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Siglo XIX > 1820-1829 > 1828

Documento 20. Protocolo de la Conferencia Final.
Tacubaya, 9 de octubre de 1828.

Protocolo de la conferencia verbal tenida entre los Plenipotenciarios de Colombia, Centro América y Estados Unidos Mexicanos, en la casa del primero, en la villa de Tacubaya.

Presentes los Plenipotenciarios, el Ministro de Colombia abrió la conferencia dando las más expresivas gracias a los plenipotenciarios de Centro América y Estados Unidos Mexicanos por el honor que le habían dispensado en designar su casa para lugar de esta reunión, estando, como estaba, distante de la residencia de dichos plenipotenciarios en la capital.

Su objeto, dijo, era manifestarles en esta conferencia con toda franqueza la resolución en que se hallaba de restituirse a su patria a principios del mes entrante, los motivos que le habían inducido a ello y los deseos de su gobierno.

El Ministro de Colombia, continuó, ha formado esta resolución en virtud de una serie no interrumpida de hechos que han producido en su animo una convicción plena e irresistible del poco o ningún interés que los Estados Unidos Mexicanos toman por la reunión de los plenipotenciarios americanos en su territorio, según se había estipulado en Panamá.

Quisiera poder omitir aquellos hechos, porque no es su intención hacer inculpaciones a nadie. Pero en cumplimiento de sus deberes se ve compelido a entrar en una ligera narración de lo pasado, desde su llegada a esta república el 12 de agosto de 1826, para concluir justificando su resolución.

Los Plenipotenciarios mexicanos saben bien que los de Colombia en Panamá no habrían consentido en la traslación de la Asamblea americana a esta villa, sin ciertas promesas y estipulaciones que parecían acreditar que la política de esta Gobierno era enteramente favorable a aquel establecimiento, de inmenso precio e importancia para las nuevas Repúblicas, e infinitamente más para la que tuviese la dicha de hospedarlo en su seno.

El Ministro de Colombia, sin embargo, no bien llegado a Acapulco cuando comenzó a adquirir gradualmente nociones diametralmente opuestas.

Desde entonces el Congreso mexicano manifestó repugnancia bastante notable a ocuparse en tan grave negocio, por más esfuerzos que hizo el Ejecutivo para que lo pusiese en estado de cumplir con unas estipulaciones autorizadas por los Plenipotenciarios de estos Estados, en observación de instrucciones, según es público y notorio.

Así se infringió una de las partes más esenciales de un tratado público, permitiendo transcurriese el día 15 de marzo del año pasado, en que debieron canjearse los de panamá, sin que para ello se hubiese dado ninguna especie de explicación satisfactoria o no satisfactoria.

Los Ministros mexicanos pueden acordarse de que ese mismo día 15 de marzo del año pasado pasó el de Colombia a sus casas respectivas a asegurarles personalmente, como lo hizo, que aunque no tenía todavía las ratificaciones en su poder por la distancia y otras circunstancias imprevistas, podía hacerles explicaciones muy satisfactorias de parte de su Gobierno en el caso de que se le invitase al canje, porque había recibido seguridades de que serían aprobadas y ratificadas.

La correspondencia que medió después entre los Plenipotenciarios de México y Colombia desde el 23 de junio hasta el 3 de agosto del año pasado, acreditará en todo tiempo la buena disposición del Colombia al efecto, puesto que solamente se exigió, como es muy justo, saber con antelación cuál era la determinación definitiva de los Estados Unidos Mexicanos sobre los tratados pendientes.

Como se continuó, a pesar de esto, guardando un profundo silencio por parte de este Gobierno sobre la aceptación o no aceptación de dichos tratados, el Plenipotenciario de Colombia creyó de su deber invitar a los de México, con fecha 24 de noviembre del año pasado, a una conferencia, que se verificó el día siguiente, y en la cual les manifestó la inutilidad de su residencia aquí por más tiempo y su disposición de regresar a su país.

No habiendo producido efecto alguno esta conferencia, el Ministro de Colombia pasó a los de México una nota de despedida, con fecha 17 de diciembre, a la cual se contestó en 3 de enero del presente año instándole para que permaneciese por más tiempo en esta República, pues el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos creía poder asegurar en todo aquel mes si las estipulaciones de Panamá se ratificarían o no.

Transcurrido ya todo el mes de enero sin que el  Plenipotenciario de Colombia hubiese recibido las seguridades ofrecidas de una u de otra manera, pasó una segunda nota de despedida el 1o de febrero, y fue luego a ofrecer sus respetos y a participar su resolución al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Su excelencia entonces hizo al Plenipotenciario de Colombia nuevas instancias para que desistiese de su marcha, en virtud de las cuales recogió aquella segunda nota, y se determinó a permanecer en estos Estados algún tiempo más, esperando el éxito de tan importante negociación.

