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Siglo XIX > 1810-1819 > 1814

Noticias a España de los triunfos conseguidos; el virrey Calleja al ministro de Guerra.
México, enero 24 de 1814.

Excelentísimo señor:

En mi carta anterior reservada número 21 de 5 de octubre último, di parte a vuestra excelencia del estado en que se hallaba este reino en aquella fecha, y los temores que me inspiraban los movimientos de Morelos quien con sus principales caudillos Matamoros Galiana Bravo y otros, y un gran cuerpo de tropas que había reunido disciplinado y habilitado en los países mortíferos de la costa con las armas y artillería que encontró en la fortaleza de Acapulco y con las que según se ha sabido posteriormente adquirió de los Estados Unidos de América, abrió la campaña por medio de marchas precipitadas que sólo los bandidos pueden ejecutar, apareciéndose entre Orizaba y Puebla, con el plan de tomar esta ciudad, a cuyo efecto formó dos grandes divisiones la una al cargo de Matamoros que se situó en San Andrés, pueblo distante de Orizaba doce leguas para apoyar su derecha y al de Coscomatepec situado a la sazón por nuestras tropas; y la otra al del mismo Morelos que se colocó a la izquierda de su línea, o en el centro de ella sobre el puente del Marqués e inmediaciones de Izúcar amenazando por este rumbo a esta capital, mientras que otros cuerpos, que formaban propiamente su izquierda, llamaban la atención por Chilpancingo a la división que tenía situada allí a las ordenes del brigadier don José Moreno Daviz.

No bastaron las disposiciones que participé a vuestra excelencia, por más rápidas que fueron, para precaver todos los males, pues aunque el enemigo se vio precisado a abandonar a Coscomatepec el 5 de octubre reuniéndose los fugitivos a Matamoros poco después de haberse presentado delante de aquel punto el coronel don Luis del Águila con las fuerzas con que le envié, habiendo dispuesto este jefe desde Orizaba el despacho a Puebla de un convoy de tabacos al cuerpo del teniente coronel don José Manuel Martínez, bajo la escolta de un cuerpo de mil doscientos hombres, fue atacado el 14 del propio mes de octubre, envuelto y por el grueso de Matamoros, con pérdida muy sensible de casi todo el batallón de Asturias, y parte del de Fernando VII de Puebla, a pesar del valor con que se sostuvieron estas bizarras tropas; en cuya desgracia tuvo mucha parte la falta de tino y de disposición de los jefes militares respectivos, especialmente del comandante Martínez, según hasta ahora aparece de la causa que se está formando.

Con la noticia de este golpe que hizo concebir al enemigo las más lisonjeras esperanzas y que al paso que abatió el de nuestras tropas produjo en los facciosos de todas clases la mayor exaltación y atrevimiento, previniendo sus resultados posibles di las disposiciones necesarias para mi pronta marcha a Puebla que hubiera verificado si las representaciones vivas y enérgicas de las corporaciones y personas principales de esta capital manifestándome el peligro inmediato de ella por mi ausencia, no me lo hubieran impedido; y consultando al mejor servicio me reduje no sin conocimiento a enviar a Puebla el batallón de Castilla, dos piezas y un cuerpo de caballería con orden al brigadier don Ramón Díaz Ortega a quien encargue el mando en jefe del ejército, relevando de él al conde de Castro Terreño, que reuniendo todas sus fuerzas, reanimándolas y poniéndolas en el mejor estado, fórmase un cuerpo fuerte que impusiese al enemigo y asegurase aquella capital.

Ortega cumplió exactamente sus prevenciones, y habiendo hecho un movimiento acertado sobre el cuerpo que mandaba Matamoros, se obligó no sólo a suspender el ataque que preparaba contra las villas de Orizaba y Córdova, sino que recelando ser atacado, hubo de reunirse a Morelos juntando entre ambos una fuerza de 70 a 129 hombres con 18 piezas de campaña.

Con este grueso que sucesivamente fue aumentándose con las diferentes gavillas que existían esparcidas por varios rumbos se dirigió Morelos a Cuautla con el designio al parecer de tomar a Izucar y penetrar hacia esta capital por el valle de Cuautla ambas interponiéndose entre las fuerzas del sur y las de Moreno Daoiz confiado, como lo ha creído siempre, de que a su aproximación se le reuniría este pueblo numeroso, pero no bien descubrí su intento cuando hice venir aceleradamente a la división de Moreno Daoiz, situándola en Cuernavaca a 12 leguas de esta capital con las órdenes a este jefe y Ortega de que luego que el enemigo declarase su movimiento, se dirigiesen por sus respectivos rumbos atacando al enemigo decididamente por su flanco y retaguardia, mientras yo con las pocas tropas me había quedado en la capital y las que hice acercar de las inmediaciones le contenía y atacaba por el frente haciendo el último esfuerzo.

