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Siglo XIX > 1810-1819 > 1813

Reflexiones sencillas. Defensa del movimiento insurgente; Carlos María de Bustamante.
Oaxaca, octubre 21 de 1813.

La carta que mi amigo el doctor don Francisco Antonio Velasco dirige a su hijo el señor doctor don Francisco Lorenzo Velasco de la Vara desde Guadalajara, fecha en 7 de julio del corriente año, se ha insertado en la Gaceta de México número 424, tomo 4, como una de las mejores producciones con que se pueden pintar los horrores de la revolución para reducir incautos a que la detesten.

Óigame por un momento mi amigo el tal doctor y padre adolorido, y crea a un hombre de bien que lo ama desde el año de 1801, como a toda su familia.

Soy el primero que sellará con su sangre que la revolución de la América es santa, justa y necesaria; ya lo he mostrado en El Patricio, o Anti-raigadas, obra escrita entre los sobresaltos y temores de ser aprehendido por la junta de seguridad en el acto de formarla, y en la que no desarrollé muchas ideas importantes por temor de comprometer a algunos sujetos que viven en México.

Día vendrá en que dé a luz el Dialogo de los muertos, o Juicio de Plutón, obra trabajada con mayor esmero.

Hablemos ya sobre lo que he observado prácticamente.

Salí de México y me refugié en Zacatlán; fióseme aquel gobierno y comandancia por el señor mariscal Osorno, que me entregó sin reserva su corazón; noté algunos defectos, como robos y violencias, pero apenas puse mano al remedio cuando luego lo conseguí; en el carnaval del presente año no entró un hombre en la cárcel; todo el pueblo se divirtió con danzas de alegría y nadie delinquió.

Los comandantes de los cantones ajustaron sus procedimientos a lo recto, y apenas el coronel don Juan de Dios Ramírez se mostró pertinaz en sus vicios, cuando decretamos su arresto, le proseguimos y obligamos a buscar asilo en el gobierno de México, que lo sacrificó al honor del conde Castro Terreño no a la justicia.

En esta ciudad, a pesar de que encontré en ella una gruesa división de tropa, no he notado mayores excesos; en el anterior gobierno no bajaban de tres o cuatro asesinatos los que veíamos mensualmente; en el día apenas hay uno u otro herido.

Don Pedro José de la Vega fue alcalde en el año de 1786, y pasaron de dos mil los que entraron en la cárcel de sólo su vara, según los libros de asiento; en los nueve y medio meses corridos no llegan a ciento, siendo igual el celo de este honrado magistrado por la administración de justicia; la casa de Recogidas estaba antes llena, y aun temíamos que se apestase; en el día está vacía.

Oaxaca estaba poblada de mendigos que se veían a bandadas, ahora, apenas se ve uno u otro; entonces rogaba y sudaba una mujer para hallar labor en el estanco de cigarros; ahora ni aun anticipándoles el dinero se encuentra quien trabaje, porque tiene el sexo sobradas ocupaciones sin apelar a la prostitución.

No había gachupín que por lo regular no tuviera su manceba, y la que no ocurría al delito perecía de hambre. Yo veo piedad, oración en los templos; veo multiplicarse los casamientos en la iglesia; no noto escándalos mayores ni pleitos en la calle, luego, la revolución ha producido tales bienes; y cuidado, que soy originario de Oaxaca y puedo comparar tiempo con tiempo, y ser voto de justicia e irrecusable.

¿Cuáles son pues esos robos, estupros, asesinatos, que el señor Velasco nos figura en estas infames gavillas?

Cuando mi esposa salió de México la condujo una escolta del señor coronel Montaño, de ese valiente con cuyo cadáver jugaron por quince días las religiosas tropas del gobierno; pero los insurgentes la trajeron con el respecto y decoro que a una imagen.

Lo que hay de cierto es que el amor propio de los presumidos españoles y (los blancos) se reciente altamente de ver a un negro con tres galones o un bordado; pero, señor doctor, gracias a éstos que se movieron a salvar la patria, como no lo hicieron los marqueses, condes y barones de nobleza rancia que se están rascando la barriga en México y murmurándonos; que a no ser por aquellos, días ha que habríamos pasado a Bonaparte como muebles de traspaso; yo me honraré con dar excelencia y señoría a los que han fundado su blasón con su sangre, aunque sean más negros que Enrique Cristóbal, y me reiré de todos los oidores de Guadalajara, a quienes trata el señor doctor, y de cuyos plácitos y buen semblante ha pendido muchos años ha su fortuna.

