de las tierras que por más de treinta años no estaban en su poder.

No hablaré del contenido de los documentos exhibidos, pues ellos son absolutamente inconducentes en materias de despojo, y es ciertamente extraño que se quieran hacer valer en este juicio.

En virtud de esta representación, D. Joaquín Llaguno, Juez de Teposculula se creyó con las manos atadas, juzgó que aquel era un juicio fenecido y deliberó remitir los autos a la Excma 1ª sala con citación de parte.

S. E. mandó se entregasen a Sotula, quien insistió en que se le restituyesen, por haber sido real y verdaderamente despojado, como lo había probado ya en primera instancia; haciendo observaciones sobre la información de los testigos contrarios, que como se ha indicado son adversos a quien los produjo, y concluye con pedir la restitución a que tendieron sus representaciones en el Juzgado inferior.

Corrido traslado a la otra parte, ésta reprodujo sus anteriores alegatos queriendo persuadir haberse procedido con legalidad en orden a la restitución que se le hizo, atribuyendo a su contraria la mala fe de querer sorprender al Juzgado con alegatos subrepticios.

En este estado pasaron los autos a relación, y he de aquí todo lo que de ellos resulta.

De esta relación que se acaba de hacer nace inmediatamente la siguiente cuestión, a saber:

Si el Juez de 1ª Instancia de Teposcolula sin necesidad de citar al despojador debió destituir al despojado a la posesión de los terrenos que reclamaba.

Para resolver esta cuestión necesito traer algunas doctrinas que pueden serme útiles, y tal vez necesarias al caso presente, y al intento diré que de las diversas divisiones que los Juristas hacen de los juicios.

Aquellos por la cual el juicio es o petitorio o posesorio, es lo que a mi me conviene por ahora.

Llámese juicio petitorio aquel en que se convierte la propiedad y dominio de alguna cosa, y posesorio el que tiene por objeto la posesión únicamente.

Tres son las acciones con que se puede intentar este último juicio: la primera es llamada adipiscenda y es aquella por medio de la cual pedimos la posesión de alguna alhaja, raíz que aún no esté en nuestro dominio; la segunda es la retinenda y es aquella por la que solicitamos se nos ampare con la posesión que ya tenemos de alguna cosa, finalmente; la tercera es la conocida con el nombre de recuperanda y con ella intentamos se nos restituya a la posesión de los bienes de que hemos sido despojados.

Esta última acción es la que ha intentado el pueblo de Sotula, esto ha deducido una acción que el derecho llama interdicto restitutorio; pues aunque como se ve en la relación del expediente, se omitieron en la demanda algunos requisitos substanciales; pero una vez admitida esa demanda, que debió el Juez repeler de oficio, y subsanado el defecto en la disposición de testigos que especificaron bien los terrenos despojados, se debe suponer ya que hay un verdadero juicio de despojo.

Este se estableció con el objeto laudable de asegurar el reposo público que padecería infinitas alteraciones, si los particulares pudieran despojar impunemente a cualquiera de sus bienes.

Las leyes que no pueden tener otro fin que el bien de la comunidad, han concedido muchas prerrogativas al despojado e impuesto penas al despojador.

Ellas previenen que a nadie se prive de la posesión de sus bienes sin ser previamente oído y vencido en juicio, que aun a la aojado o persona aforada, se le debe compeler a la restitución de la misma cédula del Soberano que autorizase el despojo no se le dé cumplimiento; que aunque el despojador sea Juez o padre del despojado o persona aforada, se le debe compeler a la restitución de la cosa despojada, que en el caso de que el poseedor no tenga título alguno, se le debe mantener en la posesión mientras el contrario no pruebe su intención, con todas las formalidades de derecho.

El autor de la Curia Filípica, hablando del despojo en el sumario del párrafo 28, número 4 del juicio ejecutivo, dice:

“La restitución del despojo hecho por persona privada de su autoridad, o con la del Juez sin ser citado, oído ni vencido por derecho el despojado, se ha de hacer sin citar al adversario, con sólo constar de que, teniendo el despojado la posesión, fue despojado de ella”, El Febrero, en el capítulo 2º. Número 9, página 285, de los interdictos, afirma: “que justificado que sea uno es poseedor de mala fe y despojó a otro clandestinamente y por fuerza, el despojado y sus herederos y sucesores, deben ser restituidos a la posesión ante todas cosas, sin citar el despojador.

