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Siglo XIX > 1810-1819 > 1819

Antonio López de Santa Anna a Pascual de Liñan, informe sobre la persecución contra Victoria.
San Diego, febrero 23 de 1819.

Excelentísimo señor:

Consecuente con lo que tenía participado a vuestra señoría, salí de este punto, el día 12 de la fecha, con 70 caballos, de los nuevos indultados con dirección a la sierra de Masatiopa, en busca del cabecilla Victoria, que las repetidas noticias que tienen de haberse pasado por aquel rumbo buscando el abrigo de los de su partido, Romero y Tinoco.

Emprendí mi marcha por el rumbo de Soloyapa, Río Blanco y Rincón Papaya, buscando siempre extraviados caminos, hasta que llegué a Masatiopa, la laguna e inmediaciones de aguas de azufre.

Recorrí todas aquellas serranías abriendo veredas al machete, por los breñales más ásperos, siempre que encontraba con algunos rastros, llegué al fin hasta Chilapa.

En este punto encontré al teniente del regimiento de Saboya don Mariano Ferrer, que con cien hombres de su cuerpo andaba también recorriendo aquellos puntos, me dijo que aquella sección y otra de igual fuerza, al mando del capitán Pío Gaetorro, que andaba por el rumbo de aguas de azufre, correspondía a la división de Oaxaca, al mando del señor coronel don Patricio Fernández, y que este jefe había quedado expedicionado por el rumbo del Pueblo Nuevo, en la Estanzuela.

También me dijo que el cabecilla Tinoco y el apostada Gandiaga, que eran de aquel rumbo, le habían pedido el indulto.

Estas noticias, las positivas con que me hallaba, de no estar Victoria en toda aquella sierra, y ya satisfecho de que los indios de Masatiopa, se habían presentado todos al indulto y aún quedaban reunidos en su pueblo para reformarlo y vivir bajo sus antiguas leyes, me hicieron pensar en perseguir al cabecilla Romero (único que ha quedado en toda la sierra y con sólo unos quince o veinte hombres muy mal armados) y dirigirme por el camino de Acatlán.

A este malvado lo perseguí, tres días continuados, siguiendo sus huellas por asperísimos caminos, hasta que cerciorado que una corta sección correspondiente a las Villas andaba con sólo el destino de perseguirlo y que mi gente se hallaba ya sin víveres y muy estropeados sus caballos, resolví regresarme para este punto al que acabo de llegar.

Para cerciorarme del verdadero rumbo en que se hallaba el contumaz Victoria y pasar después de su persecución pasé por Córdoba y supe de facto que el señor Marqués de Vivanco, que otro cabecilla se hallaba en la inmediación del Varejonal, por las barrancas de Santa María, de donde no había salido, que ya anda sólo porque todos lo han abandonado al ver su temeridad en querer subsistir prófugo y hambriento en aquellos bosques, que está bien extenuado y aún con calentura de resultas del poco alimento, pues con sólo cogollos de carbón y papayas asadas se ha mantenido, que casi anda descalzo y hecho una miseria todo su cuerpo, con las espinadas y golpes que ha llevado al huir de las partidas que no han cesado de perseguirlo.

Que todo se ha sabido por las declaraciones del que se fugó últimamente del lado de Victoria, y prudentemente se opina que tan bárbaro hombre deberá en muy breve terminar con su existencia o caer en manos de los que persiguen.

Aunque por haber llegado bien enfermo no puedo marchar enseguida en busca de Victoria como tenía dispuesto, he determinado, sin embargo, que esta misma noche salga una partida de 30 hombres de infantería por el rumbo del Varejonal y barrancas de santa María con el fin de rastrear su persona y la de Cleto Casas y Bonilla que son los únicos que han quedado por aquel rumbo y también sólo y errantes por los bosques.

Debo recomendar a vuestra señoría muy particularmente al capitán de indultados, Félix González, por el nuevo servicio que ha hecho a sus subalternos y a todos los individuos que me acompañaron a una correría tan penosa.

Ellos todos deseaban con ansia encontrar la ocasión para acreditar con sus brazos su verdadero arrepentimiento y distinguirse en el servicio de su soberano, me daba gusto el notar el empeño que mostraban en buscar al enemigo y el gusto con que sufrían todos los trabajos consiguientes de once días de continuas marchas por caminos que sólo el verlos causaban horror y que para transitarlos fue necesario que con sus machetes y brazos fueran abriéndolos.

Son por tanto, acreedores a que vuestra señoría se digne elevar este servicio al excelentísimo señor virrey para que su excelencia sea sabedor de las pruebas de arrepentimiento y fidelidad que están dando los indultados de esta demarcación.

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

San Diego, febrero 23 de 1819.

Antonio López de Santa Anna.

[Rúbrica]

Mariscal de campo, Pascual de Liñan, comandante general y gobernador intendente de la provincia de Veracruz.

Fuente original:

AGN (Archivo General de la Nación), Operaciones de Guerra, vol. 490, fs. 165-168 v.

Fuente:

Carlos Herrejón Peredo y Carmen Saucedo Zarco. Guadalupe Victoria. Documentos. Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México. Secretaría de Educación Pública. México, 2012. Primera edición. 557 pp.