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Siglo XIX > 1820-1829 > 1825

Discurso de Guadalupe Victoria al abrir las sesiones ordinarias del Congreso. Enero 1, 1825. Al cerrar dichas sesiones. Mayo 21, 1825. Al abrir las sesiones extraordinarias. Agosto 4, 1825. Al cerrar las sesiones extraordinarias. Diciembre 19, 1825.
Enero 1, 1825. Mayo 21, 1825. Agosto 4, 1825. Diciembre 19, 1825.

El General Victoria, al abrir las sesiones ordinarias del Congreso General, el 1 de Enero de 1825.

Señores:

No podrá ya dudarse, como se afectó dudar en algún tiempo, si las modernas sociedades establecidas para la libertad del hombre, son el resultado necesario del progreso de las ideas justas y benéficas, si ellas existen momentáneamente por la subversión escandalosa de los principios, y por el avance tumultuario de las pasiones.

Los partidarios de la envejecida tiranía, aquéllos que del seno de las nubes hacen descender los pactos y las obligaciones, desconocen la legitimidad y vigor de los Gobiernos que han nacido del pueblo soberano.

Para ellos los particulares en las naciones libres no tienen ni freno ni garantías; unos á otros se acometen y se devoran, y en esta reñida contienda, la crueldad y la ira desapiadada de las facciones, aniquilan la esperanza de algún sistema regular de legislación.

No se crea, señores, que para la confusión de los enemigos del pueblo, he de conducirlos á las ruinas de Cartago, he de excitar las memorias de Roma libre, ó de abrir los fastos de aquella Grecia, donde las letras, las artes generosas y la sublime filosofía, dieron principio á instituciones que se han admirado en todos los siglos.

No, la América, nuestra adorada Patria, elevando la cabeza sobre los días antiguos, ha resuelto el problema más interesante á la especie humana, y ha desgarrado los velos que cubrieran el origen, el fin y el objeto del poder.

El profundo legislador de la Carolina y Guillermo Penn, el amigo del hombre, plantaron en el suelo virginal de América las semillas preciosas de la Libertad Civil, que cultivadas con esmero por Washington y Franklin, se hallan hoy depositadas con los frutos que produjeron en ese capitolio que levantó la sabiduría en las márgenes del Potomac.

De allí se lanzan rayos desoladores sobre el despotismo, y de allí aparece la generación de pueblos soberanos. ¡Cuánta es la gloria del nuevo inundo! Cuánta es la grandeza de sus destinos!

Asombra, señores, que las luces hayan penetrado hasta en las colonias que fundara el aventurero de Medellín.

Ello es cierto que el genio se sobrepuso á las resistencias, que la moral regularizó el calor de los partidos, y que los sentimientos de la filantropía, vinieron á reemplazar los hábitos y los errores que consagró el tiempo.

Pero yo he venido aquí, señores, á congratularme con vosotros porque los triunfos de la opinión y de las doctrinas sociales, os han reunido bajo los fundamentos de un pacto creado por nosotros y para nuestra felicidad.

¿Quién podrá disputar á los representantes que dejaron estos asientos consagrados al mérito y á la virtud, la satisfacción incomparable de ser reemplazados por ciudadanos igualmente ilustres, igualmente ansiosos del engrandecimiento nacional?

La unión, la seguridad y el bienestar de los Estados, se han confiado á los prudentes varones que por el uso de los consejos de la sabiduría atrajeron al derredor de sí las miradas de un pueblo que sabe calcular la justicia y el talento.

Dichosos nosotros en haber normado las elecciones por el aprecio del bien público, veremos realizados en el primer Congreso Constitucional los planes del legislador y los votos uniformes de los mexicanos.

Mi corazón se dilata por los bienes que gozamos y por los que se esperan todavía. El magnífico edificio de las Libertades, que antes fuera, una bella perspectiva ideal, se asentó sobre bases indestructibles y su recinto brilla con las instituciones que mereciera un pueblo grande.

Los altos atributos con que la ley y la voluntad de mis conciudadanos quisieron revestirme en razón de depositario del Poder Ejecutivo, me pusieron en el caso y feliz disposición de emplearlos todos en su utilidad.

Una ojeada aunque rápida sobre el estado y existencia progresiva de los negocios os convencerá, señores, de que he procurado hacer el mayor bien posible según la esfera de mis luces en el brevísimo período de mi Gobierno.

¡Dichoso yo si he acertado á llenar el extenso círculo de mis obligaciones para con la Patria!

El Secretario del Despacho de Hacienda manifestará al Congreso que si no es ventajosa su situación ni por sus ingresos, ni por sus obligaciones, ha logrado al cabo de multiplicados y penosos esfuerzos, vestir, armar y aumentar el Ejército y la Marina, socorrer al Nuevo México, California y todas las Fronteras, acallar los clamores de los empleados de la República atrasados en sus sueldos, y cubrir en todas sus partes las atenciones de la administración con el uso sobrio y arreglado de los préstamos extranjeros.

La organización de la Hacienda en lo económico ha obtenido considerables mejoras por la última ley de la materia, y avanza sin duda á su perfección.

¡Ojalá y los arbitrios que se consultarán á la sabiduría de la Cámara de Representantes, merezcan su aprobación tan urgente!

La seguridad de la República demanda sacrificios, pero siempre compatibles con el Estado, fuerzas y patriotismo de sus heroicos ciudadanos.

Careciendo de existencia el Poder Judicial de la, Federación é inhibido el Gobierno de la intervención que antes disfrutaba, en el de las antiguas provincias, su acción en esta parte ha sido casi nula, y lo será hasta que la Suprema Corte de Justicia se instale, luego que se designe por una ley el número y ubicación de los Juzgados de Circuito y de Distrito, y se proceda al arreglo de Tribunales en los Territorios y en el Distrito Federal.

Sin embargo de este vacío, se han atendido en lo posible los objetos de la Administración de Justicia, y los ciudadanos sólo podrán quejarse de los vicios de la legislación y de los que se introdujeron en la forma de los juicios por la degradante indolencia de los gobernantes españoles.