Qué efectos hayan producido las nuevas gestiones del Ejecutivo, puede verlos cualquiera en los dictámenes, resoluciones y contrarresoluciones de las honorables Cámaras del Senado y de Representantes de los Estados Unidos Mexicanos.

Todos estos hechos, de una naturaleza incontrovertible, y otros muchos más que no se omiten por amor a la verdad, han persuadido al Ministro de Colombia de la necesidad de restituirse a su país lo mas pronto posible.

En tan desgraciado caso cree haber cesado su misión, e invita, en cumplimiento de ordenes terminantes de su Gobierno, a los Plenipotenciarios que todavía residen aquí a extender un acta expresiva del pesar consecuente con la inutilidad de lo obrado por la conservación de la Asamblea y de la Confederación americana, de las causas que han intervenido en su conclusión por ahora, y de los motivos que urgen porque se renueve después, en circunstancias más felices.

Los Plenipotenciarios mexicanos contestaron que las circunstancias actuales eran mucho más favorables que las anteriores para la consecución del grande objeto de la Confederación americana;

Que ya se había manifestado claramente el sentido de las Cámaras a favor de los tratados, porque la de Diputados los aprobó con unas reformas tan insignificantes, que no influían en nada en la sustancia y esencia de las estipulaciones, y la del Senado, al devolver los mismos tratados a la Cámara de su origen sin aprobarlos, dio verdaderamente una prueba inequívoca, así de su conformidad con los tratados del Istmo, como de su consideración a la Asamblea, porque creyendo que los tratados debían ser aprobador íntegramente o reprobados, le pareció un medio muy a propósito para lograr aquel objeto, remitirlos a la Asamblea para que meditasen los Plenipotenciarios sobre las ligeras alteraciones de la Cámara de Representantes, pues que de este modo, si había anuencia en ellas de parte de Sus Excelencias, no habría por la de las Cámaras esas pequeñas discordancias para la absoluta aprobación de los tratados;

Que semejante disposición expresaba, de una manera indubitable, los esfuerzos que hacia siempre el Ejecutivo; la continuación de los empeños para el despacho de este gran negociado, y el aspecto diferente que había tomado la República Mexicana, eran las mejores garantías que se podían ofrecer del feliz éxito de la obra de Panamá.

El Plenipotenciario de Colombia repuso inmediatamente que sería observar que las esperanzas y protestas que acababa de oír eran las mismas que se le habían hecho hacía mucho tiempo, y que jamás se habían realizado; que él oponía hechos positivos a aquellas esperanzas que la experiencia había desvanecido, y en prueba de ello apelaba al juicio de su respetable compañero el Plenipotenciario de Centro América, que convencido de lo mismo, había pasado a los Plenipotenciarios mexicanos su nota de despedida el 1o del último mes.

El Plenipotenciarios de Centro América recordó las promesas que en diferentes épocas de esta desgraciada negociación se habían hecho, los deseos constantes de su Gobierno y la autorización y disposición de su Ministro para la continuación de las sesiones, que tuvo el honor de manifestar a los Plenipotenciarios de México en nota del 23 de junio del año pasado; que el 31 de agosto siguiente repitió los mismos sentimientos contestando a la del 29 del mismo, en que Sus Excelencias le aseguraron que la triste situación de la República de Centro América era el asunto interesantísimo que en concepto del Gobierno mexicano debía provocar a la mayor brevedad la apertura de la Asamblea; que invitado su honorable compañero el señor Ministro de Colombia a tan importante objeto, y convenido en prestar su cooperación, expuso que antes de tomar en consideración un asunto tan arduo y de tanta trascendencia, le parecía que era necesario fijar de antemano los principios en que en todo tiempo debían apoyarse y sostenerse las medidas que allí se adoptasen, proponiendo para facilitar el resultado el medio de una conferencia previa.

¿Y cuándo se verificó? A Sus Excelencias consta que no tuvo efecto sino hasta el 22 de diciembre en que los Ministros presentes se reunieron por primera vez, que la continuaron el 24 del mismo, y el 12 de enero de este año, en que por fin convinieron en la medida que aparece en el memorándum de ella.

Los Plenipotenciarios mexicanos, firmes en la nobleza de sus sentimientos por la pacificación de Centro América, tuvieron la bondad de asegurar el 19 del mismo al Ministro de aquella República que lo habían pasado (el memorándum) a su Gobierno, recomendándole la medida adoptada.

