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Siglo XIX > 1810-1819 > 1813

Correo Americano del Sur, número XXXII.
Miércoles 6 de octubre de 1813.

Año cuarto de nuestra gloriosa insurrección

Memoria para la historia de la expedición de Acapulco

Estrechado ya el sitio por tierra, en términos que no podían los enemigos asomar la cabeza sin gran peligro por el foso y merlones, nos quedaba el obstáculo de que ocupada por ellos la isla Roqueta no podían evitarse las frecuentes entradas por mar que efectuaban por la noche en sus botes y lanchas, y el surtimiento de leña, renglón del que no podían proveerse en otra parte si no era emprendiendo viaje hasta San Blas.

En medio de estas ventajas que la ocupación de este punto debía proporcionarnos, se retraía el señor general de atacarlos por consideración de que no se contaba para la empresa más que con dos canoas, y de ellas una descompuesta.

Sin embargo, la importancia del punto obligó a su excelencia a tomar una resolución propia solamente de su magnanimidad y de los valientes del sur: propuso el proyecto y se brindaron voluntariamente a la acción el teniente coronel don Pablo Galeana y el capitán don Ysidoro Montes de Oca.

[En] efecto, el día 9 de junio, muy de mañana, se presentaron nuestros soldados en las orillas de la isla, y sobrecogidos con su presencia los cobardes mercenarios, después de un corto fuego escaparon algunos en dos lanchas y varias canoas y los demás se rindieron.

El resultado de esta empresa fue tomarles la goleta Guadalupe, diez canoas, cincuenta fusiles, una culebrina de a cuatro, dos cañones de a seis, diez cajones de pertrechos, como trescientos prisioneros entre hombres y mujeres; cerca de quinientas fanegas de maíz, algún frijol y otras menudencias, sin que hubiera habido por nuestra parte la más ligera desgracia, y por la de ellos, como estaban mezclados, murió una muchacha de bala y otra criatura de pecho que ahogaron por escaparla.

El 13, que aún no estaban restablecidos del susto, pelearon los elementos en contra de ellos y favor nuestro: se levantó un huracán tan grande que les despedazó las dos lanchas, algunas canoas, y lo que es más digno de reflexionar, que dos canoas con gente, a pesar de los esfuerzos redoblados de los remeros, las trajeron las olas hasta encallarlas en la orilla de nuestro campo.

Con todo lo acaecido, aún les restaban recursos para sostenerse tres meses, sin contar con auxilios de mar, y con éstos hasta que los acabara la peste, por lo que era indispensable quitarles toda esperanza; a este fin se dispuso estrecharlos de tal suerte que ocupado por nosotros todo el lado del mar no pudiera venir ni una canoa, lo que se verificó el 17 de agosto entrando el valiente mariscal Galeana por el lado de los hornos y dos compañías de la escolta por el del muelle, hasta colocarse a dos varas, y en partes a menos distancia del foso del castillo.

El fuego fue muy vivo en los principios, duró toda la noche, y menudearon con extremo las granadas de mano; pero con tal fortuna, que no tuvimos más que dos heridos, y habiendo hecho pedazos el sombrero una granada al capitán don Sabino González, el quedó ileso enteramente: todos estaban bañados con tierra que levantaba la metralla, y en vez de acobardarse, gritaban a una voz... ¡Tiren más balas que los insurgentes no mueren!

Volvió a activarse el fuego al rayar la luz, y era tal aguacero de balas que caía al patio de la fortaleza, que el gachupín Antonio Rubido, siendo uno de los más atrevidos, asomó levantando las manos y pidiendo por Dios que ya no tiraran, lo que de hecho se verificó de orden del señor mariscal.

A la oración propusieron capitulaciones: el 18 se les contestó modificándolas; el 19 se firmaron por su excelencia y el gobernador, y el 20, a las nueve de la mañana, rindieron en el glacis las armas y se recibió la fortaleza.

He aquí en compendio la historia de la toma de la isla Roqueta, no menos que la del fuerte de Acapulco; ya hemos dado [antes] la de la ciudad, que costó otra acción reñidísima; ahora sí viene bien cierta coplilla de las que por pan duro ha hecho aquel poetastro de marras, que hizo DIOS a Calleja y Mercurio a Castro Terreño, en otra obrilla de igual calaña que intituló El Genio de la paz o canto en elogio del excelentísimo o ilustrísimo señor don Manuel Ignacio González del Campillo, obispo de Puebla; he aquí una de sus estrofas:

¿Y por qué, di, te afanas pobre gente?

¿Tu empresa malhadada, tu proyecto atrevido, inconsecuente, que fin tendrá concluida la jornada?

El fruto... (infeliz suerte) será el estrago: el término, la muerte.

¿Que fruto tendrá, señor poetastro, la temeridad de Calleja, y la adulación ridícula de V.?...

Será el estrago; el término, la muerte.

Cordillera expedida por el excelentísimo señor general don José María Morelos

En 1° de agosto fondearon en el puerto de Zihuatanejo seis barcos angloamericanos, que aunque no pasan de bergantines vienen cargados de carabinas según la contrata hecha con su excelencia; éstos anuncian estar próxima otra remesa.

Con semejante novedad se mandó que dichos bergantines después de descargar en dicho puerto, habilitándose de víveres frescos, pasasen a la bocana de Acapulco a apresar los buques que se esperaban de San Blas y Realejo.