Las cárceles y los establecimientos de corrección han corrido la suerte de los tiempos, mas yo no desespero de hacerlos servir á la seguridad, sin aumentar las aflicciones y miserias de los delincuentes.

El Ejército Mexicano que ciñe tantos laureles, ha adelantado considerablemente su disciplina.

Está para completarse su fuerza, y hoy la que existe cuenta con buen armamento al paso que se contrataron armas suficientes para levantar todo el Ejército conforme exige nuestra situación política.

El Secretario de Guerra y Marina pondrá en claro mis trabajos en estos ramos.

El sistema felizmente adoptado confía la administración interior de los pueblos á sus autoridades provinciales.

El Gobierno dentro de su órbita se ha empeñado en cortar abusos envejecidos, y en que las leyes patrias comiencen á desenrollar su actividad benefactora.

Así lo expondrá el Secretario de Relaciones Interiores.

En todos los países libres del Universo se forman votos por la consolidación de Independencia Mexicana, y luego que se hallen en el caso de calcular los extranjeros el inmenso valor que la unión ha dado á nuestra prosperidad colectiva é individual, me persuado, señores, que nos admitirán al rango de las naciones independientes y soberanas.

¿Y este es el pueblo que por tres siglos fuera sujeto á, una administración mezquina, á un Gobierno miserable?

Privados los mexicanos de las ventajas de un sistema equitativo, rompieron sus relaciones con la Metrópoli, después de sufrir más allá de los límites de la paciencia humana.

Nuestras poblaciones incendiadas, nuestras propiedades invadidas, las cárceles siempre llenas, el dolor, la desesperación, la muerte amenazando sin cesar nuestras cabezas, éstos fueron los títulos, éstos los caracteres que marcaron con fuego y sangre la libertad de que gozamos.

Al recuperar nuestros derechos ultrajados, y cuando se alzó el fuerte brazo para la gloria de la Patria, hemos dado ejemplos insignes de moderación.

Confúndanse nuestros detractores, y admiren, si por una sola vez quieren llamarse justos, el imperio de la suavísima índole mexicana y el sistema más filantrópico que se conoce de legislación y Gobierno.

¡Ciudadanos de ambas Cámaras de la heroica Nación Mexicana! ¡Que no sean perdidas para nosotros las conquistas de la revolución!

¡Que los secuaces del poder tiránico tributen á las ideas del siglo y á los adelantos de la civilización en América los testimonios de su forzado y tardío arrepentimiento!

¡Que vuestro ardiente celo por la Constitución , que vuestro constante amor á la Patria y á la Libertad, que vuestra previsión y energía os facilite el dulce placer de elevar á los Estados Unidos Mexicanos al alto punto de prosperidad y grandeza que ha decretado el Árbitro Supremo de los destinos!

Contestación del Dr. Don Miguel Valentín, Presidente de la Cámara de Diputados.

La República Mexicana, esta cara Patria que, aunque roto el yugo extranjero, no ha podido en más de tres años recoger el fruto de tantos sacrificios hechos heroicamente por conseguir su felicidad, ha recibido en estos días la Carta sagrada que sancionando sus derechos, la restituya á la, grandiosa esfera, de las naciones soberanas y le abra la espaciosa senda por donde ha de llegar á la opulenta prosperidad que le señaló la Naturaleza.

La Nación, en efecto, ha jurado con entusiasmo la suspirada Constitución; pero, ¡qué latitud tan inmensa entre jurarla y obedecerla!

Inclinaciones, habitudes, opiniones, producto fatal de tantos siglos de tinieblas y envilecimiento, son obstáculos no ciertamente invencibles en la docilidad y admirable índole mexicana, pero sí harta y vasta materia para ejercitar los conatos, desplegar las luces, y, digámoslo así, pues la Patria lo exige, para sacrificar sin reserva la vida y hasta el honor, si fuese posible, de los que tengan el honorífico y peligroso cargo de gobernarla; es decir, el Congreso General y el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos.

Ninguna Constitución, por sabiamente combinada que sea, puede sofocar el renacimiento de los partidos de un Gobierno popular: ellos son hijos de la libertad: nosotros decididamente arrestados á sostener nuestra independencia, unánimes en este solo punto (porque por nuestro honor no quiero creer que haya un mexicano que disienta , ó que no se indigne al nombre de esclavitud ó dependencia extranjera), unánimes repito en este solo punto, tendremos que combatir como opiniones del momento, que se irán repitiendo al golpe de los sucesos, que será menester tolerar hasta, cierto tiempo; y como la ley, sin destruir las pasiones, las encamina al bien, así el Gobierno, sin poder evitar la acción y la reacción, ni contener las oleadas y vaivenes de la opinión, su difícil y sublime tarea consiste en equilibrar, moderar y regular estos movimientos, de manera que de su mismo contraste resulten la subordinación, la paz, la justicia y el recíproco beneficio de todos.

La República Federal, compuesta, de tantos y tan varios elementos, es una máquina complicada cuya acción demanda tanta exactitud, tanta delicadeza en su dirección, que sólo está reservada á conocimientos profundos y á un tino que raya en prodigioso.

Mas el Congreso General y el Presidente de la República tienen un recurso infalible para desempeñar cumplidamente su terrible cargo.

Pueden llenar y superar la expectación de los pueblos que han colocado en ellos su confianza; pueden hacer respetados y adorados sus nombres, colocados en una línea con los de Solón, Locke, Penn, Washington y demás bienhechores del género humano.

En la virtud y sólo en la virtud se hallará este recurso; en la virtud republicana que sabe desprenderse de sus propios intereses y olvidar generosamente las miras personales, cuyo ardiente anhelo se lanza poderosamente hacia el bien general, y que al través de los nublados que levantan las pasiones, se distinguen con una vista certera y perspicaz las sendas rectas y seguras que conducen á la pública felicidad.

