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Siglo XIX > 1810-1819 > 1813

Correo Americano del Sur, número XXXIX.
Jueves [26] de noviembre de 1813.

Año cuarto de nuestra gloriosa insurrección y segundo de nuestra libertad en esta ciudad de Oaxaca

Hay alguna diferencia entre la libertad y la opresión: el hombre dueño de sus acciones respira, y como que se perfecciona por la primera como por una virtud que fija el carácter de la felicidad; pero aquella, madre desgraciada del llanto y de la tristeza, derrama la amargura por donde quiera que va.

Oaxaca existe libre... y agradecida bendice el día venturoso en que su libertador la miró.

¡Quiera Dios (dice), que se rompan las cadenas de los pueblos oprimidos! J. M. C.

Carta que dirigía a un chaqueta eclesiástico de Orizaba Muy señor mío y de mi respeto: la verdadera voluntad que le profeso me dirige para comunicarle, ya ese extracto fiel de noticias auténticas, [Ver Nota 1] ya una parte de mis pensamientos análogos a su establecimiento y felicidad.

Soy tan hijo de mis padres, que en cuanto se trasladen las copias necesarias le remitiré el original; y tan amigo de la salud común que nunca mejor rebosará mi espíritu en un placer sabroso y dulce que cuando vuestra merced rompa esas cadenas de esclavitud que arrastra.

Vamos claros: a la fecha el mérito de vuestra merced ¿en qué parte del mundo culto no se habría labrado una silla de honor y de descanso? ¿Y qué?

¿Un hombre de su penetración, es posible que no conozca sus privilegios radicales, sus exenciones y hasta la suerte dichosa o desgraciada de su posteridad?

¿Cabe acaso que los gachupines hayan fascinado esos ojos para no mirar la propia desgracia y abatimiento en la historia trágica de la América, prolongado el despotismo casi por tres siglos?

¿Cabe también que de nuestras manos incontaminadas se hayan servido para derramar a torrentes la sangre, y la sangre preciosa de nuestros hermanos?

En la retirada que acabo de hacer de Tuxpan porque tenía diez y siete armas, [Ver Nota 2] y al día siguiente entraba Venegas en Orizaba con dos mil hombres, me mataron un negro decrépito no sólo inerme sino eximido de las faenas por inútil, un niño tierno de nueve años, desnudaron algunas morenas incautas e incendiaron la casa del palenque.

¡Qué triunfos! Pero digo, esa conducta detestable, que hará siempre execrables a sus autores inicuos, en un día de...

¿Dejará de acarrear sobre V. M. la indignación?

Sangre inocente de José María Mendoza y caliente todavía en los campos de Tuxpauguillo, no clames aún ante el trono del Eterno contra...

¡Calderón, negro e inhumano Calderón, tu ruina se aproxima!...

En efecto, ya se va el tirano opresor. Venegas ya se va, ¿y qué ha dejado a V. M. y a tantos criollos sin carácter?

¡Ah, una herencia de compromisos, odio, desprecio, y tal vez la muerte!

Ya camina el tirano, ¿pero a dónde que no lleve sobre sí la divisa de la maldición divina?

Escrito está que... el varón de sangre, ídolo, [Ver Nota 3] siempre ha sido un objeto de aborrecimiento para el padre, el hijo y el espíritu santo.

Ya huye y deja la América enlutada, ensangrentada, llorosa; pero protesto a V. M. que cuando el golfo irritado no lo sepulte, no escapará de los juicios de Cádiz, que ya se le han anunciado alguna ocasión, [Ver Nota 4] pero principalmente del golpe amagador de un enemigo poderoso que allí tiene en el presidente de la nueva regencia, el duque del infantado.

Ya escucho que se le dirá a Venegas: “vuestra excelencia perdió la América, suba V. E. al patíbulo”; ¿y qué suerte correrán los mandarines Torcuato, Porlier, etc., etc., etc.?

Compadezcamos V. M. y yo la situación de ese cainita, [Ver Nota 5] el retrato más acabado de malo, [Ver Nota 6] derramador de la sangre de los ungidos del Señor.

