1829
Victoria solicita al juzgado de Capellanías del arzobispado de México, capital de 60,000 pesos, para beneficio de sus propiedades, con hipoteca, gestiones, aceptación.
México, abril-diciembre de 1829.


El ciudadano general de división Guadalupe Victoria, ante la notoria justificación de vuestra señoría ilustrísima, y con toda la solemnidad necesaria digo:

Que gozo en dominio y propiedad las fincas y posesiones rústicas que expresa el índice adjunto y relativo a los trece documentos de su adquisición que en trescientas diez y nueve fojas acompaño.

Según ellos el valor de compra que tienen las mismas fincas, asciende a ochenta y cinco mil, trescientos catorce pesos, cinco reales, cinco granos; y todas se hallan enteramente libre de gravamen, excepto las tierras de Candelaria afectas sólo al de mil pesos.

De su intrínseca estimación se debe formar concepto, a reserva del valúo que oportunamente presentaré, por el que cada una de ellas ha gozado en tiempos anteriores, por su extensión, por su situación ventajosa para la realización de sus frutos, y por la preciosidad de estos, pues además de otros productos comunes a las demás fincas en que abunda una tercera parte de ellas, las otras dos terceras partes por lo menos, son de terrenos en que exclusivamente se produce la vainilla y la pimienta, y por supuesto los demás frutos que se llaman de exportación de la mejor calidad.

La suma feracidad de estos terrenos y las grandes utilidades que sólo la hacienda del Jobo dio a sus anteriores dueños, los Torres, son públicas y notorias; afortunadamente no falta entre las mismas personas, que hayan de intervenir en este asunto, algunas que pueden dar todas las noticias que se apetezcan.

Pero el actual valor de esas fincas debe graduarse por el aumento que la intrínseca de cada una le da la reunión de todas las que constan en el índice, pues al tratar de su adquisición, se ha procedido sobre un plan que adelante la estimación en particular de cada finca por la agregación y reunión de aquellas posesiones que les convenían para hacerlas más valiosas y para facilitar su administración y emprender especulaciones grandes sobre su cultivo.

Debe también tenerse presente por otra parte, que estando situadas las referidas fincas en la larga extensión que abrazan las barras de Tuxpan, de Tecolutla y Nautla de las cuales la segunda dista de la primera veinte leguas y la tercera nueve de la segunda, ha habido después de la compra y adquisición de esas fincas la ocurrencia favorabilísima y que aumenta intrínsecamente su valor de haberse habilitado las dos últimas, lo mismo que lo estaba la de Tuxpan, para el comercio marítimo por las leyes que ha decretado el Congreso general.

Sobre todo debe considerarse que a más de las exhibiciones de dinero constante que se han hecho en la compra de dichas posesiones según consta en las mismas escrituras, se ha invertido también en sus llenos y mejoras, la cantidad de cincuenta y tres mil pesos que aparecen en los documentos 14,15 y 16, sin contar otras menores que se han invertido en distintos objetos de las mismas fincas; y que todas las utilidades de los ganados se han quedado en las fincas respectivas, creciendo también su valor por las mejoras del edificio, ganados de cría, siembras de café y otras notorias. Habiéndose hecho todas estas considerables erogaciones para preparar las finas a recibir un fomento que haga seguras las indicadas especulaciones y su cultivo sea todo aquel a que brindan sus bienes situados, extensos y feraces terrenos.

Mas para poder elevarlo hasta este punto, necesito de cuantiosos fondos, y con este objeto considerando que por todas las circunstancias insinuadas, mis fincas presentan cuanto puede requerirse para la imposición segura de capitales que ascienden hasta cien mil pesos, solicito que vuestra señoría ilustrísima se sirva mandar que en todas las arcas que dependan de su autoridad se me faciliten por el término de cinco años y el rédito corriente de un cinco por ciento en cada uno, y que entretanto yo presento el valúo que he ofrecido y se reúnan en las arcas capitales equivalentes a la cantidad expresada, se vayan entregando desde luego, las que hubiere y las que sucesivamente se reúnan hasta la cantidad de sesenta mil pesos, que tiene sobrado cabimento según el valor acreditado por las mismas escrituras de compra en el concepto de que quedando todos los capitales en igual grado, otorgaré las escrituras correspondientes según se fueren verificando las entregas que se hicieren.

Por tanto a vuestra señoría ilustrísima, suplico así lo mande y que oportunamente se me devuelvan los documentos que he presentado. Juro etcétera.