El corazón de todo mexicano se dilata al presagiar que esta virtud ha de ser la guía, la antorcha, el alma de su Congreso y de su Presidente.

Ella identificará sus opiniones, recogerá sus votos, dictará sus decretos; los hará infatigables y reconcentrará sus fuerzas para asegurar á la Patria su independencia, su libertad y el cúmulo de bienes que merece.

Vais á dar á México y al mundo un espectáculo maravilloso y casi divino en vuestra rectitud, pureza, eficacia, unanimidad, y vais á merecer de vuestra Patria y de la posteridad los aplausos y tributos consignados á los hijos de la virtud republicana.

Desde vosotros, como de un copioso manantial, descenderá á todas las clases é individuos de la sociedad anahuacense aquel espíritu benéfico, justo, patriótico, que caracteriza y sostiene los Gobiernos.

Una carrera luminosa y vasta se abre delante de vosotros, y al término de ella se columbra la marcha majestuosa y segura de la República Federal Mexicana; las naciones amigas, y todas deben sedo, enlazadas con ella, la, Asia y la Europa incluidas relaciones pacíficas é importantes, y la felicidad distribuyendo por la mano de México sus tesoros y sus luces á los habitantes del Universo.

Por una circunstancia feliz vais á dirigirla en la época quizá más importante, en que cada momento es crítico, cada coyuntura es decisiva: cuando las nuevas instituciones van á romper su curso por entre las barreras y ruinas que arrancó y amontonó el despotismo, y sus ministros la ignorancia y el temor; y su majestuosa, corriente debe ser dirigida por vosotros en medio de dos precipicios que socavaron el servilismo y la anarquía.

A vosotros os tocó realizar las promesas halagüeñas que anuncia nuestra Constitución, y hacer ver á las naciones que la Mexicana es capaz no sólo de reconquistar su libertad, sino de darse unas instituciones sabias y permanentes, que en sí mismas tienen recursos para hacerse respetar y envidiar de los demás pueblos, y que, en fin, es capaz de consumar la obra egregia de su felicidad, que le inspiró la Providencia.

Tal debe ser el fruto de la virtud que anima al Congreso General y al Presidente de la República Mexicana.

El General Victoria, al cerrar dichas sesiones el 21 de Mayo de 1825.

Señores del Congreso General:

En observancia de la Ley Constitucional expuse á, las Cámaras en Enero de este año, el estado de la cosa pública, y ahora tengo el honor de anunciar que de entonces acá, nuestra situación ha mejorado notablemente, que nuestro pueblo, lejos de retrogradar ó debilitarse, se ha robustecido y adelantado en la carrera de la prosperidad y de las naciones.

El lazo de federación se conserva y consolida en lo general: la mayor parte de los Estados han sancionado su Constitución ó están para concluirla: cada uno trabaja en plantear, poner expedita y rectificar su administración: todos se esmerarán y esforzarán, como lo han hecho en parte, para cubrir el contingente que les corresponde, y sin lo que quedarían inertes y como vacías las instituciones que nos rigen; y, en una palabra, atendidos los datos que se tienen en esta parte, y la buena suerte y felicidad con que el cielo ha encaminado hasta aquí los negocios de la República, es de esperar que obrando cada Estado en la propia órbita, para su bien, pero sin olvidar el de la Federación, y girando, por decirlo así, en torno del Gobierno común, se repita de algún modo en el orden político el espectáculo asombroso de equilibrio, concierto y armonía de las grandes masas de nuestro Universo.

El Poder Ejecutivo no ha perdido ni puede perder de vista la moral y la ilustración, y por lo que á ésta hace, una Junta está actualmente entendiendo en un proyecto grandioso de enseñanza pública, á fin de que los mexicanos no tengan que ir á buscar estos socorros á otros países.

Al mismo tiempo, los establecimientos de comodidad, los que corresponden al ornato, dignidad y grandeza de la República, la agricultura, además, el comercio y la industria, todo va mechando de un modo bien perceptible para los que, volviendo atrás la vista, meditan los años anteriores ó los días antiguos de humillación y de esclavitud: así es que se reproduce y confirma en nosotros la idea de que el espíritu de reglamento, y el querer dirigir minuciosamente ingiriéndose en todo, es lo más adecuado para disminuir ó desterrar tal vez para siempre la abundancia, y la riqueza, y que por el contrario, para introducirlas y fomentara las un Gobierno ilustrado y bienhechor, sólo debe remover los grandes estorbos, dejando lo demás á la acción é interés de los particulares.

Ahora, por lo que respecta al manejo y dirección de la Hacienda, son inmensos los trabajos que se han hecho y los que se tienen preparados: sería menester mucho tiempo para entrar en su detalle, y así, contrayéndome á los resultados propios de este ramo, las Cámaras deben quedar entendidas que el Ejército ha sido pagado por quincenas adelantadas, que los almacenes militares están provistos, que la lista civil está satisfecha, que el último préstamo se ha realizado ventajosamente, que se ha pagado á los cosecheros de tabacos sus existencias y créditos, que se ha extinguido una parte de la deuda, que no existe ya papel-moneda, que se ha adquirido una cantidad bien considerable de fusiles y de toda clase de pertrechos, que se han puesto en diversos puntos fondos cuantiosos para compra de buques, que se ha introducido un sistema de orden y de economía que ha ahorrado gruesas sumas, y, finalmente, que la administración del dinero público sólo espera para consolidarse y perfeccionarse, la resolución sobre algunos proyectos y consultas pendientes en el Cuerpo Legislativo.

El ramo militar se va también mejorando sensiblemente: los cuerpos de todas armas se van completando; la disciplina se va restableciendo; la ley sobre deserción contribuirá poderosamente á dar tono en esta, parte: al mismo tiempo se ha guarnecido el Estado de Chiapas, se ha reforzado también la Frontera del Poniente y Norte, atendiendo con particularidad la parte de Texas, y los trabajos emprendidos y que continúan sobre un proyecto general de defensa, y para el que ingenieros formados entre nosotros, han salido á levantar planos de nuestras costas, cordilleras y avenidas, harán siempre honor al saber del Estado Mayor Mexicano, y acreditarán de un modo perentorio la vigilancia y circunspección del Poder Ejecutivo.

