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Siglo XIX > 1810-1819 > 1812

Elementos de la Constitución, el clásico texto político de Rayón, transcrito con las enmiendas que a pedido de éste le agregó Morelos.
Tehuacán, 7 de noviembre de 1812.

COPIA DE LOS ELEMENTOS DE NUESTRA CONSTITUCIÓN

La independencia de la América es demasiado justa aun cuando España no hubiera sustituido al Gobierno de los Borbones, el de unas Juntas a todas luces nulas, cuyos resultados han sido conducir a la Península al borde de su destrucción.

Todo el Universo, comprendidos los enemigos de nuestra felicidad, han conocido esta verdad, mas han procurado presentarla aborrecible a los incautos, haciéndola creer que los autores de nuestra gloriosa independencia han tenido otras miras que, o las miserables de un total desenfreno, o las odiosas de un absoluto despotismo.

Los primeros movimientos han prestado apariencia de su opinión. Las expresiones de los pueblos oprimidos y tiranizados en los crepúsculos de su libertad se han pretendido identificar con los de sus jefes, necesitados muchas veces a condescender, mal de su grado; y nuestros sucesos se hallan anunciados en los papeles públicos, casi al mismo tiempo en que el tribunal más respetable de la Nación nos atemoriza.

Sólo el profundo conocimiento de nuestra justicia fue capaz de superiorizarnos a estos obstáculos.

La conducta de nuestras tropas, que presentan un vigoroso contraste con la de esos pérfidos enemigos de nuestra libertad, ha sido bastante a confundir las calumnias con que esos gaceteros y publicistas aduladores han empeñádose en denigrarnos.

La Corte misma de nuestra Nación [Zitácuaro] ha sido testigo del brutal desenfreno y manejo escandaloso de esos proclamados defensores de nuestra religión.

Ellos sellan sus triunfos con la impiedad, la sangre de nuestros hermanos indefensos, la destrucción de poblaciones numerosas y la profanación de templos sacrosantos: he aquí los resultados de sus triunfos.

Aun todo esto no es suficiente para que esos orgullosos europeos confiesen la justicia de nuestras solicitudes, y no pierden momento de hacer creer a la Nación que se halla amenazada de una espantosa anarquía.

Nosotros, pues, tenemos la indecible satisfacción y el alto honor de haber merecido a los pueblos libres de nuestra patria, componer el Supremo Tribunal de la Nación y representar la Majestad que sólo reside en ellos.

Aunque ocupados principalmente en abatir con el cañón y la espada las falanges de nuestros enemigos, no queremos perder un momento de ofrecer a todo el Universo los Elementos de una Constitución que ha de fijar nuestra felicidad.

No es una legislación la que presentamos; ésta sólo es obra de la meditación profunda, de la quietud y de la paz.

Pero manifestar a los sabios cuáles han sido los sentimientos y deseos de nuestros pueblos y cuáles sus solicitudes, es lo mismo que hacerlo con los principios de una Constitución, que podrá[n] modificarse por las circunstancias, pero de ningún modo convertirse en otros.

PUNTOS DE NUESTRA CONSTITUCIÓN

1. La religión católica será la única, sin tolerancia de otra.

2. Sus ministros por ahora continuarán dotados como hasta aquí.

3. El dogma será sostenido por la vigilancia del Tribunal de la Fe, cuyo reglamento, conforme al sano espíritu de la disciplina, pondrá distantes a sus individuos de la influencia en las autoridades constituidas y de los excesos del despotismo.

4. La América es libre e independiente de toda otra nación.

5. La Soberanía dimana inmediatamente del pueblo, reside en la persona del Sr. D. Fernando VII, y su ejercicio en el Supremo Consejo Nacional Americano [sic].

6. Ningún derecho a esta soberanía puede ser atendido, por incontestable que parezca, cuando sea perjudicial a la independencia y felicidad de la Nación.

7. El Supremo Consejo constará de cinco vocales nombrados por las representaciones de las provincias; mas por ahora se completará el número de vocales por los tres que existen, en virtud de comunicación irrevocable de la potestad que tienen y cumplimiento del pacto convencional celebrado por la Nación en 21 de agosto de 1811.

8. Las funciones de cada vocal durarán cinco años; el más antiguo hará de Presidente y el más moderno de Secretario, en actos reservados o que comprenden toda la Nación.

9. No deberán ser electos todos en un año, sino sucesivamente uno cada año, cesando de sus funciones en el primero el más antiguo.