Guadalupe Victoria.

[Rúbrica]

México, 8 de abril de 1829.

Al defensor fiscal.

Así lo decretó el señor juez y rubricó.

R. [Rúbrica]

Lic. Atilano Sánchez.

[Rúbrica]

Notario mayor.

México, 11 de abril de 1829.

Vuelva este expediente al muy ilustrísimo y venerable cabildo, para que se sirva determinar sobre la pretensión, en la inteligencia de que en este juzgado, no hay capital que pueda imponerse.

Así lo decretó el señor juez y rubricó.

R. [Rúbrica]

Lic. Atilano Sánchez.

[Rúbrica]

Notario mayor.

El defensor fiscal dice:

Que el excelentísimo señor general de división don Guadalupe Victoria, pretende de cualesquiera fondos de los que puede disponer esta sagrada Mitra, la cantidad de cien mil pesos para el fomento de sus cuantiosas fincas que posee en el estado de Veracruz; aunque por ahora sólo se limita a sesenta mil pesos, Ínterin presenta el avalúo que ofrece en su escrito y se reúnen en las arcas, capitales equivalentes a aquella cantidad, la que ofrece asegurar con la especial hipoteca de dichas fincas y pagar el rédito corriente de un cinco por ciento.

El defensor ha visto detenidamente las trece escrituras que acompaña con otros documentos, en 319 fojas, y de ellas consta el dominio y posesión quieta y pacífica que tiene en las trece fincas que refiere en la lista firmada de su puño en 6 de abril del presente año, constando igualmente los precios que ha exhibido de contado por cada una de ellas y asienta en la referida lista, importando todas la cantidad de ochenta y cinco mil, trescientos catorce pesos, cinco reales, cinco granos, en el que se incluye la alcabala que ha pagado dicho señor por algunas de ellas y también los cortos gastos de las escrituras, cuya exhibición en la realidad, debe aumentar el valor intrínseco de las fincas; sin que el defensor haya notado otro equivoco sino el ligerísimo de diez pesos y éste a su favor, pues habiendo dado mil ochocientos cincuenta y un pesos, dos reales, ocho granos, por las tierras de San Miguel del Rincón, según consta de la escritura número 8, sólo saca a el margen en la lista de los precios, mil ochocientos cuarenta y un pesos, dos reales, ocho granos.

A más de esto, ha hecho constar con los documentos que presenta, marcados con los números 14, 15 y 16, haber invertido en su fomento y mejoras cincuenta y tres mil pesos en reales, lo que hace subir el valor de las fincas a ciento treinta y ocho mil, trescientos catorce pesos, cinco reales, cinco granos.

Y habiéndolas comprado el señor general separadamente o de distintos vendedores a precios cómodos y equitativos, estando ahora unidas en una misma mano, mutuamente se auxilian y por consiguiente debe considerarse aumentado su valor intrínseco.

El que ha crecido también por las mejoras de edificios, ganados de cría, siembras de café y otras notorias, en las que se han invertido no sólo los cincuenta y tres mil pesos de que ya hablamos, sino también las utilidades que han producido las fincas en estos años.

Y estando sus extensos terrenos bien situados y siendo de los más feraces de esta América, abundantes no sólo en los frutos comunes, sino en los preciosos y exquisitos como la vainilla y pimienta, que con facilidad pueden transportarse a los puertos de Europa, donde tanto se aprecian, en virtud de la gracia concedida por el Congreso General a las barras de Tecolutla y Nautla para el comercio marítimo, de las que no distan mucho algunas de las referidas fincas.

Todo hace creer fundadamente que el capital que solicita, administrado por unas manos inteligentes e industriosas como las del señor general, cuya eficiencia y tesón es bien notorio, dará un gran fomento a la agricultura que sin duda alguna es uno de los ramos principales al que debemos coadyuvar todos con el mayor empeño para la prosperidad de la República.

Por todo lo que es de sentir [del] defensor que el capital que se pretende de sesenta mil pesos queda bien asegurado con la especial hipoteca de dichas fincas, las que se puede decir que están libres de todo gravamen, pues sólo reconoce una de ellas el corto capital de mil pesos a favor de una capellanía, cuyo interesado no se ha podido descubrir hasta el día.

