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Siglo XIX > 1820-1829 > 1822

Plan de Veracruz suscrito por Antonio López de Santa Anna y Guadalupe Victoria contra Iturbide.
Veracruz, diciembre 6 de 1822.

Plan o indicaciones para reintegrar a la nación en sus naturales e imprescriptibles derechos y verdadera libertad, de todo lo que se halla con escándalo de los pueblos cultos violentamente despojada por don Agustín Iturbide, siendo esta medida de tan extrema necesidad, que sin ella es imposible el que la América del Septentrión puede disfrutar en lo venidero de una paz sólida y permanente.

Art. 1. La religión católica, apostólica, romana será la única del Estado sin tolerancia de otra alguna.

[Art.] 2. La América del Septentrión es absolutamente independiente de cualquiera otra potencia sea cual fuese.

[Art.] 3. Es soberana de sí misma, y el ejercicio de esta soberanía reside únicamente en su representación nacional, que es el soberano Congreso mexicano.

[Art.] 4. Es libre y además con su actual emancipación se halla al presente en un estado natural.

[Art.] 5. Como independiente, soberana, libre y en su estado natural, tiene una plena facultad para constituirse, conforme le parezca que más convenga a su felicidad, por medio del soberano Congreso constituyente.

[Art.] 6. A éste toca única y privativamente de examinar el voto de las provincias, oír a los sabios y escritores públicos; y en fin, después de un maduro examen, declarar la forma de su gobierno, fijar los primeros funcionarios y dictar sus leyes fundamentales, sin que persona alguna sea de la graduación que fuese, pueda hacerlo, pues la voluntad de un individuo o de muchos sin estar expresa y legítimamente autorizados al efecto por los pueblos, jamás podrá llamarse la voz de la nación.

[Art.] 7. Lo mismo es que el Congreso constituyente nada haya declarado, que el haberlo hecho con violencia y sin libertad.

[Art.] 8. Según lo expuesto es evidente que habiendo don Agustín de Iturbide atropellado con escándalo al Congreso en su mismo seno, faltando con perfidia a sus solemnes juramentos, y prevalídose de la intriga y la fuerza, como es público y notorio, para hacerse proclamar emperador, sin consultar tampoco con el voto general de los pueblos; la tal proclamación es a todas luces nula, de ningún valor ni efecto, y mucho más, cuando para aquel acto de tanto peso del que iba a depender la suerte de la América, no hubo congreso por haber faltado la mayor parte de sus diputados.

[Art.] 9. Por tanto, no debe reconocerse como tal emperador, ni obedecerse en manera alguna sus órdenes; antes bien que por tales atentados, los cometidos desde el 26 de agosto hasta el día, sobre todos la escandalosa, temeraria y criminal disolución del congreso soberano, y los posteriores que seguirá cometiendo, tendrá que responder a la nación, la que a su tiempo le hará los grandes cargos correspondientes con arreglo a las leyes, que también alcanzarán a los que se mancomunasen con él, para continuar usurpando los derechos de los pueblos, que gimen bajo un yugo más duro que el del anterior inicuo gobierno.

[Art.] 10. El cumplimiento del antecedente artículo lo reclama vigorosamente la justicia universal, el honor y la vindicta pública de la América del Septentrión, altamente ofendida por un hombre que so color de libertador de todos modos la ha ultrajado; sin que valga de alegato la pretendida inviolabilidad; por suponer ésta la formal, solemne y libre declaratoria de la forma de gobierno por el soberano congreso constituyente, y además también la formal, solemne y libre elección de la persona a quien pudiera corresponderle; y lo último, porque siendo base adoptada provisionalmente, aunque dicho congreso hubiera sancionado lo primero y lo segundo, podría haber derogado o restringido el artículo de la constitución española que la concede.

[Art.] 11. Tampoco podrá servir de alegato, el que dicha proclamación, se ha vigorizado por los hechos posteriores: por ejemplo, con la expedición de órdenes que hasta la fecha han corrido con el nombre del pretendido emperador, porque la circulación de éstas, no dan el suficiente baño de legitimidad a unos actos intrínsecamente inválidos e insubsistentes, así como no da, ni puede darlo la larga posesión, o llámesele en su verdadero significado, la larga usurpación de los derechos de los pueblos.

