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Siglo XIX > 1810-1819 > 1815

Causa de José María Morelos. Principio, apogeo y final de la vida revolucionaria del caudillo, de acuerdo con tres declaraciones que rindió a su captor, el coronel Manuel de la Concha.
28 de noviembre de 1815.

1. En qué fecha y paraje tomó partido en la rebelión, y si fue por decisión y convencimiento propio, o por comisión, sugestión y persuaciones de otras personas, expresándolas.

A la primera pregunta, dijo:

Que al principio de octubre de 1810, tuvo noticia en su curato de Carácuaro, por D. Rafael Guedea, dueño de la hacienda de Guadalupe, que se había movido una revolución en el pueblo de Dolores, y que la acaudillaba su cura, D. Miguel Hidalgo, quien asimismo supo que marchaba con una reunión sobre la ciudad de Valladolid, con cuyo motivo salió el exponente a informarse de los que obligaban a aquel movimiento, porque ya había advertido a algunos europeos que emigraban de Pátzcuaro, Valladolid y demás poblaciones contiguas, temiendo un funesto 'resultado por las marchas de Hidalgo.

Que, en efecto, encontró a éste en la ciudad de Charo, después de haber salido de Valladolid, dejando esta ciudad por suya y con dirección a México; y habiéndole prevenido que lo acompañase hasta Indaparapeo, aquí le aseguró que los motivos que tenía para aquel movimiento o revolución, eran los de la independencia, a que todos los americanos se veían obligados pretender, respecto a que la ausencia del Rey en Francia les proporcionaba coyuntura de lograr aquélla.

Que, a consecuencia, admitió el que responde una comisión que Hidalgo le confirió, en ,que terminantemente decía:

"Por el presente Comisiono en toda forma a mi Lugarteniente, el Br. D. José María Morelos, Cura de Carácuaro, para que en la costa del Sur levante tropas, procediendo con arreglo a las instrucciones verbales que le he comunicado."

Que éstas fueron las de que por todos los lugares que pasara se encargara y recibiera el gobierno y las armas que existían, encargando aquél nuevamente al sujeto que lo obtenía, no siendo europeo, bajo las circunstancias que le parecieren, y que siéndolo le embargase sus bienes para fomento y pago de tropas; cuyas circunstancias debería observar con cualquiera europeo que aprehendiese, remitiendo su persona a la Intendencia más inmediata.

Que también le encargó la torna de Acapulco, cuyo objeto, como principal, le obligó a Hidalgo a darle al exponente la comisión por el rumbo de la costa del Sur.

Igualmente, le previno Hidalgo que los europeos habían de ser confinados, dando lugar a los casados para que se reuniesen con sus familias, para que cada uno marchase a su tierra o a una isla que se destinaría.

Que tanto por el movimiento de Hidalgo, cuanto por la excomunión que el señor Abad y Queipo, Obispo electo de Valladolid, había expedido en contra de Hidalgo y sus secuaces, le obligó al que declara a verse con éste, porque la censura la había publicado y fijado el que responde en su curato de Carácuaro.

Que a consecuencia, sin haber precedido más que su acción voluntaria, solicitó a Hidalgo y admitió de él la comisión referida, supuesto a que éste le aseguró que la excomunión no le comprendía y que ya España estaba por los franceses.

12. Cómo se formó el Congreso de Chilpancingo; qué causas le movieron a su erección; de qué modo obtuvo el Poder Supremo; qué fines se propuso su política al titularse Siervo de la Nación; qué formalidades se practicaron para esto y para el nombramiento de vocales; si éstos o Morelos mismo recibieron poderes o instrucciones de ésta u otras capitales del Reino, o de algunos individuos particulares de ellas; y qué fue lo que se trató y estableció allí para el régimen y dirección del Gobierno que se proponía crear.

A la duodécima, dijo:

Que el motivo de haberse formado el Congreso de Chilpancingo, dimanó de que estando encontrados los vocales de la Junta Suprema que se titulaba de América, Rayón, Liceaga y Berdusco, éstos le pedían, cada uno de por sí, armas y gente para perseguirse mutuamente; y como que el declarante advirtió que de esta oposición había de resultar forzosamente malas consecuencias a la causa general que defendía, les propuso que para evitar semejantes desórdenes se erigiese una Junta General en donde a pluralidad de votos se acordaría lo conveniente; y habiéndoles dejado a su arbitrio el lugar donde aquélla se debería reunir, convinieron en que fuese en el expresado Chilpancingo, de cuyas resultas le erigieron en ciudad, con el nombre de Nuestra Señora de la Asunción.

Formado el Congreso y reunidos sus vocales, como fueron: Berdusco, representante por Michoacán; Quintana, por Yucatán; Herrera, por Teypan; Ignacio Rayón, por Guadalaxara; Crespo, por Oaxaca; Bustamante, por México; Liceaga, por Guanaxuao; y el que declara, por el Nuevo Reino de León, trataron en su primer acta de aumentar el número de vocales, para que la pluralidad de éstos compensara los que pudieran resultar adictos a los desavenidos Rayón, Berdusco y Liceaga.

En efecto, nombraron nuevamente a Cos por Zacatecas [y] a Murguía por una provincia que no se acuerda. La segunda acta que celebraron, dimanó de que el declarante les propuso que eligiesen un individuo para el Supremó Poder Ejecutivo, que lo tuviera en depósito mientras se eregía una corporación, y de aquí resultó electo el que declara, con este cargo, por todos los votos; y aunque lió renunció en el acto, insistieron los vocales en su votación y, a consecuencia, determinó que el Poder Judiciario quedará reasumido en el Congreso hasta tanto se verificara la corporación expresada.