No forme pues idea de lo que somos los insurgentes por lo que vio en Guadalajara cuando comenzó la revolución; entonces todo era confusión, todo grito y excesos; las cosas humanas tienen sus grados de progresión y perfección, que son obra de los tiempos.

Si el Señor Velasco viera la plana mayor del ejército grande, supuesto que gusta de exterioridades, acaso la admiraría.

Si examinase la justicia de la revolución por verdaderos principios de derecho público se convencería de ella y bendeciría la resolución de su hijo, ésta es la que lo ennoblece verdaderamente y no el estar infulado en Alcalá, tener capa de coro, o ser monacillo, ni haber nacido del vientre de la señora doña Vicenta Palafox Lozano; esta conducta debió examinarla usted a la luz del fino y delicado derecho de gentes, no de la curia ni demás autores de pane [sic] lucrando; así se habla, convenciendo al entendimiento; lo demás son declamaciones estériles de taberna de mercader gachupín, que nada dicen, y de que se burlan los hombres de juicio.

Coteje el señor doctor este estado con el de las capitales de Europa, aun en la más profunda paz; examine lo que pasa en Cádiz, y dígame si la historia le presenta en sus páginas revolución más tranquila, ni hombres más piadosos en medio del choque violento de las pasiones e intereses.

Por fortuna tenemos el contraste de lo que obran los gachupines, que hacen resaltar las virtudes de los americanos.

¡Oh, dichosa revolución, por la que el pobre tiene pan, el mendigo asilo, la doncella ocupación, la viuda apoyo, el huérfano padre, la religión escudo, la piedad protección, las leyes observancia, los pueblos seguridad, y el mérito recompensa¡.

Prosperad, armas americanas, para que fundéis un imperio en que florezca la religión; para que veamos poblados los claustros, para que nos familiaricemos con los justos, para que poniendo los pies en los umbrales de los monasterios percibamos luego el olor de la santidad

¡Oh, si mis ojos llegan a ver este cuadro que traza mi torpe pluma!

¡Oh, si llegan a ver a los hijos de Ignacio educando a nuestra juventud y llevando el nombra del crucificado hasta el último rincón de la América!

Día venturoso, ven presto, ven, y muera yo luego.

¡Ah, si el árbol de la libertad ha tenido algunas raíces amargas, qué dulces y sabrosos serán sus frutos!

Reflexione el señor Velasco sobre lo que pasa en Guadalajara, principalmente desde que es gobernada por don José de la Cruz, o llámese don José del diablo. Este impío, este ateísta práctico, enviado por Napoleón, y coludido con Venegas y Trujillo para entregarnos, ha inmoralizado a Guadalajara, ha desterrado el pudor del bello sexo, ha blasfemado de lo más santo, se ha burlado del sacerdocio, ha tratado a sus ministros como a una horda de puercos, ha insultado con las más groseras desvergüenzas a los canónigos que se le presentaron en cuerpo recibiéndolos en chinelas y bata diciéndole...

Voy a bañarme, y a... no le puedo decir..., es una insolencia que avergonzaría a Voltaire.

Ha hecho que el pueblo grite Viva España, con la ferocidad de los caribes, luego que cae muerto algún infeliz de los cuatro o seis que hace fusilar diariamente y descuartizar por mano de un negro; esta no es impostura; hable y desmiéntame Guadalajara.

Me ha parecido justo desmentir estas imputaciones que aparecen consignadas en los periódicos para que nuestra posteridad vea que han sido rebatidas por autores coetáneos y con hechos indubitables; si es un doctor el que nos acusa, también es un abogado el que vindica y sostiene la más justa de las causas y la más santa de las empresas, protestando delante de Dios que no ha entrado en ella por hambre, ni por malevolencia de corazón, sino arrebatado de la justicia.

Señor doctor, bien conoce usted al que le habla que es su afectísimo y antiguo amigo y compañero.

Licenciado Carlos María de Bustamante

Fuente:

José María Morelos y Pavón. Documentos de su vida y lucha revolucionaria. Tomo VI. Congreso de Chilpancingo. 1813. Segunda parte. En la insurgencia. Centro de Investigaciones y Ediciones Históricas, A. C. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Secretaría de Cultura de Michoacán. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas de: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo. CD ROM. México, Primera edición electrónica, 2012.

[Correo Americano del Sur, XXXIV, Oaxaca, octubre 21 de 1813.]