[Art.] 12. En los países libres sin congreso, que es la reunión de todos o por lo menos de la mayor parte de los diputados precisamente nombrados por las provincias en la forma legal, no hay representación nacional, ni cuerpo legislativo y sin ambos, ni constitución, ni leyes que obliguen a su cumplimiento por falta de la verdadera fuente de donde deben emanar.

[Art.] 13. Con la disolución del congreso se halla la nación en una total horfandad y sin una primera autoridad legítimamente constituida; porque la que de hecho se halla al frente tiene los substanciales vicios de invalidación, anunciados en los anteriores artículos que la vuelven del todo nula, y sin más leyes que la ambición, el capricho y pasiones; y a su consecuencia, nos hallamos en una completa anarquía.

[Art.] 14. Para evitar la continuación de los funestos resultados de ésta, será nuestro principal deber procurar reunir por cuantos medios estén al alcance humano a todos los diputados hasta formar el soberano congreso mexicano, que es la verdadera voz de la nación, y el que sostenido únicamente podrá salvarnos del actual naufragio.

[Art.] 15. Reunido ya el número suficiente de los diputados en el punto que elijan para formar el congreso, y estando en absoluta libertad, lo harán entender así a las provincias, a fin de inspirarles la confianza que no tienen en el día del actual gobierno; asimismo les harán los vicios y nulidad de las resoluciones dictadas en Méjico, las que no teniendo origen que la arbitrariedad y la fuerza, no obligan a su cumplimiento; quedando igualmente a su cargo el dictar las medidas, instrucciones y providencias oportunas para continuar la empresa, hasta dar el último golpe de mano a tu grande obra de nuestra regeneración política que les está encomendada.

[Art.] 16. Libre el congreso, y puesto en el punto que señale, procederá a nombrar una Junta o Regencia compuesta del número de individuos que tenga a bien; en la que depositará el poder ejecutivo.

Tal gobierno será el único legítimo y el que como tal reconocerán provisionalmente las provincias, autoridades y habitantes todos de esta América, hasta que se declare la constitución permanente del Estado, delegando igualmente el supremo poder judicial con arreglo a las circunstancias; pues debe quedar también con separación.

[Art.] 17. Para que el congreso pueda dar principio a sancionar las primeras bases de la constitución permanente del Estado, es necesario que además de no perderse de vista lo indicado en el artículo sexto que lo haga en congreso pleno: así lo exigen la justicia, la política y la tranquilidad de la América; porque dependiendo indefectiblemente de estos primeros pasos, nada menos que el que seamos felices para siempre o para siempre desgraciados, deben darse con toda aquella solemnidad, circunspección, juicio y previsión que demanda asunto de tanta gravedad, evitando así aun la más ligera sombra de queja de las provincias.

ACLARACIONES SIGUIENTES A ESTE PLAN.

1a. No hay sociedad sin unión, y por lo mismo, se conservará esta íntima con todos los europeos y extranjeros radicados en este suelo, que no se opongan a nuestro sistema de verdadera libertad de la patria; y más cuando no es de esperar de su ilustración que siendo libres allá en su país, quieran quedar de esclavos aquí en América.

2a. Son ciudadanos sin distinción todos los nacidos en este suelo, los españoles y extranjeros radicados en él, y los extranjeros que obtuvieron del congreso carta de ciudadano según la ley.

3a. Los ciudadanos gozarán de sus respectivos derechos, conforme a nuestra peculiar constitución, fundada nada menos que en los naturales, equitativos y sólidos principios de igualdad, seguridad, propiedad y libertad, conforme a nuestras leyes que los explicarán en su extensión, respetándose sobre todo las personas y propiedades que son las que corren más peligro en tiempo de las convulsiones políticas.

4a. El clero secular y regular será conservado en todos sus fueros.

5a. Los extranjeros transeúntes tendrán una generosa acogida en el gobierno, protegiéndose en sus personas y propiedades; y respecto de los que soliciten su radicación en el país, señalará nuestro filantrópico congreso los requisitos necesarios para que puedan verificarlo.

