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Siglo XIX > 1810-1819 > 1813

Triunfo y entrada en Juchatengo; Manuel de Mier y Terán a Benito Rocha.
Juchatengo, septiembre 6 y 7 de 1813.

Parte dirigido al señor gobernador de esta plaza por el teniente coronel del distinguido cuerpo de artillería, don Manuel de Mier y Terán.

Las urgencias que me rodean no me permiten decir a vuestra señoría más de que a la una y media de este día ha entrado esta división triunfante en el rebelde pueblo de Juchatengo después de haber batido al enemigo en una vasta llanura.

La pérdida de aquél en muertos causa horror; en prisioneros es numerosa; en armas y municiones, aunque crecida, no puedo formar idea cabal de ella.

Los cabecillas desaparecieron inmediatamente que pusieron a los alucinados que los siguen en el campo de batalla, donde han sido víctimas por el choque impetuoso de la caballería combinado con la fusilería bizarra y bien dirigida.

Por último, de todo daré a vuestra señoría un parte circunstanciado luego que me lo permitan las ocurrencias.

Dios guarde a vuestra señoría muchos años.

Juchatengo, 6 de septiembre de 1813, a las tres de la tarde.

Manuel de Mier y Terán.

Señor coronel don Benito Rocha gobernador de la plaza de Oaxaca.

[De la redacción del Correo]

Americanos:

He aquí el segundo triunfo conseguido por este joven jefe contra los miserables alucinados de la costa del sur.

El maléfico espíritu de Calleja podrá pasearse sobre la llanura en que yacen aquellos cadáveres mutilados y cantar sobre ellos su triunfo.

Formen con él una armonía rabiosa sus satélites y los atolondrados criollos que le siguen.

El señor gobernador de esta plaza, don Benito Rocha y Pardiñas, ha recibido del teniente coronel don José Manuel Terán el siguiente parte [Ver Nota 1]

Xuchatengo, septiembre 7 de 1813

Voy a hacer a vuestra señoría una relación de todos los movimientos de esta división desde el día 2 en que salí de Coatlan, con el objeto de que se apreciaran sus tareas y constancia infatigable, las que sólo sabrá apreciar el que prácticamente conozca el terreno donde ha operado y como caminante haya tenido la incomodidad de transitar los caminos que los individuos que la componen han pasado como soldador.

El día 3 salí del pueblo de San Gerónimo, último albergue que se encuentra en la sierra, con una guerrilla de sesenta hombres para apoderarme de la cumbre antes que el enemigo, a quien hice creer que me dirigía por otro camino para Xuquila y pudiese reforzar un destacamento que allí tenía; las medidas fueron tan justas que nos apoderamos de ella al momento mismo que acabaron de construir los negros una barraca con el fin de acantonarse, y como por la lumbrada y otras señales del reciente abandono infirióse que no podían distar mucho, mandé al capitán don José Delgado siguiese en su alcance; a distancia de legua y media se les encontró y se les hizo fuego, y aunque por el cansancio de la caballería desesperábamos llegar a las manos, ellos por su parte nos lo facilitaron haciendo alto en una loma, de donde los desalojó aquel oficial con unos pocos soldados que aún tenían aliento para batirse, después de caminar doce leguas y sin haber tenido tiempo para rancho. Siguió quitándolos de la loma, y el resto de la guerrilla tras él para sostenerle, hasta que la proximidad de la noche y un furioso aguacero me obligó a suspender marcha tan penosa.

No así el referido Delgado y ayudante de artillería don Santiago Roc, quienes considerándose sin abrigo en una sierra extremadamente lluviosa y fría, y sin arbitrio para retroceder a donde yo me hallaba por la oscuridad y cansancio de los caballos, resolvieron llegar al trapiche de San Cristóbal, distante de mi campo cinco leguas, atacar en él al enemigo y echarlo de allí, como en efecto lo verificaron, dándome parte de ello a las doce de la noche, hora en que dispuse prontamente la continuación de la marcha, avisando al señor Portas para que se acelerase con el resto antes que el enemigo pudiese cargarme con toda su fuerza.

Llegué al trapiche a las nueve, del que salí al instante en solicitud de mejor posición que encontré en una loma donde estuvimos sobre las armas todo el día observando de cerca la descubierta enemiga.

Mi ventajosa situación embarazaba la tentativa que los negros podían proyectar atenidos del poco número, y me mantuve en ella hasta que reunidos el día 5 me propuse atacar el 6.

Sin embargo de que Xuchatengo dista tres leguas del sitio en que acampé y que la avanzada se acercó cuanto pudo al pueblo, no pude adquirir noticia alguna de la situación o designios de los rebeldes, y no obstante, a la madrugada del 6 nos pusimos en marcha en la formación única que permite el terreno, que es en columna prolongada de uno de frente, en la que llegamos hasta la playa del río, que hace una vasta llanura, a tiempo que la descubierta de cuarenta hombres de caballería a órdenes del capitán Delgado había empeñado una acción con el enemigo, a quien halló oculto entre la maleza.