Por lo que hace á la Marina, aunque está bien servida y administrada, si se atiende al número y fuerza de los buques, puede decirse que no ha salido de su primera infancia: el Gobierno había creído poder contar para este tiempo con fuerzas respetables en uno y otro mar; pero contrariedades inevitables nos han privado hasta ahora de este auxilio que indudablemente tendremos dentro de algunos meses: entretanto ha salido una expedición para proveer de toda clase de auxilios á las Californias; se ha reconocido y pedido la habilitación de nuestro puerto de Manzanillo, uno de los más seguros, espaciosos y magníficos del globo; se ha habilitado interinamente el de Galveston, se han dado órdenes para construir algunas lanchas cañoneras en nuestro Territorio, con lo que se multiplicarán los recursos, ganará la civilización, se aumentará el comercio y, lo que más debe interesarnos, empezará á medrar el arte del constructor del que tanto necesitamos, sobre todo en el Pacífico.

Nuestra administración estaba incompleta y como manca, faltando el resorte del Supremo Poder Judicial, que debe dirimir las cuestiones en grande y proveer á lo que necesitan los Territorios y la Hacienda de la Federación; pero afortunadamente el 15 de Marzo se instaló la Suprema Corte de Justicia: los grandes poderes están en la plenitud de su integridad, y cuando se concluya la ley que determine detalladamente sus atribuciones y procedimientos, se habrá desembrollado el caos en que su falta nos había hundido.

Así, aun cuando haya intervenido en este tiempo alguna ocurrencia desagradable, ó sucedido alguna quiebra aislada y de ninguna trascendencia, considerando las cosas en grande y pasando rápidamente la vista sobre nuestro interior, tendremos que hay orden y concierto en la cosa pública, que ésta se consolida á grande prisa, que se desarrollan sobre nuestra expectación los gérmenes del bienestar; y lo que debe llenarnos de complacencia y aun de un noble orgullo, es el que esto suceda y se verifique planteando un sistema difícil y nuevo para nosotros á todas luces.

La perspectiva de nuestras relaciones con los demás pueblos, es tanto ó más lisonjera y satisfactoria, que la del interior, y ya las Cámaras estarán entreviendo un porvenir de fortuna, de esplendor y de grandeza que los Poderes de la República tratarán de asentar sobre un cimiento de buena fe, de justicia y de moderación.

La Inglaterra, la potencia más poderosa de la Europa, relativamente á nosotros, ha reconocido la Independencia del Anáhuac, y esta nación, que viviendo á millares de leguas de nuestras costas, puede decirse que habita sobre el Continente Americano y que atm es nuestra limítrofe, ha celebrado sobre esta base tratados de amistad, navegación y comercio que se sometieron oportunamente al conocimiento de las Cámaras, y que en el día tienen ya su aprobación.

Semejante acontecimiento, que será de los más memorables en nuestra historia, aumenta el poder y consideración de la República, y su ejemplo no dejará de ser imitado cuanto antes por potencias ultramarinas que no pueden hacernos mal aunque quieran, y á quienes, por otra parte, podemos beneficiar franqueando bajo igual garantía nuestros mercados.

Tal vez se pasarán algunos años sin que quiera reconocer y confesar cierta Potencia la legitimidad de nuestra emancipación, siendo así que debía ser la primera á anticiparse y que para ello se le ha presentado toda clase de oportunidades: empeñada en destruirse á sí misma, y en un estado de desfallecimiento y consunción, sus ojos se reaniman para dirigirnos miradas amenazadoras; pero cesarán algún día estos raptos de furor, y cuando llegue la época de la reconciliación, época que deseamos no menos por nuestro bien, que por el suyo propio, se desengañará entonces de que cuando su impotente rabia trataba de arrebatarnos la libertad y todos los bienes, nosotros, por el contrario, estábamos animados relativamente á, ella de sentimientos de moderación, de benevolencia y generosidad.

Y viniendo á las naciones americanas, nuestro Plenipotenciario ha días que reside en Washington en toda la plenitud que reconoce la diplomacia, así como residirá dentro de poco en nuestra capital el de los Estados Unidos del Norte que ha entrado ya en nuestro Territorio: en los mismos términos se halla entre nosotros el de nuestra hermana y aliada, la belicosa Colombia, y debiendo nombrarse cuanto antes un Ministro Plenipotenciario por nuestra parte, tenemos entretanto un Encargado de Negocios cerca de aquella República.

También el Ministro de los Estados Unidos del Centro ha días que presentó sus credenciales y fué solemnemente reconocido en México, y el Gobierno, por su parte, ha propuesto ya al Senado al que recíprocamente debe representarnos en aquellos Estados.

Finalmente, ha marchado ya para su destino la Legación que debe ponernos en contacto con el Jefe de la Iglesia, y no debiéndose perder la oportunidad de fomentar la ilustración, se han nombrado jóvenes adictos para el estudio de la diplomacia, y se han destinado algunos pensionados en nuestra Academia, para que poniéndose al corriente del mejor gusto en las Bellas Artes, puedan después trasladarlo á la República.

Pero tratándose de lo exterior, es justo que llame sobre todo la atención de las Cámaras un acontecimiento que naturalmente interesa á todo americano, que agranda el sentimiento de sus fuerzas y de su dignidad, y que, aunque sucedido en un punto aislado, debe reputarse como doméstico y propio en toda la América: en los campos de Ayacucho ha dado la última boqueada el monstruo de la tiranía, finando para siempre en nuestro Continente el imperio de la Península: valor, constancia, desinterés á toda prueba, son las marcas de esta jornada memorable: por donde quiera que se examine este hecho, despide gloria y magnificencia: un Ejército sin pagar, una fuerza vencedora incomparablemente menor, una resistencia la más obstinada y sostenida, y una derrota la más completa y universal que pudiera desearse: he aquí un modelo de heroísmo re-publicano, y el bien merecido título para la inmortalidad de Sucre, de su Ejército y del Libertador.