6a. Los ramos del estado quedarán sin variación alguna, y todos los empleados políticos civiles y militares se conservarán en sus respectivos empleos y destinos; menos los que se opongan al actual plan de la verdadera libertad de la patria, pues a éstos con conocimiento de causa se les suspenderán hasta la resolución del soberano congreso.

7a. Se permitirá el franco y libre comercio y demás tráfico en lo interior, sin que nadie pueda ser molestado en sus giros y tránsitos.

8a. Los empleos, grados y honores de cualquiera clase que sean que desde el presente grito de la verdadera libertad de la patria en lo de adelante diere Iturbide, no serán reconocidos, si no es que la nación quiera después aprobarlos; porque ellos seguramente no van a tener por objeto la utilidad común, sino el de comprometer a los individuos a quienes se les confieran para aumentar así su facción, como en otro tiempo lo hizo Novella.

9a. En las causas civiles y criminales procederán los jueces con arreglo a la constitución española, leyes y decretos vigentes expedidos hasta la temeraria extinción del soberano congreso en todo aquello que no se opongan a la verdadera libertad de la patria.

10. En la conspiración contra la verdadera libertad, se asegurarán las personas, quedando a disposición del soberano congreso, para que dicte a su tiempo la pena que deba aplicársele, como a uno de los mayores delitos.

11. Se hace especial encargo a las autoridades políticas, civiles y militares de que estén a la mira con los emisarios, y la clase de individuos que con sus maquinaciones intenten corromper la opinión sana de los pueblos acerca de su verdadera libertad, asegurándolos en tal caso; lo que verificado, procederán los jueces a la plena averiguación, y si de ella resultasen reos de esa nación, se obrará contra ellos conforme a lo explicado en la antecedente aclaración.

12. Por consiguiente, no se podrá, a pretexto de diversidad de opiniones ni distinción de partidos, quitar la vida a persona alguna; la autoridad o el juez sea cual fuese que lo hiciere, será tenido como reo de frío asesinato, y juzgado así por las leyes; no sirviendo de pretexto ó excusa el que la ejecución se mande por autoridad superior, pues la que diere la orden y el que la ejecutare, serán tenidos como tales, si no es precisamente en acción de guerra.

13. Cuando con obstinación se desprecian los fundados clamores de los pueblos, y se les despoja de sus más sagrados derechos por medio de la fuerza, no teniendo otro fruto sus justas reclamaciones que redoblar los arbitrios del opresor para continuar oprimiéndolos, y sin la más ligera esperanza de remedio, no les queda más recurso que el usar del derecho natural de repeler la fuerza con la fuerza.

Este es el doloroso caso en que nos hallamos.

14. A su consecuencia, se creará un ejército libertador que se compondrá de los cuerpos ya formados que se adhieren al sistema de la verdadera libertad; estas tropas observarán la más exacta disciplina y se considerarán de línea; todos sus jefes y oficialidad se conservarán en los grados y empleos que tengan a la fecha con opción a los de escala, y a los demás a que se hagan acreedores por sus nuevos servicios; y respecto de los neutrales, el congreso determinará sus grados y ascensos; pero los que se opongan, con conocimiento de causa se les suspenderá de sus empleos, hasta que el mismo resuelva sobre este punto.

15. Las compañías de la milicia nacional y los paisanos que entrasen a servir en ellas uniéndose al ejército, serán reputadas como provinciales, y gozarán el fuero militar con arreglo a ordenanza, sin perjuicio de las declaratorias favorables que después haga el congreso respecto de estos cuerpos, como de alguno de sus individuos en lo particular, según los méritos que puedan adquirir.

16. Se atenderá a los contraídos desde el grito de Iguala hasta la fecha, sin olvidarse de los buenos servicios de la primera revolución, teniéndose por muy especiales los que se hagan ahora nuevamente para reintegrar a la nación en sus derechos que altamente se hallan vulnerados.

17. Para la provisión de empleos de todas clases, se atenderá sobre todo a los méritos, talentos y virtudes públicas de los sujetos a quien a nombre de la nación hayan de conferírseles, fijando el Congreso las reglas necesarias al efecto; pero mientras se reúne, sólo se podrán dar provisionalmente aquellos que sean de absoluta necesidad o conocida conveniencia pública.