No pudimos hallarnos en situación más peligrosa e incómoda, pues toda la tropa caminaba con dificultad por entre una cañada de legua y media, donde la ignorancia de los negros quiso perdonarnos; aceleró cuanto pudo la infantería su marcha, que era al cargo del señor teniente coronel Portas, para sostener a la descubierta y tomar terreno despejado donde pudiese operar el resto, lo que se verificó al instante rechazando al enemigo y haciéndonos dueños de la mitad de aquella llanura, donde cómodamente pudimos montar la artillería y formar en batalla; pero era ya tiempo en que el enemigo retrocedía aunque en buen orden, y cambiando el paso con nuevo ardor volvió al ataque cuando divisó una partida que por un empinado cerro de nuestra izquierda bajaba al paso de ataque en su socorro.

Este era el cabecilla Manuel Rendón que, engañado por los indios a quienes mandé componer el camino de Xuquila, se ocupaba en cortármelo y embarazármelo con árboles mientras tomamos el de Xuchatengo, sin haber podido presentarse antes de hora a la defensa de este último pueblo y amenazando por dicha loma cortar la retirada a los que ya combatían, alentó a los suyos a que volviesen a la carga; mas como él se hallaba en paraje desde donde podía observar que la artillería bien sostenida se hallaba toda de reserva, retrocedió, no pareciéndole prudente entrar en acción con un trozo que bien manejado podía darles la victoria; con lo que desanimados de una vez los del llano, y cargados impetuosamente por los nuestros, se desordenaron y huyeron tirando las armas y desembarazándose de todo lo que podía suspender su velocísima carrera.

No dirigieron ésta por el llano que conduce a Xuchatengo, donde su infantería había experimentado toda la bravura de nuestra caballería que hubo de llegar a las manos con ellos, sino que abandonando todos los caballos y mulas se refugiaron a los espesos bosques de su derecha.

La mortandad que han sufrido resulta considerable por su mala táctica y audacia, que les hizo preferir el llano para situarse consistiendo su mayor fuerza en infantería sin recurso alguno para moderar el ímpetu de nuestra caballería; y procedió también del nuevo empeño que tomaron por el socorro de Rendón, pues en este acto se avanzaron al ataque por ambas partes hasta llegar a la arma blanca, distinguiéndose por el frente la compañía de cazadores de artillería con su teniente, don Mariano Lazcano, y la de granaderos de Orizaba con su oficialidad toda, dirigidas ambas por la capacidad y bizarría del señor teniente coronel don Bernardo Portas, y por el flanco derecho del enemigo el invencible regimiento de San Ignacio, contrayendo nuevo mérito sus valientes oficiales, capitán don José Delgado, teniente don Agustín Larios, y el jefe del mismo cuerpo teniente coronel don José Montes de Oca, quien con el capitán don José María Castillo, en el ardor de la pelea, acudieron con denuedo a contener y desbaratar el ataque de Rendón.

No se ha disparado un cañonazo por nuestra parte, ni usado la artillería para otra cosa que para asegurar la victoria, pues durante la acción mandé al teniente coronel don Juan Terán la situase en los puntos más convenientes para sostener la infantería y caballería, que con intrepidez se adelantó más allá del tiro.

Por un favor especialísimo de la protección divina, que tan palpablemente asiste a los defensores de la más justa de las causas, solamente puede haber sucedido que en acción tan reñida no haya habido desgracia ni en un herido siquiera.

De todo suplico a vuestra señoría informe al excelentísimo señor capitán general.

Dios guarde a vuestra señoría muchos años, campo de batalla en Xuchatengo, septiembre 7 de 1813.

José Manuel Terán.

El redactor de este periódico se atreve a dar las gracias más expresivas a los señores don José Manuel Terán, su hermano don Juan, don Bernardo Portas, don José Montes de Oca, y a la valiente división que mandan.

Continuad, preciosos jóvenes, continuad en vuestras fatigas que serán dictadas por la prudencia de Fabio, para que seáis el apoyo de la patria y ornamento de la América; recibid entre tanto un tributo de lágrimas que os rinden mis ojos al formar estas líneas, y creed que cuando vuestros conciudadanos olvidasen vuestros servicios ellos tendrán un asilo seguro en mi corazón, cuyo agradecimiento, admiración y entusiasmo pasará más allá del sepulcro.

Fuente:

José María Morelos y Pavón. Documentos de su vida y lucha revolucionaria. Tomo VI. Congreso de Chilpancingo. 1813. Segunda parte. En la insurgencia. Centro de Investigaciones y Ediciones Históricas, A. C. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Secretaría de Cultura de Michoacán. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas de: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo. CD ROM. México, Primera edición electrónica, 2012.

[Correo Extraordinario del Sur, Oaxaca, septiembre [entre el 7 y 8)] de 1813.

La duda en la fecha de publicación de este Correo Extraordinario se debe tanto a que el parte de Terán tiene fecha posterior al 4 (que es el día que aparece en la primera página como de su publicación), como por la nota que aparece en su penúltima pagina, que dice: “diversas ocurrencias retardaron la publicación de este periódico, y cuando comenzaban a tirarse algunos ejemplares se recibió el siguiente [parte]”, refiriéndose al de Terán.

El número posterior del Correo Americano salió el 9 de septiembre.]

Notas:

1. Correo Americano del Sur, XXXVII, Oaxaca, noviembre 11 de 1813.