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Siglo XIX > 1820-1829 > 1821

Manifiesto a la Nación de la Junta, dirigido a los habitantes del imperio.
México, 13 de octubre de 1821.

Después de la prolongada noche de tres siglos, en que ha yacido la América sumergida entre las sombras, rayó por fin la aurora de su felicidad, amaneció el día porque anhelaba, y que desea se perpetúe.

Este fin jamás se lograría si no se fundase aquella sobre la justicia, y si ella misma no fuese la base del gobierno que debe solidar su permanencia.

Pero uno y otro presupuestos ambos requisitos tiene esta Junta la satisfacción de anunciar al público concurren en la emancipación que hemos verificado.

La naturaleza ha demarcado los terrítoríos de los pueblos y naciones por medio de los ríos, montañas y otros linderos que fijan sus límites.

¿Cuántos estados no dividen el Pó y el Rhín, así como los Alpes y Pirineos apartan a la Francia de la Italia y de la España? De la última separan a la América inmensos mares y dilatadas distancias, que no sólo constituyen su diferencia en reinos, sino que las hacen pertenecer a dos mundos diversos.

La política tiene precisión de ajustarse al modelo que la presenta el órden natural.

Así como sería una mounstrosídad colocar en un mismo sitio lo elementos contrarios del agua y del fuego, lo es igualmente componer una provincia de pueblos que lo son de diferentes y distantes, mayormente si la distancia y diferencia llega a la suprema de los mundos, pues entonces toca la raya de la contrariedad que originan los climas.

Dos vastos globos y de movimientos opuestos no ruedan espeditamente sobre un eje mismo, sino que requiere cada uno el suyo propio: es decir, que dos imperios de calidades distintas y pugnantes, exigen dos gobiernos sin poderse coligar en uno solo, que jamás es suficiente a regir bien a entrambos.

Sí tal vez se violenta a la naturaleza separándose de las líneas divisorias que describe, es preciso suceda lo que con el fuego encerrado en las minas, esto es, que sobrevenga al fin la explosión.

Las dos Españas antigua y nueva, ó lo que es lo mismo, Castilla y México que han llevado esos nombres, pertenecen a distintas regiones de la tierra, a diversos puntos del orbe, y a opuestas zonas de la esfera, divisiones que fundan la justicia de su separación.

Si han estado unidas, como Esaú y Jacob en el vientre de Rebeca, y han permanecido así por largo tiempo, este mismo, dando a la última sus creces, las ha precisado a reñir y dividirse, como aquellos gemelos hicieron lo primero en el seno materno, y después lo segundo, en sus descendencias.

Los incrementos de las poblaciones, constituyen sucesivamente su juventud y virilidad, edades que exigen su separación.

La que ha llegado a ellas, es muy natural rehúse depender de la que ya no necesita para girar por sí.

Si aún entre los brutos deja los pechos de la madre el hijo que ya es capaz de otro alimento que la leche; si el polluelo a quien han crecido las alas, vuela por sí solo sin dejarse conducir más por el ave que antes lo transportaba; si la joven casadera abraza las nupcias que la sacan de la casa paterna para ir a formar nueva familia, ¿no será justo que se emancipe la América cuando ha adquirido la robustez que lo demanda?

Ha tiempo que arribó a su juventud; pero ha tiempo también que se la niega el consentimiento para su emancipación, por lo que antes de su verificativo ha pasado a la virilidad que la funda aún mas.

Las fuerzas que denominan esa edad, se encuentran en ella; ora se hable de las espirituales de las luces; ora, de las corporales de las armas y población.

El solo aumento de las familias impidieron a Abraham y Lot la habitación común, y tomaron diversos rumbos para vivir separados.

¿Cómo, pues, se negará a la América la justicia que la asiste para emanciparse, supuesto su estado y circunstancias? ¿No ha de escuchar la voz de la naturaleza que le habla hasta por sus órganos insensibles?

¿No ha de romper como la planta los tegumentos que la cubrían cuando tierna? ¿No ha de abandonar por fin como el hijo de pecho, como el ave el nido, y como el hombre la cuna?

¿Ha de estar siempre bajo de tutela aun llegando la pubertad, y ha de permanecer como hijo de familia aunque pueda y quiera fungir la patria potestad? Pues aun no es todo: la naturaleza le dice aun más, especialmente por el órgano de la razón.

El día que el pájaro puede forzar la portezuela de su jaula, ó cualquiera otro animal romper la liga que lo tiene asido, no tarda un momento en ejecutarlo, y la razón dicta buscar la propia felicidad. Esto es lo que más justifica la independencia de la América.

Ha podido limar las cadenas para adquirir su líbertad, y substraerse del yugo que la embarazaba su prosperidad poniendo a su labor, industria, comercio, y universalmente a todos los giros, cuantos límites y trabas los enervasen, para que preponderara la utilidad del país que la dominaba, o más bien para que todo cediese en ella absolutamente.

Entre el poder y el ejecutar en esta materia, y con respecto a tan altos e interesantes objetos que dicta la naturaleza y convence la razón, no debe haber camino alguno, porque se tocan inmediatamente.

La junta provisional gubernativa, instalada por ellos a consecuencia de su logro y ocupación de la capital, no tiene otro fin que ellos mismos.

Se ha reunido para cimentarlos, perfeccionarlos, y perpetuarlos.

Las bases que ha adoptado de gobierno pertenecen a lo primero; el modo de proceder a que se ha ligado, toca a lo segundo; los enlaces que se ha propuesto, a lo tercero; y todo lo manifiesta al público, para que juzgue sobre la sinceridad y justificación de sus intenciones y conducta.

Los cimientos deben corresponder al edificio y son los que le dan la primera fortaleza.

