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Siglo XIX > 1810-1819 > 1814

Parte detallado de la acción de Puruarán; Ciriaco del Llano al virrey Calleja.
Valladolid, enero 20 de 1814.

Al margen:

Batalla de Puruarán dada el 5 de enero de 1814 en que fue prisionero Matamoros.

Duplicado.

Excelentísimo señor:
 
El 30 de diciembre último, salí de esta capital, con las tres primeras secciones del ejército de mi mando, con dirección al pueblo de Tacámbaro, en cuyo lugar, o sus cercanías, tenía noticias debía hallarse el rebelde Morelos, con los demás cabecillas, reuniendo las fuerzas con que huyó de esta ciudad, y las dispersas en los ataques del 23, 24 y 25 de diciembre, por las tropas del ejército de mi mando.

A mi llegada a Tiripetío en mi primera marcha, se presentó un recluta de fieles del Potosí, que fue prisionero en el ataque del 24 a la tarde en esta ciudad; quien me dijo, que la reunión, no era en Tacámbaro, sino en Páztcuaro.

Acorde a esta noticia, varíe el camino que había pensado llevar, dirigiéndome a Páztcuaro, en donde teniendo noticias, por dos soldados del provincial de México, que se presentaron de que Morelos no estaba en Tacámbaro, y se dudaba en cuál de las haciendas de aquellas cercanías había hecho mansión, determiné aproximarme tomando la marcha al pueblo de Santa Clara.

El 3 de enero, llegó el ejército a los ranchos de Zatzio: (6 leguas al oeste de Tacámbaro) en éstos, tuve noticia positiva de que Morelos, Matamoros, Galeana, Muñiz, Ramón y Rafael Rayón, y otros cabecillas, me esperaban en la hacienda de Puruarán con sus gavillas, y que estaban fortificándose; pues tenían adelantadas al intento algunas obras, como cercas y parapetos.

El 4 llegué a los ranchos de Los Acheros: el camino que guía a ellos, desde los de Zatzio, es penosísimo para la artillería; de manera, que fue preciso el trabajo de los gastadores, y el desenganchar los cañones para llevarlos a brazo, sin los armones.

En la medianía de este camino, supe con toda certeza la situación del enemigo, y aun algunos de sus proyectos.

Con estas noticias, di orden de que el ejército campase, en disposición de estar prevenido; colocando la primera sección, campo al frente: la segunda a la derecha, formando martillo, y la tercera a la izquierda en la misma forma; estando en el centro la artillería, parque, provisiones, y el cuartel general; disponiendo al mismo tiempo, dos avanzadas de a 60 hombres, y dos cañones, una en la avenida de Puruarán, y otra, al camino que habíamos traído; y que la tropa estuviese sobre las armas, para las tres de la madrugada del cinco.

El camino de Los Acheros, a la hacienda de Puruarán; es malísimo, y casi impracticable para carruaje.

A pesar de la corta distancia, de legua y media que hay, no pudo el ejército estar hasta las once, a un cuarto de legua de distancia de dicha hacienda; habiendo salido a las siete de la mañana.

Por las noticias que tuve ratificadas a mi salida, supe que los enemigos tenían dispuestas a nuestra izquierda, en las barrancas, dos fuertes emboscadas de infantería; y que por nuestra espalda debían atacarnos las reuniones de caballería, de los cabecillas padre Torres, del Bajío, y las del padre Navarrete, Arias, Cervantes, y otros.

No podía mirar con indiferencia, unas noticias, que se me confirmaban por varios conductos.

Por esto dispuse, que el sargento mayor del regimiento de Nueva España don Domingo Clavarino, con el batallón de su mando, y la compañía de marina, tomase las veredas de mi izquierda, para atacar a los enemigos emboscados por su espalda; pues absolutamente no podían observar este movimiento, hasta que Clavarino estuviese sobre ellos.

