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Siglo XIX > 1820-1829 > 1826

Documento 19. Informe sobre la Traslación del Congreso de Panamá a Tacubaya.
México, 26 de septiembre de 1826.

Transmitido por Juan José Espinosa de los Monteros a la Cámara del Senado de México.

Excelentísimos señores:

Los Excelentísimos señores Plenipotenciarios de la República en la Asamblea de los nuevos Estados americanos, con fecha del 22 del que rige, dicen a este Ministerio lo siguiente:

"Con el fin de satisfacer los deseos del Excelentísimo señor Presidente, que V.S. nos expresa en su nota del 18 del presente, hemos solicitado y adquirido los papeles públicos a que se refiere, y sólo en la Gaceta extraordinaria del Istmo, del 22 de junio, en El Sol, del 22 de agosto, y en el Suplemento de la Gaceta Real de Jamaica número 32, hemos encontrado noticia y especies que tienen relación con la Asamblea de los nuevos Estados americanos que se reunieron en Panamá.

Las equivocaciones y errores políticos que contienen en este punto aquellos papeles va a quedar demostrados y desvanecidos con la sencilla exposición que pasamos a hacer de todo lo ocurrido en dicho Istmo, en los cuales tendremos que repetir algunos sucesos de que ya el Excelentísimo señor Presidente está instruido por los respectivos protocolos que pusimos en manos de V.S.

Llegados a Panamá el 4 de julio de este año después de veintidós días de navegación, pasados los cumplimientos y visitar de etiqueta, tratamos de comenzar los trabajos que tenía por objeto nuestra misión, y aunque todos los Ministros de las Repúblicas residentes allí ansiaban porque así sucediese, no pudo ser el que nos reuniésemos formalmente por hallarse enfermo el señor don Manuel Vidaurre, Plenipotenciario del Perú.

Esperando su restablecimiento, tuvimos varias conferencias privadas que facilitaron el curso de las negociaciones, cuando llegó el caso de tenerlas formales.

Con este fin nos congregamos el 22 de junio, y desde aquella fecha hasta el 15 de julio con el ímprobo trabajo de diez y once horas diarias, logramos proponer, discutir, ajustar y concluir un tratado de amistad, liga, alianza y confederación perpetua en paz y en guerra entre las Repúblicas concurrentes, una convención sobre contingentes de hombres, buques y dinero para hacer efectivo el tratado, un concierto reservado a solo los gobiernos aliados para uniformar las operaciones militares en mar y tierra, y un convenio para la traslación de la Asamblea, necesarísima así por la insalubridad y absoluta falta de recursos que se experimentaba en el lugar designado, como por la dificultad de comunicaciones con los respectivos Gobiernos y escasez de noticias de los acontecimientos de Europa tan importantes a una Asamblea, cuya principal atención era el proponer y negociar los medios de conservar la independencia de los nuevos Estados Americanos, conviniendo en medidas capaces de desconcertar y resistir las que en contrario sentido por sí solos, o con auxilios de la Santa liga, tomaran nuestros opresores.

Es necesario verlo para creer que en cuatro meses que duramos ausentes, ni nosotros recibimos comunicación alguna de México, ni el Gobierno supo de nuestras operaciones a pesar de que por nuestra parte no se perdió ocasión alguna de participarlas, acompañándole sucesivamente los correspondientes documentos.

La comunicación más frecuente en Panamá es la de que aquella sociedad mantiene con la capital de la República de Colombia (Santa Fe de Bogotá) y las cartas en ir y venir tardan setenta y cinco días a lo menos.

En el mismo día que nos reunimos formalmente los Plenipotenciarios, apareció en la Gaceta del Istmo una alocución que se supone dicha a la Asamblea. (1)

Esta, que no escuchó la arenga, no aprobó tampoco semejante paso ni se conformó con aquellas ideas en el expediente de los negocios concluidos, y en la asignación de los que deben ser objeto de las futuras reuniones.

El Ministro mismo que suscribió aquel papel convino en lo razonable de esta conducta.

La República de Chile ofreció mandar a sus Ministros cuando se lo permitiesen las atenciones que le rodeaban con motivo de la guerra de Chile que en aquella misma época aún no terminaba.

