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Siglo XIX > 1810-1819 > 1813

Correo Americano del Sur, número XXXVII.
Jueves [12] de noviembre de 1813.

Año cuarto de nuestra gloriosa insurrección

El señor gobernador de esta plaza, don Benito Rocha y Pardiñas, ha recibido del teniente coronel don José Manuel Terán el siguiente parte Voy a hacer a vuestra señoría una relación de todos los movimientos de esta división desde el día 2 en que salí de Coatlan, con el objeto de que se apreciaran sus tareas y constancia infatigable, las que sólo sabrá apreciar el que prácticamente conozca el terreno donde ha operado y como caminante haya tenido la incomodidad de transitar los caminos que los individuos que la componen han pasado como soldador.

El día 3 salí del pueblo de San Gerónimo, último albergue que se encuentra en la sierra, con una guerrilla de sesenta hombres para apoderarme de la cumbre antes que el enemigo, a quien hice creer que me dirigía por otro camino para Xuquila y pudiese reforzar un destacamento que allí tenía; las medidas fueron tan justas que nos apoderamos de ella al momento mismo que acabaron de construir los negros una barraca con el fin de acantonarse, y como por la lumbrada y otras señales del reciente abandono infirióse que no podían distar mucho, mandé al capitán don José Delgado siguiese en su alcance; a distancia de legua y media se les encontró y se les hizo fuego, y aunque por el cansancio de la caballería desesperábamos llegar a las manos, ellos por su parte nos lo facilitaron haciendo alto en una loma, de donde los desalojó aquel oficial con unos pocos soldados que aún tenían aliento para batirse, después de caminar doce leguas y sin haber tenido tiempo para rancho. Siguió quitándolos de la loma, y el resto de la guerrilla tras él para sostenerle, hasta que la proximidad de la noche y un furioso aguacero me obligó a suspender marcha tan penosa.

No así el referido Delgado y ayudante de artillería don Santiago Roc, quienes considerándose sin abrigo en una sierra extremadamente lluviosa y fría, y sin arbitrio para retroceder a donde yo me hallaba por la oscuridad y cansancio de los caballos, resolvieron llegar al trapiche de San Cristóbal, distante de mi campo cinco leguas, atacar en él al enemigo y echarlo de allí, como en efecto lo verificaron, dándome parte de ello a las doce de la noche, hora en que dispuse prontamente la continuación de la marcha, avisando al señor Portas para que se acelerase con el resto antes que el enemigo pudiese cargarme con toda su fuerza.

Llegué al trapiche a las nueve, del que salí al instante en solicitud de mejor posición que encontré en una loma donde estuvimos sobre las armas todo el día observando de cerca la descubierta enemiga.

Mi ventajosa situación embarazaba la tentativa que los negros podían proyectar atenidos del poco número, y me mantuve en ella hasta que reunidos el día 5 me propuse atacar el 6.

Sin embargo de que Xuchatengo dista tres leguas del sitio en que acampé y que la avanzada se acercó cuanto pudo al pueblo, no pude adquirir noticia alguna de la situación o designios de los rebeldes, y no obstante, a la madrugada del 6 nos pusimos en marcha en la formación única que permite el terreno, que es en columna prolongada de uno de frente, en la que llegamos hasta la playa del río, que hace una vasta llanura, a tiempo que la descubierta de cuarenta hombres de caballería a órdenes del capitán Delgado había empeñado una acción con el enemigo, a quien halló oculto entre la maleza.

No pudimos hallarnos en situación más peligrosa e incómoda, pues toda la tropa caminaba con dificultad por entre una cañada de legua y media, donde la ignorancia de los negros quiso perdonarnos; aceleró cuanto pudo la infantería su marcha, que era al cargo del señor teniente coronel Portas, para sostener a la descubierta y tomar terreno despejado donde pudiese operar el resto, lo que se verificó al instante rechazando al enemigo y haciéndonos dueños de la mitad de aquella llanura, donde cómodamente pudimos montar la artillería y formar en batalla; pero era ya tiempo en que el enemigo retrocedía aunque en buen orden, y cambiando el paso con nuevo ardor volvió al ataque cuando divisó una partida que por un empinado cerro de nuestra izquierda bajaba al paso de ataque en su socorro.

