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Siglo XIX > 1820-1829 > 1825

Arenga de Guadalupe Victoria en la apertura de sesiones extraordinarias del Congreso.
México, agosto 4 de 1825.

Señores:

Facultado por la constitución para convocar al congreso a sesiones extraordinarias en el caso que lo crea conveniente, debo congratularme con vosotros y con la nación de que ni para este paso, ni para la aprobación o acuerdo del consejo de gobierno, se han ofrecido motivos de angustia, peligros alarmantes sobre las costas o el interior, vacilación en la marcha de las instituciones, o alguna necesidad imperiosa que os llamase a disipar una tormenta desoladora o a enfrenar el torbellino de las pasiones conmovidas.

Afortunadamente, señores, podéis tornar al uso y ejercicio de vuestras tareas en los preciosos momentos en que la república quieta y próspera avanza sin obstáculos en la carrera de sus destinos.

Yo he querido satisfacer a los deseos de mi corazón y a los votos de los pueblos que demandan urgentemente el complemento y perfección de los beneficios que en el orden social comenzaron a plantearse.

Los autores de la constitución llenaron su augusto encargo de un modo tan admirable y circunspecto que sin traspasar una línea de sus atribuciones, dejaron levantado el edificio que para su consolidación y hermosura necesita de vuestros trabajos y de la constitución de vuestros esfuerzos.

Ahora que la nación, siempre justa, manifiesta inequívocadamente su gratitud por el útil y glorioso empleo que hicisteis del primer periodo constitucional, ahora, conciudadanos, exige que la obra de la sabiduría sea consumada por los consejos de vuestra prudencia.

Vuestra previsión y mis ojos se han fijado en las grandes cuestiones, que recomendadas a vuestro celo, no podían dejarse a la ventura o esperar su resolución para tiempo más distante.

En los movimientos tan complicados de la máquina política la falta de una rueda es bastante a pararla o a causar tal vez un fatal retroceso; y cuando las resistencias se multiplican, sólo un sistema fuerte y armonioso conservará el vigor y el equilibrio en los diversos órdenes de la sociedad.

Por lo que a mí toca, no desempeñaría satisfactoriamente los deberes de mi situación, si no cooperáis conmigo a superar los embarazos que la inexistencia de ciertas leyes y mi profundo respeto a la salvadora división e independencia de los poderes sociales, han de oponer al ejercicio de la autoridad que la nación quiso confiarme.

Los depositarios de un poder que falla sobre las acciones y la conducta de los más altos funcionarios de la república, que establecidos vigilantes sobre el uso de nuestras respectivas facultades, deben hallarse expeditos en todos momentos para condenar al criminal y absolver al inocente, no serán responsables ni se cumplirán los designios del código fundamental, entretanto no se arreglen por una ley orgánica las funciones de su instituto.

Sin los tribunales de la federación, ella será un caos.

En esta parte, señores, nada hay hecho.

En los territorios no se regulariza todavía la administración de justicia; y las preciosas garantías del hombre en sociedad, interesadas en este asunto, reclaman su pronta resolución.

La inestimable libertad de las prensas no se ha colocado en el punto de que no es conveniente en nuestras circunstancias avanzar ni retroceder.

La hacienda nacional, esta sangre vivificante del estado, exige consideraciones, reformas y establecimientos importantes.

El de la dirección del crédito nos nivelará con las naciones que por su religiosidad en los pactos, han afianzado irrevocablemente su existencia.

La moral del ejército llama la atención del legislador para que se regeneren el carácter y las costumbres nacidas en la guerra.

Por más que los clamores de los pueblos hayan resonado cerca de los tronos absolutos de Europa, han prevalecido desgraciadamente unas máximas no menos fatales al comercio que al reconocimiento de nuestros derechos.

La disciplina, el completo, la organización de las fuerzas de mar y tierra nos pondrán, señores, a cubierto de las acechanzas y aun de las agresiones del universo entero, si se conjurarse para perdernos.

El gobierno se ocupa del sistema de defensa.

La república es invencible; todos sus hijos, con la unánime aprobación de los hombres libres, sostienen denodadamente los fueros de su patria.

Abierto para las naciones mercantiles, este rico mercado que la política suspicaz y también mezquina del gobierno de España tenía reservado a sus rateras especulaciones, nos hallaremos tal vez en el caso de formar tratados que los mismos intereses comerciales requieran.

Todos los acontecimientos relativos a nuestro país se suceden y aun atropellan; y para negocios de tanta importancia vuestras facultades no se han limitado.

La curiosidad, el espíritu de industria, la suavidad de nuestras leyes y costumbres, la reputación de la opulencia mexicana, todos estos impulsos conducen a nuestros puertos un sinnúmero de extranjeros.

Para su admisión, libre tránsito y establecimiento en los estados y territorios de la federación son urgentes leyes de policía que combinen nuestra seguridad con el buen trato de los que visiten nuestro sueldo.

Para animar la industria, daréis, señores, a los privilegiados exclusivos las consideraciones que se merezcan.

Estas materias de conocida gravedad y otras de no menor influencia en la administración, se han sometido a los acuerdos del congreso, que en perfecta consonancia con los designios del gobierno, ocurrirá a todas las necesidades públicas en el tiempo y con la oportunidad que ellas indicaren en sus relaciones recíprocas.

En el momento, señores, que vais a entregaros a nuevos afanes en obsequio de una patria de que sois el apoyo y ornamento, ella en su marcha siempre progresiva se levanta con dignidad en medio de todos los pueblos de la tierra.

Gloriaos, conciudadanos, de estar al frente de una nación que en los primeros pasos de su infancia ya se concilia el respeto y la admiración del mundo.

México por sentimientos de generosidad y de benevolencia, desea la paz y las más francas comunidades con el resto del globo.

México, fuerte y opulenta, libra su existencia y su conservación a sus propios recursos.

¡Conciudadanos!

La patria ha vuelto a fijar sus ojos sobre vosotros!

Imprenta de la Federación Mexicana, en Palacio.

Fuente original:

BN (Biblioteca Nacional de México), Colección Lafragua vol. 1519, impreso.

Fuente:

Carlos Herrejón Peredo y Carmen Saucedo Zarco. Guadalupe Victoria. Documentos. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. México, 2012. Primera edición. 557 pp.