Compadezcamos la situación de ese cancerbero que ha ultrajado el santuario y sus reliquias; ha robado con el nuestro el patrimonio de las viudas, del propio, de las vírgenes consagradas; ha vulnerado nuestros más sagrados derechos, el de gentes.

¡Héroes de la inequidad antigua, los excedieron! Baste ya pronunciar este nombre horroroso y áspero para definirlo, Venegas quiere decir NIEGAS EL BIEN: lo acreditan hoy puntualmente esos terrenos desgraciados por donde ha corrido el exterminador. [Ver Nota 7]

Pero vuestra merced, amigo, que conoce estas verdades incontestables, ame la justicia, [Ver Nota 8] sígala, salve su ánima, haga felices a sus hijos y a sus nietos; dé, por último a su patria, los tributos e incienso que por tantos títulos le debe y la quema hoy en las aras ardientes de la fidelidad tantos héroes.

Vengase, enhorabuena, a las filas de la gloriosa libertad; aquí hay honor sublime; aquí hay virtud, felicidad.

La patria únicamente franquea honores legítimos, ella es la soberana, la señora, por eso sus autoridades constituidas no son espurias; ella es también la madre amable y discreta que corona con mano franca, imparcial y justa el mérito de sus hijos ilustres.

Si V. M. teme, si desconfía, garantiré su seguridad.

Soy subalterno (para honor mío duradero) de un general digno del concepto público y de su nombre augusto.

Vea, por último, que los gachupines al cabo lo han de abandonar, después de haberlo comprometido; jamás han de sostenerlo; parecidos a ciertas sabandijas, acarician mientras hay sangre que chupar.

Tiranos fueron, tiranos son, y tiranos han de ser hasta las edades menos conocidas.

Son por naturaleza ingratos igualmente; valga un ejemplo que me ocurre.

Flon, cuya confianza merecí, fue casi la primera víctima sacrificada por Venegas, [Ver Nota 9] pues toda la pensión que se le asignó a su viuda para reponerla, a la condesa (digo) de la Cadena, se redujo a la cantidad ratera de dos mil pesos y arrasar con la pequeñita hacienda de su hijo don Antonio... [Ver Nota 10] pero si entonces, cuando había erario, fueron tales las consignaciones cacareadas, exhausto éste, ¿qué será?

Vaya que la generosidad es la virtud característica de los americanos.

No habite V. M. pues, ni se detenga un momento en ese rincón de la arbitrariedad y del engaño.

Estos aires puros que respiramos por acá nos franquean no aquella libertad y seguridad seductora que reprueba el evangelio y contradice la misma naturaleza, sino aquella otra hermosa debida al héroe de los Dolores, [Ver Nota 11] que sin amancillar la santa religión que profesamos reviste al hombre desnudo de todos sus derechos, de los más justos y sagrados; lo ilustra, lo engrandece.

Dije rincón de la arbitrariedad y del engaño porque las poblaciones son grandes no al guarismo de sus habitadores, sino por la equidad, por la justicia, por la beneficencia, por la buena fe, por la más rígida observancia de las leyes que producen la felicidad del ciudadano; en suma, leyes, que si desde el instante que se promulgan y solemnizan no son facticias no pueden serlo, y que si en su origen matriz a su perpetuidad, universalidad y trascendencia se sobrepone la versatilidad o el interés particular, no sólo degeneran sino que disuelven los vínculos de la saciedad tarde o temprano; y si no ¿qué ha sido, y que es en México, esa constitución decantada?

Un papel, un papel, en que los vocales americanos carecieron de libertad para influir...

¡Ah, vicios de la constitución!

Ea pues, amigo, entorpecido este periodo contentémonos con percibir (entre otros innumerables que nos hicieron las cortes de Cádiz) el fruto de estos señalados beneficios:

1.- La absoluta y peligrosa incomodidad de muchos hombres beneméritos de nuestros hermanos.

2.- La rebaja del precio de las barajas.

3.- La libertad de fábricas del vino-mezcal, [Ver Nota 12] logrado a fuerza de un expediente.

4.- El repudio de Fernando aun cuando exista. Y lo que me encanta saber, [Ver Nota 13] que al poder de las mismas cortes renace otro colosal en las bayonetas de los que se dicen virreyes de México.

