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Siglo XIX > 1810-1819 > 1814

Verdadero Plan de devastación, rubricado por José María Morelos, Liceaga y Cos, y reactivo que produjo en Abad y Queipo, Iturbide y el virrey Calleja.
22 de noviembre de 1814.

I

Sr. Comandante, D. Juan Antonio Romero.

Cuando queden por nuestra parte los ataques que dé usted a las plazas enemigas, deben éstas arrasarse, destruirse e incendiarse, de modo que ni aun para habitaciones queden servibles, pasando por las armas a todo militar que se haga prisionero, y entrando a degüello en los expresados pueblos, teniendo presente que ningún comandante es árbitro a perdonar la vida a ningún delincuente, cuya orden hará usted circular a sus subalternos para su puntual cumplimiento.

A Dios, Palacio del Supremo Gobierno en Uruapan, Noviembre 22 de 1814.

Liceaga, Presidente.

Morelos.

Dr. Cos [rúbricas].

II

Don Agustín de Iturbide y Aramburu, Coronel del Batallón de Celaya, Comandante General de las tropas del barrio de la Provincia de Guanajuato y segundo del Ejército del Norte:

Los rebeldes, que erigidos vocales por sí mismos, abrogándose el título de Majestad pretenden regir a los demás de su partido, al mismo tiempo que con vergüenza andan fugitivos y dispersos por los montes y barrancas, han decretado que se incendien y talen cada tres meses las casas, haciendas, semillas y campos de la circunferencia de los lugares organizados, y que se destierren o sacrifiquen los inocentes habitantes de dichas haciendas y rancherías, etcétera.

Para contener tales horrores, hijos de la barbarie y desesperación, es preciso tomar las más sabias providencias, pues que al frenético, el azote, más que la razón, le hacen entrar en su deber.

Luego que se queme aún una sola choza de cualquiera partido de los que cubren las tropas de mi mando, después que se haya publicado este bando, a lo menos en su cabecera, haré diezmar las mujeres de los cabecillas y soldados rebeldes que tengo presas en Guanajuato e Irapuato, y las que en lo sucesivo aprehendiere; a las que le toque la suerte, serán fusiladas y puesta su cabeza en el lugar donde los de su partido hayan cometido el delito que se castiga.

Cuando asesinen a algún individuo, porque introduce víveres, leña, etcétera, a los pueblos fieles, se ejecutará con el tercio de dichas mujeres lo que previene el artículo precedente con el diezmo.

Si asesinaren los rebeldes a algún correo o soldado que por accidente cojan solo en el campo y no en acción de guerra, serán pasados por las armas, sin excepción, todas las repetidas mujeres; y el mismo castigo se ejecutará cuando en los extramuros de cualquiera lugar fiel, sea sacrificado cualquiera y de sus vecinos.

Finalmente, si estos ejemplares y castigos terribles no fueren suficientes para contener los horrores decretados por los rebeldes, inauditos ciertamente en todo país culto, entraré a sangre y fuego en todo territorio rebelde, destruiré, aniquilaré cuanto hoy es posesión de los malos: Valle de Santiago, Pénjamo, Pueblo Nuevo, Piedra Gorda, Santa Cruz, etcétera, dejarán de existir.

Y para que llegue a noticia de todos y nadie alegue ignorancia, mando se publique por bando en todo el distrito de esta provincia, fijándose en los lugares públicos.

Dado en la Villa de Salamanca, a 30 de diciembre de 1814.

Agustín de Iturbide [rúbrica].

III

Excmo. Sr. Virrey, D. Félix Ma. Calleja.

Supongo a V.E. instruido de las órdenes que han dado los rebeldes de la Junta, para que se salgan, a la aproximación de las tropas del rey a los pueblos y haciendas, todos los vecinos y aun los eclesiásticos; que se impida la introducción de víveres y demás efectos necesarios a los pueblos organizados; que de las haciendas y ranchos inmediatos se quiten los bueyes y ganados y se extraigan las semillas, incendiándose con las que no puedan tomar las oficinas en que se conservan; que se ejecute lo mismo con los pastos de todas las circunferencias de dichos puntos en el ámbito de tres o cuatro leguas, y que los individuos que se encuentren dentro de este distrito, después de sus notificaciones, serán asesinados.

Para contener la ejecución y consecuencias de tan bárbaras como horrorosas disposiciones, yo no encuentro otro recurso, Sr. Excmo., que las amenazas de castigos terribles y su cumplimiento a la letra, si llega el caso, sobre que deben recaer.

Voy a mandar circular el bando de que acompaño a V.E. copia, suscrita por mí en esta fecha, y espero merezca su superior aprobación, pues habiendo desestimado los rebeldes la piedad del gobierno en cerca de cuatro años y cuatro meses, no son acreedores ya a conmiseración alguna por su contumacia.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Salamanca, 30 de diciembre de 1814, a las ocho y tres cuartos de la noche.

Excmo. Sr. Agustín de Iturbide [rúbrica].

IV

Para D. Agustín de Iturbide.

