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Siglo XIX > 1810-1819 > 1813

Oaxaca en poder de José María Morelos.
Jueves 4 de marzo de 1813

CORREO AMERICANO DEL SUR, NÚM. II

AÑO TERCERO DE NUESTRA GLORIOSA INSURRECCIÓN

SIGUE LA EXPEDICIÓN DE OAXACA

Concluida la famosa jornada de Huaxuapa, siguió nuestro ejército la ruta de Tehuacán, en donde estuvo apostado durante el resto de las aguas, como S. E. lo había prevenido muy de antemano a S. M. la Suprema junta.

Ya entonces era Oaxaca el punto a que sé tiraban todas las líneas; pero ¿quien penetró los designios de S. E.?

Las disposiciones militares que de su orden superior se tomaba a un mismo tiempo en aquella plaza, y la de Izúcar, las providencias políticas, los movimientos de la tropa,

A pesar de las provisiones de víveres, y forrajes que se hicieron oportunamente en los pueblos del tránsito, no pudieron evitarse algunas escaseces, que agregadas a las dificultades que ofrecían al paso los ríos, las fragosidades y desfiladeros hubieran abatido a otros ánimos menos inflamados con el fuego del patriotismo.

Por lo demás no hubo obstáculo que impidiese, ni aun retardase las marchas.

Las tropas del virrey destinadas al Sur, se ocupaban en la empresa de reconquistar los puntos de Orizaba.

Habiendo desesperado Regules de tomar por asalto esta miserable plaza, porque cuantas veces lo intentó fue rechazado vigorosamente; creyó rendirla al rigor de un sitio, que mantuvo por espacio de noventa y seis días, hasta que el siempre invicto General del Sur se presentó sobre aquel campo el 23 de julio del año pasado de 1812, y en menos de medía hora lo deshizo completamente; quedando libres los esforzados defensores de la Patria, que con tanto honor se sostuvieron bajo las órdenes del Sr. Trujano.

Como la salida de S. E. al pueblo de S. Andrés Chalchicomula y venta de Ojo de Agua, y como la gloriosa acción de Orizaba producir otros efectos ventajosos, a fijar la atención del enemigo en distintos objetos, mientras que con secreto y energía se activaban las medidas convenientes para el arduo proyectado intento.

Ozumba, Orizaba y Aculzingo excitaban los desvelos del tirano, dándole margen para forjar, y publicar sus imaginados triunfos; entretanto que la división de Izúcar al mando del Sr. Mariscal D. Mariano Matamoros, que se reunió en Tehuacán, marchaba tranquilamente a la vanguardia seguida de S. E. al frente del grueso principal del Ejército.

Tehuacán e Izúcar, el primero evacuado enteramente, y los dos segundos sostenidos por unas cortas guarniciones con orden de abandonarlos luego que se acercase el enemigo.

Ríonda que pudo temerse en aptitud de penetrar por la Místeca, estaba amenazado de una división nuestra al mando del Sr. Coronel Herrera, quien no le permitía moverse un palmo fuera de las excelentes posiciones que conservaba en la cuesta de Santa Rosa, Regules situado en el pueblo de S. Francisco Huyzo, apenas llegó a entender la aproximación del Ejército, que mal de su grado, siempre había reconocido vencedor, se replegó a la Capital.

Así es que nuestras tropas en el discurso de quince días avanzaron sin el más ligero tropiezo hasta tocar en el valle de Etla, acampando en la villa de este nombre, y hacienda que llaman de Viguera el 24 del último Noviembre.

S. E. que se situó en este punto a distancia de dos leguas de la ciudad, salió aquella misma tarde a reconocer el terreno, y acercándose a tiro de cañón, observó detenidamente el fortín del cerro de la Soledad.

Habiendo regresado al campo, dictó desde luego, y comunicó las determinaciones oportunas, para que se atacase al día siguiente.

Pero antes que hablemos de esta, memorable función, para que nuestros lectores puedan formar el debido concepto, nos ha parecido insertar a la letra la Descripción, que de la fortificación de Oaxaca dispuso por mandado de S. E. el Sr. comandante de artillería D. José Manuel Terán.