El que habla no puede explicar el disgusto y sorpresa con que vio pasar aquel mes sin saber si el Gobierno había tomado o no en consideración dicho memorándum, por lo que convencido de que era enteramente inútil su permanencia aquí, fue el 2 de febrero a participar al Excelentísimo señor Presidente de la República que tenía permiso de su Gobierno para retirarse tan luego como lo verificase el Plenipotenciario de Colombia, que según entendía, pensaba salir el 4.

Su Excelencia le contestó que acababa de estar allí a comunicarle su pronta marcha, pero que le había suplicado y reducido a que la difiriese porque el punto de los tratados se concluiría en el mes.

Últimamente volvieron a reunirse el 6 del mismo febrero los Ministros presentes, y Sus Excelencias Michelena y Domínguez dijeron que su Gobierno quería se tomasen en consideración las posteriores noticias de Centro América para saber si en virtud de ellas variaban de opinión, y todos unánimemente convinieron en que por las circunstancias que en ellas se describen era más necesaria la medida propuesta.

Y comunicando al siguiente día los Plenipotenciarios de México este acuerdo a su Gobierno, le repitieron la súplica de que las providencias que hubiese de tomar fuesen prontas como lo demandaban las circunstancias efectivas en que se hallaba aquella República.

Que, sin embargo, el Ministro de Centro América aun ignora si el Gobierno de los Estados Unidos Mexicanos ha adoptado no alguna medida en este negocio.

Que estos hechos constantes no los recuerda con un espíritu de recriminación de que esta muy distante, sino porque ellos, unidos a los que ha referido el señor Ministro de Colombia, lo habían convencido profundamente de que, o México no tenía interés en concurrir por su parte a la realización de la Confederación americana, o repugnaba que la Asamblea se reuniese en su territorio; que cualquiera de estos extremos que fuese cierto, era en su concepto una razón suficiente para retirarse en obsequio mismo de la Confederación, porque de lo contrario era preciso que se hiciese ridículo y despreciable un proyecto tan importante, en otro tiempo y circunstancias acaso se pudra renovar con mejor éxito;

Que en atención a esto y a los quebrantos que diariamente sufre su salud en este clima, había solicitado permiso para restituirse a su país; que su Gobierno se lo había concedido, como tuvo la honra de decirlo a Sus Excelencias los Plenipotenciarios de México en su nota de despedida de diez del ultimo septiembre, y que aunque entonces hizo una manifestación de los sentimientos de su Gobierno, quiere aprovechar la presente oportunidad para repetirla de una manera más solemne; que en consecuencia asegura que Centro América conserva siempre la misma idea de utilidad e importancia de la Confederación y los más vivos deseos de concurrir a ella, que a este fin había conservado a su Ministro en esta República por mas de dos años, y que no había sido sino después de una profunda convicción de la inutilidad de su permanencia por mas tiempo, cuando le había permitido retirarse mandándole, sin embargo, asegurar a Sus Excelencias que no por eso se creyese que los deseos de aquel Gobierno a favor de la Confederación se hubiesen entibiado; que menos era su objeto retardar ni entorpecer la reunión de la Asamblea, y en prueba de ello prometía enviar sin pérdida de tiempo sus Plenipotenciarios para concurrir a ella, tan luego que se le asegurase que ésta iba a reunirse.

El Plenipotenciarios de Centro América concluyó manifestando su profundo reconocimiento a los de Colombia y Estados Unidos Mexicanos por las bondades que les había merecido durante su permanencia en esta República.

Los Plenipotenciarios de México repusieron que las esperanzas que en distintas ocasiones habían dado sobre este asunto no habían sido tan vanas, pues que al fin de este periodo ya habían ocupándose de los demás tratados concluidos en Panamá, prescindiendo, como se debe prescindir de para el objeto de comprobar el resultado de la discusión y del concepto de las Cámaras; que agregada esta observación a las expuestas, no podían fijarse mas en consecuencias que se originarían desde luego con la disolución de la Asamblea, porque si en cualquiera ocasión debería producirlas un suceso tan desagradable, las causaría mucho mas en las circunstancias en que se hallaban hoy las Republicas aliadas; la guerra entre Perú y Colombia, la civil que aflige a Centro América, la agitación, aunque momentánea, de la República Mexicana, a todo se le daría influencia sobre la disolución, y aquellas circunstancias se presentarían en consecuencia con un aparato temible, supuesto que aun habían roto la fraternidad concentrada en la Asamblea de los Ministros de esas potencias, enviados precisamente para estar unidos perpetuamente en paz y en guerra.