No se atrevió Morelos a realizar su pensamiento sin embargo de haber llegado a entrar muy avanzados en el valle de Cuautla y antes bien entre viendo las consecuencias, tomó el partido de retirarse y de reconcentrar todas sus fuerzas sobre Chilpancingo, ocupando el pueblo de Tepecoacuilco que acababa de evacuar Moreno Daoiz formando el proyecto de dirigirse a Taxco y descender al valle de Toluca inmediatos a esta capital, sino encontraba oposición, y encontrándola encaminar por las orillas del río Mescala a la provincia de Valladolid.

Frustrado el primer intento por las ejecutivas medidas que se tomaron tratando las fuerzas a los puntos que amenazaba las cuales a haberse cumplido exactamente mis órdenes se habrían batido en disposición, se decidió por el segundo dirigiéndose apresuradamente con todas sus gavillas a la mencionada provincia de Valladolid dejando fatigadas la tropas y burladas cuantas disposiciones dicte para atraerle a una acción decisiva sin serle dable por lo fragoso de los terrenos que le hubiese seguido una fuerte división como lo previne anticipadamente a Ortega quien a vista de las dificultades me lo represento así.

Con la noticia de su movimiento que por deber hacerlo con alguno rodeo me daba lugar de prevenirle, hice marchar sin pérdida de tiempo una división de 1,500 hombres que tenía en Toluca al cargo del brigadier don Ciriaco de Llano, la cual seguida de una que hice venir del rumbo del sur, marchando por una línea más corta paralelamente a las gavillas de Morelos y reforzada por la del mando del coronel Iturbide que le aguardaba ya en Acámbaro, llegó a tiempo de que hallándose sitiado Valladolid, logró presentarse a la sazón que se defendía vigorosamente aquella ciudad de todas las fuerzas reunidas de aquel rebelde, batiéndolas completamente en los días 23, 24 y 25 del último diciembre obligándolas a abandonar el sitio con pérdida de 1,500 hombres muertos, 30 piezas de todos calibres, y bagaje y sucesivamente el día 5 del presente causarle otra seguida derrota que ha puesto por ahora a los atrevidos proyectos de Morelos y a las esperanzas de sus secuaces según se impondrá vuestra excelencia por las adjuntas Gacetas números 506 y 515 que le acompaño con la ventaja en esta última de haber hecho prisionero entre otros individuos de graduación al cura Matamoros que era en lo militar el brazo fuerte de Morelos.

No satisfecho con esta presa aspiro a la de Morelos bien persuadido de que si la consigo se suspendan por mucho tiempo las reuniones y maquinaciones que es capaz de abortar el espíritu verdaderamente revolucionario y emprendedor de este eclesiástico a cuyo efecto he dado orden a Llano para que haga que se le persiga incesantemente sobre su huella a cualquier parte que se dirija por un cuerpo fuerte de caballería.

Entretanto, para aprovechar lo que queda de la buena situación he providenciado desde el momento que supe la primera derrota de Morelos que el teniente coronel don José Gabriel de Armijo que se hallaba en Taxco con una división de 1,500 hombres por si retrocedían por aquella parte las gavillas insurgentes, marché sin dilación sobre Chilpancingo con los objetos de sorprender si fuere dable a la junta revolucionaria que existe allí, reanimar la fidelidad de los costeños que se han declarado a favor de la justa causa, poniéndose en comunicación y prestando auxilio al capitán de milicias don José Antonio Reguera que ha formado de ellos un cuerpo de cerca de dos mil hombres atacar y disipar cualquiera reunión que exista por aquella parte, y preparar nuestras operaciones sucesivas sobre Acapulco, cuyo recobro no pierdo de vista, y para lo cual tengo tomadas varias otras medidas, como la de prevenir al comandante general de la Nueva Galicia, D. de la Cruz, tenga prontos dos buques provistos de municiones de boca y guerra para zarpar con destino a Acapulco o sus inmediaciones, en el momento que lo avise.