18. En el caso que algunos jefes con el resto de sus tropas, despreciando su honor y haciéndose sordos e insensibles a los clamores de su propia conciencia y del suelo que les dio el ser, tratasen de batir y destruir a sus propios hermanos que sostienen sus más caros derechos, será forzoso, aunque muy sensible, usar de las armas, y que la guerra decida lo que no pueden alcanzar ni la justicia, ni los vínculos más sagrados, ni el dulce amor a la patria, ni aun la misma naturaleza, portándonos por nuestra parte con la mayor moderación; y guardaremos siempre los derechos de guerra y de gentes, con la firme protesta ante Dios y los hombres que economizaremos hasta donde nos sea posible la más leve gota de sangre ¡¡sangre que lloraría eternamente la América del Septentrión!!

19. Las tropas del ejército libertador se sostendrán de los ramos conocidos por de la hacienda pública; y cuando los buenos patriotas hiciesen espontáneamente algunos préstamos con tal objeto, serán satisfechos a su tiempo por la nación con toda puntualidad.

Nada se dice de la deuda pública, por estar este punto ya declarado por el congreso.

20. Los intendentes, tesoreros y administradores de dichos ramos sin orden expresa o Visto Bueno del jefe respectivo en cada provincia declarado por el sistema de la libertad, no suministrarán cantidad alguna, y si sólo podrán hacerlo en el caso de una urgencia extraordinaria para el preciso socorro de nuestras tropas; pero aun en éste, recogerán a la mayor brevedad el documento o constancia prescrita, sin cuyo requisito no se les pasarán en data.

21. Se observarán las disposiciones publicadas por el señor don Antonio López de Santa-Anna en nuestro glorioso grito de libertad del 2 de este mes, las que fueron consultadas con la excelentísima Diputación Provincial y son a la letra como siguen.

“Una de ellas es que se observen inviolablemente las tres garantías publicadas en Iguala, que sostendrán las tropas regionales con el mayor empeño y eficacia, haciéndose reo de esa nación cualquiera que atente contra cada una de ellas.

Otra, será establecer un armisticio con el general del castillo de San Juan de Ulúa; por manera que entre éste y aquel punto no se rompan las hostilidades, y se conserve una prudente y honrosa armonía, según lo acuerde con aquel jefe la comisión que a este efecto se diputará por el excelentísimo cuerpo municipal; tratándose desde luego de que con anuencia del alto gobierno se nombren también dos comisionados que han de pasar a España a combinar su entrega y los tratados de comercio recíproco que haya de establecerse con ventaja de ambos hemisferios.

Por último, se restablecerá interina e inmediatamente la libertad del giro marítimo de la Península para la franca importación de efectos y la extracción de frutos y caudales, sin más derechos que los que designa el arancel sancionado por las Cortes Mejicanas; e igualmente la particular de cada individuo para entrar y salir sin obstáculo en estos dominios con todos sus bienes sean de la clase que fueren.

22. Por último, todo lo que se previene en el presente Plan ha de entenderse sin perjuicio de las altas facultades del soberano congreso, el que ya reunido y libre, podrá hacer las variaciones convenientes, según lo pida la naturaleza de los asuntos que en él se refieren, pues estamos muy lejos de imitar la arbitraria conducta de aquellos que se han querido abrogar lo que sólo es privativo de la soberanía de la nación.

¡Viva la nación: viva el soberano congreso libre; y viva la verdadera libertad de la patria!

Sin admitir ni reconocer jamás las órdenes de don Agustín de Iturbide.

Veracruz, 6 de diciembre de 1822, segundo de la independencia y primero de la libertad.

Antonio López De Guadalupe

Victoria

Santa-Anna.

Es copia.

Mariano Barbosa

Secretario.

Fuente original:

BN (Biblioteca Nacional de México), Colección Lafragua, vol. 239, impreso.

Fuente:

Carlos Herrejón Peredo y Carmen Saucedo Zarco. Guadalupe Victoria. Documentos. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. México, 2012. Primera edición. 557 pp.