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Siglo XIX > 1810-1819 > 1815

Patético relato que de la captura de José María Morelos hizo en Taretan, ante la Junta Subalterna, un soldado insurgente que estuvo en la acción de Temalaca.
Taretan, 19 de diciembre de 1815.

En el pueblo de Taretan, a primero de diciembre de 1815, estando juntos los señores vocales que componen la Junta Subalterna en el Palacio de las Sesiones, a excepción de los señores Pagola y Carvajal que están ausentes, se dio principio a la sesión a las cuatro de la tarde, abriendo la 'correspondencia del Comandante General de la Tierra Caliente, brigadier D. Pablo Galeana, y se leyó un oficio cuyos primeros párrafos son del tenor siguiente:

"Excmo. Sr. Acaba de llegar un oficial de está división que fue de guía de las tres Supremas Corporaciones y dice que en el pueblo de Temalac los alcanzó Concha y Villasana, los atacó, derrotó y quitaron todos los equipajes y demás intereses que llevaban, haciendo prisionero al Serenísimo señor, Generalísimo D. José Ma. Morelos.

Esta noticia, tan funesta, nos ha puesto en la mayor consternación y ha intimidado a todos estos pueblos, pues aunque el oficial no lo ha publicado, pero la voz de ser prisionero S.A.S. es general en todos y el enemigo ha hecho muchísimas salvas últimamente.

El oficial mismo es portador de éste para que le imponga a V.E. a fondo de todo y me diga lo que deba hacer en el particular, pues el enemigo, según aseguran, es factible su venida a esta Tierra Caliente; en la inteligencia de que mi ánimo es cumplir ciegamente sus sabias disposiciones y mucho más en el desgraciado evento de la pérdida de nuestro gran Generalísimo, la que a pesar de no estar confirmada me ha sido muy sensible."

A consecuencia, se llamó a la misma sala el oficial conductor de los pliegos, e interrogado sobre los particulares del caso, dijo: que él iba de guía de las Supremas Corporaciones en compañía de otros cuatro de la tropa del señor Mariscal Bravo, y por las inmediaciones del pueblo de Temalac, creyéndose ya seguros de todo asalto enemigo, no hicieron jornada el sábado 4 de octubre, sino que se limpiaron las armas; que el domingo 5, después de dichas varias misas por los capellanes, emprendieron la marcha y a poco rato los alcanzó el enemigo Concha al salir de una cañada; que luego que llegó la noticia al trozo del centro, donde iban las Corporaciones, retrocedió el Serenísimo señor Morelos a mandar la retaguardia y después vino con la guerrilla el señor Bravo; que el ataque estuvo obstinado, pero que se logró detener al enemigo, ínterin se retiraron las Corporaciones; pero que no pudiendo nuestra tropa resistir, fue arrollada y el señor Morelos, que casualmente iba ese día en los peores caballos, se subió a un cerro seguido de cosa de cuarenta de los nuestros, y que conocido sin duda por los enemigos, como que estaban a menos que tiro de pistola, lo siguieron y otros corrieron a cortarle la retirada, y que esto es lo que le consta de vista y no haber parecido dicho señor hasta el viernes 10 del mismo, que se vino, dejando juntos a los restantes señores, de quienes dio señas individuales y de haber caído del caballo el señor Sesma y haber escapado milagrosamente el brigadier Lobato, por cuyo motivo sin duda los dan por muertos los gachupines en el parte que hasta ahora se ha visto.

Bajo cuyos supuestos, y entregados los señores al debido sentimiento y más activo dolor por la desgracia del amado Padre de la Patria, de la firme columna que la había mantenido hasta aquí, del mayor héroe que han conocido los siglos y cuyo solo nombre fundaba la esperanza de los pueblos, volvieron la consideración a la Patria, reflejaban el caso proponiéndose las razones que en pro y en contra se presentaban para dar y negar el asenso a lo que acababan de oír; y aunque de díceres habían publicado ya y celebrado los tiranos y reflexionando que si después había ocurrido otra novedad o antes de ponerse en seguridad completa, en la que no dejó a los señores el guía, sin embargo de decir que para el siguiente día se esperaba al brigadier Sesma, había muerto el señor vocal Sesma y el señor Presidente Castañeda, como se ha susurrado también, podían originarse nada menos que los infinitos males de la anarquía a que por desgracia no falta proporción.

Y teniendo presente las instrucciones que dejó S.M. a los individuos de esta Junta, de que si corrían detrimento las Corporaciones, reuniera la Junta a los vocales que habían quedado con licencia, para que reinstalaran y no dejaran exterminar la Soberana Corporación del Congreso, que es la que ha de salvar la Patria: acordaron que inmediatamente se citaran los expresados señores vocales que estaban con licencia en estos países y otros con legítimo impedimento, por haber pasado, se les hiciera presente lo ocurrido y se celebrara una sesión para ver las providencias que se tomaban en caso de que hubieran peligrado todos los señores del Congreso, el señor Sesma y el señor Castañeda, pues faltando estos señores y quedando sólo los otros tres o cuatro, no entró este caso en el plan de marcha de las Corporaciones que iban a completar su número en aquellas provincias, y es además contra el reglamento interior del Congreso preferir el número menor al mayor que se halla en estas tierras; e igualmente dijeron que se sacaran las copias necesarias de esta acta para remitir una a S.M. el Supremo Congreso o a los señores que de esta Corporación hayan quedado; y otra a cada uno de los comandantes de oriente, previniendo a los primeros que si ha sucedido lo que se teme con los expresados señores del Congreso, no procedan a nada sin acuerdo de los diputados que quedaron acá, y a los segundos que tampoco procedan ni obedezcan en tal caso ninguna providencia que se torne en orden a gobierno, sea cual fuere y por quien fuere, sin el mismo requisito, asegurando a todos que de lo que trata esta Junta es sólo de evitar una anarquía y cuidar de que todo sea legítimo y en ningún tiempo se dé pretexto a contrarrevolucionar; y protestando que tanto la Junta como estos señores diputados se han de poner de acuerdo y se han de prestar a legitimar y consolidar el gobierno.

Con lo que se concluyó la sesión, que duró hasta las nueve de la noche y rubricaron los señores por ante mí, de que doy fe.

Señalado con tres rúbricas.

Y al margen, señores Roxas, Muñiz, Ayala.

Sin estar autorizados por D. Juan Nepomuceno Marroquín, que hacía de Secretario, desde luego por un mero olvido.

Es copia de su original a que me refiero.

Secretaría de la Junta Subalterna en Taretan, a 11 de enero de 1816.

Antonio Basilio de Vallejo, Secretario de Gobierno y Guerra [rúbrica],

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 643-646.

Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Universidad de Texas, Austin, Fondo Hernández y Dávalos (TXU.HYD), leg. 8.651.3. Copia certificada en el mismo pueblo, un poco posterior al documento original.

Al margen, anotado del propio Hernández y Dávalos: "Acta de las disposiciones que dio la Junta Subalterna al haber recibido las primeras noticias de la aprehensión del Sr. Morelos. Diciembre 19 de 1815." Versión paleográfica directa de una fotostática.

Nuestra historia se enriquece ahora con un testimonio inédito del descalabro de Temalaca. Acostumbrados a conocerlo a través de los ojos de los vencedores (véase el parte de Concha, Doc. 216), justo es que compulsemos los relatos tradicionales, con el que nos brinda aquí este humilde participante del ejército derrotado.