Y si fuere del agrado de vuestra señoría se servirá aprobar esta solicitud y mandar se dé cuenta a el muy ilustre y venerable señor deán y cabildo, para que de los fondos de que puede disponer su señoría ilustrísima, se sirva asignar la expresada cantidad de los sesenta mil pesos y que estos se entreguen a el señor general con la preferencia que exige un objeto tan interesante, otorgándose previo el consentimiento de los interesados, la escritura correspondiente y registrándose en su debido tiempo y lugar, sirviendo su excelencia de asignar la persona que ha de pagar los réditos de este capital a sus respectivos interesados y reservándose vuestra señoría, determinar lo que convenga sobre la entrega de los cuarenta mil pesos restantes al completo de los cien mil que se solicitan, para cuando se presente el avalo jurídico que se ofrece en el anterior escrito.

México, abril 13 de 1829.

Doctor Cabeza de Baca.

[Rúbrica]

Ilustrísimo señor:

Muy satisfecho de que para la instancia que a mi nombre se ha formalizado ante vuestra señoría ilustrísima, en solicitud de los capitales que hubiere o sucesivamente entraren en las arcas subordinadas a su autoridad hasta la cantidad de sesenta mil pesos.

He presentado hipotecas que no sólo los caucionan superabundantemente, sino que son las más apreciables que pudieran ofrecerse por su situación tipográfica y por la variedad y preciosidad de sus frutos.

Me han causado la mayor sorpresa algunas indicaciones que se me ha hecho de que a la enunciada solicitud se oponen como embarazos: lo primero, no haya una existencia actual que equivalga a la cantidad pedida; y lo segundo, que las fincas sobre que debe verificarse la imposición, se hallan situadas en el estado de Veracruz que no está comprendido en el territorio del arzobispado.

La primera de estas especies no debe ciertamente producir embarazo alguno bajo los términos en que se concibió mi solicitud, pues según ellos, la cantidad de sesenta mil pesos debe entregarse conforme vaya sucesivamente entrando en las arcas que dependen de la autoridad de vuestra señoría ilustrísima.

Y así, aunque actualmente no haya existencia que cubra en total o en parte la expresada cantidad, la solicitud puede tener lugar para el tiempo en que se rediman y entren algunos capitales y la falta de actual existencia, no embaraza que se decrete en esta forma.

La segunda especie es todavía de menos consideración, o por explicarme con la debida propiedad, es menos razonable y digna de ser adoptada por vuestra señoría ilustrísima.

Bastaría, para no tomarla en boca o desvanecerla, la práctica observada en el arzobispado de que son ejemplares los capitales que se han dado a don Bernardo Franyuti y don Luis Ruiz, sobre fincas que sólo se hallan en el estado de Veracruz, sino en los extremos de él y confinantes con el de Tabasco, según es público y notorio y estoy instruido por el mismo Ruiz antes de su partida a Europa y a quien se ha de pagar cierta cantidad de la que saque Franyuti.

Pero, aunque no hubiera esta práctica, el pretender establecer una regla contraria o enunciar por motivo para repeler hipotecas valiosas el que ellas se hallan en estados que no comprenda la demarcación de las diócesis a que pertenezcan los capitanes que se solicitan, es un acto que parece poco conforme a la política, porque induciría nada menos que la exclusión de los capitales eclesiásticos, del comercio general de los Estados de la Federación con peligro de una rivalidad perniciosa.

Yo no quiero desenvolver todas las consecuencias de un pensamiento funesto, porque bastan las insinuaciones anteriores para que la perspicacia de vuestra señoría ilustrísima, las conozca y se precava discretamente de ellas, y porque vuestra señoría ilustrísima sabe muy bien los principios a que por todo derecho, y muy especialmente en nuestro sistema, debe atenerse al calificar solicitudes de la clase de la que se trata.

Aunque, enhorabuena, resida en vuestra señoría ilustrísima la autoridad de un ecónomo de los bienes eclesiásticos para procurar su conservación y aumento, lo considero muy distante de creer que este arbitrio tenga la ilimitación escandalosa con que por desgracia llegó a ejercerse en este país por algunas autoridades eclesiásticas para henchir las arcas, atesorar y después hacer gracia a sus favorecidos y enriquecerlos o proteger sus disipaciones y lujo.

Todo lo contrario es lo que exige el derecho.

Él recomienda que los capitales no permanezcan sin la utilidad de una imposición segura.

Que presentándose esta, desde luego atendida sin trabas ni embarazos.