Este era el cabecilla Manuel Rendón que, engañado por los indios a quienes mandé componer el camino de Xuquila, se ocupaba en cortármelo y embarazármelo con árboles mientras tomamos el de Xuchatengo, sin haber podido presentarse antes de hora a la defensa de este último pueblo y amenazando por dicha loma cortar la retirada a los que ya combatían, alentó a los suyos a que volviesen a la carga; mas como él se hallaba en paraje desde donde podía observar que la artillería bien sostenida se hallaba toda de reserva, retrocedió, no pareciéndole prudente entrar en acción con un trozo que bien manejado podía darles la victoria; con lo que desanimados de una vez los del llano, y cargados impetuosamente por los nuestros, se desordenaron y huyeron tirando las armas y desembarazándose de todo lo que podía suspender su velocísima carrera.

No dirigieron ésta por el llano que conduce a Xuchatengo, donde su infantería había experimentado toda la bravura de nuestra caballería que hubo de llegar a las manos con ellos, sino que abandonando todos los caballos y mulas se refugiaron a los espesos bosques de su derecha.

La mortandad que han sufrido resulta considerable por su mala táctica y audacia, que les hizo preferir el llano para situarse consistiendo su mayor fuerza en infantería sin recurso alguno para moderar el ímpetu de nuestra caballería; y procedió también del nuevo empeño que tomaron por el socorro de Rendón, pues en este acto se avanzaron al ataque por ambas partes hasta llegar a la arma blanca, distinguiéndose por el frente la compañía de cazadores de artillería con su teniente, don Mariano Lazcano, y la de granaderos de Orizaba con su oficialidad toda, dirigidas ambas por la capacidad y bizarría del señor teniente coronel don Bernardo Portas, y por el flanco derecho del enemigo el invencible regimiento de San Ignacio, contrayendo nuevo mérito sus valientes oficiales, capitán don José Delgado, teniente don Agustín Larios, y el jefe del mismo cuerpo teniente coronel don José Montes de Oca, quien con el capitán don José María Castillo, en el ardor de la pelea, acudieron con denuedo a contener y desbaratar el ataque de Rendón.

No se ha disparado un cañonazo por nuestra parte, ni usado la artillería para otra cosa que para asegurar la victoria, pues durante la acción mandé al teniente coronel don Juan Terán la situase en los puntos más convenientes para sostener la infantería y caballería, que con intrepidez se adelantó más allá del tiro.

Por un favor especialísimo de la protección divina, que tan palpablemente asiste a los defensores de la más justa de las causas, solamente puede haber sucedido que en acción tan reñida no haya habido desgracia ni en un herido siquiera.

De todo suplico a vuestra señoría informe al excelentísimo señor capitán general.

Dios guarde a vuestra señoría muchos años, campo de batalla en Xuchatengo, septiembre 7 de 1813.

José Manuel Terán.

El redactor de este periódico se atreve a dar las gracias más expresivas a los señores don José Manuel Terán, su hermano don Juan, don Bernardo Portas, don José Montes de Oca, y a la valiente división que mandan.

Continuad, preciosos jóvenes, continuad en vuestras fatigas que serán dictadas por la prudencia de Fabio, para que seáis el apoyo de la patria y ornamento de la América; recibid entre tanto un tributo de lágrimas que os rinden mis ojos al formar estas líneas, y creed que cuando vuestros conciudadanos olvidasen vuestros servicios ellos tendrán un asilo seguro en mi corazón, cuyo agradecimiento, admiración y entusiasmo pasará más allá del sepulcro.

Parte que ha recibido su alteza serenísima del señor mariscal de campo don Nicolás Bravo

Serenísimo señor.

Ya dije a vuestra alteza serenísima en mi anterior, que desde el día 4 del pasado me había atacado una división de mil y quinientos hombres, y que después de haber sido rechazados trataron de ponerme un sitio auxiliados de otros quinientos que vinieron de Puebla al mando de Águila.

El día 12 instaron bastante los oficiales contrarios a los míos para que yo les escribiese, y temiendo que se pasasen algunos convine en mandarles un oficio; mas esto sirvió para darme a conocer que sus instancias sólo tenían el objeto de provocarme, en lo que me confirmó un oficio impolítico que me dirigió el mandarín Antonio Conti.

