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Siglo XIX > 1810-1819 > 1813

Amargo reproche al cabildo eclesiástico, antes de salir hacia Chilpancingo, por su encubierta hostilidad a la causa independiente; Bustamante al cabildo eclesiástico.
Oaxaca, octubre 13 de 1813.

Muy ilustre y venerable señor deán y cabildo de la santa Iglesia de Oaxaca.

Añudada la garganta, trémula la mano y traspasado el corazón de amargura, tomo la pluma para decir a V. S. I. que son muchas y repetidas las quejas que así el gobierno como yo tenemos de que varios señores capitulares de ese cuerpo, no sólo llevan correspondencia íntima y directa con el gobierno de México por mano del ilustrísimo señor Bergoza, sino que además claman por la llegada de sus inmorales tropas, sosteniendo y fomentando sordamente el partido europeo.

No pocas pruebas de esta verdad podría presentar a vuestra señoría ilustrísima confirmadas por las correspondencias que hemos interceptado, pero nos ha sido muy sensible incomodar a ese cuerpo con quejas amargas, aunque justas, tomando el partido del silencio y prometiéndonos que el cúmulo de beneficios con que hemos abrumado a los fomentadores de la discordia les haría entrar en cuentas consigo mismos, retrayéndolos de obrar el mal; pero nos hemos engañado, y en confirmación de esta verdad, transcribimos a V. S. I. un párrafo de carta recibida últimamente de un confidente de México, que a la letra dice así:

Parece que sigue la correspondencia del canónigo de Oaxaca Vasconcelos con este obispo Bergoza, la que se nos ha asegurado que de Oaxaca la saca un don Dionisio Espinoza de los Monteros, dueño de botica, hasta el pueblo de Azompa, en donde la entrega al que la conduce hasta ésta, que es un mozo llamado José Antonio, que trae pasaporte firmado de un tal Arrona y con destino a Huamantla, puesto en estos términos:

“Pase José Antonio N. (no sabemos su apellido) con un compañero para el pueblo de Huamantla, sin armas, etcétera”.

Este mozo José Antonio salió de Oaxaca la primera vez el 31 de mayo del corriente y ya no volvió a entrar en Oaxaca, sino que sólo llega al expresado pueblo de Azompa, a donde le entrega las cartas Espinoza y le hace aguardar allí las contestaciones.

El mozo ha echado ya dos viajes a ésta y ambos [en] ha llevado cartas de Bergoza, y en este último dijo que iba a llevarle a Espinoza unas cargas de aceite.

Esto es lo que hemos sabido acá: désele allá el crédito que corresponda.

Esta noticia está confirmada con las cartas interceptadas y V. S. I. conocerá nuestra moderación viendo que, a pesar de ellas, nada hemos hecho ni aun contra el miserable boticario.

También estamos instruidos de que cierto señor capitular no sólo sigue correspondencia con el enemigo, sino que aun manda a un deudo suyo hasta el pueblo de Teutitlán para que lleve y traiga las cartas, sirviendo aquel padre cura de receptador de ellas.

Tampoco sobre esto hemos articulado palabra, dejando al tiempo y a la conciencia que obre sus efectos sobre unos corazones emponzoñados que abrigan y dan pábulo al espantoso proyecto de asesinar a su patria (si puedo expresarme de este modo), como derramar la sangre de sus hermanos y abrir la puerta del santuario del Señor a esos hombres inicuos, que acaban de dar a la América el escandalosísimo espectáculo de fornicar en la iglesia de Amozoque a unas jóvenes que se habían refugiado en aquel asilo, juntamente con un religioso franciscano en quien también cometieron tan execrable maldad.

Ellos dicen, voz en cuello, que no hay infierno ni gloria, como lo publicaron en la iglesia de San Felipe de Puebla, y que todo aquello era una patraña.

¿Y será posible que estos malvados, que ni aun cubren sus delitos con la hipócrita máscara de una virtud superficial, han de encontrar apoyo en algunos ministros de Jesucristo, cuando se avergonzarían de dárselo los bracmanes y faquires de la India?