Voy a concluir mi fastidiosa carta, mas a vista de estas largas pero sólidas reflexiones, le suplico conferencie consigo mismo, ya que sus talentos no son medianos; [Ver Nota 14] y mientras se resuelve, mande lo que quiera al que lo ama de corazón, espera y besa su mano.

Zongolica, marzo 30 de 1813.

J. M.

Hermanos chaquetas, abrid los ojos porque si vencen los gachupines (que lo dudo) seréis esclavos, si nuestras armas victoriosas (como se verificará tarde o temprano) para nosotros los insurgentes, los caballeros insurgentes, siempre seréis sospechosos.

Sabed que la política rehúsa también los sacrificios lentos.

¡Ea!, amados chaquetas, escuchad este versito que cantáis en los estrados de la hermosa Venus: Quien no poda la planta, se hace indigno del fruto de su esperanza.

Ha mandado su merced se inserte en este periódico el siguiente artículo comunicado de un diario de México

Octubre 9 de 1813. El 6 del corriente llegó a esta ciudad el licenciado don Bernardo González Angulo para servir de vocal de la junta constitucional de provincia, nombrado por la de Tlaxcala.

Este sujeto en tiempo del tirano Venegas tuvo que salir huyendo de esta capital, pues se le buscó con el mayor empeño para encarcelarlo por haber hecho la justísima representación de los eclesiásticos sobre el inicuo bando que los despojó de sus sagrados privilegios; después de ido Venegas sacó la cabeza en Puebla y creyó que ya no se le perseguiría, por lo que en aquella ciudad entraba frecuentemente sin que nadie le molestase; visto lo cual por Tlaxcala, y queriendo premiar su literatura, piedad y patriotismo, preguntó a México si podía nombrarlo, y se le respondió que sí y sin temor alguno, y luego que lo verificó González Angulo escribió a Calleja ofreciéndole su empleo y preguntándole si podía venir; le respondió que sí y sin temor alguno llega por fin a México, presentase a Calleja, lo recibe muy bien, le promete su protección y las mayores seguridades, haciéndole creer que debe vivir quieto y sosegado y ejercer con toda libertad su comisión, y hoy mismo se firma un auto de arresto en la sala del crimen y se manda prenderlo; pero González Angulo se había oculto y se escapará otra vez.

Día 11.- Ha salido González Angulo y escapado felizmente de las garras de este inicuo gobierno.

Gachupines, maldito sea y execrado vuestro nombre y perfidia hasta la última de las generaciones…

!Villanos!... ¿Así violáis el derecho de las gentes?

¿Así guardáis la inviolabilidad de una persona pública, representante de un pueblo y sagrada por todos derechos?...

Y vosotros bárbaros americanos, que os colocáis en las filas de estos pícaros vilísimos asesinos vuestros, para afirmar más y más, y remachar esas argollas con que os tienen atados, y de que sois dignos por vuestra infame apatía, mirad en este solo rasgo y bajo este punto de vista quiénes son esos piratas que se enseñorean, y jurad desde este instante conmigo morir antes que ser subyugados por tales bestias ferocísimas; rasgad esos pérfidos pechos, despedazad esos corazones de tigres, arrojadlos a los perros y...

Pero no, contraponed vuestras virtudes pacíficas a sus delitos para que la imparcial posteridad os colme de bendiciones y a ellos de anatemas.

Criollos sencillísimos, sed cautos, y cuando os halaguen y brinden, decid sonriéndoos con la cabra suspicaz de la fábula.

...Esos halagos tiernos.

No son por bien... apostaré los cuernos.

20 de octubre de 1813.- Hoy ha salido el canónigo de esta iglesia don José Mariano Beristain para Querétaro; él afectaba a ir de visitador del señor obispo Bergosa a aquella ciudad, pero su objeto es ir a intrigar con la división de los angloamericanos que comandan los señores Álvarez de Toledo y Gutiérrez que vienen en nuestro auxilio, para lo que va con amplios poderes del gobierno.

Este pobre clérigo cree que así es fácil seducir a nuestros libertadores por aquellas partes, como adular a los tiranuelos Calleja y Venegas; olvídase de que los republicanos verdaderos no buscan el oro sino la libertad y la dicha de poder adquirirlo por vías honestas incorporados en nuestra gran familia.

