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Siglo XIX > 1810-1819 > 1813

Correo Americano del Sur, número XXXV.
Jueves [28] de octubre de 1813.

Año cuarto de nuestra gloriosa insurrección

El señor gobernador de esta plaza, don Benito Rocha y Pardiñas, ha recibido del excelentísimo señor don Carlos María de Bustamante las declaraciones siguientes

Acción gloriosa de la Agua Quichula

A domino factum est istnd, et mirabile est nomen ejus in oculis nostris

En el pueblo de Huaxapam, a veinte y tres días del mes de octubre de 1813, ante mí, el excelentísimo señor licenciado don Carlos María de Bustamante, inspector general de la caballería del sur y vocal representante del pueblo de México, se presentó don Fernando Rico originario de Cadaredo en el principado de Asturias, teniente del batallón de este nombre, prisionero en la acción del 14 del mes corriente por el excelentísimo señor teniente general don Mariano Matamoros, en el lugar llamado Agua de Quichula, juramentado en forma y bajo palabra de honor ofreció de decir verdad en lo que fuese preguntado dijo:

Que salió de Puebla a la expedición de San Juan Cozcomatepec, comandada por el teniente coronel del batallón de Asturias don Juan Cándano, la cual constaba de la fuerza siguiente: 100 soldados de Tlaxcala, 400 de Asturias, 100 cazadores de América, 350 del batallón de ídem, 100 granaderos de la columna, 60 dragones de Tulancingo, 70 ídem de Puebla, 30 ídem de España, 40 ídem de México y dos cañones de a 6 que llevó el teniente coronel don Antonio Conti...

Que el día de su llegada hicieron un reconocimiento de la plaza para situarse, en el que no empeñaron acción, pero supieron la pérdida de tres muertos y doce a catorce heridos; que al segundo día dieron un asalto formal a la plaza de Cozcomatepec en el que fueron rechazados, perdiendo más de veinte muertos y más de ochenta heridos, inclusos dos jefes que lo fueron el mayor del batallón de América don Antonio Conti y don Francisco Caminero mayor de Asturias.

Que conservaron sus posiciones por algunos días hasta que el campo fue atacado por retaguardia por las tropas auxiliares americanas de los señores Sánchez, Luna y Montiel, en cuyo ataque hubo treinta y seis muertos y muchos heridos.

Que habiendo salido 100 infantes por víveres a Orizaba, mandados por don José Benavides, oficial del batallón americano, fueron rechazados en las inmediaciones del puente de Tomatlán, teniendo seis hombres muertos, doce heridos y varios prisioneros; que conduciendo a varios heridos a la villa de Córdova en la barranca de Metlapeque, fueron atacados por dichas tropas auxiliares, sufriendo el descalabro de algunos heridos.

Que perdida la esperanza de entrar en la plaza la fuerza del gobierno, fue aumentada con 400 granaderos de la columna, 50 dragones de México, 2 cañones de a 8, y 2 obuses al mando del coronel don Luis de Águila, el cual no hizo más que estrechar la línea y obras de fortificación pero sin asaltar la plaza, y cuando se preparaba a hacerlo, aproximándose por el camino cubierto que había hecho, evacuó en esa misma noche (cuya fecha no se acuerda) la plaza el señor Bravo, sacándolo todo de ella, menos dos cañones de a 8 de fierro colado que dejó clavados en la trinchera, y un herido de los del batallón de Fernando VII, de los que están a su mando, y ocupado el pueblo lo incendiaron totalmente, saqueando la iglesia, todo lo cual supo el declarante desde Orizaba donde residía con comisión de su jefe, sin haberse hallado en ninguna acción de las de Cozcomatepec, pero sí presenció el ataque que los auxiliares de esta plaza al mando del teniente coronel Luna dieron en Orizaba, en el que hubo diez muertos en la garita y tres heridos, salvándose el oficial, cabo y sargento de la guardia, de lo que resultó que se llevaron mil setecientas mulas designadas para conducir el convoy de tabacos luego que se concluyese el sitio de Cozcomatepec; que luego que se supo la evacuación de esta plaza, hecha de noche con todo silencio y orden, se destacaron por la mañana 250 hombres del batallón de América por la derecha, camino de Huatuzco, al mando del capitán don Juan Rafo, y por la izquierda fue igual número del de Asturias al del comandante Candino, el cual no encontró al señor Bravo, pero sí el capitán Rafo, el cual tuvo una acción en la barranca de Huatuzco en la que fue rechazado.