A consecuencia de todo lo expuesto, pidió a los vocales que en lo sucesivo se había de titular Siervo de la Nación, porque éste le pareció más a propósito que otro retumbante, y también contribuyó un algo su humildad, por la cual resistió igualmente el título de Alteza, que acordaron ser el que le pertenecía durante el tiempo que obtuviera el cargo; y a pesar de ello, le mandaron a Chupio que así se debía nombrar, como en efecto se lo han seguido dando.

De todos los vocales referidos, sólo había dos propietarios, que lo fueron, Crespo por Oaxaca y Herrerá por Teypan; a estos dos les mandaron o dieron los votos de parroquias los interesados, y aunque ignora si les fueron las instrucciones correspondientes, corno igualmente los sujetos que firmaron aquéllos, infiere que acaso les mandarían uno y otro.

Las demás provincias que representaban los otros vocales ya expuestos, ignora el declarante y aun cree de positivo que no mandaron más que algunos poderes para la votación, como fueron los curas de los lugares ocupados por los revolucionarios; pero de instrucciones mandadas no tiene el más mínimo antecedente.

Que el principal punto que trató el Congreso, fue el de que se hiciese una Constitución Provisional de Independencia, para lo cual comisionó a Quintana, Bustamante y Herrera, quienes formaron la que han dado a luz el día 23 ó 24 de octubre de 1814, en el pueblo de Apatzingán.

17. A dónde se dirigía desde Huetamo; con qué número de gente de armas salió de allí; qué gavillas debían agregársele; cuáles eran sus planes y proyectos en el paraje donde pensaba situarse, y con qué investidura o carácter los iba a ejecutar, y cómo lo adquirió.

A la décima séptima, dijo:

Que salió para Uruapan por Ario, Huetamo, Cutzamala, Tlalchapa, Poliutla, Pesoapan y toda la orilla derecha del Mescala, con mil hombres poco más o menos, quinientos de ellos armados de fusil y el resto paisanos y pasajeros, con algunas de toda arma; su objeto fue conducir al Congreso, que también lo acompañaba, y el declarante iba de comisionado y director de las marchas, para situarlo en Tehuacán, Zongolica, Zacatlán o Naolingo, que era a donde habían determinado hacer mansión; en el camino se le agregaron algunas cortas partidas, pero éstas se volvieron a sus respectivas demarcaciones.

Los sujetos que mandaban inmediatamente esta División eran, el Mariscal Nicolás Bravo, Lobato, Páez, Carbajal y Irrigaray; los vocales que componían el Congreso eran, Sotero Castañeda, Ruiz de Castañeda, Alas, Sesma el viejo y González; los del Tribunal de Justicia eran, licenciado Ponce, Martínez y Castro; y los de Gobierno, el que declara y Cumplido, porque Liceaga, como ya ha expresado, se fue con licencia temporal.

También venían los Secretarios de éste, Arriaga y Benítez; y del de Justicia, Bermeo y Calvo.

Hasta el paraje entre los pueblos de Temalaca y Coetzala, que fue donde se aprehendió al declarante y sufrió una derrota su gente con la dispersión de estos vocales, no se le reunió partida alguna; pero sí esperaba, por orden que el Gobierno les había mandado, que habían de salir a recibirle y a sostenerle en el paso del río: las divisiones de Sesma, que estaba en Silacayoapan; la de Guerrero, que estaba en las inmediaciones de Tlapa; y la de Terán, que se hallaba por Tehuacán, con trecientos hombres cada uno; pero ignora el motivo por qué no cumplieron con aquella orden.

Según los estados de fuerza que vio de Sesma, Guerrero y Osorno, tiene el primero quinientos fusiles, con poco más de mil hombres; Guerrero tiene trecientos costeños y mucha indiada, y Osorno tiene mil fusiles y como dos mil hombres.

De Terán y Victoria, aunque no ha visto sus estados, les regula setecientos fusiles y mil quinientos hombres al primero, y a Victoria mil fusiles y dos mil hombres.

Igual motivo tiene para no saber la fuerza de Rayón, pero infiere que con Epitacio, Pascasio, Bargas y Hernández, podrá ascender a mil y do(s)cientos fusiles, con dos mil y quinientos hombres.

Que todos éstos reconocen a la Junta y obedecen al Supremo Gobierno, de que es uno de los vocales el declarante, por cuyo motivo y el de acercarse a la costa, resolvió el Congreso situarse entre aquéllos y aproximarse a saber el resultado del cura Herrera, que fue enviado a los Estados Unidos con veinte y ocho mil pesos para que negociase con aquel Gobierno si les mandaba gente y armas para conseguir su independencia; y en el caso de no conseguir nada, hacer lo propio en Caracas, Londres u otros países donde pudiera conseguir algo, pues al efecto le asignaron cuarenta mil pesos de sueldo anuales y estaban dando providencias para remitirle paulatinamente más dinero.

Se ignora en qué paraje se halla en el día el citado Herrera, su secretario Zárate, el capellán Ponz, ex-provincial del Orden de Santo Domingo, y Juan Nepomuceno Almonte, que se decía Adivino del que declara, y unos diez oficiales que pidió al Congreso Alvarez de Toledo desde el Nuevo Orleans.

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 639-643.

Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Archivo General de la Nación (AGN), Causa de Morelos: 1, ff. 46-7; 12, f. 60; 17, ff. 634

He aquí tres momentos capitales de una actitud revolucionaria, expuestos por el mismo protagonista que los vivió. Las confesiones no son pródigas en efemérides exactas ni en estadísticas escrupulosas, pero en cambio reflejan la tortura de una humanidad destrozada física y moralmente y que, por añadidura, se sabía próxima a comparecer ante el pelotón de ejecución.