A retaguardia dispuse quedase el teniente coronel don Matías Aguirre, con su escuadrón, y 116 dragones de San Carlos, con el capitán don Miguel Veistegui, para contener a los enemigos, que pudieran atacarnos por nuestra retaguardia.

En esta forma marchaba, cuando avisté a la hacienda de Puruarán, desde una altura que la domina por el Norte.

Con el anteojo, pude distinguir la mayor parte de su fortificación, y después de reunido todo el ejército, baje a ocupar otra, que a tiro de cañón, dominaba la hacienda.

Ésta se halla a 22 leguas suroeste de Valladolid, en un pequeño plano, rodeado de varias quebradas, de diferentes alturas.

La fortificación de los rebeldes, estaba dispuesta, según manifiesta el plano topográfico que incluyo.

Mandé al teniente coronel graduado del cuerpo nacional de artillería, don Nicolás Pinzón, colocase un obús, y dos cañones de a 4, y se rompió el fuego con mucho acierto.

Al mismo tiempo, protegidos por dichos fuegos, dispuse se hiciese un reconocimiento sobre los puestos enemigos, para desde la altura observar todas las fuerzas que presentasen los rebeldes, para la defensa de la hacienda.

Para esta operación, puse a las órdenes del teniente coronel graduado don Francisco de Orrantia, el segundo batallón de la corona, con su comandante accidental, teniente coronel graduado don Ramón Soto; el batallón 3º fijo de México, con su sargento mayor don Pío María Ruiz; una pieza y doscientos y cincuenta caballos de varios cuerpos.

Cuando Orrantia se hallaba al frente de los parapetos, mandé a mi ayudante de campo, capitán don Alejandro de Arana para que se reconociese bien la línea, y me diese cuenta, para el ataque, que pensaba dar por la noche; y que avisase a Orrantia, que concluido el reconocimiento, se replegase a la línea, si no hallaba un momento decisivo, para tomar la hacienda.

La aproximación de las tropas que mandaba Orrantia, no intimidó a los rebeldes; quienes se mantuvieron en los puestos de su defensa, y sólo rompieron el fuego, al acercarse más nuestra infantería.

A este tiempo, el teniente coronel Orrantia, con parte de la caballería, hizo un movimiento en nuestra izquierda, y avanzando en columna de ataque los dos batallones, 2º de la corona, y 3º del fijo de México, entró por la batería más avanzada a nuestro frente, y la corona, por las cercas de piedra, contiguos, que a ambos puntos defendía la infantería de los rebeldes.

Desordenado el enemigo, iba huyendo su infantería y caballería en dispersión, y la nuestra por los portillos abiertos, empezó el alcance.

Desde mi línea, en la primera posición, se vio claramente estar decidida la acción, e hice que saliese toda la caballería, al mando del señor coronel Iturbide; quien persiguió a los enemigos, a dos leguas distante de la hacienda. La artillería, parque, cargas de víveres, y demás, bajó con los batallones de Nueva España, y Celaya.

Por retaguardia, intentaron los enemigos tirotearnos; pero siendo muy pocos los que se vieron, fueron perseguidos, y desaparecieron por los bosques.

Los rebeldes han perdido más de 600 hombres muertos, con muchos jefes: 700 prisioneros: 23 piezas de todos calibres, 1200 fusiles (según manifiesta el estado número 1º) y 150 cargas de municiones (de las que muchas se inutilizaron, por haber faltado mulas en qué conducirlas).

Está prisionero el teniente general de los rebeldes (segundo de Morelos) licenciado Mariano Matamoros; de cuya sumaria, está encargado, mi ayudante, capitán don Alejandro de Arana.

Entre los muertos, hay dos, o tres sacerdotes; pero sólo se ha conocido; al bachiller Juan Zavala; y además, hay prisioneros tres frailes de diferentes religiones.

Nuestra pérdida consiste en 5 muertos, y 36 heridos; (según el estado número 2) entre los primeros, es uno el capitán de caballería del Príncipe, don Esteban Rosas.

La dispersión del enemigo, fue completa, por el alcance de nuestra caballería.

