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Siglo XIX > 1810-1819 > 1813

Correo Americano del Sur, número XXX.
Jueves 16 de septiembre de 1813.

Rapto del entusiasmo patriótico de un americano en el feliz aniversario del 16 de septiembre de 1810

... Ya brille en vuestras manos la espada de la guerra;
ya cantemos alegres a la sombra de nuestras viñas,
a vos debe dirigirse la gloria de nuestras conquistas,
o el homenaje de los dulces placeres de las vendimias...

Young, Canto segundo del juicio final.

¡Día hermoso, yo te saludo! Hacha luminosa del mundo, detened vuestro curso y alumbrad con luz más pura y extraordinaria alegría!

Montañas opulentas de Guanajuato, repetid el eco dulcísimo de la LIBERTAD, cuya primera voz acaba de salir del pueblo de Dolores!

Genios alegres y retozones, que bullís y trizcais por las agradables márgenes del umbrío y apacible Chamácuero, haced el cortejo a la matrona América, que ataviada y con aire majestuoso camina a la morada dichosa del gran HIDALGO, y del esforzado ALLENDE, y al son del dulce Teponaxtli del armonioso Tlapahuehuelt, y de la sencilla marimba, canta ufana y desembarazada...

Rompiéronse para siempre mis cadenas, amaneció el día de mi deseada libertad...

Huyan confundidos y rabiosos los genios de nuestra esclavitud, y súmanse para siempre en el cocito...

Sombras de nuestros primeros libertadores, sacrificados por la más negra perfidia en las norias de Baján, presidid este festín alegre y rodeados de un grupo numerosísimo de americanos fieles por cuya libertad os inmolasteis generosos...

Volad al sur, penetrad hasta la fortaleza de Acapulco, última conquista del héroe más grande y afortunado que ha conocido el Anáhuac...

Celebrad sus victorias, vagad por las habitaciones de sus dignos compañeros de armas, constantes en la penosa fatiga de redimirnos...

Saludad a Rayón, Berduzco, Liceaga, al vencedor de Dambrino, y a mil otros héroes, complaciéndoos de ver transmitido en ellos aquel espíritu noble que os animó a tan rara y difícil empresa.

Fijaos en Chilpancingo, contemplad aquella asamblea augusta, ocupada en zanjar los fundamentos de un muro de bronce en que se estrellará la tiranía, y tornaos ya a vuestros sepulcros pacíficos a recibir nuestros votos...

Pero mandad a vuestra comitiva que a nombre vuestro diga a los tiranos de América...

Terminado ha vuestro imperio; quebrose para siempre vuestro cetro de hierro...

Cerráronse los manantiales de las riquezas porque anhelabais...

Y vos, sol hermoso, seguid ya vuestro curso, encargaos de anunciar tan fausta nueva a los pueblos oprimidos y decidles con verdad...

La América es ya LIBRE… mis lumbres puras vieron este espectáculo, y mi impetuoso curso se detuvo por contemplarle; sólo la oprimida Grecia recibió igual sensación cuando la tirana Roma le concedió una libertad precaria.

Mientras que esto pasa, la Águila mexicana, esta mensajera de nuestra libertad que preside nuestros ejércitos, gira majestuosa por todo el Anáhuac para abrigar bajo sus alas a sus queridos hijos; pero ella suspende su vuelo porque ve salir de las cenizas y polvo de los campos de Aculco y Calderón a los ilustres manes de nuestros defensores, que lanzándose por los aires dicen con voces claras y grita terrible...

¡Oh, vosotros, tigres desencadenados que habéis derramado a torrentes nuestra inocente sangre, nada pudisteis, porque de nuestras mismas cenizas se han suscitado nuevos defensores de nuestra libertad!...

Estas voces penetran hasta el alcázar de los tiranos, y se hacen oír en el fondo de sus corazones.

