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Siglo XIX > 1830-1839 > 1833

Manifiesto del General Lino Alcorta, jefe de la división de los estados internos de oriente, en defensa de la religión en contra del despotismo y en favor de la regeneración.
20 de junio de 1833.

MANIFIESTO DEL GENERAL LINO ALCORTA, JEFE DE LA DIVISIÓN DE LOS ESTADOS INTERNOS DE ORIENTE, EN DEFENSA DE LA RELIGIÓN EN CONTRA DEL DESPOTISMO Y EN FAVOR DE LA REGENERACIÓN.

20 DE JUNIO DE 1833.

MILITARES: El pronunciamiento que habéis hecho es el mismo que el memorable año de 1821 nos librara del yugo feroz de los iberos. ¡No es exageración!

De tal manera la subdivisión del poder relajara la disciplina de súbdito de la ley, obstruyera los manantiales fecundos de la riqueza entregada en manos peor que muertas que desperdician cuanto dilapan, y desatendiera el bien y la felicidad común y la seguridad individual; que muy en breve seríamos presa del primer aventurero ó ambicioso sin quedarnos ni mas patria ni más libertad que llorar en secreto nuestros extravíos.

Aún hay tiempo de remediarlo todo si desprecias con energía los lamentos de los desnaturalizados y corrompidos demagogos que por sostenerse en puestos que no han sabido ocupar y merecer, todo lo tergiversan y lo interpretan; y si camináis con rectitud por el sendero que véis trazado en el plan que habéis sellado con vuestra firma y más que todo con vuestro noble entusiasmo y juramento.

Comportaos con el honor y vizarría que tenéis de costumbre, acreditar vuestra disciplina é instruccion como con tanto empeño y severidad lo hicísteis en la gloriosa jornada de Iguala a Mejico, y admitid como entonces á vuestro lado y en vuestra misma fila al ilustre patricio, al rico, al pobre y aun al sacro Ministro que corrieron á ayudaros al noble fin de salvar a la Patria.

Llamadlos ahora, y recordad al compañero viejo veterano, extraviado por la deserción, sus deberes, la necesidad de sus servicios y los días felices y momentos tan dichosos en que una sola idea nos unía y alentaba, multiplicando los triunfos y las glorias.

Se acabaron los partidos, se acabó la guerra de personas, y muerden ya la tierra de coraje los miserables, los indignos y espurios miembros que abusaron de vuestra sencillez para hacernos instrumentos de sus infamias, y subir por escalas de víctimas sangrientas a asaltar el trono augusto de la virtud y del merecimiento

¿No percibís como lloran sobre la presa que han destrozado, y de qué manera aún invocan patriotismo al grito horrendo de la venganza que desean; la libertad, al tiempo de exercer el más cruel despotismo?

Decid honrados habitantes, milicianos cívicos, parte ocupada é industriosa de la sociedad, ¿qué es lo que os pasa? ¿Porqué motivo justo y racional se os arranca de vuestro hogar, de vuestro Estado, de los brazos mismos de la cara esposa, del alhago dulce de vuestros tiernos hijos?

Cuando habéis vuelto teñidos con la sangre de vuestro hermano, ó llorando la pérdida del pariente, del amigo, del compatriota; ¿habéis encontrado como la dejásteis, vuestra casa, vuestra amable familia, vuestra labor ó taller? ¡Ay! ¿Cuánto tenéis que hechar de menos!

Tal vez la hija estraviada, la esposa prostituida y ¿por quién? por el que se empeñó en alistarnos solo para quitaros de enfrente á fin de lograr sus miras.

¿Y aún nos harán creer que hay libertad, y que gozáis derechos, cuando hasta la queja del dolor se os impide? Volad pues al remedio que aún es tiempo, y á fé que será vuestra última fatiga, haciendo desaparecer tanto mandarín inepto y ambicioso; tanto esbirro insidioso y perseguidor: corred, volad á su castigo.

Llegó el tiempo de la regeneración: la requiere ejecutivamente la defenza de la RELIGION Santa de Jesucristo y de los justos derechos y gozes pactados por el Ejercicio, el respetable clero y el Pueblo el año de 1821, que han querido derogar y desquiciar mil corifeos, muchos que se llaman ilustrados é iluminados, todos ellos viciosos, haraganes, ladrones en fin y usurpadores del trabajo afanoso con que lográis el sostén de vuestras casas.

Por fin militares y paisanos honrados, está abierta la puerta del templo de la felicidad común, encaminémonos hacia su quicio augusto, y unidos, estrechamente unidos, demos al mundo entero pruebas de decisión y fraternidad, é ideas seguras de que no somos indignos de gozar de los óptimos frutos de nuestra ara y dulce INDEPENDENCIA.

As¡ lo espera vuestro afectuoso compatriota, vuestro mejor amigo.

Pacto de Matamoros, 20 de junio de 1833.

Fuente:

Román Iglesias González (Introducción y recopilación). Planes políticos, proclamas, manifiestos y otros documentos de la Independencia al México moderno, 1812-1940.  Universidad Nacional Autónoma de México. Instituto de Investigaciones Jurídicas. Serie C. Estudios Históricos, Núm. 74. Edición y formación en computadora al cuidado de Isidro Saucedo.  México, 1998. p. 64-65.