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Siglo XIX > 1810-1819 > 1814

Otra versión del razonamiento de Rayón contra el acta de independencia promulgada; Ignacio Rayón.
[Enero o febrero de 1814].

12o.

Señor:

El vocal que suscribe no puede menos en cumplimiento de sus deberes que manifestar a vuestra merced difusamente su dictamen acerca de la declaración en absoluta independencia de esta América Septentrional.

Desde el 6 de noviembre del año próximo anterior, [Ver Nota 1] en que fue presentado a vuestra merced el proyecto del decreto expuse los peligros de semejante paso por importuno y arduo en la presente crisis del Estado no fueron desatendidas sus voces, y no obstante: [Ver Nota 2]

Señor: el día 6 de noviembre del año próximo anterior fue presentado a vuestra merced el proyecto de decreto sobre la declaración de la absoluta independencia de esta América Septentrional.

Yo expuse entonces y he repetido después los riesgos de semejante deliberación, con presencia de ellos acordó a vuestra merced suspender la publicación del acta hasta que el orden de los sucesos públicos y una discusión más profunda y detenida ilustrase al congreso en materia tan importante.

He visto sin embargo que ya corre impresa y no puede menos, en cumplimientos de mis deberes que exponer a vuestra merced difusamente mi dictamen, apoyado en el conocimiento práctico de la opinión de los pueblos, y no en la especulación de los inconvenientes que va, a determinar y exponer fútiles y cavilosos raciocinios.

Desde los primeros días en que se alarmó la nación para vengar sus ultrajes se oyó el voto universal de la elección de un cuerpo soberano que promoviendo la felicidad común fuese depositario fiel de los derechos de Fernando VII.

Los memorables jefes, sus señorías Hidalgo y Allende, aprovechando los momentos que deban de si las urgentes intenciones de aquella época, consagraron sus desvelos en trazar los cimientos de tan augusto edificio con la extensión y grandiosidad que se reclamaba; sobrevinieron accidentes inesperados y burlaron sus esperanzas; los pueblos, no obstante, mantenidos con firmeza en medio de tantos vaivenes lucharon con el gobierno injusto que los ha oprimido, pero jamás quisieron ofender la autoridad de un rey que ha sido inviolable aun en sus corazones.

Referiré señor en prueba de esta proposición un hecho público de que hago memoria, debiendo asegurar a vuestra merced que no ha sido el único en su especie.

En el Saltillo, lugar donde el año de 1811, después de la batalla de Calderón se reunió el grueso del ejército disperso, esparció la imprudencia, que el generalísimo indignado altamente con los tiranos, iba a romper cuantos lasos habían estrechado a la América con su metrópoli declarándose por artículo primordial su total independencia del trono de los borbones.

Apenas circuló vaga esta voz desertaron de nuestras banderas 60 soldados y al día siguiente otros 30, notándose generalmente un disgusto peligroso sobremanera.

Aún pasó adelante el estrago y fueron terribles sus consecuencia: los desertores engrosaron las fuerzas débiles de nuestros enemigos en aquel rumbo, y cundió la desconfianza hasta el grado de ser aprehendidos como traidores y execrados los que hallaban al Misisipi por los mismos que poco antes supieron rendir pruebas inequívocas de respeto a los señores Aldama y otros jefes cercanos.

Las ulteriores vicisitudes de la guerra pusieron a la patria en continuas alternativas de gloria y abyección, pero constantes, en sus primeros sentimientos, ni doblaron débiles el cuello al yugo de los opresores, ni los pueblos desmintieron orgullosos la relación que tenían con el influjo de Fernando.

Así lo palpé, señor, en el discurso de un año, que recorrí gran parte de las principales provincias del reino, y convencido de esta voluntad general, promoví en Zitácuaro la instalación del congreso a nombre de Fernando VII con que se logró fijar el sistema de la revolución y atacar en sus mismas trincheras a los enemigos.

Aquí es de recordar el oficio que tomó Calleja en Cuautla contraído a poner de manifiesto las razones políticas que obligaron a la junta para tomar esta resolución, con que coloridos se pintó en la garita de México semejante hallazgo

¡Cuántos incautos sedujo tal acontecimiento!

Por fortuna la opinión estaba en favor nuestro, y el gobierno de México universalmente desconceptuado.

Es una impostura, decían los que presumiendo de ilustrados; es una impostura de los gachupines empeñados siempre en vilipendiar a la nación y acriminar a sus autoridades, pero de tal manera se conmovieron los ánimos que en Sultepec, Pátzcuaro y otras partes fue necesario ocultar la autenticidad del oficio y llevar adelante la idea de que era negra imputación de aquel gobierno mentiroso (a tan constante experiencia).

Y ¿qué? señor tan constante inseguridad y triste efecto de la servidumbre en que ha vivido trescientos años la nación.

Nada menos la actual situación política de nuestros negocios hace temer justamente, que la abierta declaración de independencia ocasiona daños irreparables, hallándose apenas en equilibrio nuestra fuerza y la del partido opuesto, y hostigados los habitantes de este suelo con los horrores de una guerra tenaz, ¿será remoto que en cualquier auxilio de ultramar sucumba la nación y sojuzgada como infiel, rebelde y sediciosa y la castigarían sus tiranos?

¿Qué pueblo dejaría de ser condenado a la más triste desolación?