Un tratado de alianza había identificado y a los intereses más esenciales y la suerte y destino de México y Colombia, y, en consecuencia, hemos sido invitados para la Asamblea de Representantes de las Repúblicas, que debe cuanto antes verificarse con objeto de acabar de consolidar la emancipación de todos y neutralizar las miras y proyectos opresivos de los que quisieran extinguir entre los americanos el sentimiento y hasta las nociones y memoria de Libertad é Independencia.

Es, pues, llegado el tiempo en que la Nación se glorifique, pues que tanto se debe á un seso y buen sentido, y en el que las Cámaras se llenen de placer más activo y puro al ver el buen éxito que van teniendo sus trabajos, su celo y su interés por el bien público: mucho falta que hacer todavía para llegar al punto en que debe pararse la Nación: estamos como sembrando, pero la tierra es de lo más pingüe, y tenemos á mano riego con abundancia.

¿Con cuánta satisfacción, pues, y con cuánto esmero no deberán los poderes de la Nación cultivar el precioso terreno que ésta les ha confiado?

Por mi parte, y para concluir, tengo el honor de recomendar al Cuerpo Legislativo el expediente de algunos negocios graves y de trincha trascendencia que están pendientes y entorpecen el curso de la Administración: entretanto, el Gobierno confía que en el intervalo del receso, se prepararán y facilitarán los trabajos en las comisiones, á fin de que llegado el caso de reunirse las Cámaras, puedan éstas resolver y consultar del modo más expeditivo á la marcha y felicidad de la República, que todos deseamos ver cuanto antes en su colmo.

Respuesta del Presidente del Congreso, Don Juan Cayetano Portugal.

Señor:

Verdaderamente el bienestar público se adelanta y perfecciona entre nosotros, como acaba de decir en su discurso el Primer Magistrado del Poder Ejecutivo.

Hace un año que trabajábamos por constituirnos, y el nuevo orden de, cosas casi toca ya en su entero y pleno desenvolvimiento.

El impulso con que se presenta en la carrera de las naciones libres esta gran parte del Nuevo Mundo, impulso dado por una voluntad general, reglado y sostenido por leyes bien calculadas cuales son las que componen nuestro precioso Código Federal, nos tiene en una marcha progresiva, que indefectiblemente lleva á nuestra República al esplendor y opulencia, que es muy fácil presagiar.

Aun estamos en los principios, este es el primer Congreso Constitucional de la Federación, y si á lo que acaba de exponer el Gobierno juntamos lo que hay de más grande en los trabajos y deliberaciones de ambas Cámaras, durante el período de su primera sesión, se verá que todo es importante, que todo tiende y está conforme con el espíritu y naturaleza del sistema que nos rige.

Proyectos bien meditados sobre perfeccionar el ejercicio del Supremo Poder Judicial de la Federación; sobre el mejor método de organizar la milicia activa; sobre privilegios que combinado el interés público con el particular, aseguren el fruto de sus esfuerzos al talento y á la industria; sobre una ley militar que, decretando penas para prevenir el mal ó castigarlo, respete en el soldado la alta dignidad del ciudadano: sobre habilitar un nuevo puerto que nos facilite en el Seno mexicano un comercio activo con la exportación de los primeros frutos de nuestra naciente agricultura, y, lo que es de una importancia suma, instrucciones para celebrar el primer concordato con la Silla apostólica, ponernos en correspondencia con el Pontífice y proveer de pastores á la Iglesia mexicana, que va quedando en la orfandad; y, por último, meditaciones muy dignas de los muy celosos representantes de esta nueva Nación, y muy empeñados debates para aprobar un tratado de comercio y amistad con el rey de la Gran Bretaña; ved aquí, señores, en un cuadro pequeño lo que está como esparcido en los trabajos y deliberaciones de cinco meses.

Todo es importante á la Nación, todo es digno y conforme al sistema Federal.

¡Honor eterno á los representantes y al Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, que sin tropiezo llevan este gran pueblo hacia sus más altos destinos!

¡Honor eterno á este mismo pueblo soberano, que una vez pronunciado por la presente forma de Gobierno en todos sus actos, repite aquella misma soberana voluntad!

Sin contradicción, y sin resentirnos de lo pasado, todos avanzamos franca y desembarazadamente en este nuevo admirable orden político.

Ni existe en todo el Anáhuac otra cuestión que ésta: la estabilidad del Gobierno Federal.

Ni nosotros, intérpretes de la voluntad y opinión de nuestros comitentes, hemos hablado aquí otro lenguaje que el de la Federación.

El honor y engrandecimiento de la República, la independencia que separa á los Estados soberanos y los lazos que los unen, estos son los objetos que nunca perdimos de vista.

Es verdad que la mayor parte de nuestros proyectos, aunque bien discutidos en la Cámara de su origen, quedan todavía bajo el examen de la Cámara revisora, y que, si no es el espíritu público que se ha perfeccionado por el uso, aunque corto, de nuestra Carta Federal, por la actividad y vigilancia con que desempeña sus altos deberes el Gobierno de la Unión, y por nuestros mismos proyectos y discusiones, que desde la tribuna nacional lo sostienen y adelantan, casi todo lo demás, en lo legislativo, queda imperfecto y por hacer; pero, señores, ni nos era permitido precipitar la marcha legislativa de dos asambleas combinadas para deliberar, marcha tan majestuosa como lenta por su misma naturaleza, ni la ley nos concede prorrogar sino hasta hoy nuestra sesión.

Mas esa misma ley que ahora nos pone en receso, nos reunirá á su tiempo ordinario, ó mucho antes, y la Nación nos verá otra vez empeñados en perfeccionar estos trabajos.

El General Victoria, al abrir las sesiones extraordinarias el 4 de Agosto de 1825.