El señor gobernador militar de esta plaza acaba de recibir el siguiente parte oficial del subdelegado de Xuquila don José Sánchez Pareja, que le dirige el señor don José Manuel de Mier y Terán, comandante en jefe de la expedición de la costa del sur

El 24 del presente, antes de que acabasen de pasar las tropas de Echavarria el río, traté de reconocer el terreno y descubrir el camino que deberíamos llevar para Tututepeque, como en efecto lo verifiqué.

En este acto se nos avistó el enemigo en las cumbres de Santa Ana, donde tenía su fortificación; en el instante mismo que lo observé dispuse atacarlo y desalojarlo de los puntos que ocupaba, lo que logré sin tener pérdida ninguna en mi división y sí el enemigo, pues aun el cañón a que tenía para su defensa se les tomó.

La partida continuó al día siguiente en el que se tomó este pueblo, el que ya el enemigo todo disperso abandonó a pesar suyo.

Lo participo a usted para que lo haga saber a todos los vecinos honrados de ese pueblo, y que lo comunique por cordillera a todos los de su jurisdicción y los del tránsito hasta Oaxaca.

Dios guarde a usted muchos años.

Campo en Tututepeque, septiembre 26 de 1813.

José Manuel Terán.

Señor subdelegado don José Sánchez Pareja.

No dudamos ya asegurar que la expedición de la costa está concluida merced a los talentos militares, prudencia y moderación de los señores don José Manuel Terán y don Bernardo de Portas.

Los nombres de estos jóvenes se pronunciarán con respeto y gratitud por nuestra posteridad, y los mismos negros seducidos confesaron que deben sus vidas y propiedades a este conjunto de virtudes que los caracterizan.

Gloria a Morelos; honor a sus ilustres capitanes; triunfo a sus ejércitos; libertad y paz a la oprimida América.

Sigue el Sat patriae... datum

Pero, ¿será posible esta conciliación?

Supongamos que no; ¿se perdía nada en probar hacerla?

Aun cuando los títulos para hacer la guerra en América fuesen los más justos del mundo, ¿sería digno de ningún gobierno medianamente justo declararla contra sus propios pueblos sin haber probado evitarla por medios pacíficos?

¿A dónde está el primer paso de las cortes liberales para evitar la guerra?

¿Lo son esos comisionados y virreyes a quienes como a bestias feroces suelta en medio de los pueblos de ultramar, el uno para que destruya ciento treinta pueblos, y más de ciento cincuenta mil hombres en el reino de México; los otros para que cada cual haga el daño que pueda según le dicte su rencor, [Ver Nota 1] y sus pequeños medios hasta ir a acometer a un pueblo en medio de una calamidad como la de Caracas?

Entre tanto los liberales se complacen en la constitución que han fraguado para esos pueblos, de cuyas miserias y aflicciones quieren valerse para que la admitan.

Más defensa tendrían las cortes si ateniéndose a la práctica del mundo, como él es en sí y no según lo figuran las teorías liberales, hubieran dicho que la América española pertenecía a la corona de España como colonias, y que por tanto tenían derecho de sostener las del rey, conservándolas en obediencia con las armas como fueron conquistadas.

Reduciríase entonces la cuestión a ver quién era el más fuerte, y sería una guerra como todas las más que se han hecho en el mundo.

Pero estos quiebres de filosofía, unidos a esa ferocidad de despotismo, hacen resaltar de un modo irritarte el artificio e injusticia de la conducta del gobierno con la América.

Bastante odioso era éste desde el principio sin ponerle el remate con que se han servido adornarle últimamente.

Hablo del desaire hecho a la Inglaterra en punto a la mediación que ofrecían.

(Se continuará)

Reflexión sencilla

El oidor Bataller dice frecuentemente que los americanos son hombres PARA NADA, y que el mayor castigo que les daría, si estuviese en su mano, sería DEJARLOS MATAR COMO COCHINOS (son sus palabras).

Ya ha visto muy a su pesar que son para la guerra, sin lo que le falta que ver quizá a costa de su pellejo, vea ya que son para el gobierno y política.

Cuando gobernaban en Oaxaca los gachupines, exigían de alcabala el 8 por 100, y jamás sacaron lo que ahora exigiéndose el CUATRO.

¿Qué deduciremos de aquí?

Luego, o aquéllos se lo robaban, o había menos comercio entonces que ahora; de cualesquier modo que sea se deduce por consecuencia que ahora están los pueblos más aliviados de sus cargas, que hay más comercio y que el gobierno es verdaderamente dulce, paternal y moderado.

De éstas podríamos presentar otras demostraciones de fuerza irresistible.

Americanos:

Conoced vuestros derechos, amad al héroe del sur, uníos a sus huestes, de otro modo no podéis ser felices.

Juan en el desierto

En la Imprenta Nacional del Sur.

Fuente:

José María Morelos y Pavón. Documentos de su vida y lucha revolucionaria. Tomo VI. Congreso de Chilpancingo. 1813. Segunda parte. En la insurgencia. Centro de Investigaciones y Ediciones Históricas, A. C. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Secretaría de Cultura de Michoacán. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas de: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo. CD ROM. México, Primera edición electrónica, 2012.

Notas:

1. Permítaseme la comparación. Así como Jesucristo dijo a sus apóstoles: id y predicad por todo el mundo pues se os ha dado toda potestad, Venegas y Calleja dicen a sus comandantes: id... destruid, talad, incendiad pueblos, yo os autorizo.