Que reunidas las tropas en Orizaba se determinó sacar un convoy de tabaco con las mulas que habían quedado y recogido, juntándose a las que llevó Águila, y no llegarían a 300; que salido el convoy escoltado con la fuerza de novecientas a mil plazas, que las componían Asturias, Fernando VII, voluntarios y dragones de Puebla y México, un cañón de a 4, fueron atacados en la cañada de Yxtapa a retaguardia por el teniente coronel don Ignacio Luna, teniendo de pérdida un sargento de dragones y dos heridos; que habiendo salido de San Agustín del Palmar para Tepeaca en las llanuras de dicho pueblo y Acacingo, los atacaron a retaguardia los señores Sánchez y Arroyo, y a la derecha Luna, y la tropa del señor Mariscal Osorno, batiéndose en guerrilla por espacio de dos leguas; que en el rancho de las Tusas se encontraron con la división del excelentísimo señor Matamoros que, aunque era de caballería, echaron pie a tierra sus soldados y los atacaron por vanguardia y el costado, al mismo tiempo que el declarante y tropa del gobierno marchaba en retirada y por escalones, y viendo inútiles sus esfuerzos de defensa formó la tropa el cuadro, en cuya formación marchó como legua y media; y la caballería que escoltaba el convoy flanqueó la derecha del señor Matamoros, pero fue rechazada con su artillería, retirándose precipitadamente, en cuya sazón, y viendo en fuga la caballería, y agotadas las municiones, se desordenó el cuadro, entrando espada en mano la caballería americana que causó un estrago espantoso, pues a juicio del declarante murieron más de doscientos hombres en el escape, quedando prisioneros cuatrocientos y muchos heridos, habiendo escapado sólo los que pudieron, aunque heridos, ponerse a la cabeza del convoy; de él se salvó la mayor parte; qué la acción duró desde las seis de la mañana del día 14 del corriente hasta la una de la tarde; que el comandante del convoy don Manuel Martínez del Quadro del Rivero, se situó viendo la infantería derrotada al lado de la barranca de la Agua Quichula, formando trinchera con los tercios del tabaco, donde tiró unos cuantos cañonazos pero no fue perseguido por orden del excelentísimo señor Matamoros; que el comandante del batallón de Asturias hecho prisionero murió cristianamente de la estocada mortal que recibió; que lo dicho es la verdad, so el juramento que tiene interpuesto y palabra de honor, y lo firmó conmigo y demás oficiales que subscriben, a cuya presencia declaró.

Licenciado Carlos María de Bustamante.

Fernando Ruiz.

Luna.

José Manuel Herrera.

Certifico y juro, que la presente declaración está asentada fielmente y hoy, a las nueve menos un cuarto de la mañana entraron en este pueblo prisioneros ciento cincuenta y tres europeos, esperándose otras dos cuerdas de igual número, a los que he mandado tratar con toda la humanidad que caracteriza y es genial en la nación americana, según lo manda Jesucristo y prescribe el derecho de las naciones que he jurado guardar; que a la oficialidad la he socorrido, siendo por ahora seis oficiales y tres cadetes; sentándola a comer a mi mesa, la cual me ha manifestado que el gobierno europeo los ha engañado vilmente, y para su perfecto desengaño les he explicado la justicia de nuestra revolución, ministrándoles además varios impresos, con cuya lectura se han aquietado; quiera Dios que este ejemplo de filantropía produzca en todos los aturdidos los mejores efectos, para que reuniéndose como amigos y hermanos, bajo las alas de la majestuosa águila mexicana, sean felices y bendigan en el exceso del entusiasmo la rectitud de corazones.

Huaxuapan y octubre 23 de 1813, a las dos de la tarde.

Licenciado Carlos María de Bustamante.