Señores:

Facultado por la Constitución para convocar al Congreso á sesiones extraordinarias en el caso que lo crea conveniente, debo congratularme con vosotros y con la Nación
de que ni para este paso, ni para la aprobación del acuerdo del consejo de Gobierno, se han ofrecido motivos de angustia, peligros alarmantes sobre las costas ó el interior, vacilación en la marcha de las instituciones, ó alguna necesidad imperiosa que os llamase á disipar una tormenta, desoladora ó á enfrenar el torbellino de las pasiones conmovidas.

Afortunadamente; señores, podéis tornar al uso y ejercicio de vuestras tareas en los preciosos momentos en que la República, quieta y próspera, avanza sin obstáculos en la
carrera de sus destinos. Yo he querido satisfacer á, los deseos de mi corazón y á los votos de los pueblos que demandan urgentemente el complemento y perfección de los beneficios que en el orden social comenzaron á plantearse.

Los autores de la Constitución llenaron su augusto encargo de un modo tan admirable y circunspecto que sin traspasar una línea de sus atribuciones dejaron levantado el edificio que para su consolidación y hermosura necesita de vuestros trabajos y de la continuación de vuestros esfuerzos.

Ahora que la Nación siempre justa, manifiesta inequívocamente su gratitud por el útil y glorioso empleo que hicisteis del primer período constitucional, ahora, conciudadanos, exige que la obra de la sabiduría sea consumada por los consejos de vuestra prudencia.

Vuestra previsión y mis ojos se han fijado en las grandes cuestiones que, recomendadas á vuestro celo, no podían dejarse á la ventura ó esperar su resolución para tiempo más distante.

En los movimientos tan complicados de la máquina política, la falta de una rueda es bastante á pararla ó á causar tal vez un fatal retroceso; y cuando las resistencias se multipliquen, sólo un sistema fuerte y armonioso conservará el vigor y el equilibrio en los diversos órdenes de la sociedad.

Por lo que á mí toca, no desempeñaría satisfactoriamente los deberes de mi situación, si no cooperaseis conmigo á superar los embarazos que la inexistencia de ciertas leyes y mi profundo respeto á la salvadora división é independencia de los poderes sociales, han de oponer al ejercicio de la autoridad que la Nación quiso confiarme.

Los depositarios de un poder que falla sobre las acciones y la conducta de los más altos funcionarios de la República, que, establecidos vigilantes sobre el uso de nuestras respectivas facultades, deben hallarse expeditos en todos momentos para condenar al criminal y absolver al inocente, no serán responsables ni se cumplirán los designios del Código fundamental, entretanto no se arreglen por una ley orgánica las funciones de su instituto.

Sin los tribunales de la Federación, ella será un caos: en esta parte, señores, nada hay hecho.

En los Territorios no se regulariza todavía la administración de justicia; y las preciosas garantías del hombre en sociedad, interesadas en este asunto, reclaman su pronta resolución.

La inestimable libertad de las prensas no se ha colocado en el punto de que no es conveniente en nuestras circunstancias avanzar ni retroceder.

La hacienda nacional, esta sangre vivificante del Estado, exige consideraciones, reformas y establecimientos importantes.

El de la dirección del crédito público nos ni-velará con las naciones que por su religiosidad en los pactos, han afianzado irrevocablemente su existencia.

La moral del Ejército llama la atención del legislador para que se regeneren el carácter y las costumbres nacidas en la guerra.

Por más que los clamores de los pueblos hayan resonado cerca de los tronos absolutos de Europa, han prevalecido desgraciadamente unas máximas no menos fatales al comercio que al reconocimiento de nuestros derechos.

La disciplina, el completo, la organización de las fuerzas de mar y tierra, nos pondrán, señores, á cubierto de las asechanzas y aun de las agresiones del Universo entero, si se conjurase para perdernos.

El Gobierno se ocupa del sistema de defensa. La República es invencible: todos sus hijos, con la unánime aprobación de los hombres libres, sostienen denodadamente los fueros de su Patria.

Abierto para las naciones mercantiles este rico mercado que la política suspicaz y también mezquina del Gobierno de España tenía reservada á sus rateras especulaciones, nos hallaremos tal vez en el caso de formar tratados que los mismos intereses comerciales requieran.

Todos los acontecimientos relativos á nuestro país se suceden y aun atropellan, y para negocios de tanta importancia vuestras facultades no se han limitado.

La curiosidad, el espíritu de industria, la suavidad de nuestras leyes y costumbres, la reputación de la opulencia mexicana, todos estos impulsos conducen á nuestros puertos un sinnúmero de extranjeros; para su admisión, libre tránsito y establecimiento en los Estados y territorios de la Federación, son urgentes leyes de policía que combinen nuestra seguridad con el buen trato de los que visiten nuestro suelo.

Para animar la industria, daréis, señores, á los privilegios exclusivos las consideraciones que se merezcan.

Estas materias de conocida gravedad y otras de no menor influencia en la administración, se han sometido á los acuerdos del Congreso que, en perfecta consonancia con los designios del Gobierno, ocurrirá, á todas las necesidades públicas, en el tiempo y con la oportunidad que ellas indicaren en sus relaciones recíprocas.

En el momento, señores, que vais á entregaros á nuevos afanes en obsequio de una Patria de que sois el apoyo y ornamento, ella en su marcha siempre progresiva se levanta con dignidad en medio de todos los pueblos de la tierra.

Gloriaos conciudadanos, de estar al frente de una Nación que en los primeros pasos de su infancia ya se concilia el respeto y la admiración del mundo.

México, por sentimientos de generosidad y benevolencia, desea la paz y las más francas comunicaciones con el resto del globo. México, fuerte y opulenta, libra su existencia y su conservación á sus propios recursos.

Conciudadanos! La Patria ha vuelto á fijar sus ojos sobre vosotros.

Contestación del Presidente del Congreso, D. Francisco Nimiaga.

Persuadido el Congreso General de la importancia de los objetos porque ha sido convocado, reunió gustoso sus respectivas Cámaras y abrirá sus sesiones extraordinarias en este día para tratar exclusivamente las materias comprendidas en la convocatoria.