¡Plegue a Dios no se presente en México a la cabeza da las divisiones que ahora finge que intenta alejar de nosotros!

Los hombres sin carácter y versátiles son comparables con los caballos, que si los montan moros pelean contra cristianos, y si cristianos contra moros.

[El soberano congreso otorga a Morelos el tratamiento de alteza serenísima]

El soberano congreso, que vela incesantemente en establecer justas leyes para la felicidad de la América, creyó que una de las más principales en que debía ocuparse era la de premiar el mérito del grande héroe bajo cuyos auspicios logró instalarse.

En consecuencia, habiendo tenido presente los excelentísimos señores vocales que lo componen los importantes servicios hechos a la nación por tan digno héroe, acordaron uniformemente en la sesión del 15 del presente mes lo siguiente:

Se conferenció sobre el tratamiento que debía darse al señor Morelos, y después de haber producido varias expresiones en elogio de tan digno jefe, por unidad de votos se decretó darle el tratamiento de ALTEZA SERENÍSIMA, haciéndoselo saber para su satisfacción.

En la Imprenta Nacional del Sur.

Fuente:

José María Morelos y Pavón. Documentos de su vida y lucha revolucionaria. Tomo VI. Congreso de Chilpancingo. 1813. Segunda parte. En la insurgencia. Centro de Investigaciones y Ediciones Históricas, A. C. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Secretaría de Cultura de Michoacán. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas de: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo. CD ROM. México, Primera edición electrónica, 2012.

[En el impreso de este número aparece la fecha 25 de noviembre, pero si el periódico salía los jueves la fecha debía de ser jueves 26 de noviembre, o si es 25 debía de ser miércoles 25 de noviembre.

Se decidió por cambiar la fecha a la cotidiana del jueves y resaltar el error de la notación. Nota a la Edición Electrónica.]

Notas:

1. Parte de Oaxaca de 14 de marzo.

2. En la retirada de Tuxpango, cuyo parte he dirigido a su excelencia con fecha 24 del presente marzo, pereció un moreno tan viejo que le llamaban tata Pedro Clara, y dieron tras de un niño que cuidaba en el campo el caballo de una mujer.

Lean este párrafo los incautos que imaginan piedad donde vive la tiranía como en su trono.

3. Salmo.

4. Venegas ha querido prevenir su justificación, pero La Tertulia del Duende de Cádiz, número 7, la aprieta: la expresión del infantado es ésta terminantemente... “¿y quién es ese Venegas?”.

5. Esta palabra se usa con propiedad para explicar los efectos del sanguinario.

6. Venegas tiene truncada una oreja, choca a primera vista su figura, es afeminado.

7. Lleva consigo prisioneros hasta de siete a ocho años; la desolación se derrama por donde quiera que va; únicamente sus prosélitos lo siguen.

8. Salmo.

9. Flon, desengañado en sus últimos días de intendente de Puebla, ni comerciaba sino con los criollos pundonorosos como Benítez; ni admitía en su tertulia más que clérigos criollos de un mérito conocidos como el doctor Saldívar, cura de San Marcos, y otros... ¡Qué vergüenza para los gachupines!

10. Para reducirnos nos llamaron a sus cortes; fueron muchos beneméritos americanos; pero si los papeles públicos justifican mis designios, uno dijo “a los americanos prometerles mucho y negarles todo”.

11. El serenísimo señor don Miguel Hidalgo y Costilla.

12. Ciertamente que son los beneficios de calidad; vender barajas a 2 reales y fomentar, socapa de real hacienda, los vicios detestables, privilegios, indultos, concesiones; pero el capoto hichan coymo[sic].

13. Inconsecuentes en sus folletos los europeos, ya degradan por último a Fernando; como carecen de buena fe en sus providencias, por eso claudican.

14. Los chaquetas, semejantes a los incrédulos de nuestros tiempos, conocen de adentro la justicia de nuestra causa, PER SE NOTA, como dice el grande Morelos.

Pero ya la codicia, y la adulación vil un poco del bello sexo, ya las preocupaciones de la educación, los detiene.