Que aun cuando hubiesen sido reprobados los tratados de Panamá en la república de México, o en cualquiera de las otras o en todas, no podía procederse a la disolución de la Asamblea; antes bien, esto exigía la reunión de los Plenipotenciarios para acordar, según las nuevas y consecuentes instrucciones de sus respectivos gobiernos, las reformas de que fuesen susceptibles aquellas estipulaciones o formar otras distintas; que por esto habían inculcado otras veces que la existencia de la Asamblea en la actualidad no dependía de los tratados celebrados en Panamá, sino de otros preexistentes a su misma instalación convenidos entre México y Colombia, y entre esta república y las de Centro América y Perú, que están vigentes.

Hay que reflexionar, además, que el convenio sobre traslación de la Asamblea esta aprobado en todas sus partes, y habiéndose comprometido por este tratado las republicas aliadas a mantener sus plenipotenciarios en el lugar que hubiese fijado la Asamblea, parece que la disolución se opone al mismo convenio.

Los Plenipotenciarios de México hubieran querido que por parte de su Gobierno estuviesen ya ratificados los tratados; pero por este solo hecho ¿se habría podido proceder al canje deseado, en el 15 de marzo del año próximo anterior ni después, ni aun el día de hoy?

De ninguna manera: sabido es que en Centro América no existe Cuerpo Legislativo que haya podido aprobar los tratados, y que el Perú ni aun ha mandado sus Ministros; ¿qué, pues, podía haberse aventajado con la aprobación de México y Colombia?

Esto acredita que no ha consistido únicamente en el Gobierno mexicano la falta de canje de los tratados, y acaso esta consideración han tenido a la vista las Cámaras para no apresurarse a la aprobación.

El Plenipotenciario de Colombia dijo que no se trataba de la disolución de la Asamblea, ni su Gobierno deseaba propender a semejante cosa; que si estaba resuelto a restituirse a su país había sido forzado a ello por las circunstancias, y que si éstas variaban, Colombia seria la primera en mandar sus Plenipotenciarios a la Asamblea americana con instrucciones de consentir en todas aquellas estipulaciones justas y regulares que no estuviesen en contradicción con sus obligaciones existentes con las demás potencias de Europa y América al tiempo de la nueva reunión.

El Plenipotenciario de Colombia concluyó, finalmente, asegurando a los de Centro América y Estados Unidos Mexicanos que no le era posible expresar la aflicción de que estaba penetrado por el mal éxito de la negociación de Panamá, pero que se separaba de esta República lleno de reconocimientos por las bondades con que constantemente lo habían favorecido; y cualquiera que fuese su suerte futura de tratar con unos Ministros tan excelentes y celosos por el bien de la América en general.

Los Plenipotenciarios mexicanos excitan en este punto el sobresaliente patriotismo de sus dignos y respetables compañeros el Plenipotenciario de Colombia y el de Centro América, confiados en el interés que siempre han tomado Sus Excelencias por la causa de América en los apreciables y costosos sacrificios que han prestado constantemente, y en la importancia de las obras del Istmo, a que han dedicado su sabiduría, su prudencia de las obras del Istmo, a que ha dedicado su sabiduría, su prudencia y su celo; que les causaba el dolor más profundo, cual no podrían jamás decir cumplidamente, considerar separados de su compañía a Sus Excelencias, en cuyos consejos tiene la Patria apoyadas sus más lisonjeras esperanzas; que sentían vivamente llevasen adelante una determinación que por si sola había de ser origen de males de fatal trascendencia, y que no podrían ocultarse a la alta penetración de quienes con sus luces recomendables habían trabajado incesantemente por la felicidad publica.

Los Plenipotenciarios de México protestaron que si al de Colombia y al de Centro América pareciese más conveniente que la Asamblea se traslade a otro punto de la República, porque así sea más análogo al objeto, los Plenipotenciarios de México están dispuestos a lo que digan Sus Excelencias, así como a cualesquiera otras medidas que dependan del Ejecutivo y que conferenciando se juzguen conducentes al propio objeto.

Los Plenipotenciarios de Colombia y Centro América fueron de opinión que lo propuesto para la traslación de la Asamblea a otro punto de esta República no podía producir ningún buen efecto en estos momentos, ni mucho menos remover los inconvenientes que se le habían presentado por parte del Gobierno de estos Estados, concluyendo con dar las más expresivas gracias a los Plenipotenciarios mexicanos por sus atenciones y civilidades que no olvidarían jamás.

Pedro Gual.

Antonio Larrazábal.

José María Michelena.

José Domínguez.

Fuente:

Germán A. de la Reza. El Congreso de Panamá de 1826 y otros ensayos de integración latinoamericana del Siglo XIX. Estudio y fuentes documentales anotadas. Ediciones y Gráficos Eón. Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. México, Primera edición: 2006, 287 pp. Documento tomado de: Acervo Histórico Genaro Estrada, Legajo 869.