¿Será posible que la gratitud a la beneficencia incomparable del gran Morelos haya de ser desacreditar de este modo la justicia de la causa que defiende, y que en el seno de ese cuerpo haya un individuo que olvidándose de los conocimientos de derecho que tiene y postergándolo todo a la adulación del gobierno español, le haya fulminado proceso por haber quitado los edictos de la Inquisición en que se excomulgaba al señor Hidalgo?

Ruego a V. S. I. por la hora en que exhaló Jesucristo su último suspiro en la cruz, me diga con sinceridad: ¿qué es lo que advierte de irregular en la conducta cristiana que observamos?, porque a fe mía que en nada hemos faltado a lo que se debe a la iglesia ni a sus ministros, ni hemos negado nada de lo que esta buena madre cree, enseña, confiesa y predica.

Nos hemos armado para defender el trono y el santuario, y no es justo se nos corresponda, si no auxiliándonos o callando de todo punto, sin tomar partido por ninguna de las causas, pues bien puede hacerse por unos ministros espirituales miembros de un reino que, como dijo Jesucristo, no es de este mundo; y como lo hicieron los cristianos de la primitiva iglesia, aunque sirviendo a los emperadores paganos, si no quieren mostrarse con el brío de ciudadanos guerreros, pueden muy bien tomar el carácter de indiferentes.

La sangre que se ha derramado y derrama aún en la costa de Xicayan, es efecto de la poca política de aquellos curas, según informa el señor comandante Terán.

¿Y cómo podrá V. S. I. ver con tranquilidad aquella sangre de infelices derramada como si fuesen bestias, movidos al antojo de un mal párroco que abusa de la estupidez y miseria de unos desdichados que apenas saben existe un Dios en los cielos y un Fernando en la fortaleza de Valency?

¿Cómo derramar la sangre de los habitantes de esta bella ciudad, que sin duda serían quintados o diezmados por su rebeldía?

Dígame V. S. I., ¿qué clase de monstruos, desconocidos entre las fieras de la África, son los que obran de este modo y nos preparan tamaña ruina?

Espero, pues, que tomando V. S. I. la mano en este negocio, clame y trabaje sin cesar día y noche por apartar de nosotros esta tempestad; que se acuerde de lo que debe a Dios, a los hombres y a la generosidad del generalísimo de nuestras armas, para que no tenga que llorar algún día un procedimiento que le sea sensible, pero que siempre justificará la conducta de S. A. S.

Queda esta ciudad tranquila, permaneciendo en ella su guarnición, que no he permitido se separe hasta que S .A. S., instruido de lo ocurrido en la costa, no disponga otra cosa. V. S. I. me permitirá que le encargue la tranquilidad pública y que le suplique sea el freno que sujete a los díscolos y el fanal que alumbre a los miserables engañados.

Si en mi destino y empleo de representante de México fuese útil a ese respetabilísimo cuerpo, cuente con que mi pequeñez está dispuesta a servirlo.

Soy hijo de la iglesia, soy americano y tengo muchos vínculos que me ligan con ese cuerpo para servirlo, por lo que me protesto todo suyo.

Dios guarde a V. S. I. muchos años.

Oaxaca, 13 de octubre de 1813.  

M. I. S., Licenciado Carlos María de Bustamante [rúbrica].

[Respuesta en la misma plana:]

No se le conteste sino con el silencio.

Fuente:

José María Morelos y Pavón. Documentos de su vida y lucha revolucionaria. Tomo VI. Congreso de Chilpancingo. 1813. Segunda parte. En la insurgencia. Centro de Investigaciones y Ediciones Históricas, A. C. Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Secretaría de Cultura de Michoacán. Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. Investigación, selección, arreglo, revisión y notas de: Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva y María del Carmen Berdejo Bravo. CD ROM. México, Primera edición electrónica, 2012.

[Archivo General de la Nación, Infidencias, t. 108, ff. 287-289; Lemoine, Morelos, 1965, doc. 125, pp. 400-403.]