1814
Noticia de las acciones a inmediaciones de Valladolid; Ciriaco del Llano al virrey Calleja.
Valladolid, enero 31 de 1814.


Excelentísimo señor:

Cuando salí el 22 de diciembre de 1813, con parte del ejército de mi mando, de Acámbaro para Zinapécuaro, no tenía noticias ciertas del paraje donde se hallaba Morelos, y los demás cabecillas con sus gavillas; mi objeto era estar el 24 en Valladolid, según di aviso a vuestra excelencia el 21 desde Acámbaro.

La madrugada del 23, salí de Zinapécuaro, para Valladolid, acompañado de mis ayudantes, y el escuadrón de dragones de México mandado por el capitán don Juan Miñón; dejando el mando de las tropas, prontas a marchar, al teniente coronel de dragones fieles del Potosí, don Matías de Aguirre.

En el Pueblo de Indaparapeo, se hallaba el señor coronel don Agustín de Iturbide, y unidos, tomamos el camino de Charo.

Al llegar a este pueblo, dispuse que el segundo batallón de la corona, que se hallaba con dos piezas, saliese para acercarse a Valladolid.

A la media hora de haber salido de dicho pueblo, me encontré con un sargento, y cuatro patriotas de Valladolid, enviados por el comandante de aquella plaza, teniente coronel don Domingo Landázuri, para avisarme de que los enemigos se habían presentado, en las lomas de Santa María próximas a la ciudad.

Con esta noticia que la recibí a la una de la tarde, apresuré mi marcha para la ciudad, con sólo el escuadrón de México, y 60 caballos del señor Iturbide; pero habiendo llegado a la cuesta del Molino de Atapáneo, dos leguas de Valladolid, oí varios cañonazos de la plaza; y creyendo estuviera ya atacada, determiné esperar el segundo batallón de la corona, y las dos piezas, que en marcha, sólo distaban tres cuartos de legua aproximadamente, mas tuve noticia cierta de que los rebeldes ocupaban la Loma del Zapote; pues el sargento, y cuatro patriotas de Valladolid, que volvían a dar la noticia de mi llegada, fueron perseguidos por los rebeldes, hasta encontrarse con mi guerrilla de caballería.

Visto desde una altura, inmediata a las lomas del Zapote, que los enemigos tenían preparada su infantería contra las cercas, y que su caballería, estaba formada dando la espalda a la plaza de Valladolid, dispuse el que el señor coronel don Agustín de Iturbide, con cien caballos, atravesase la cerca del Penguato de nuestra izquierda para cortar a los enemigos, y yo con el segundo batallón de la corona, dos piezas, y sesenta caballos, atacase el frente.

El movimiento de la caballería del señor Iturbide, y mi marcha, hizo titubear a los enemigos, y viendo acercarse nuestro ataque, abandonaron las cercas, para desfilar hacia el Rincón, que era el único camino que tenían para huir al campamento de Morelos.

En el alcance que se les hizo, hasta las mismas veredas del cerro de dicha hacienda, perdieron toda su infantería, y alguna de su caballería. Reunida la nuestra, que fue al alcance, entré en la plaza; habiendo socorrido con la compañía de granaderos del segundo batallón de la corona, el puesto de Santa Catalina.

La guarnición que hacía buen rato que se batía con el enemigo hizo una salida muy oportuna antes de mi ataque, en la cual la encontré; rechazó a los enemigos que tenía al frente de la garita, y se halló con las tropas de auxilio en la acción.

Por la noche oficié al teniente coronel don Matías de Aguirre, que se hallaba en Charo, que al romper el día se presentase sobre el Zapote, con la compañía de Marina, la de cazadores del fijo de México, y un cuerpo respetuoso de caballería, lo que ejecutó exactamente.

El 24 por la mañana, entró en esta ciudad todo el resto del ejército de artillería, municiones, y cargas, a la vista del campamento de Morelos, que se mantenía aún en las lomas de Santa María, a 1,300 toesas al sur de esta ciudad.

Por la tarde, habiendo observado el vigía de la torre de catedral que los enemigos, se estaban moviendo, no pudiéndose determinar su objeto, dispuso que el bizarro señor coronel Iturbide, con la compañía de Marina, la de cazadores del fijo de México, 230 caballos, y una pieza, hiciese un reconocimiento con el objeto de ver si manifestaban sus fuerzas; pues aún se ignoraba el número de ellas.

El señor Iturbide empeñó la acción vivamente con dos batallones de infantería enemigos, y alguna caballería; pero siendo el fuego sostenido por ambas partes, y reforzando los rebeldes su gente, con una columna de mil caballos; hice salir, con mi ayudante de campo, capitán don Alexandro de Arana, para reforzarlo, tres compañías del fijo de México, con el capitán don Vicente Filisola, y 150 caballos.