Calleja tiembla, Cruz se conmueve, Bataller gime, y Venegas despechado pide al cielo que se desplome su bóveda para ocultarlo, clama porque el abismo de la nada lo sepulte en su seno; los parricidas americanos buscan asilo en las cavernas, pero los manes irritados repiten y todos oyen estas terribles voces…

Es tarde, el puñal de la venganza trozará vuestros pérfidos corazones...

Juan en el desierto.

Toma del castillo de Acapulco

Estando al concluir la mina para volar el castillo me acordé por séptima vez de la humanidad y caridad práctica del prójimo.

Sabía que en él se encerraban más de diez inocentes... non delebo propter decem.

Quise más bien arriesgar mi tropa que ver la desolación de inocentes y culpados.

El 17 de agosto en la noche determiné que el señor mariscal, don Hermenegildo Galeana, con una corta división, ciñera el sitio hasta el foso por el lado de los hornos, a la derecha del castillo, y el siempre valeroso teniente coronel don Felipe González por la izquierda, venciendo éste los grandísimos obstáculos de profundos voladeros que caen al mar, rozando el pie de la muralla, y dominado del fusil y la granada que le disparaban en algún número, no obstando de la oscuridad de la noche; y el señor mariscal la de pasar por los hornos, dominado del cañón y de todos fuegos, sin más muralla que su cuerpo, hasta encontrarse el uno con el otro, y sin más novedad que un capitán y un soldado heridos de bala de fusil; el enemigo sacó algunos más heridos.

Ésta nunca bien ponderada acción aterró tanto al enemigo que suspendió su fuego, dando indicios de parlamento, que al efecto tenía ya trazado, respondiendo con los artículos de su capitulación a la última intimación que se le hizo.

En obsequio de la humanidad se le admitió con pocas modificaciones en los términos siguientes:

Artículos de la capitulación en que se ha convenido la entrega de la fortaleza de Acapulco, entre el excelentísimo señor capitán general don José María Morelos y el gobernador del castillo don Pedro Antonio Vélez

I

Habrá un perpetuo olvido de cuanto se ha hecho de obra, palabra o escrito relativo a la presente guerra, prohibiéndose severamente denigrar ni zaherir directa o indirectamente a ninguno.

II

Saldrán de la fortaleza los señores gobernador y demás oficiales con sus insignias y espadas; formará la tropa en el glacis con culatas arriba, donde a la voz del gobernador echarán armas a tierra al frente, en cuya positura se irán a recibir, previniendo que el soldado a quien se le encontrara un cartucho será pasado por las armas en el instante.

III

Se permitirá que cada cual saque un respectivo equipaje, entendida esta voz en su sentido natural, que es decir, ropa de uso, cama y dinero suficiente para su trasporte, en inteligencia de que se hará lo posible para proporcionar bagajes sin comprometerse por la escasez que hay de ellos.

IV

Teniendo la patria un derecho inconcuso para reclamar a sus hijos, no se dará pasaporte a criollo alguno para que se traslade a país enemigo, pero sí se franqueará a los europeos con todos los seguros necesarios para no ser perjudicados en los campamentos de su tránsito, designando éstos el punto a donde quieran dirigirse, y otros a los criollos que quieran salir del puerto a tomar aires menos infectados.

V

Para que el erario del gobierno europeo satisfaga a sus acreedores los préstamos que ha hecho, y éstos tengan un comprobante de ellos, se permitirá al comisario de guerra lleve los libros de su cargo y cuentas de tres años a esta parte.

VI

Se permitirá también que del tesoro dicho lleve el comisario de guerra cantidad abundante para la traslación de los europeos a lugar seguro, según su número, haciendo antes juramento de no volver a tomar las armas en favor del partido que han defendido, con la circunstancia de no detenerse más que lo muy necesario después de entregada la fortaleza.

VII

A más del pasaporte que se franqueara a los que salieran, se librará orden para que en todos los lugares por donde se encaminen se les ministre todos los auxilios y socorros necesarios por sus justos precios.

VIII

Mañana 20, a las nueve del día, se efectuará la ceremonia de entrega acordada en el artículo segundo; desde aquél hasta el 22 quedará evacuada la fortaleza de enfermos y arreglado todo lo interior de ella, para lo cual irán de ayuda algunos naturales.