Estas, sin duda, son de la primera, y más alta consideración política, y como ha expuesto el señor Presidente de la República, no se puede dudar que son las más interesantes al beneficio de la Patria, y su establecimiento es muy urgente.

Los dignos Representantes de la Nación que componen las dos Cámaras del Congreso y en quienes el amor por el beneficio público iguala y aun excede á los conocimientos políticos de que se hallan adornados, emplearán todos los esfuerzos de su celo para resolver cumplidamente todas las materias que se han encomendado á su deliberación.

El ver efectuados sus deseos, no se verificará tal vez en el tiempo de estas sesiones, porque la gravedad de los asuntos y la marcha majestuosa y lenta de las Cámaras acaso no lo permitan; sin embargo, redoblarán sus trabajos con aquel afecto patriótico que les es tan propio, y cuando no alcancen á tratar sobre todos y cada uno de los asuntos que se les han propuesto, por lo menos darán la preferencia á aquellos que calificaren más necesarios é importantes para el beneficio de la Nación.

No se puede dudar que, concretado nuestro sistema de Gobierno, este feliz suelo de la República Mexicana, privilegiado por la naturaleza entre cuantos existen sobre el globo, dentro de pocos años se verá por sus inagotables recursos elevado al alto rango de una Nación poderosa y opulenta que compita con las más celebradas en la historia de los tiempos antiguos, que iguale y aun exceda á las más recomendables del presente, y que, progresando de generación en generación, en. el curso de los siglos venideros llegue á perpetuar su existencia majestuosa, apreciada de sus aliados, respetada de sus enemigos y admirada de todos, marchando, finalmente, sin alteración ni detrimento por la di-latada, serie de los siglos hasta encontrar aquel postrero día, necesario término de todos los Gobiernos.

El General Victoria, al cerrar las sesiones extraordinarias, el 19 de Diciembre de 1825.

Señores:

Un deseo tan ardiente en vosotros como en mi pecho de que se perfeccionase el sistema y la organización de la República, os reunió á principios de Agosto, después que fuisteis convocados á sesiones extraordinarias en uso de la facultad que me concede la Constitución Federal y de acuerdo con el Consejo de Gobierno, para que deliberaseis sobre los negocios de alta importancia que señalé en cumplimiento del artículo 72 de nuestro Código.

En pocos días habéis analizado con ojo muy penetrante las relaciones de moral y de política que envuelven las materias sujetas á vuestra decisión.

Si un anhelo ó inquietud patriótica parecía demandaros la expedición de diferentes leyes, ella se satisface con la sabiduría de las que habéis dado, con el adelanto de trabajos que anuncian obras completas en el orden social, y con la esperanza halagüeña de que pronto volveréis al ejercicio de vuestras augustas funciones, interrumpidas un breve espacio de tiempo para sólo marcar el período constitucional.

Las Cámaras han manifestado designios y miras muy profundas en la discusión que prepara una ley orgánica para la Corte Suprema de Justicia.

Se han desarrollado teorías luminosas que suponen el perfecto conocimiento del corazón del hombre.

Se trata nada menos que de someter al fallo inexorable de la ley á los que ella misma colocó en los puestos más elevados de la República.

Esa Corporación ilustre reúne en su seno ciudadanos íntegros y patriotas; pero las leyes no consideran personas cuando establecen garantías.

La sabiduría del legislador se extiende á todos los casos posibles: vosotros no dejaréis vacilante la vida, el honor y la propiedad del ciudadano. Vosotros salvaréis á la República en el santuario de la Ley.

El arreglo para la Administración de Justicia en el Distrito y Territorios de la Federación, cuya urgencia recomendé á las Cámaras, no tardará en derramar sus beneficios en los pueblos, que esperan todo de los altos poderes de la Nación.

En esta parte jamás serán quiméricas las ideas de perfección: al hombre se debe irrevocablemente su seguridad y su reposo.

La deserción que arruina los Ejércitos y ha plagado desgraciadamente el nuestro, porque las revoluciones producen males necesarios, ha excitado vuestro celo para que desaparezca de las filas de los hijos de la victoria.

La Nación apetece con ansia el establecimiento de su crédito, la clasificación y liquidación de la deuda, que se afecten intereses á su pago y se difunda un principio vital en las capitales que animarán la industria: ella se lisonjea con la esperanza que habéis fundado de nivelarnos con los pueblos en que la confianza es el mejor apoyo de las instituciones.

Se aumenta incesantemente la confluencia de extranjeros á nuestro país, que se apresuran á visitarlo para cultivar relaciones de utilidad recíproca.

Muchos han elegido una patria en este manantial de riqueza y abundancia, ofreciendo en garantía y recompensa sus capitales, su industria, y sus sudores.

Sea el especulador, sea el viajero, sea el colono infatigable; á todos se promete el amparo de leyes hospitalarias, que sabréis combinar con las precauciones que demande la seguridad del Estado.

El mundo civilizado ha fijado la vista sobre estas medidas de salud en que brillarán á la par la generosidad y la previsión del Congreso Mexicano.

La libertad de las prensas es de esencia vital en las naciones que se gobiernan por máximas y principios liberales; pero ella se acomoda á las circunstancias peculiares de los pueblos, porque el más y el menos en esta delicada materia son relativos á las creces de la ilustración y á las mejoras del sistema moral.

Vosotros os habéis ocupado de un asunto el más grave para los hombres de Estado, y las ideas anunciadas y debatidas en la Cámara de Diputados, prometen, sin dejar lugar á la duda, que saldrá de vuestras manos una ley eminentemente conciliadora de la libertad, con el orden y el reposo público.

El ejercicio del patronato en toda la Federación, este negocio que hacía más y más necesaria la especial atención del legislador, llamó la vuestra, y nada restará que desear

¿Y los pueblos tanto tiempo inciertos sobre la naturaleza de sus relaciones con la Silla Apostólica?

