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Siglo XIX > 1810-1819 > 1812

Morelos a Rayón, quejándose de los desmanes que comete el visitador enviado por el segundo a la comarca dominada por el primero.
Tehuacán, 19 de octubre de 1812.

Reservada

Excmo. Sr. Presidente de la Suprema Junta Nacional Gubernativa,
Lic. D. Ignacio Rayón.
Tlalpujahua.

Han llegado a mis manos unos oficios del Mariscal D. Ignacio Martínez, adu[e]nándome el de V.E. de 2 del corriente, por el que le veo autorizado para continuar su visita general, y por el oriente de Zacatlán arreglar todas las Divisiones, con respecto a que las providencias que se han dictado desde Tlalpujahua, o no se obedecen o tienen unos efectos muy remisos.

Añade además V.E. que el genio activo y eficaz de dicho Martínez, es muy a propósito para obligar a dichos subalternos a la debida subordinación.

No hay duda que si el carácter de este sujeto, más propiamente llamado y generalmente reconocido por orgulloso, venal, díscolo y arrogante, no fuese igualmente tan criminal, pudiéramos esperar a lo menos el que compeliese a los insubordinados e indolentes a cumplir con su deber; pero como todas estas nulidades concurren en él en tan alto grado, de suerte que han conciliádole el odio general de todos.

Yo, por mi parte, aseguro a V.E. con toda la sinceridad de que soy capaz, que para mí y para cuantos lo conocen o saben de él, no hay hombre más detestable, ni puedo menos que sorprenderme al ver su credencial.

Desengáñese V.E. que su nombre sólo impone y amostaza tanto a los de este rumbo, que si se presenta aquí, la tropa y pueblo lo sacrifican y dan muerte sin poderlo remediar.

Yo no puedo ni creo que otro alguno debe ampararlo en semejante caso sin riesgo de hacerse sospechoso; todos saben que desde la memorable acción de Las Cruces, sembró la discordia entre los primeros jefes; que cobarde y sospechosamente anduvo en capitales ocupadas del enemigo; que ha asestado sus tiros directamente, más de una vez contra la soberanía y expresamente contra la persona de V.E., asegurándole así de los Excmos. Sres. nuestros compañeros.

Entre los de mi ejército y los avecindados en los innumerables pueblos de mi demarcación, no se les esconde su mala versación en la visita por el rumbo de Sultepec, cuya residencia debe proceder para que, absuelto, pueda continuar en otras funciones.

Cuantos probaron su duro y bastardo trato y los que lo vieron, se llenaron y con justicia del mayor despecho y acaso de desconfianza a nuestro gobierno.

Sus saqueos, que hechos casi siempre invito rationabiliter domino ostentando con alarde su autoridad, deben rigorosamente llamarse rapiñas, las han presenciado innumerables sujetos.

Su prisión en Sultepec, por el último mes de marzo, a que añadían como cierta su decapitación, de gusto formal a cuantos la sabían [sic].

Mucho podría decir a V.E. sobre el particular, y lo que de resultas de Tenango se ha publicado; pero me contento con manifestar a V.E. mi opinión invariable de que este mal hombre debe ser removido, pues temo que fundadamente de su altanería [surjan] disturbios en esos puntos, con perjuicio de lo que a mí y a cuantos me siguen, tanto nos ha costado; pudiendo decir a V.E. que nunca se daría más robusto testimonio de nuestra justificación e integridad, que haciendo un castigo ejemplar en él.

De lo contrario, se expone nuestro concepto y las confianzas de los pueblos, que [es en lo que] está fundada nuestra autoridad.

Digo a V.E. que ésta es mi opinión invariable, porque aun cuando todo lo expuesto pudiera destruirse (que es imposible, porque yo mismo lo he palpado) la voz general de todos al saber que este hombre existe impune y que aún está exaltado a puesto más honroso, es que se le quite, que se le prenda, que se castigue y que no lo admitan por título alguno donde ellos puedan tener influjo; esto solo basta y justifica rigorosamente mi dictamen.

¿A qué fin pues, Excmo. Sr. y compañero, sostener un hombre tan criminal, con perjuicio de nuestra reputación y de cuantos han depositado en nuestras manos sus confianzas?

¿Cómo es posible desentendernos de los deberes tan sagrados que hemos contraído? ¿Cómo hemos de resistir a los clamores de la razón y de la humanidad?

Ya que tantos infortunios y desgracias han desplomádose sobre nuestra patria, relevémosla cuanto esté de nuestra parte de los que aún la amagan, aunque sea con sacrificio de nuestras vidas.

Desenvuélvase el enigma de esa antigua y sofocada causa contra este perverso, dando esta prueba más de nuestro celo por el bien de la Nación.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Palacio Nacional en Tehuacán, octubre 19 de 1812.

Excmo. Sr. José María Morelos.

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 212-214.

Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: J. E. Hernández y Dávalos, Colección de documentos para la Historia de la Guerra de Independencia de México, de 1808 a 1821, México, José María Sandoval, 1877-1882, t. VI, pp. 490-1.