Tales son las garantías que el derecho concede a los despojados.

Sentadas estas doctrinas, paso ya a resolver la cuestión que dejé pendiente al principio.

El pueblo de Sotula ha probado con una información sumaria de testigos, sin ser oído ni vencido en juicio, de donde resulta, que el último ha sido poseedor de mala fe, y por tanto, el Juez debió restituir a Sotula a la posesión de sus terrenos, sin necesidad de citar al despojador.

Esta resolución está apoyada en las razones legales que he vertido anteriormente y fundada, además, en el Decreto de 12 de Marzo de 1825, que entonces regía, y el cual prevenía que o fuese necesaria la citación del despojador y la cual debería hacerse sólo en el caso de que el despojado lo solicitase; más no habiendo pedido este requisito el pueblo de Sotula, se infiere necesariamente que debió restituirse.

La posesión inmediatamente.

Resulta ya la antecedente cuestión, resultan otras cuya resolución es igualmente interesante, ellas son las siguientes:

¿Habiéndose presentado Ixtlaltepec diciendo no tener lugar la acción intentada por Sotula, a causa de ser un juicio fenecido, debió el Juez suspender la restitución de las tierras despojadas?

¿Debió remitir los autos a la Excma. 1ª Sala sin que ninguna de las partes hubiese interpuesto ningún recurso?

¿En el caso de que así lo hubiere hecho, qué debió resolver su excelencia (S. E. )?

En cuanto a la primera cuestión diré que una vez probado que Sotula había sido despojado, se debió restituir a la posesión, aunque Ixtaltepec hubiera querido probar o probara inmediatamente su dominio sobre la cosa despojada; pues en tal caso, el Juez no debió hacer otra cosa que dejarle su derecho a salvo para que lo hubiese deducido en juicio respectivo.

Así lo asientan fundados en una Ley de Partida, El Febrero, y el autor de la Curia Filípica.

No debió, pues, el Juez suspender la restitución que se le pedía, y menos cuando el juicio que llamaba Ixtaltepec fenecido, estaba viciado en lo substancial, pues que previniendo la ley que los juicios de despojo sólo pueden intentarse dentro de un año, Ixtaltepec entabló este juicio al cabo de treinta y más años, en que sus testigos aseguran se le infirió el despojo.

Los documentos que en apoyo de su intento ha presentado, lejos de concederle algún derecho sobre los bienes, cuya posesión reclama Sotula, sirve de una prueba irrefragable, de que es un verdadero despojador.

Pero la oposición de Ixtaltepec pesó mucho en la consideración del Juez, éste se halló embarazado con la restitución que pide el uno y la oposición que hace el otro.

¿Qué debió hacer en este compromiso?

Cumplir con el auto acordado de 7 de Enero de 1744, el cual previene que en los juicios de despojo, los Jueces consulten con Letrados las dudas que tuvieren en la secuela de estos juicios; esto era lo que convenía hacer en el caso, y el Juez no debió remitir los autos a la Excma. 1ª. Sala, toda la vez que ninguna de las partes había interpuesto ningún recurso.

Con lo que queda resuelta la tercera cuestión.

Sin embargo, los autos vinieron a la Excma. 1ª Sala, sin apelación ni otro recurso y en este estado ¿qué debió hacer S. E? Bien claro es el trámite que se debió dar al negocio.

Puesto que ninguna de las partes ha interpuesto recurso alguno, ni el asunto es criminal para que el Juez obre de oficio, a éste se deben devolver los autos, previniéndole obre con arreglo a las leyes, las cuales quieren que justificando el despojo, el despojado sea restituido ante todas las cosas.

He concluido la resolución de las principales cuestiones que a mi juicio contiene el expediente que se me ha dado.

Es copia de su original que obra en el expediente referido.

Oaxaca de Juárez, Mayo 1º. de 1902.

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.

Nota:

Juan Sánchez, Honor a Juárez. Vida Literaria del Benemérito de las Américas, C. Lic. Benito Juárez, Oaxaca, 1902, p. 13-21.