¿Para qué, señores, caminar con vosotros en los detalles de los afanes que habéis impendido en obsequio y bien de la Patria?

Apenas se citará una sola de las cuestiones marcadas en la convocatoria que no haya merecido de vosotros consideraciones importantes.

El Supremo Poder Ejecutivo depositado en mi persona por el sufragio de los pueblos que tanto han empeñado mi tierno reconocimiento, os impondrá, en el tiempo que manda la ley, de sus tareas y de los resultados que han producido.

Os anticipo, señores, que mi voz excitará en vosotros sentimientos de júbilo, por-que os gozáis en la felicidad y engrandecimiento de la República.

Ciudadanos Diputados:

Ciudadanos Senadores:

La Patria os reconoce el útil y glorioso empleo de vuestras luces y de su confianza.

Contestación del Presidente del Congreso, D. José Manuel Zozaya.

No puede haber acto más satisfactorio para un pueblo libre, que aquél en que más inmediatamente ejerce los augustos derechos de su poder soberano.

Tal es el carácter del presente, al que concurre no sólo á presenciar una ceremonia fastuosa, sino principalmente á imponerse de las operaciones de los altos Poderes de la Nación.

El Ejecutivo, llenando sus deberes, acaba de presentar un cuadro el más brillante en lo que dice relación á su resorte y aun al Legislativo.

Todo marcha felizmente en la República Mexicana: los sucesos prósperos se agolpan á nuestro favor; y hasta los elementos parece prestan su cooperación al engrandecimiento y opulencia de la gran México.

A este mismo sublime objeto ha consagrado el Congreso sus tareas en este último período; y si en él no ha dado todas las leyes que la necesidad reclama, por no haberlo permitido la inexcusable lentitud en los debates, esto mismo forma el mejor encomio del sistema adoptado; porque la República Mexicana no se verá agobiada de multitud de leyes impracticables y complicadas, sin saber cuál rige; ni resentirá los incalculables males que puede producir una sola mala expedida con precipitación, mayores todavía que los que puede, causar la falta de muchas buenas.

Todo será obra del tiempo y de la experiencia, para que estas dos potencias reformadoras dirijan á la mejora de lo que se ha hecho y á la conclusión de lo que falta que hacer.

Obrando el Congreso en consonancia con este principio y con la calma caracterísca de legislador, ha examinado detenidamente los varios y complicados proyectos que se han presentado á su deliberación, analizando muy pormenor los artículos, los conceptos, las expresiones, las palabras, y hasta la ortografía de ellos, sin que por esto haya dejado de concluir algunos, ni se haya visto embarazado para expedir tan pronto como lo han exigido los clamores públicos y las imperiosas circunstancias de la necesidad, la ley para exterminio de ladrones, cuyos benéficos efectos se palpan ya visiblemente.

Los demás trabajos que no se han concluido, se hallan muy avanzados y en disposición de recoger de ellos óptimos frutos en las sesiones inmediatas.

La inspección de las dos Cámaras en este corto período se ha extendido á cuarenta y seis puntos enteramente distintos, compuestos los más de ellos de muchos artículos disímbolos y bastantes para formar cada uno por separado el objeto de una ley.

La habilitación de puertos que el sistema colonial opresor tenía cenados; el arreglo de la Corte Suprema; el de los Tribunales de la Federación y el de la Administración de Justicia, tan indispensable todo para poner en marcha uno de los Poderes constitucionales; la Milicia nacional; diversos ramos de Hacienda y Crédito Público; arreglo del Distrito Federal y Policía del mismo Distrito; exterminio de ladrones; arreglo del Tribunal de Minería; formación del Supremo de Guerra y Marina; regularización de los derechos de los extranjeros; arreglo de las compañías presidiales y contingentes de hombres para la Marina, estas materias tan recomendables, aun por sola su nomenclatura, han sido las generales que han alternado en las discusiones, sin incluir las resoluciones de casos particulares, las económicas y peculiares de cada Cámara, ni los asuntos de sesiones secretas.

¿Y la libertad de, imprenta? ¡Oh! Este ha sido un objeto predilecto del Congreso.

Con relación á él se han examinado diversos proyectos en una de las Cámaras; y si no se ha sancionado alguno de ellos, es porque todavía no se ha llenado completamente la idea vertida de muchos modos en las discusiones, de regularizar sin trabas este precioso vehículo de la ilustración, este regulador de la opinión pública y el verdadero acaso único antemural de las libertades patrias.

Así que, los Ciudadanos libres de la República Mexicana deben descansar en la seguridad de que la libre comunicación del pensamiento será siempre garantida por el Congreso General y puesta por éste á cubierto de todo género de ataque.

Sirva esta ligera reseña de los trabajos y conducta de las Cámaras para inspirar al pueblo amor á sus instituciones.

He aquí, ciudadanos, el más eficaz constitutivo de la estabilidad de los sistemas políticos, según la máxima conocida ya desde los tiempos obscuros, de que "la garantía de un Gobierno consiste en que las diferentes órdenes del Estado le amen tal cual es, sin apetecer mudanzas."

Si á los muchos elementos de prosperidad con que cuenta la sin par venturosa México, se les agrega el amor constante de los pueblos á la forma de Gobierno adoptado, los nacidos seremos felices, nuestras más remotas generaciones nos bendecirán y los Congresos subsecuentes, adelantando progresivamente en la grande obra de nuestra regeneración política, concluirán sus tareas con la misma tranquilidad y felicidad con que concluye hoy las suyas extraordinarias el primer Congreso constitucional mexicano.

Fuente:

Los presidentes de México ante la Nación : informes, manifiestos y documentos de 1821 a 1966. Editado por la XLVI Legislatura de la Cámara de Diputados. 5 tomos. México, Cámara de Diputados, 1966. Tomo 1. Informes y respuestas desde el 28 de septiembre de 1821 hasta el 16 de septiembre 1875.

Los cinco tomos fueron digitalizados por la Universidad de Texas:
http://lanic.utexas.edu/larrp/pm/sample2/mexican/history/index.html



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