10. Antes de lograrse la posesión de la Capital del Reino, no podrán los actuales ser sustituidos por otros.

11. En los vocales que lo sean en el momento glorioso de la posesión de México, comenzará a contarse desde este tiempo el de sus funciones.

12. Las personas de los vocales serán inviolables en el tiempo de su ejercicio; sólo podrán proceder contra ellos en el caso de alta traición y con conocimiento reservado de los otros vocales que lo sean y hayan sido.

13. Las circunstancias, rentas y demás condiciones de los vocales que lo sean y hayan sido, queda reservado para cuando se formalice la Constitución particular de la Junta, quedando sí, como punto irrevocable, la rigorosa alternativa de las providencias.

14. Habrá un Consejo de Estado para las cosas de declaración de guerra y ajuste de paz, a los que deberán concurrir los oficiales de brigadier arriba, no pudiendo la Suprema Junta determinar sin estos requisitos.

15. También deberá la Suprema Junta acordar sus determinaciones con el Consejo, en el caso de establecer gastos extraordinarios, obligar los bienes nacionales, o cuando se trate de aumentos inarerantes [sic] que pertenezcan a la causa común de la Nación, debiéndose antes tener muy en consideración lo expuesto por los representantes.

16. Los despachos de Gracia y Justicia, Guerra y Hacienda y sus respectivos tribunales, se sistemarán con conocimiento de las circunstancias.

17. Habrá un Protector Nacional nombrado por los representantes.

18. El establecimiento y derogación de las leyes y cualquiera negocio que interese a la Nación, deberá proponerse en las sesiones públicas por el Protector Nacional ante el Supremo Congreso [sic] en presencia de los representantes que prestaron su asenso o disenso, reservándose la decisión a la Suprema Junta a pluralidad de votos.

19. Todos los venidos de fuera que favorezcan la libertad e independencia de la Nación, serán recibidos bajo la protección de las leyes.

20. Todo extranjero que quiera disfrutar los privilegios de ciudadano americano, deberá impetrar carta de naturaleza de la Suprema Junta, que se concederá con acuerdo del ayuntamiento respectivo y disensión [sic] del Protector Nacional; mas sólo los patricios obtendrán los empleos, sin que en esta parte pueda valer privilegio alguno o carta de naturaleza.

21. Aunque los tres Poderes, Legislativo, Ejecutivo y Judicial, sean propios de la Soberanía, el Legislativo lo es inherrante [sic], que jamás podrá comunicarlo.

22. Ningún empleo, cuyo honorario se erogue de los fondos públicos o que eleve al interesado de la clase en que vivía o le dé mayor lustre que a sus iguales, podrá llamarse de gracia, sino de rigorosa justicia.

23. Los representantes serán nombrados cada tres años por los ayuntamientos respectivos, y éstos deberán componerse de las personas más honradas y de proporción, no sólo de las capitales sino de los pueblos del distrito.

24. Queda enteramente proscripta la esclavitud.

25. Al que hubiera nacido después de la feliz independencia de nuestra Nación, no obstarán sino los defectos personales, sin que pueda oponérsele la clase de su linaje. Lo mismo deberá observarse con los que representen haber obtenido en los ejércitos americanos graduación de capitán arriba o acrediten algún singular servicio a la patria.

26. Nuestros puertos serán francos a las naciones extranjeras, con aquellas limitaciones que aseguren la pureza del dogma.

27. Toda persona que haya sido perjura a la Nación, sin perjuicio de la pena que se le aplique, se declarará infame y sus bienes pertenecientes a la Nación.

28. Se declaran vacantes los destinos de los europeos, sean de la clase que fuesen, e igualmente los de aquellos que de un modo público e incontestable hayan influido en sostener la causa de nuestros enemigos.

29. Habrá una absoluta libertad de imprenta en puntos puramente científicos y políticos, con tal que estos últimos observen las miras de ilustrar y no de zaherir las legislaciones establecidas.

30. Quedan enteramente abolidos los exámenes de artesanos y sólo los calificará el desempeño de ellos.

31. Cada uno se respetará en su casa como en un asilo sagrado; y se administrará, con las ampliaciones [y] restricciones que ofrezcan las circunstancias, la célebre Ley Corpus huyes de la Inglaterra.