Pero qué bien se desengaño éste el día 16 de que me podía defender, pues empeñó una acción vigorosa, y a las cuatro horas de fuego fue rechazado por cuantos puntos acometió con mucha pérdida de muertos y heridos, incluso él de una pierna.

Viendo yo que a pesar de esto seguían estrechándome el sitio, oficie a los señores coroneles Sánchez y Arroyo, los cuales enviaron su gente al mando de subalternos; pero éstos ningún socorro pudieron darme pues a los cuatro o cinco días desaparecieron.

Asimismo pasé oficio al excelentísimo señor teniente general don Mariano Matamoros, y estando en espera de su respuesta me volvió a acometer el enemigo el día 3 del presente, saliendo escarmentado como siempre.

Pero habiéndoseme acabado en aquel día los pertrechos, determiné retirarme el siguiente, lo que verifiqué a las tres de la mañana con todos mis cañones y demás armas; siendo tan feliz mi salida que no perdí lo más mínimo y logré sacar mi división bien reunida por enmedio de los campos enemigos sin dispersarse un solo soldado, dejando al enemigo burlado y con la pérdida de más de doscientos hombres muertos y muchísimos heridos.

La mía se redujo a cinco muertes y doce heridos, entre éstos el capitán de cazadores don Nicolás Anzures, y el ayudante don Nicolás Agüero de heridas leves.

En general recomiendo a vuestra alteza serenísima toda esta división, pues cada día da muestras de su valor y entusiasmo.

No he dado ningún auxilio al señor coronel Peredo, que se halla en Mizantla.

Dios guarde a vuestra alteza serenísima muchos años.

Cuartel general en Huatuzco, 6 de octubre de 1813.

Nicolás Bravo.

P. D. El enemigo luego que entró en la plaza inundó el pueblo, y marchó a las Villas.

Serenísimo señor don José María Morelos, generalísimo de nuestras armas.

Concluye el Sat patriae... datum

He hecho cuanto ha estado en mi corto alcance para persuadir a los americanos a la conciliación; más ya no está en su mano ni en la mía.

El gobierno español se ha rehusado a la amistad, a la humanidad, a la justicia, y aun a sus propios intereses.

¿Qué les resta hacer a los americanos?

¿Se han de entregar a la discreción de semejantes señores fiados en la defensa de una tercera parte de representantes en el congreso?

¿A esperar justicia de él contra la sumaria que les ministran los virreyes y audiencias?

Antes me cortaría la mano con que escribo que recomendar tan funesto abatimiento.

Una sola cosa sacrificaré en este punto al respeto de mi patria.

Al desvanecerse para siempre la esperanza de conciliación, me ha sido preciso presentar este pequeño bosquejo de las razones que he alegado en la cuestión presente.

Mas nunca tomaré la pluma para atizar el fuego de los españoles americanos en esta funesta guerra.

Decídala la espada y el Dios de la justicia sin castigar a mi patria de los errores de los gobiernos.

Yo doy punto aquí sobre la cuestión privativa y sólo trataré de dar mis consejos a los pueblos de América (que son los únicos que se muestran inclinados a oírme) a fin de que eviten otros males que los amenazan.

Tales son el jacobinismo y francesismo.

Pero ya no es posible acopiar en esta carta tan distintas y copiosas materias.

Tendré el honor de dirigir a usted otra que sea contestación más directa a ciertos puntos de la suya, esperando entre tanto que me dispense el que las circunstancias actuales no me hayan dejado volver la vista a otras materias.

En la Imprenta Nacional del Sur.

Fuente:

José María Morelos y Pavón. Documentos de su vida y lucha revolucionaria. Tomo VI. Congreso de Chilpancingo. 1813. Segunda parte. En la insurgencia. Centro de Investigaciones y Ediciones Históricas, A. C. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Secretaría de Cultura de Michoacán. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas de: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo. CD ROM. México, Primera edición electrónica, 2012.

[En el impreso de este número aparece la fecha 11 de noviembre, pero si el periódico salía los jueves la fecha debía de ser jueves 12 de noviembre, o si es 11 debía de ser miércoles 11 de noviembre. Se decidió por cambiar la fecha a la cotidiana del jueves y resaltar el error de la notación. Nota a la Edición Electrónica.]