Me he enterado del oficio de V.S. número 327, de 30 de diciembre último y copia de bando que me acompaña; y aunque es cierto, como V.S. expone, que los rebeldes, después de la piedad con que los ha tratado el Gobierno, no son acreedores a que se tenga con ellos conmiseración alguna, como los castigos con que V.S. amenaza las familias de ellos pueden tener graves dificultades en la ejecución, será bien que antes de verificar el castigo observe V.S. los efectos que produce la conminación y el amago, y me comunique lo que ocurra en continuación de su celo por la pacificación del país.

De México, diciembre [sic, por enero] 11, 1815

[media rúbrica de Calleja].

V

Reservada.

Excmo. Sr. D. Félix María Calleja.

Corno no tenemos noticia de que haya llegado a esa capital la correspondencia de esta ciudad de noviembre y diciembre, y sea tan grave y tan ejecutivo el asunto que propuse a V.E. en reservada de 23 del citado noviembre, me ha parecido conveniente acompañar copia de dicha reservada, como lo ejecuto.

Después de aquella fecha, hemos sabido las órdenes atroces que libraron Cos y Morelos, estas furias infernales que tratan de reducirlo todo a cenizas y degollar a todos los buenos, en despique de su impotencia o con la esperanza de introducir un desorden o anarquía general en resultas de la devastación universal.

En los días 19 y 2 del corriente nos han quemado ocho pueblos por poniente y sur y después ha continuado el incendio por diversas partes.

En este momento da parte el vigía que vienen como trecientos enemigos desde el Puerto Viejo hacia la Loma de Santa María. Va a salir la tropa y ellos tornarán la fuga para incendiar los pueblos y las haciendas por otro rumbo.

Acabo de saber que también han principiado a incendiar los pueblos y haciendas del Bajío. El padre Romero, aprehendido en Taximaroa, traía consigo estas mismas órdenes.

Nuestra situación es muy crítica y en lo humano no se puede remediar sino por un esfuerzo de V.E., muy extraordinario y pronto. Dios ilumine y conforte a V.E. para proceder con acierto.

Su Divina Majestad se digne, como le suplico humildemente, de conceder a V.E. la gloria de salvar el reino, y que guarde a V.E. muchos años en la mayor felicidad.

Valladolid y enero 9 de 1815.

Excmo. Sr. Manuel Abad, Obispo Electo [rúbrica].

VI

Illmo. Sr. Obispo Electo de Valladolid.

Con fecha de 13 del presente, contesté el oficio reservado de V.S.I., de 23 de noviembre último, cuya copia me acompaña con el de 9 de este mes, y no duplico aquella contestación por la seguridad con que fue el correo.

Veo con el mayor sentimiento que se aumentan los males de esa ciudad, por el mal uso que se ha hecho hasta ahora de las tropas de su guarnición, dejando desmontada la caballería, que habría servido últimamente para impedir que los rebeldes llevasen a efecto su Plan de devastación en los pueblos y haciendas de esas inmediaciones, y me he visto precisado a prevenir al Sr. Andrade marche hacia esa ciudad conduciendo cuantos víveres, caballos y mulas encuentre en su tránsito, situándose después en el punto que sea más conveniente para proveer la plaza de lo necesario y perseguir las gavillas que la hostilizan.

Esta es la medida que puedo tomar en lo pronto para remediar los males que afligen esa ciudad, entretanto que, concluido lo de Cóporo, dispongo lo que sea más conveniente para tranquilizar la provincia y asegurar su felicidad, lo que aviso a V.S.I. en contestación.

De México, enero 21, 1815

[media rúbrica de Calleja].

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 505-509.

Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Archivo General de la Nación (AGN), Operaciones de Guerra: I, t. 923, f. 210; II, III y IV, t. 430, ff. 258-62; V y VI, t. 1013, ff. 121-6.

Los seis testimonios que aquí se presentan, todos originales, retratan, en su más impresionante desnudez, el aspecto feroz a que había llegado aquella lucha, en la que se debatían, más que nada, dos estilos de vida: uno antiguo o reaccionario y otro moderno o revolucionario.

La guerra a muerte que despiden tales documentos, refleja no más que la magnitud de los intereses en juego entre dos porciones de un país que sostenían, cada cual con porfía desenfrenada, los principios que creían salvadores de la sociedad: unos, la creación del añorado Estado nuevo; otros, la permanencia del Estado tradicional.

Por lo demás, para la historiografía mexicana, el texto signado con el núm. I, representa un aporte de contundente valor : echa abajo cuantos "Planes de devastación" apócrifos se atribuyeron a Morelos —y, por consecuencia, las reflexiones que, en base a tan falsos supuestos, emitieron algunos autores—; en otro sentido, restituye a Morelos la paternidad —y, desde luego, la responsabilidad— de una serie de medidas violentas, las más "devastadoras", autorizadas por él cuando juzgó que sólo así se podía golpear fuerte al enemigo o descalificar a los neutrales que, creía, con su pasividad ayudaban más al adversario que a su propia causa.