Los del gobierno que se ha adoptado conformes al plan de Iguala y tratados de Córdova, son las bases recibidas por las naciones más ilustradas.

El gobierno representativo con preferencia al absoluto, la monarquía moderada, y el sistema constitucional que ya conocemos, son las máximas fundamentales, la piedra angular de nuestro edificio.

No hay que temer las ideas que las contrasten, ni nada de cuanto huela a las que no sufren las luces del día.

Son puramente liberales las que nos animan, y se observarán hasta las córtes la constitución y legislación españolas, en lo que no pugnen con las particulares circunstancias del país.

El plan de las operaciones o modo de proceder de la Junta, ha sido constituir una regencia que ejerza el poder ejecutivo, reservándose el legislativo provisionalmente para lo que urja, y no admita demora hasta las Cortes, a las que pertenece el lleno de semejante autoridad.

Si la Junta se la arrogase en toda su plenitud, la usurparía a la nación; y si no la ejerciese ni supletoríamente en los casos de urgencia, quedaría manco el gobierno, y no se podría subvenir a las necesidades del momento, ni ocurrir a mil incidentes que pueden presentarse.

En obvio de uno y otro se ha establecido ya como norma reglamentaria, no sancionar cosa alguna ni en calidad de por ahora, que ha de acompañar siempre a sus resoluciones, sin la previa calificación de no admitir demora hasta las Cortes, a las que remite todo lo demás.

El acierto de ellas, a que está vinculada la perfección de la libertad y felicidad del público, depende del mismo en la elección que haga de los diputados más aptos.

A esta Junta lo que toca es ilustrarlo sobre la materia, para que depuestas las pasiones, y desenterradas las intrigas y partidos, no se vea otro norte que el bien de la patria.

Está ya trabajando sobre ello, y las providencias que han de tomarse, para que tan breve como se pueda se verifique el congreso.

Entretanto se ha reconocido la deuda que se califique legítima de la hacienda pública, mandando se pague luego que se halle en estado de verificarlo, al mismo tiempo que se han suprimido las contribuciones arbitrarias, con que injustamente se ha gravado a los vecindarios sin provecho del erario.

Se anuncia lo primero para satísfaccíón de los acreedores, lo segundo para la del público, y uno y otro para comprobante del proceder del gobierno.

!Ojalá le fuera a este posible el pago de otra deuda mucho mayor y de superior clase, a que se confiesan deudor!

Tal es la del benemérito ejército, que animado del más acendrado patriotismo, y arrostrando los peligros y dificultades a costa de inexplicables sacrificios, ha consumado la ardua empresa que el cielo se ha servido proteger, y coronar.

Pero no hay lengua para expresar lo que se merece, ni mano para remunerar sus servicios.

¿Quién será capaz de referir lo que todos y cada uno de sus individuos han trabajado, lo que se han señalado muchos de los soldados y los jefes, especialmente el primero que animaba a los demás?

¿Qué merced podremos darles, o qué habrá digno de sus beneficios? Como preguntaba Tobías el mozo a su padre hablándole a su benefactor.

No tenemos otro arbitrio, ya que es imposible la recompensa, sino manifestarles nuestra gratitud, sobre lo que ya se han tomado algunas providencias, y se continúa trabajando en otras.

Finalmente, los enlaces que se ha propuesto la Junta para afianzar y prolongar nuestra independencia son, además de la unión de los habitantes del imperio que forma una de las garantías, la alianza, federación y comercio con las demás naciones.

La española, a que debemos nuestro origen, y con la que nos atan los más estrechos vínculos, debe ser la primera y la más privilegiada en nuestra consideración.

No nos contentamos con el solo enlace de familia que resulta del llamamiento de los príncipes de su sangre real a nuestro imperio: aspiramos a más, deseamos confederamos con una fraternidad que ceda en utilidad de la nación entera, y la haga conocer que nuestra independencia política a que nos han obligado los fundamentos expuestos por mayor, con los demás que se omiten por evitar prolijidad, no desata las ligas cordiales que nos unen, ni entibia los afectos que deben ser más sinceros en la insinuada suposición que los depura de todo resentimiento.

Queremos, pues, que nuestra fraternidad se patentice a todo el mundo: que los españoles europeos por solo el título de serlo, puedan avecindarse en nuestro país, sujetándose a las leyes de él, y bajo la inspección de nuestro gobierno:

Que se les abran nuestros puertos para comerciar en la manera que dispongan nuestras leyes, y prefiriéndolos en lo que sea posible a las demás naciones: que entre ellos y nosotros se entable, si puede ser y lo admiten, una buena recíproca inteligencia, según se resuelva en los tratados definitivos, y que en todo aparezca la más estrecha amistad.

Por lo respectivo a las naciones extranjeras conservaremos armonía con todas, y las relaciones comerciales y demás que convenga.

La Junta se congratula de que el público del imperio conocerá en lo que se ha vaciado, a lo menos sus votos por el acierto, que espera de las luces y patriotismo de sus habitantes, los que podrán exponerle cuanto juzguen oportuno al mejor régimen, y se tendrá en la debida consideración.

México 13 de octubre de 1821.

Antonio, Obispo de la Puebla, Presidente.

Juan José Espinosa de los Monteros, Vocal Secretario.

José Rafael Suárez Pereda, Vocal Secretario.

Fuente:

Independencia Nacional Tomo II. Morelos – Consumación. Coordinador: Tarsicio García Díaz. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Seminario de Independencia Nacional. Universidad Nacional Autónoma de México – Biblioteca Nacional – Hemeroteca Nacional. México, 2005. Páginas 368-372. Tomado de: Bustamante, Continuación del cuadro histórico..., t. I, pp. 7-11.