IX

Se entregará la fortaleza íntegra, según se halle, con todas sus piezas de cañón sin inutilizar ninguno, pólvora, balas y cuantos pertrechos y municiones contiene, previo inventario que formará el comandante accidental de artillería, quien percibirá recibo de mi auditor general para dar la debida satisfacción a su gobierno.

X

En los mismos términos se hará una exacta descripción de los víveres y demás renglones depositados en los almacenes, pabellones y lunetas de diversas pertenencias, especificado cuales sean y sus consignaciones, para que con tal claridad y recibo del tesorero de ejército pueden los consignatarios satisfacer a los dueños y no se les impute malversación.

Y para que se efectúen estos tratados con la circunspección y solidez que es debida, y este acto entre otros muchos sea un testimonio de que las tropas americanas saben guardar el derecho de gentes y tratan con indulgencia a los que se rinden, especialmente cuando sólo en acción de guerra usan de las armas.

Lo firmamos en Acapulco a 19 de agosto de l8l3.

José María Morelos.

Pedro Antonio Vélez.

El día 20 entregó el gobernador las llaves del castillo con 407 fusiles habilitados, 50 sables, 35 machetes, 146 lanzas, 50 cajones de pólvora labrada y en granel, 3 halcones surtidos, 80 piezas de artillería calibre de 4 hasta 36; 2 morteros de a 12 pulgadas su calibre; banderas... 20,000 balas de dichos cañones, y un gran botín de abarrote y lencería.

Lo que se participa al público para su satisfacción y tributo de gracias al señor de los ejércitos, por haberte concluido la reconquista del sud con toda felicidad.

Castillo de Acapulco, agosto 25 de 1813.

José María Morelos.

Tal es la famosa capitulación del castillo de Acapulco, cuyo sitio de seis meses muestra bien el valor y constancia de nuestras tropas comandadas por tal caudillo; al leerla se preguntaran los europeos que tuviesen honor y buenos sentimientos

¿Qué es esto?

¿Qué hemos hecho para ser tratados con tanta humanidad y clemencia, nosotros que no hemos gastado el tiempo más que en dañar, zaherir, ultrajar de palabra y por escrito, en las tertulias y en los púlpitos, a este hombre en quien encontramos tanta piedad y franqueza?

¿Quién ha de ser, hombres aturdidos?

Es un americano, hombre de bien y religioso, es un caudillo del pueblo de Dios destinado para salvarlo...

¡Ah! la lengua se traba, la pluma se entorpece, la sangre se hiela en las venas cuando consideramos lo que han ejecutado con nosotros nuestros enemigos, y el modo con que nuestros jefes han correspondido a sus villanías y ultrajes.

El ministro oficial real de Acapulco, don José María Giral y Grame, tiene su familia en Oaxaca y es gachupín; el señor Morelos la ha recomendado mandando se la acuda mensualmente con cuanto necesite asignándole cien pesos, y permitiendo a dicho oficial que pase a México.

Dígame Quinto Curcio ¿si fue más generoso el héroe de Macedonia?

¡Oh! si todos los americanos lo observasen de cerca...

¡Qué hombre! ¡Qué prodigio!, exclamarías; vive Dios que no han visto igual las edades.

Empleo

El excelentísimo señor capitán general, don José María Morelos, vocal de la suprema junta nacional a nombre de S. M., se ha servido declarar grado de brigadier de los ejércitos nacionales y sueldo de tal, al señor inspector general de caballería, licenciado don Carlos María de Bustamante, auditor de guerra interino de esta plaza.

En la Imprenta Nacional del Sur.

Fuente:

José María Morelos y Pavón. Documentos de su vida y lucha revolucionaria. Tomo VI. Congreso de Chilpancingo. 1813. Segunda parte. En la insurgencia. Centro de Investigaciones y Ediciones Históricas, A. C. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Secretaría de Cultura de Michoacán. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas de: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo. CD ROM. México, Primera edición electrónica, 2012.