Buenos Aires no había manifestado deferencia a concurrir.

El Alto Perú o Bolivia aún no está reconocida como República independiente de su antigua capital. (2)

Los Estados Unidos del Norte nombraron sus Ministros, de los que uno aun no sale para su destino, y el otro estaba en Bogotá. Ambos desean unirse y asistir a la Asamblea por convenir en cuanto no perturbase la neutralidad que observa y quiere seguir observando aquella República con la España.

En igual caso, y con otras circunstancias se halla el Imperio del Brasil.

Estas consideraciones, la facultad que la mayoría de las Repúblicas tenía a virtud de los tratados hechos por Colombia con México, Guatemala y el Perú, para comenzar a trabajar y elegir lugar a propósito para sus sesiones, la libertad en que quedan las Repúblicas que pueden ser aliadas para entrar en la confederación siempre que ratifiquen los tratados concluidos, y el lugar que se dejó a las potencias neutras y amigas para concurrir como signatarias en las siguientes reuniones en que se ha de negociar cuanto pueda contribuir al establecimiento de un Derecho Público que uniforme la conducta del continente americano en paz y en guerra, resolvieron a la Asamblea a poner por obra y llevar al término sus negociaciones, y a meditar la traslación que después de algunas diferencias se acordó por mayoría se verificase en Tacubaya.

A nuestro arribo a Panamá, ya había comenzado las disensiones incitadas en Venezuela por el General Páez; pero ni éste ni el Gobierno a quien había desobedecido tomaban una actitud hostil, sino que aguardaban a que el General Bolívar en persona o del modo que le pareciese pusiera término a aquellas novedades, que si bien amenazaban un trastorno en la forma de Gobierno, aun no obraban su efecto.

En tal estado quedó este negocio cuando salidos de aquella ciudad de regreso a esta República.

En los días que permanecimos en Panamá reinaba la mayor tranquilidad y aquellos habitantes que sólo sintieron el golpe desagradable de que dos o tres vecinos de los principales y de buen nombre fuesen presos por una denuncia que contra ellos dio en Lima un particular conocido por todos como embaucador y mal intencionado, suponiéndolos en combinación con los españoles.

En este tiempo aparecieron frente a Cartagena, puerto del Atlántico, bien distante de Panamá, el navío Guerrero y dos fragatas españolas; por lo que el Comandante general declaró su distrito en estado de Asamblea, reasumió las facultades que las leyes le concedían, y congregó una junta de vecinos para pedirles subsidios.

Los presos se justificaron y adquirieron su libertad a poco tiempo, y los buques desaparecieron a los dos días.

Los Plenipotenciarios en medio de estas ocurrencias continuaron reunidos, no alteraron sus distribuciones ni tomaron parte alguna en negocios que no eran de su inspección, y que sólo supieron por conversaciones familiares.

De oficio nada se nos dijo por las autoridades de aquel suelo, el que a nuestra salida disfrutaba del mejor orden, quietud y sosiego".

Y de orden del señor Presidente tengo el honor de trasladarlo a VVEE., para conocimiento de la Cámara, entre tanto se elevan a él los tratados concluidos de la expresada Asamblea que pasará oportunamente este Ministerio.

Dios guarde a VV. EE. muchos años.

México, 26 de septiembre de 1826.

Juan José Espinosa de los Monteros.

Excelentísimos señores Secretarios de la Cámara del Senado.

Fuente:

Germán A. de la Reza. El Congreso de Panamá de 1826 y otros ensayos de integración latinoamericana del Siglo XIX. Estudio y fuentes documentales anotadas. Ediciones y Gráficos Eón. Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. México, Primera edición: 2006, 287 pp. Documento tomado de: Acervo Histórico Genaro Estrada, Legajo 869.

Notas:

(1) Se trata del manifiesto de Manuel Vidaurre, Ministro Plenipotenciario del Perú.

(2) Dos países pretendieron incorporar al Alto Perú: Perú, a cuyo virreinato había pertenecido hasta la creación del Virreinato del Río de la Plata, y Buenos Aires, heredera de este último. Al momento de realizarse el Congreso el Perú ya había reconocido a Bolivia; Buenos Aires lo hará poco después.