No así en la conducta circunspecta que [han] observado hasta ahora, [Ver Nota 3] elocuentes y sólidos, los representantes en cortes, El Español, Blanco White, Mier, Álvarez, algunos otros escritores conformes con el dictamen de los gabinetes extranjeros caracterizaron estos dominios con cierta inviolabilidad en la época de su revolución que no tendría lugar declarándose independientes.

Supóngase sin embargo que nuestras armas victoriosas triunfaron por fin de los opresores, un talento sencillo puede demostrar la debilidad y languidez a que es preciso seamos reducidos, y entonces la masa enorme de los indios, quietos hasta ahora y unidos con el resto de americanos en el concepto de que sólo se trata de reformar el poder arbitrario sin substraernos de la dominación de Fernando VII, se fermentará declarada la independencia y aleccionados en la actual lucha harán esfuerzos para restituir sus antiguas monarquías como descaradamente lo pretendieron el año anterior los tlaxcaltecas en sus representaciones al serenísimo señor Morelos, además ¿quién garantiza la neutralidad de las potencias extrañas, principalmente a la Inglaterra? acreedora de la moribunda España de una inmensa suma de millones, de que sólo puede reintegrarse con la posesión del codiciado Reino de México ¿será creíble o seguro que nos ofrezca su alianza? preferirá desde luego el reembolso y partido a que instigaran los restos de sus aliados peninsulares sin otro pretexto que nuestra declarada independencia.

Equilibrados señor tantos males y riesgos inminentes con los bienes quiméricos la importuna publicación del decreto ¿hacia qué parte se inclinará la balanza? en tres y más años que el nombre de Fernando VII, se ha puesto al frente de nuestras providencias y deliberaciones ¿qué dominio tiránico ha crecido sobre nosotros, o que contribución onerosa ha podido agravar nuestro reconocimiento? variarse pues de sistema sin que intervengan razones y motivos poderosos, es introducir novedades, cuyas consecuencias suelen ser muy funestas y ruinosas hasta ahora al Estado.

Nos hallamos en
posesión de la deseada independencia.

Ninguno ha osado el alterarla; no ocurre hasta ahora necesidad de suscitar su publicación que aventurase V. M. al sancionar una ley que revoquen unánimes las provincias ¿a que exponer la ciega obediencia de los pueblos con una acta solemne que envuelve la naturaleza de la representación soberana cuya legitimidad de complemento es superior a nuestras circunstancias? permanezcamos en expectativa de otras menos angustiadas, y acaso la sucesión de (otras menos angustiadas) acaecimientos favorables ministrará a V. M. arbitrios para elevar a la patria al rango sublime de la independencia, de modo que la reconozcan y respeten las demás naciones. [Ver Nota 4]

Cierta inviolabilidad caracteriza aún estos dominios, que no sería respetada declarándose independiente.

Es bien notoria la elocuencia y solidez con que nuestros representantes en cortes, El Español, Blanco Withe, Mier, Álvarez y otros escritores políticos conformes con el dictamen de los gabinetes extranjeros, han sabido vindicar a la América de la nota de infidencia y rebelión con que la quisieron apodar sus adversarios, demostrando unánimes la necesidad de mantener en depósito los derechos de un legítimo monarca arrebatado del trono con violencia y ¿prevalecería el vigor de sus discursos disipado el principio en que se apoyaron?

En vista, señor, de tantos males y peligros ¿cuáles son las ventajas y bienes contrapuestos que inclinen la balanza en favor de la publicación del decreto?

Las ulteriores vicisitudes de la guerra pusieron a la patria en continuas alternativas de gloria y abyección; pero constantes los pueblos en sus primeros sentimientos, ni doblaron cuello al yugo de los opresores, ni desmintieron su amor a la influencia de Fernando.

Fuente:

José María Morelos y Pavón. Documentos de su vida y lucha revolucionaria. Tomo VI. Congreso de Chilpancingo. 1813. Segunda parte. En la insurgencia. Centro de Investigaciones y Ediciones Históricas, A. C. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Secretaría de Cultura de Michoacán. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas de: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo. CD ROM. México, Primera edición electrónica, 2012.

[Hernández y Dávalos, Colección, VI-1266. Documento que aparece en la causa por infidencia con Ignacio Rayón.]

Notas:

1. He aquí la razón de las fechas que doy a esta versión distinta, su primer párrafo, en que dice: “Desde el 6 de noviembre del año próximo anterior”. Ante los desastres militares de Morelos, Rayón busca dar de nuevo al movimiento el fundamento ideológico que siempre defendió frente a la absoluta independencia proclamada desde sus inicios por Morelos.

Queda la duda de si los añadidos, o el mismo documento, son posteriores a estos años, y fue hecho expreso para lograr el indulto del señor Ignacio Rayón. Nota a la Edición Electrónica.

2. Aquí Rayón utiliza su texto anterior de finales de diciembre de 1813, salvo por lo de “año próximo anterior”.

3. Aquí aparece, entre paréntesis, un texto que al parecer debe ser tachado, por repetir la idea expresada inmediatamente después: “cierta inviolabilidad caracterizada con la elocuencia y solidez de los representantes en cortes, del Español en Londres, aun con el dictamen de los gabinetes extranjeros”, que, de manera significativa, es el comienzo de los párrafos que se añaden al documento conocido al respecto. Recordar que es un documento que forma parta de la causa por infidencia contra Rayón- Nota a la Edición Electrónica.

4. Los siguientes párrafos son añadidos por Rayón en esta nueva versión de su postura fernandista. Recordar la interpolación borrada de esta idea en un párrafo anterior de este documento. Nota a la Edición Electrónica.