32. Queda proscripta como bárbara la tortura, sin que pueda lo contrario aun admitirse a discusión.

33. Los días 16 de septiembre en que se proclama nuestra feliz independencia, el 29 de septiembre y 31 de julio, cumpleaños de nuestros Generalísimos Hidalgo y Allende, y el 12 de diciembre, consagrado a nuestra amabilísima Protectora, Nuestra Señora de Guadalupe, serán solemnizados como los más augustos de nuestra Nación.

34. Se establecerán cuatro órdenes militares, que serán las de Nuestra Señora de Guadalupe, la de Hidalgo, la Águila y Allende, pudiendo también obtenerlas los magistrados y demás ciudadanos beneméritos que se consideren acreedores a este honor.

35. Habrá en la Nación cuatro cruces grandes respectivas a las órdenes dichas.

36. Habrá en la Nación cuatro Capitanes Generales.

37. En los casos de guerra, propondrán los oficiales de brigadier arriba y los consejeros de guerra al Supremo Congreso Nacional, quién de los cuatro Generales debe hacer de Generalísimo para los casos ejecutivos y de combinación, investiduras que no confieran graduación ni aumento de renta, que cesará concluida la guerra y que podrá removerse del mismo modo que se constituyó.

38. Serán Capitanes Generales los tres actuales de la Junta, aun cuando cesen sus funciones, pues otra graduación no debe creerse inherente a la de vocal, quedando a las circunstancias el nombramiento del cuarto.

Americanos:

He aquí los principales fundamentos sobre que ha de llevarse la grande obra de nuestra felicidad.

Está apoya[da] en la libertad y en la independencia, y nuestros sacrificios, aunque grandes, son nada a comparación con la halagüeña perspectiva que se os ofrece para el último periodo de nuestra vista [sic], trascendental a nuestros descendientes.

El pueblo americano, olvidado por unos, compadecido por otros y despreciado por la mayor parte, aparecerá ya con el esplendor y dignidad de que se ha hecho acreedor, por la bizarría con que ha rompido [sic] las cadenas del despotismo.

La cobardía y la ociosidad será la única que infame al ciudadano, y el templo del honor abrirá indistintamente las puertas del mérito y la virtud.

Una santa emulación llevará a nuestros hermanos, y nosotros tendremos la dulce satisfacción de deciros: Os hemos ayudado y dirigido, hemos hecho sustituir la abundancia a la escasez, la libertad a la esclavitud y la felicidad a la miseria.

¡Bendecid, pues, al Dios de los destinos que se ha dignado mirar con compasión su pueblo!

Lic. Rayón.

REFLEXIONES QUE HACE EL SEÑOR CAPITÁN GENERAL, D. JOSÉ MARÍA MORELOS, VOCAL POSTERIORMENTE NOMBRADO

Al número 4: La proposición del Sr. D. Fernando VII es hipotética.

Al número 14: Es preciso ceñirse a cierto número de oficiales, especialmente brigadieres, estando repartidos a largas distancias. No podrá verificarse con la prontitud exigente el Consejo de Estado para los casos de paz y de guerra, y parece que bastará el número de uno o dos Capitanes Generales, tres Mariscales y tres Brigadieres, y cuando más un Cuartelmaestre General y un Intendente General de Ejército.

Al 17: Pásese que debe haber un Protector Nacional en cada Obispado, para que esté la administración de justicia plenamente asistida.

Al 19 y 20: Se admitirán muy pocos y sólo al centro del Reino.

Al 23: Y los Protectores cada cuatro años.

Al número 37: Debe añadírsele el número de siete o nueve, según las provincias episcopales; y como las armas deben casi siempre permanecer en el Reino, deberán continuarse, sin más alternativa que la que pida su ineptitud, por impericia, enfermedad o edad de setenta años.

Por último, el 38 deberá tener la misma adición que el anterior.

Esto es lo que han advertido mis cortas luces, que juntas a la poca meditación que el tiempo permite, no quedo satisfecho de haberlo dicho todo, ni menos tendré el atrevimiento de decir que he reformado, y sólo podré asegurar a mi conciencia que hice lo que pude en cumplimiento de mis deberes.

Dios, etcétera.

Tehuacán, noviembre 7 de 1812.

Es copia de su original.

Acapulco, mayo 2 de 1813.

José Lucas Marín, Prosecretario de Guerra y Gobierno.

Es copia de su original de que certifico.

Oaxaca, 23 de mayo de 1813.

José Alvares.

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 219-227.

Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Ms. Cárdenas, pp. 2-13. Con esta catalogación designaremos de aquí en adelante los papeles que acerca del Congreso de Chilpancingo posee el Gral. Lázaro Cárdenas, llegados a nosotros en una copia Xerox, por gentileza del Lic. Antonio Martínez Báez.

Se trata de un cuadernillo o legajo, excepcionalmente importante para la historiografía mexicana, supuesto que algunas de sus piezas —únicas— se creían ya perdidas para siempre.

Hemos paginado nuestro ejemplar Xerox, siguiendo el orden en que aparecen los documentos del legajo, cuya portada, hecha por Patricio Humana, Secretario de Cámara del Virreinato en tiempos de Calleja, habla por sí sola del triste fin que el destino le reservó a dicho cuaderno, crema y nata del archivo del Congreso:

"Constitución, actas y otros documentos de la Junta Revolucionaria de Chilpancingo, en la Nueva España, hallados entre los papeles sorprendidos al cabecilla Morelos en la acción de Tlacotepec."

De este lote, signado: "Cuaderno 29", el virrey ordenó hacer varias copias, testificadas por Humana (México, 31 de octubre de 1814), de las cuales conocemos dos tantos idénticos: uno, en el Archivo General de la Nación (Historia, t. 116), otro, en el Archivo de Indias de Sevilla (Indiferente General, leg. 110).

El ejemplar de México —o sea, uno de los traslados de Humana—, fue el que sirvió de modelo en todas las transcripciones que conocemos, en especial la de Hernández y Dávalos, que tanta utilidad ha brindado a los historiadores.

Sin embargo, compulsadas las diversas versiones, notamos discrepancias, a menudo de mucho bulto. Obvia advertencia: entre el Ms. Cárdenas y las copias de Humana, es el primero el que nos merece la mayor confianza.

El texto de los Elementos de Rayón aquí presentado, aunque traslado insurgente, no es el original de su autor ni procede de la Secretaría de éste.

Importa señalarlo, porque hay rarezas en su redacción, algunas de las cuales hemos marcado con oportunas llamadas; mas, a pesar de todo, mejora mucho y aclara no pocas dudas, respecto a la versión hasta ahora conocida (Humana-Hernández y Dávalos).

Bajo el título Constitución Nacional, se puede consultar otra copia insurgente, sin testificación, en AGN, Infidencias, t. 108, ff. 306-9.

El cotejo de ésta con los ejemplares Cárdenas y Humana, vuelve a arrojar variantes, que no podrán solucionarse hasta dar con el escrito original de Rayón.

Los Elementos figuran en el Ms. Cárdenas, acompañados de la copia de un oficio que Morelos dirigió desde Acapulco, el 30 de abril de 1813, a los Cabildos de Oaxaca, en el que trata sobre la elección del quinto vocal de la Junta; con el fin, de no complicar la lectura del texto político de Rayón, hemos transferido el escrito de Morelos a su respectivo sitio cronológico (Doc. 75), donde se verá que utilizamos otra fuente diversa de la que nos sirvió para sacar los Elementos.

Por último, conviene agregar aquí la opinión confidencial —destinada a Fernando VII— que este notable documento arrancó a Calleja. Al remitir a Madrid las copias certificadas por Humana, anexó un "Indice general de los principales papeles cogidos a los rebeldes de este Reino en varias acciones militares", firmado por el propio virrey el mismo día 31 de octubre de 1814 (AGN, Historia, t. 116, ff. 345-8), donde especifica:

"Cuaderno 2°, núm. 1, pág. primera: Es un proyecto de Constitución formado por el cabecilla Rayón, precedido de un párrafo o introducción lleno de calumnias y denuestos contra el legítimo Gobierno y los europeos. Son notables los artículos 4°, 5° y 6°. En el primero de éstos declaran la independencia de la América; en el segundo se intenta todavía alucinar a la multitud, diciendo que la soberanía, aunque dimanada del pueblo, reside en el Sr. D. Fernando VII; y en el último se deja abierta la puerta para disponer a placer de esta misma soberanía. En el artículo 28 se declaran vacantes los destinos de todos los europeos. A la página 3 siguen unas reflexiones o notas a los artículos, puestas por el cabecilla Morelos, en la que es notable el artículo 40, diciendo, con su acostumbrada barbarie, que la proposición del señor Don Fernando VII es hipotética." [Subrayado en el original.]

Salta a la vista, entre otras consideraciones, que Calleja no conoció el texto de los Elementos, adicionado por Morelos, antes de 1814.