Sigue el Sat patriae... datum

Aun cuando los títulos de la guerra con la América fueran los más justos del mundo (que son los más injustos según se ha visto), y aun cuando en terminarla con una negociación pudiera perder algo la España (que es muy al contrario), o nada significan para el gobierno las voces amistad y agradecimiento, o debían haber dado a la Inglaterra esta prueba de ambas cosas, la única que pudieran esperar que se les presentase por ahora para corresponder a tantas como han recibido y reciben de esta íntima aliada.

No formaré yo aquí la lista de los servicios que Inglaterra ha hecho a la libertad española en esta guerra; no hay español que no los tenga presentes, si se exceptúa un puñado de Cádiz; y aun por si pudieran olvidarse, las circunstancias de España en el día son como un visible compendio de todo lo que debe a la nación inglesa.

Vuelvan los ojos al centro de la península, extiendan la vista hacia ambas costas opuestas y verán la parte que tienen los ingleses en esa libertad de que jamás han estado tan cercanos.

Acuérdense después de la conducta que han observado los gobiernos de España desde los primeros momentos de la alianza, de las sospechas de la junta central; de sus temores de que los ingleses trataban de apoderarse de Cádiz; de las voces de que pedían la isla de Cuba; del alarde con que se habló en sus manifiestos; de las negociaciones difíciles que habían manejado en estas materias; de su conducta con el libertador de la España, a quien la victoria acaba de poner fuera los alcances de la envidia.

Acuérdense de las repulsas que han sufrido las propuestas hechas para dar a España un ejército español tan efectivo como no pudiera tenerlo; del modo con que rechazó la modesta petición que se dirigía a habilitar al grande Wellington, a que pudiera contar con los medios que ofrecen las provincias, que con los de su nación ha salvado de manos del enemigo.

Acuérdense, en fin, de la constante sospecha que ha caracterizado a la política observada con la Inglaterra, y digan los verdaderos españoles si no era ya tiempo de dar una prueba de confianza.

Me parece que oigo a los campeones del partido que ha extraviado a las cortes en los puntos que tienen relación con el presente.

Me parece que los oigo en los raptos de su alegría celebrando el triunfo recién ganado.

Me parece que dicen: ¿pensarán que no los conocíamos?, hagan la guerra, pues su interés es hacerla; seguros estamos de que nos abandonen.

Londres se defiende en Valladolid y Salamanca; por lo menos sabrán que en Cádiz hay políticos que puedan dar lecciones a los de S. James.

Que se dirán éstas y otras cosas semejantes; que la repulsa de la negociación está fundada sobre tales principios, y que son los favoritos del partido dominante en Cádiz, es para mí más claro que la misma luz del día.

Pero conozco demasiado bien las buenas y generosas cualidades del corazón español para ni aun sospechar que trasciendan de aquellas murallas si no se buscan en sus colonias de monopolistas que se hallan repartidos en sus colonias de ultramar.

Apruebe tal conducta el que quisiere; yo solo diré de ella que si para ser político es preciso imitarle, será preciso también desnudarse de cuantas virtudes más nobles adornan el corazón humano.

¿Qué adelantarán con un proceder tan odioso y mezquino?

Hacerse aborrecibles a propios y ajenos, y cargar a la desgraciada España con las funestas consecuencias de este miserable orgullo.

Ellos han puesto el sello a la independencia americana; y lo peor es que es un sello marcado con sangre propia de sus hermanos.

La América española ha sido y está siendo un teatro de horrores; estos horrores irán en aumento cada día por el odio que acaba de confirmar contra sí el gobierno de España, y por las causas que ya he alegado cuando disuadí a los americanos de la absoluta independencia.

(Se continuará)

En la Imprenta Nacional del Sur.

Fuente:

José María Morelos y Pavón. Documentos de su vida y lucha revolucionaria. Tomo VI. Congreso de Chilpancingo. 1813. Segunda parte. En la insurgencia. Centro de Investigaciones y Ediciones Históricas, A. C. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Secretaría de Cultura de Michoacán. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas de: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo. CD ROM. México, Primera edición electrónica, 2012.