Al propio tiempo, para adelantar de todos modos la pacificación de estos países, sabiendo lo que han declarado Matamoros y varias gentes de Oaxaca que han llegado a Puebla, las pocas fuerzas que han quedado allí, y la buena disposición de sus habitantes, he acelerado la marcha de este convoy con las tropas del ejército del Sur que existían en esta capital, ordenando al brigadier Ortega que despachando luego a Veracruz con la fuerza que considere indispensable, haga marchar sin pérdida de tiempo a Oaxaca una división competente que ocupando la capital, restablezca el orden en aquella rica provincia.

Si se verificasen todos mis planes tendré la satisfacción de haber restaurado nuestras pérdidas a los diez meses de haberme entregado el mando de estos dominios, y entonces ya no será tan vigente que el supremo gobierno haga el sacrificio de enviar los 60 hombres que le pedí en mi carta anterior; pues bastará que lo verifique en el número menor que le sea posible, y de copia desde marzo hasta fines de septiembre destinando parte de ellas directamente a la provincia de Texas por las causas que expongo en carta separada de esta fecha.

Lo que más falta hace por ahora es un proporcionado número de fusiles, carabinas, pistolas y espadas de caballería; los cuerpos están desarmados, muchos no pueden organizarse por esta causa, todos me instan por armas, sin que alcancen a reemplazar ni aún las balas ordinarias de los cuerpos de esta guarnición las que se fabrican en el taller establecido en esta capital, cuyos gastos exceden sin embargo de 800 pesos al año sin lograr el objeto punto que merece la mayor atención para descargar al erario de un gravamen tan insoportable.

El estado de la guerra en las demás provincias de este reino, no ofrece cuidados, y solo subsiste aún en la Nueva Galicia la pequeña reunión de la isla de Chapala contra la cual continuaba el mariscal de campo don José de la Cruz tomando sus medidas, y había hecho subir de San Blas artillería y otros pertrechos según me participa con fecha de 22 de diciembre, último.

Por lo respectivo a las provincias internas de este reino, ya digo a vuestra excelencia en cartas separadas el actual estado de ellas, y por todo verá vuestra excelencia que batidos los grandes cuerpos que comandaban Morelos y Matamoros, no existe en el día una reunión que inspire recelos, pero ellas se forman con facilidad, y el espíritu de independencia y de rebelión las congrega y obliga a hacer sacrificios extraordinarios como los han hecho en las derrotas anteriores sin que por eso haya terminado esta guerra desastrosa que tiene su principal origen en la opinión pervertida hasta lo sumo y en el deseo de la independencia.

La capital ha entrado en una especie de temor, los facciosos que se presentaban con descaro, tiemblan y se ocultan y aprovechando estos momentos, he hecho salir de ella y marcha en el convoy con destino a esa península, dos de los principales corifeos de la insurrección, el canónigo magistral de esta santa iglesia don José María Alcalá y el oidor don Jacobo Villa Urrutia, y me propongo continuar estas medidas vigorosas, tanto aquí como en las demás capitales de provincia, separando y alejando de estos países a todos aquellos que atizan del fuego de la discordia, en cuya clase entran algunos europeos que con su egoísmo e imprudente conducta excitan los odios y las rivalidades.

No veo otro medio de pacificar estos países hasta cierto punto para ello necesito que el supremo gobierno a quien se servirá vuestra excelencia dar cuenta del contenido causa, sostenga mis providencias dirigidas únicamente a costa de inmensas fatigas que debilitan y postrando mi salud, a desempeñar con la posible cuenta hasta donde alcance las grandes obligaciones que se ha dignado imponerme.

Enero 24 de 1814.

P. [rúbrica]

Excelentísimo señor ministro de la Guerra.

D. [rúbrica]

Fuente:

En la Insurgencia. Quinta Campaña Militar (1813-1814) Tomo VII, en José María Morelos y Pavón. Documentos de su Vida y Lucha Revolucionaria (1750-1816). Segunda Parte. Coordinador General: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Tercera Edición Electrónica. México, 2013. Investigación, Selección, Arreglo, Revisión y Notas del Presente Volumen: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo.

Tomado de: AGN, Operaciones de Guerra, Calleja, 16, t. 268, Morelos, 1927, I, pp. 73-78.

Habiéndose extraviado en el Archivo General de la Nación el tomo 268, sale este documento sin cotejo (nota del copista de la edición de 1927).