Que se propongan otros fines que el del fomento de la causas pública.

Que se propongan otros fines en que del fomento de la causa pública.

Que se prefieran consiguientemente, aquellas imposiciones de que resulta positiva y directa protección a la agricultura en sus más preciosos ramos.

Y que reducida a éstos términos la calificación del ecónomo, no se entienda por motivos de afición, sino por méritos de justicia.

Bajo este aspecto yo entiendo y lo entenderán todos los que conozcan las calidades y situación de las fincas que he presentado para caucionar la cantidad pedida, que ciertamente, no pueden oponérsele en la comparación las que se han admitido de hipotecas a Franyuti y Ruiz, en los extremos del estado de Veracruz, pues distan tanto sus producciones de las que tienen las mías como que las unas están reducidas a sólo la cría de ganados y las otras, además de ese ramo, poseen los de los frutos que se llaman preciosos en una extensión incomparablemente mayor de terreno y en el centro del comercio interior y exterior.

Por todo esto espero que teniéndose presente el juicioso dictamen del imparcial y acreditado defensor de obras pías, deseche vuestra señoría ilustrísima, las especies indicadas que se oponen como embarazos a mi solicitud y se sirva deferir a ella con la preferencia que recomienda el importante objeto del cultivo que me he propuesto.

Dios y Libertad.

Mégico, 28 de abril de 1829.

Guadalupe Victoria.

[Rúbrica]

Muy ilustre y venerable Cabildo Metropolitano.

[Al margen, al principio]

México, mayo 29 de 1829.

Visto el dictamen del defensor fiscal y lo demás que se ha tenido presente en la solicitud hecha por el excelentísimo señor suplicante.

Vuelva el expediente al señor juez de capellanías, para que sobre la hipoteca especial que menciona, se le entera a dicho señor hasta la cantidad de cuarenta mil pesos.

Bajo la calidad precisa y no de otra manera, de que a satisfacción del señor juez, quede en esta capital un pagador de réditos que se fuere venciendo, quien está obligado en toda forma y renunciando cualesquiera beneficio que por la ley pueda tener, a enterarlos sin necesidad de ocurrir, por ningún motivo ni pretexto, al estado de Veracruz donde se halla la referida especial hipoteca, con todo lo demás que expresa el defensor en su citado pedimento.

Lo decretó y rubricó el ilustrísimo venerable deán y Cabildo Gobernador de este Arzobispado.

R. [Rúbrica]

Pedro González.

[Rúbrica]

Presbítero secretario.

México, 2 de junio de 1829.

Comuníquese al señor pretendiente la determinación del venerable Cabildo por el oficio correspondiente, para que se sirva decir la persona que ha de constituirse responsable por el rédito.

Así lo decretó el señor juez y rubricó.

R. [Rúbrica]

Lic. Atilano Sánchez.

[Rúbrica]

Notario mayor.

En el expediente sobre la pretensión de vuestra excelencia de dinero a rédito, ha determinado el muy ilustre y venerable Cabildo Gobernador, lo que sigue:

Aquí el decreto y lo traslado a vuestra excelencia para que se sirva decirme quién ha de constituirse responsable por el rédito.

Dios, etcétera. 2 de junio de 1829.

Excelentísimo señor general don Guadalupe Victoria.

Para dar el lleno debido al decreto de 29 del próximo pasado mayo del muy ilustre y venerable cabildo gobernador, que vuestra señoría se sirve insertarme, en su oficio de 2 del presente junio, relativo a que quede en esta capital a satisfacción de vuestra señoría un pagador obligado en toda forma y con los demás requisitos que en él se expresa de los réditos que se fueren venciendo a razón de los capitales que se me vayan ministrando, hasta completar el de cuarenta mil pesos, que es el total, propongo des luego, a ese juzgado para este fin al ciudadano administrador general de correos José Ignacio Esteva, quien a más de tener el sueldo que por razón de su empleo disfruta de la nación y su residencia en esta misma ciudad, posee como es público y notorio bienes propios, con las demás circunstancias necesarias.

Lo que tengo el honor de contestar a vuestra señoría a su citado oficio de 2 del corriente, suplicándole se sirva admitir la responsabilidad del ciudadano Ignacio Esteva para el pago de los correspondientes réditos.

Dios y Libertad.

México, junio 3 de 1829.

Guadalupe Victoria.

[Rúbrica]

Juez de testamentos, capellanías y obras pías del Arzobispado de México, de Villa Urrutia.

