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Siglo XIX > 1810-1819 > 1815

José María Morelos es condenado a muerte: parecer del Auditor de Guerra, sentencia del virrey y notificación de la misma al caudillo.
Apróx. noviembre-diciembre de 1815.

I

... del Sr. Saravia, (*) Josef Ma. Morelos, está llanamente confeso del crimen de rebelión de que ha sido cabeza, y de todos los demás atroces y sin cuento que en ella ha cometido y ha hecho cometer.

La única excusa que alega en su descargo es un nuevo delito, más excecrable aún que todos los otros; como que se reduce a decir que se decidió a separar estas provincias para siempre de la obediencia de S.M. porque consideró que, o no volvería a ocupar el trono de sus padres, o si volvía sería contagiado e indigno por esto de sentarse en él; blasfemia horrenda, tanto más injusta y digna de castigo cuanto se dirige contra el más benéfico y virtuoso de los reyes:

Declarado hereje formal y penitenciado por el santo Tribunal de la Fe, depuesto y degradado por la Iglesia como indigno de las Órdenes que recibió, y entregado al brazo seglar, sólo resta que V.E. le haga sufrir la pena de muerte y confiscación de todos sus bienes, a que podrá servirse condenarlo, si lo tuviere a bien, mandando que sea fusilado por la espalda como traidor al Rey; y que separada su cabeza y puesta en una jaula de hierro, se coloque en la Plaza Mayor de esta Capital, en el paraje que V.E. estime conveniente, para que sirva a todos de recuerdo del fin que tendrán, tarde o temprano, los que despreciando el perdón con que se les convida, se obstinen todavía en consumar la ruina de su patria, que es todo el fruto que pueden esperar, según la ingenua confesión del monstruo de Carácuaro; cuya mano derecha se remita también a Oaxaca, para que asimismo se coloque en su Plaza Mayor.

Esto es lo que en concepto del Auditor exigen la justicia y el público escarmiento, salvas siempre las altas facultades de V.E. para proveer la súplica en que concluye el reo y proposiciones que hace en su instrucción de antes de ayer, lo que a la sabia penetración y profunda política de V.E. pareciere más conducente al fin a que todo debe dirigirse.

Por lo demás, el Auditor no halla reparo, antes sí conveniencia, en que accediendo V.E. a la insinuación que a nombre del clero hacen los Illmos. Sres. Arzobispo electo y asistentes, se verifique la ejecución fuera de garitas, en la hora y lugar que V.E. estime oportunos.

México y noviembre 28 de 1815.

Bataller [rúbrica].

II

México, 20 de diciembre de 1815.

De conformidad con el dictamen que precede del Sr. Auditor de Guerra, condeno a la pena capital, en los términos que expresa, al reo Morelos; pero en consideración a cuanto me ha expuesto el venerable clero de esta Capital, por medio de los Illmos. Sres. Arzobispo electo y asistentes, en la representación que antecede, deseando hacer en su honor y obsequio y en prueba de mi deferencia y respeto al carácter sacerdotal, cuanto es compatible con la justicia, mando que dicho reo sea ejecutado fuera de garitas, en el paraje y hora que señalaré, y que inmediatamente se dé sepultura eclesiástica a su cadáver, sin sufrir mutilación alguna en sus miembros ni ponerlos a la expectación pública; para todo lo cual tomará las providencias oportunas el señor coronel D. Manuel de la Concha, a quien cometo la ejecución de esta sentencia, que se notificará al reo en la forma de estilo.

Y por cuanto de las vagas e indeterminadas ofertas gire ha hecho Morelos, de escribir en general y en particular a los rebeldes, retrayéndolos cíe su errado sistema, no se infiere otra cosa que el deseo que le anima en estos momentos de libertar de cualquier modo su vida,. sin ofrecer seguridad alguna de que aquéllos se presten a sus insinuaciones.

Atendiendo, por otra parte, a que no presentan la menor probabilidad de ello las repetidas experiencias del desprecio con que han visto semejantes explicaciones hechas por otros reos, como Hidalgo, Aldama, Matamoros, etcétera, en el terrible trance de trasladarse a la vista de su Criador; teniendo presente el ejemplar de Leonardo Bravo, a quien habiéndole permitido mi inmediato antecesor que escribiese, como lo hizo, a sus hijos y hermanos, para que se presentasen al indulto, suspendiendo entre tanto la ejecución de su sentencia, no sólo no lo verificaron, sino que por el contrario continuaron con más empeño sus hostilidades y atentados contra su soberano, patria y conciudadanos, como lo están también practicando después de la prisión de Morelos, las diferentes gavillas esparcidas por el Reino, sin que una sola ni ninguno de sus caudiilos se haya presentado ni ofrecido dejar las armas de la mano por libertarle; con cuyo objeto y para tener esta última prueba, he suspendido expresamente hasta hoy imponerle la pena condigna.

En consideración, pues, a todo y a que en el orden de la justicia sería un escándalo absolverle de la que merece, ni aun diferirla por más tiempo, pues sería un motivo para que los demás reos de su clase, menos criminales, solicitasen igual gracia, llévese a efecto la indicada sentencia.

Pero para que al propio tiempo que este ejemplar obre sus efectos, adviertan los rebeldes y el mundo todo, que ni las victorias de las armas del Rey, ni la justa venganza que exigen las atrocidades cometidas por estos hombres, ni la indiferencia con que han oído la voz del más justo y piadoso de los soberanos, explicada en las reales órdenes que desde su gloriosa restitución al trono se han publicado por bando y circulado hasta las partes más remotas del Reino, son capaces de apartar al Gobierno de sus sentimientos paternales y de la eficacia con que ha procurado siempre ahorrar la efusión de sangre por el único medio que corresponde respecto de unos vasallos alzados contra su legítimo soberano; a pesar de ser notorio y constante que con conocimiento pleno de la injusticia con que proceden, de su impotencia y de la imposibilidad de conseguir sus designios, siguen en su inhumano sistema por satisfacer su ambición y miras particulares; usando, no obstante, de las amplias facultades que me están concedidas por S.M., mando que en su real nombre se publique ahora un nuevo indulto a favor de todos los extraviados, en los términos y con las ampliaciones que tengo acordadas.

Y agregado un ejemplar del bando a este expediente, sáquese testimonio de él y dése cuenta a S.M. en el inmediato correo.

Calleja [rúbrica].

III

En la Ciudadela de la Plaza de México, a 21 de diciembre de 1815, el señor coronel D. Manuel de la Concha, en virtud del decreto que antecede del Excmo. Sr. D. Félix María Calleja, Virrey, Gobernador y Capitán General de esta Nueva España, pasó, con asistencia de mí, el Secretario, a la prisión donde se halla José María Morelos, reo en esta causa, a efecto de notificársela.

Y habiéndole hecho poner de rodillas, le leí la sentencia de ser pasado por las armas, por la espalda, como traidor al Rey; en virtud de lo cual, se llamó a su confesor para que se preparara cristianamente.

Y para que conste por diligencia, lo firmó dicho señor, de que yo, el infrascripto Secretario, doy fe.

Manuel de la Concha.

Ante mí, Alexandro de Arana [rúbricas].,

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 650-653.

Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Archivo General de la Nación (AGN), Causa de Morelos, ff. 89-91.

(*) Así empieza el original; pero en las publicaciones donde se ha insertado esta diligencia, se completa la frase, no sabemos con qué fundamento, de la siguiente manera: "El asesino del Sr. Saravia..."