Aún después de anochecido, duraba el fuego con el mayor tesón, a la subida de la cresta del cerro de Santa María.

Durante el fuego hice que saliesen al campo de Santa Catalina, dos obuses, y dos cañones de a 4 cuyos fuegos se dirigieron al campo enemigo, de la loma de Santa María, teniendo unida con estas piezas, todo el resto de la caballería.

El señor Iturbide, entró en la plaza en todo orden a las ocho de la noche.

El resultado de este ataque sostenido, por una y otra parte, lo verá vuestra excelencia detallado por la copia del parte que me ha pasado el señor Iturbide, y adjunto a vuestra excelencia con él número 1.

La madrugada del 25, permaneciendo aún el campamento enemigo, hice salir al sargento mayor de Nueva España don Domingo Chavarino, con 150 infantes del primer batallón de la corona, 180 de Nueva España, dos piezas, y 150 caballos, de la guarnición de esta plaza, a hacer un reconocimiento para dar el ataque general.

Este cuerpo, se mantuvo al frente del enemigo, en el ínterin salí con todo el resto del ejército, y artillería, por el camino de la hacienda de la Huerta, para tomar, la altura, que sale al frente de las lomas de Santa María.

Los rebeldes viendo ya formada mi columna, fuera de las líneas de la ciudad, abandonaron el campo, y su situación ventajosa les favoreció, para alejarse de nosotros en una dispersión vergonzosa.

La caballería, siguió el alcance por dos veredas de la sierra del Sur; pero no pudo sacarse gran ventaja, por la anticipación con que huyeron.

La que fue a las órdenes del señor Iturbide, cogió cerca del pueblo de Atécuaro, muchas municiones.

Los rebeldes han perdido en las tres acciones, 1,500 hombres muertos, poco más, o menos; 27 piezas de todos calibres, según el número 2; multitud de municiones, según el número 3; todo su campamento, víveres y otras menudencias.

Nuestra pérdida, ha sido, 25 muertos, y 57 heridos, según el estado número 4.

Estoy muy satisfecho, en general de la conducta militar de todos los jefes, oficiales, y soldados de este ejército; pero en particular debo decir a vuestra excelencia que mi segundo el señor coronel don Agustín de Iturbide, ha desempeñado mis encargos a toda mi satisfacción.

Deben tener la consideración de vuestra excelencia, los siempre acreditados dragones fieles de San Luis Potosí, con su comandante el teniente coronel don Matías de Aguirre, y sus valientes oficiales.

El batallón segundo de la corona, al mando del teniente coronel graduado don Ramón Soto, se manejó en el ataque el 23, del Zapote, en mi compañía, con la bizarría que siempre han acreditado.

Debo hacer presente a vuestra excelencia, que el teniente coronel don Domingo Landázuri, comandante de esta plaza, tomó antes de mi llegada, todas las precauciones necesarias, para hacer una defensa vigorosa; de manera, que no dudo un momento asegurar a vuestra excelencia, que el rebelde Morelos jamás hubiera penetrado las primeras líneas de esta ciudad, defendidas por jefes, oficiales y valientes tropas que han acreditado diferentes veces su valor, rechazando a los enemigos, que han atacado esta plaza.

Se hallaron en la tarde a mi lado, del 23, cumpliendo con exactitud mis órdenes, mis ayudantes de campo, los capitanes don Eduardo Ferrer, don Alexandro de Arena, y el teniente de fragata don Alonso Butrón, que fue herido de un bayonetazo, la tarde del 24 en el encuentro de la loma de Santa María.

El capellán mayor de este ejército, don Bernardino de Piní, se mantuvo a mi lado, todo el tiempo del ataque del 23, como también el señor cura de Tianguindin, don José Antonio López.

El reverendo padre fray Pascual Carranza, se halló dicho día en la persecución del enemigo, hasta el Rincón.

El 24 durante la acción, se mantuvieron en el Fortín, a mi lado para dar las órdenes convenientes, mis ayudantes, capitán don Bernardino Camino, y subteniente don Nicolás de Llano; el señor cuartel maestre teniente coronel don Mariano Rivas; el mayor general teniente coronel don José María Calderón, con sus ayudantes.

Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.

Valladolid, 31 de enero de 1814.

Excelentísimo señor, Ciriaco del Llano
[rúbrica]

Excelentísimo señor virrey, don Félix María Calleja del Rey.

Fuente:

En la Insurgencia. Quinta Campaña Militar (1813-1814) Tomo VII, en José María Morelos y Pavón. Documentos de su Vida y Lucha Revolucionaria (1750-1816). Segunda Parte. Coordinador General: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Tercera Edición Electrónica. México, 2013. Investigación, Selección, Arreglo, Revisión y Notas del Presente Volumen: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo.

Tomado de: AGN, Operaciones de Guerra, Ciriaco del Llano, t. 17, Morelos, 1927, I, pp. 69-72.