Esta bella capital se halla situada en una llanura tan igual, que por ninguna parte ofrece ventaja para el ataque, por no descubrirse al derredor altura capaz de una cómoda batería, a excepción del cerro de la Soledad al nornoroeste, en cuya falda comienza la población.

La cima de esta montaña, que por el dicho rumbo termina una cordillera de cerrillos, que viene desde la sierra de S. Juan del Rey, domina completamente a la ciudad, y estando a tiro de cañón, presenta el punto más a propósito para construir una ciudadela, u otra obra, que sujetando al vecindario, resguarde al mismo tiempo el camino principal, que enfila, y descubre a distancia de más de legua.

La garita de entrada a las orillas, del expresado camino está precisamente, en donde se fija el tiro del reducto, que oportunamente tenia construido el enemigo.

Esta obra fabricada con cabal conocimiento de la comodidad del punto, aprovechándola en cuanto fue posible, es un quadrílongo de capacidad hasta para doscientos hombres y catorce piezas de artillería, cuya dirección hacia todos sentidos facilitan otras tantas troneras, sin que por esto quede expuesto su considerable parapeto.

Por el norte, y en continuación del mismo cerro, para asegurarse de esta parte, la única por donde puede ser insultada la obra; cortó el enemigo la comunicación de dos lomas con un tajo profundo, y de competente latitud.

La falda de esta montaña por la parte de la ciudad es accesible, y tiene algunos planos, aunque pequeños, cómodos para colocar baterías, que auxilien, y aun hagan inexpugnable la trinchera de la calle de la Soledad; de manera que el que intente atacar a la ciudad por este rumbo, aunque desprecie los fuegos del reducto en la garita y dilatado trecho hasta ponerse bajo la fixante; queda, expuesto a los que con mejor dirección se le pueden hacer por su izquierda en los diferentes puntos, que tan a propósito presenta el cerro: maniobra qué seguramente disponía el enemigo, pues a costa de un penoso trabajo desmontó, y abrió camino para el manejo de la artillería; y que hubiera efectuado, si el asalto que el regimiento de S. Lorenzo dio a la principal obra, no hubiera sido tan violento, como irresistible, y al mismo tiempo que se batía la trinchera.

Esta se halla situada en la calle de la Soledad al pie de la montaña cerrando la avenida principal del Marquesado.

Es obra hermosa y magnífica por la buena construcción, así de las dos columnas en que gira su puente levadizo, como del parapeto y explanada, todo de mampostería, lo mismo que el revestimiento de su foso.

Por la vuelta que a su frente, y en distancia de tiro de fusil hace el camino, logra la ventaja de poder usar de esta arma en contra de los que con la artillería intenten atacarla; no menos que la de ser protegida por los fuegos exteriores a su derecha, como apoyada al pie del cerro, y cubierta con edificios firmes, entre ellos el de la iglesia de la Soledad inmediata a su espalda, y muy a propósito para impedir, que se escalaran las azoteas que la dominan.

En este punto verdaderamente inexpugnable se apoya la línea de circunvalación, que compuesta de obras correspondientes a la referida, y siendo en todo iguales las que se colocaron hacía las entradas de carruajes; viene a formar la fortificación más respetable.

Comenzando por la izquierda de la trinchera de la Soledad, se dirige por la diagonal del primer cuartel mayor de esta capital, y corre paralela al oriente hasta la calle de la alhóndiga, y su inmediata de S. Francisco, donde da vuelta, y están sus puntos más avanzados; en cuyo intervalo se cuentan quince parapetos, algunos con cortaduras para cañón y todos, llenos de agua, de ocho varas de ancho, y tres de profundo.

Este lado se formó con singular astucia, pues bastando ocho trincheras para cubrir el costado; las siete de aumento se pusieron en las encrucijadas, para proporcionar fuegos encubiertos con que sorprender los ataques, que a poca distancia se diesen de frente, o contenerlos donde fuesen poco temibles: mira que se deja percibir con más claridad en el camino que entra a la ciudad por la calle de la monterilla; pues en ella, y adelante del punto en que se cruza con la de S. Juan de Dios está una trinchera con puente levadizo para carruajes, que solo puede ser atacada muy de lejos, impidiendo la aproximación los dos fuegos avanzados a su izquierda de los parapetos colocados en las calles de quiebraplatos; y cerrada de S. Francisco.