[Al margen, al principio]:

México 4 de junio de 1829.

Entréguense por ahora al excelentísimo señor general, siete mil pesos, del concurso del señor doctor y maestro don Agustín de Quíntela; ocho mil del fondo de este juzgado, y novecientos catorce pesos un real, seis granos del precio y arrendamiento de una casa en la villa de Cuernavaca, que fue don Rafael Blanco Casal.

Cuyos interesados y en la primera y última cantidad no están designados, otorgando la correspondiente escritura de depósito irregular de los cuarenta mil pesos en la forma establecida con la hipoteca que propone como si los recibiera desde ahora, para que queden las fincas con esta gravamen y evitar el otorgamiento de muchas escrituras, y sólo estará suspenso el rédito hasta el día en que se fueren recibiendo los capitales, lo que constará al calce en la misma escritura y obligándose de mancomún e insolidum el señor don José Esteva por el rédito con calidad de dejar persona que lo repregue en sus ausencias de esta corte.

Así lo decretó el señor juez y firmó.

Villa Urrutia.

[Rúbrica]

Lic. Atilano Sánchez.

[Rúbrica]

Notario mayor.

Con fecha diez del corriente mes y año, se otorgó por ante mí la escritura que se manda en el anterior decreto.

Méjico, junio 11 de 1829.

Vega.

[Rúbrica]

Recibí todos los documentos que había presentado y constar de este expediente.

Junio 12 de 1829.

Guadalupe Victoria.

[Rúbrica]

México, 14 de agosto de 1829.

Se asignan para esta pretensión, doscientos cincuenta pesos del dote de la obra pía para la misa del doce mensual en la iglesia del hospital de Jesús, y consintiendo los interesados, entréguense al excelentísimo señor general.

Así lo decretó el señor juez y firmó.

Villa Urrutia.

[Rúbrica]

Lic. Atilano Sánchez.

[Rúbrica]

Notario mayor.

Certifico que habiendo pasado al Hospital de Jesús, donde vivía el doctor y maestro don Joaquín Canales y habiéndole hecho saber el anterior decreto, me expresó que sobre el particular nada contestaba.

Y para que conste, pongo la presente en México a veinte y nueve de agosto de mil ochocientos veinte y nueve.

Ignacio Cureño.

[Rúbrica]

Notario.

México, 17 de septiembre de 1829.

Entréguense los documentos cincuenta pesos como está mandado.

Así lo decretó el señor juez y rubricó.

R. [Rúbrica]

Lic. Atilano Sánchez.

[Rúbrica]

Notario Mayor.

En dicho día diez y siete de septiembre del corriente años, el ciudadano licenciado Atilano Sánchez, notario mayor de este juzgado de capellanías y obras pías, en virtud de lo mandado en el anterior decreto como apoderado del excelentísimo señor ciudadano Guadalupe Victoria, recibió los doscientos cincuenta pesos que le estaban mandados entregar a su excelencia, como consta del recibo que puso al calce del testimonio de la escritura que pasó ante mí a diez de junio último y otorgó y firmó su excelencia por cuarenta mil pesos que le están mandados entregar al repetido juzgado.

Y para que conste pongo esta razón en Méjico a fecha ut supra. E. B. ---- del testimonio.

Vega.

[Rúbrica]

México, 14 de noviembre de 1829.

Se asignan para esta pretensión seiscientos pesos del dote de la capellanía del capitán don Juan Manurga y consintiendo los interesados, entréguense al excelentísimo señor general.

Así lo decretó el señor juez y firmó.

M.

En la ciudad de Méjico a quince de diciembre de mil ochocientos veinte y nueve, estando presente el Licenciado don Atilano Sánchez apoderado del presbítero bachiller don Pedro Ruescas, capellán propietario de la con el capital de seiscientos pesos fundó el capitán don Juan Manurga, le hice saber la anterior pretensión de la que impuesto, dijo que consiente en ella y firmó, doy fe.

Lic. Sánchez.

[Rúbrica]

Ignacio Cureño.

[Rúbrica]

Notario.

Fuente original:

AGN (Archivo General de la Nación), Bienes Nacionales, leg. 1693, c. 2517, exp. 5.

Fuente:

Carlos Herrejón Peredo y Carmen Saucedo Zarco. Guadalupe Victoria. Documentos. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. México, 2012. Primera edición. 557 pp.