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Siglo XIX > 1830-1839 > 1834

Manifestación del Ayuntamiento de la Villa de Salamanca.
8 de mayo de 1834.

MANIFESTACIÓN DEL AYUNTAMIENTO DE LA VILLA DE SALAMANCA.

8 DE MAYO DE 1834.

El ayuntamiento de la villa de Salamanca, ante la notoria justificación de vuestra honorabilidad, entiende faltaría á uno de sus principales deberes si no manifestase los padres de la pátria el desagrado que existió en los ánimos de los ciudadanos todos de esta villa, la noticia de la expatriación de Illmo. Sr. obispo de Morelia, como un resultado del decreto soberano de 22 de abril último, que ha tenido á bien sancionar la suprema legislatura de la república.

Estamos, Sr. honorabílisimo, muy distantes de atrevernos a calificar la legitimidad de este augusto decreto, porque la inferioridad de nuestras luces, particularmente en este ramo de jurisprudencia, no nos permite juzgar de unas decisiones que demandan seguramente conocimientos muy vastos en la ciencia de la legislación.

Respetamos en este punto las luces y probidad de los supremos poderes que en el día rigen los destinos de nuestra cara pátria; pero sí está á nuestro alcance los resultados que en politica ha producido en los ánimos, al menos en esta villa, el soberano decreto de que se habla.

Háse sobresaltado el pueblo porque cree comprometido el culto católico, cuando ve que el Illmo. Sr. obispo de Morelia prefiere antes una triste expatriación, que el suscribirlo.

Bien sabe esa augusta asamblea que los pueblos, de ordinario, no tienen otro libro en que leer la justicia y bondad de las deliberaciones de sus jefes, que el semblante de estos mismos: y el pueblo de Salamanca mira con consternación divididos los ánimos de nuestros conductores.

Si la divergencia de opiniones estrivara sobre materias puramente de estado, guardaría una inalterable tranquilidad, porque tal ha sido la conducta de este pueblo en los varios debates que se han succedido unos á otros en las vicisitudes que ha producido el nuevo órden de cosas, que trajo consigo la independencia nacional, no precisamente por apatía, sino por la inferioridad de nuestros conocimientos; pero en esta vez tenemos mucho, que si los Illmos. Sres. obispos, conformes con el de Morelia en dictamen, prefieren el destierro al obsequio que demanda el decreto soberano quede una segunda vez sin estos primeros ministros de la iglesia mexicana: y que aún en la suposición que se dividiesen en opiniones los ministros eclesiásticos de inferior jerarquía, no por esto descansarían los ánimos, antes bien tenemos mucho que en el caso se abriría la puerta fatal de la discordia entre hermanos, unidos con los vínculos de sociedad y religión.

Mas si identificasen todos los ministros del culto sus ideas en esta materia, y se viesen estrechados á abandonar el pátrio suelo para mendigar entre los extrangeros, ¿á que vendría á reducirse el culto que nos han dejado nuestros padres, y que seguramente profesan nuestros conciudadanos que hoy ejercen los supremos poderes de la república?

Los pueblos de México, no menos idólatras de su libertad que de su religion, ¿mirarían con ojo enjunto emigrada una porción de sus conciudadanos á países extraños, ó perecer miserablemente en nuestras costas matadoras? ¿Este golpe no arrancaría al menos nuestras lágrimas á innumerables familias con las que están conexionadas por amistad o parentesco?

Mas suponiendo aún que los pueblos presenciasen sin interés esta escena, hasta ahora nunca vista en el suelo mexicano, ¿quién puede calcular los males que produciria en el orden social la falta de este poderoso resorte de la religión que nuestra república, mas bien que en otro cualquiera punto del globo, es el móvil más activo para hacer entrar a las masas en el órden y subordinación?

Tales son, Sr. honorabilísimo, los lúgubres, y tal vez muy exactas reflexiones que consternan el ánimo de este pueblo; y por el derecho que tiene de pedir, por ser, aunque minutísima, una parte de la república mexicana, eleva hoy por nuestra mediación, ante vuestra honorabilidad, esta comedia representacion, cuyo objeto es suplicarle se digne interponer sus altos respetos, por vía de iniciativa, para con los supremos poderes de la unión, á fin que si están acordes con nosotros la mayoría de los pueblos de la república, tenga á bien moderar el referido soberano decreto 22 de abril último, de manera que sin comprometer las opiniones religiosas de los Illmos. Sres. obispos y demás ministros de nuestro culto, pueda dar lleno al art. 3 de la constitución general, y así se salvarán estos grandes intereses.

En cuyos términos.

A vuestra honorabilidad suplicamos rendidamente, defiera anuente á nuestra solicitud, que es justicia.

Salamanca, mayo 8 de 1834.

Fuente:

Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940.  Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. Edición y formación en computadora al cuidado de Isidro Saucedo.  México, 1998. p. 77-78.