De este último punto dobla la línea al nordeste casi por la otra diagonal del cuarto cuartel mayor, multiplicando siempre los fuegos, como en el lado anterior; pero con la circunstancia de que desde la calle de S. Pablo hasta el norte de la encrucijada de S. Juan con la de casas reales se halla la línea doble, y como circuyendo las manzanas comprendidas, o por incluir en la defensa ciertos edificios, o porque se desconfió de la poca firmeza en que se apoyan las obras de la primera línea; de manera que haciendo algunas variaciones, así en esta como en la doble, cierran un espacio que se puede defender aun perdido el resto de la ciudad.

De allí sigue hasta el punto bien atrincherado de la calle de palacio al poniente de su encrucijada con la calle de S. Juan, diametralmente opuesto al de la Soledad, y contínua por la diagonal del tercer cuartel mayor, en cuanto lo permite el designio de batir con dos o más fuegos al que emprendiere el ataque de frente desde alguna encrucijada.

Este lado termina por el norte con tres parapetos que pertenecen a e, y dos al otro lado, y entre los cinco forman una especie de bastión cuyos fuegos encubiertos están colocados en los ángulos flanqueado, y de las espaldas, cada uno en su calle; siendo el primero el más avanzado de toda la línea por este rumbo en la tapia de la huerta nombrada del chantre, cuya obra corresponde diametralmente ala de S. Juan de Dios; y doblando aquí la línea se dirige otra vez por la diagonal del segundo cuartel mayor hasta unirse por la derecha a la trinchera de la Soledad, quedando en su recinto defendidas quince calles de las que están de oriente a poniente, que es decir, tres menos de las que tiene esta capital en su mayor longitud, y catorce de las que corren de norte a sur, o cuatro menos de las que forman la latitud total de la población.

La figura de la línea se asemeja a un rombo imperfecto, cuyas diagonales se hallan en toda la calle de la alhóndiga, yen la imaginaria tirada desde el punto de la soledad hasta el crucero de la calle de palacio con la de S. Juan.

S. C

Xamiltepec

El Sr. Brigadier D. Miguel Bravo al Exmo. Sr. General del Sur.

La victoria obtenida contra los rebeldes el día 9 y 10 del presente por las temibles armas de la nación, continúa produciendo sus buenos efectos.

El día 12 se me presentaron, desengañados ya por una triste experiencia, mas de cIen hombres con algunas armas, y el día 13 noventa de los de Huazolotitlan con treinta fusiles y varios machetes; todos mozos y valientes.

Hemos encontrado ahora después un cañón, un poco de pertrecho, mucho algodón, algún cacao y setenta tercios de tabaco Se están recogiendo por la tesorería nacional otros renglónes, y reconociendo los ranchos circunvecinos, de que daré aviso a V. E. oportunamente.

Está para llegar la gente de PInotepa, de S. Pedro y aun la de Tututepec, según dice su comandante.

D. Juan Armengol.

Este ha ofrecido presentar toda la gente que mandaba, y yo sacarlo de la prisión en que lo tengo, luego que lo verifique.

Por estos rumbos abunda el azufre y salitre, y D. Miguel Rivero me avisa haberme, remitido alguno en sus propias mulas; lo que sí se escasea mucho, es el plomo.

Con mí entrada a este pueblo y la reunión de sus vecinos, se han acobardado bastante los negros de Paris; pero más los gachupines, pues según informan, han remitido a Acapulco cuanto tenían.

Dios guarde a V. E. muchos años.

Cuartel subalterno en Xamiltepec febrero 14 de 1813.

Exmo.

Sr. Miguel Bravo,

Exmo. Sr. Capitán General D. José María Morelos.

EN LA IMPRENTA NACIONAL DEL SUR

Fuente:

Independencia Nacional Tomo II. Morelos – Consumación. Coordinador: Tarsicio García Díaz. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Seminario de Independencia Nacional. Universidad Nacional Autónoma de México – Biblioteca Nacional – Hemeroteca Nacional. México, 2005. Páginas 165-170. Tomado de: Correo Americano del Sur. Periodismo Insurgente. V. I, p. 116.