El cobarde Morelos, salió el día antes de la acción, con una compañía de su guardia; y aunque me consta, estuvo cerca al tiempo del ataque, no pudieron alcanzarlo las tropas de mi mando, a este corifeo despreciable.

Los jefes, oficiales y valiente tropa de este ejército, han manifestado en esta jornada, su constancia en los trabajos, y su decidido valor, en los lances que se han presentado; por lo que no puedo recomendar a nadie en particular.

Debo poner sin embargo en consideración de vuestra excelencia, lo satisfecho que estoy, de la serenidad, con que cumplió mis órdenes el teniente coronel graduado, don Francisco Orrantia.

La unión y bizarría con que atacó la batería el batallón fijo de México, teniendo a su cabeza al sargento mayor de dicho cuerpo, don Pío María Ruiz.

Los cazadores de este batallón, han manifestado su valor acreditado; habiendo hecho un fuego vivo en guerrilla, contra los que defendían el parapeto, antes que atacase el batallón; dirigidos por el buen ejemplo de su comandante, el teniente don Rafael Senderos, y los subtenientes don Manuel Céspedes, y don Sebastián Llergo.

El 2o. batallón de infantería de la corona, mandado por el teniente coronel graduado don Ramón Soto, atacó, y tomó las cercas, defendidas por la infantería enemiga, con la firmeza que tiene de costumbre.

Debo recomendar el feliz movimiento de los piquetes de caballería, en el primer ataque, de los cuerpos de dragones de San Luis, San Carlos, Príncipe, Frontera, Lanceros de Orrantia, y Pesquera, dirigidos por el teniente coronel don Francisco de Orrantia.

El sargento mayor don Domingo Clavarino, cumplió exactamente mis órdenes, en la comisión que le di; pues no habiendo encontrado a los enemigos emboscados, se halló a la hora de mi llegada, en mi retaguardia, en el punto que lo había señalado.

El cuartel maestre general, teniente coronel graduado, don Mariano Rivas, y su ayudante don Rafael Camargo, han desempeñado los encargos de su comisión, a mi satisfacción.

Estoy muy satisfecho de la conducta, del mayor general de este ejército, teniente coronel graduado don José María Calderón; y sus ayudantes, los alféreces, de fragata don Manuel del Llano, y de Querétaro don Melchor Canovas.

El bizarro señor coronel don Agustín de Iturbide, segundo comandante de este ejército, siguió el alcance de los enemigos, con sus ayudantes, capitán don Ramón Ponce, y teniente don Antonio Gaona, y don Juan Tejeda, y el mío, capitán don Eduardo Ferrer.

Mis ayudantes, capitán don Bernardo Camino, y subteniente don Nicolás de Llano, comunicaron las órdenes con eficacia, y al capitán don Alejandro de Arana, a quien comisioné para el reconocimiento de las fortificaciones, le hirieron su caballo, estando cumpliendo con su comisión.

Estoy satisfecho, de la conducta del capellán mayor de este ejército don Bernardino Pini, y de los otros cuerpos, fray Manuel Méndez, fray Manuel Dianes, fray Pascual Carranza, don Domingo Barrera, don Ramón Echeveste, don Victoriano Martínez, fray José Gallo, don Francisco Bravo, y el cura de Tingüindín, licenciado don José Antonio López.

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

Valladolid, 20 de enero de 1814.

Excelentísimo señor, Ciriaco de Llano

Excelentísimo señor virrey, don Félix María Calleja del Rey.

Fuente:

En la Insurgencia. Quinta Campaña Militar (1813-1814) Tomo VII, en José María Morelos y Pavón. Documentos de su Vida y Lucha Revolucionaria (1750-1816). Segunda Parte. Coordinador General: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Tercera Edición Electrónica. México, 2013. Investigación, Selección, Arreglo, Revisión y Notas del Presente Volumen: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo.

Tomado de: Hernández y Dávalos, Colección, VI-294.