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Siglo XIX > 1830-1839 > 1833

Discurso que pronunció Benito Juárez, presidente de la Cámara de Diputados, en el acto de clausura de las sesiones extraordinarias.
Oaxaca, junio 30 de 1833.

El V Congreso Constitucional, convocado para reorganizar el estado, termina hoy sus sesiones extraordinarias.

Los miembros del cuerpo legislativo se han visto rodeados de circunstancias harto difíciles y comprometidas.

Las opiniones encontradas, exaltadas las pasiones, el Poder Ejecutivo vacilante y sin prestigio, la administración de justicia en su total abandono, exhausto el erario, la milicia reducida a una completa nulidad, el estado, todo, muy parecido al esqueleto de un gigante; he aquí, señor excelentísimo, el aspecto triste y melancólico que presentaba la cosa pública cuando el Congreso dio principio a sus tareas legislativas.

Se encontró con obstáculos difíciles de vencer y obstáculos que debían arredrar al hombre más atrevido y resuelto.

Sin embargo, los representantes del estado, si bien no se lisonjeaban de tener las fuerzas y luces necesarias para marcar sus resoluciones con el sello del acierto, se hallaban empero poseídos de los más ardientes deseos de hacer el bien.

Ellos así lo juraron sobre el altar de la patria y sepultando bajo de él todos sus intereses particulares, comenzaron sus deliberaciones con la serenidad que producen los sentimientos patrióticos.

Lo que primero ocupa las atenciones del Congreso es la elección del primer magistrado de la nación.

El Congreso no se equivocó al sufragar a favor del vencedor de los españoles en Tampico [el general Santa Anna].

Este militar ilustre ha correspondido fielmente a la confianza que de él se ha hecho, ha despreciado la dictadura con que se le ha brindado y antes que ver a sus compatriotas arrastrar cadenas ignominiosas ha sufrido mil vejaciones.

La nación las ha presenciado, la nación agradecida las sabrá vengar satisfactoriamente.

El Congreso, conociendo la necesidad que había de que en la administración existiesen agentes de la confianza general, ocurrió al remedio declarando vacantes los empleos dados desde el año de 28 hasta el de 33.

El estado de debilidad en que se hallaba la administración pública necesitaba de esta medida extraordinaria.

Ella ha cooperado al restablecimiento de la paz; a ella es debido en gran parte el sostén del sosiego público.

Los que desean de veras la salvación del pueblo y el bien de la patria, la justificarán en todo tiempo.

Poco importa, pues, que fingidos principistas declamen contra ella y sus autores.

La milicia cívica del estado ha sido objeto de las principales discusiones de la Legislatura: se han expedido leyes para su organización y equipo, y se han dictado todas las medidas que han parecido convenientes para su sostenimiento.

El cuerpo legislativo tiene la satisfacción de asegurar por mi conducto, que sus leyes, en esta parte, han afianzado las libertades del pueblo oaxaqueño: testigos de esta verdad son esos cívicos bizarros que, abandonando sus pacíficos hogares, se han sometido a los libres veteranos para escarmentar a los traidores que han tenido el atrevimiento de invadir el estado, insultando su soberanía.

Por lo que respecta a la administración de justicia, se han dado algunas leyes que en la opinión del Congreso han sido las más necesarias.

Para compensar algún tanto los gastos que ha tenido que erogar la Hacienda pública, se han suprimido algunas plazas de la Corte de Justicia y se han declarado pertenecientes al estado los bienes que en él poseían los descendientes del conquistador [Hernán] Cortés.

De éstas y de otras medidas de interés general se ocupaba el Congreso cuando el coronel [Ignacio] Escalada lanza en Morelia el grito de rebelión contra las instituciones federales.

Bajo el pretexto de religión, desconoce las primeras autoridades de la República y proclama la esclavitud de sus inocentes hermanos.

El Congreso ve la enormidad del delito, conoce que en este estado tiene sus ramificaciones, y entonces faculta al Poder Ejecutivo para que expulse a los perversos que maquinen contra el orden establecido.

La revolución hace sus progresos y ella misma persuade a la Legislatura de que la permanencia de los españoles en el estado es perjudicial al bien público; a éste se ha obsequiado con el decreto de una expulsión absoluta de aquéllos.

A muy pocos días el estado se ve invadida por los rebeldes, y en este angustiado caso el Congreso decreta, por último, trasladarse al lugar que las circunstancias designen, y que los empleados sigan a los poderes del estado si no quieren traicionar a los sagrados deberes que contrajeran con la patria.

Providencias han sido todas demasiado duras, es verdad, pero las únicas que se han juzgado capaces de salvar al estado de los ataques que le preparan los agentes del despotismo español.

Se hubieran decretado otras leyes saludables al estado, se hubiera hecho todo el bien posible que se deseaba, si la confusión que naturalmente causa la invasión repentina de fuerzas enemigas y los preparativos de una justa defensa no hubieran interrumpido la marcha legislativa del Congreso.

Hoy, pues, los representantes del pueblo se retirarán de este augusto santuario, si bien con el sentimiento de no haber podido hacer todo el bien necesario, a lo menos tendrán la satisfacción de haber adoptado medidas precautorias del mal y de que sus providencias legislativas las nivelaron siempre con la voluntad de sus comitentes.

No es la debilidad sino un requisito constitucional el que obliga a este cuerpo legislativo a cerrar sus sesiones extraordinarias.

A vuelta de dos días, los diputados y senadores del V Congreso Constitucional volverán a sus tareas, a cumplir con sus deberes, y, en los momentos de mayor peligro, sabrán morir con entereza al lado de esos valientes militares, que hoy están resueltos a defender la soberanía del estado.

Dije.

(Oaxaca, junio 30 de 1833)

Fuente:

Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006.

Nota:

“Discurso de Juárez, como presidente de la Cámara de Diputados del estado de Oaxaca, en el acto de clausura de las sesiones extraordinarias. Oaxaca, junio 30 de 1833”. Benito Juárez, Discursos y manifiestos, recopilación de Ángel Pola, México, A. Pola editor, 1905, p. 1-5.