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Siglo XIX > 1810-1819 > 1812

Acre censura de Morelos al obispo de Oaxaca, por el obstinado apoyo que brinda a la causa realista.
25 de noviembre de 1812.

Muy Ilustre y Venerable Sr. Deán y Cabildo.

Con esta fecha digo al Illmo. Sr. Obispo de esta Diócesi[s], lo siguiente:

"Illmo. Sr. Obispo, D. Antonio Bergoza y Jordán.

Aunque la obstinada resistencia del gobierno europeo, tan ilegítimo en sus principios como tirano y bárbaro en sus providencias, no sólo ha negádose a nuestras solicitudes, sino lo que parece increíble, ha cerrado los oídos a la razón, sin querer entrar en discusión sobre la justicia de nuestra santa causa y los sanos principios con que nos conducimos; no por eso nos desentendemos los que estamos a la frente de la Nación, sosteniendo sus derechos sagrados de repetir y observar exactamente las justificadas causas o máximas de los de gentes y de guerra, en beneficio de la humanidad, en ocasión en que, más que a todos, interesa a nuestros antagonistas el conocerlo y el acogerse a los últimos efugios que después de veinte y seis meses de una guerra intestina y nunca vista, han quedado en fuerza de nuestra religiosidad y carácter por temperamento humano.

Tiempo es ya, Illmo. Sr., de no cerrar los ojos temerariamente a este golpe de luz que la Providencia le proporciona en beneficio de su grey, la legnidad [sic] de su estado y, lo que es más, su alta jerarquía como sucesor de los Apóstoles, exigen de V.S.I. aquel amor tan repetidamente exigido del Señor por tres veces a Pedro para que le apaciente su rebaño.

No es tiempo ni es ocasión ésta de fulminar censuras y disiparlas como rayos, prevaliéndose de la cristiandad de los pueblos, con ofensa y violación de los respetos de la santa iglesia, para aterrorizar y conseguir furtivamente una obediencia forzada que sólo hace hipócritas y disimuladores, pero no vasallos verdaderamente adictos, pues que los impulsos de la sola naturaleza detestan una tiránica esclavitud, disponiendo al hombre a aprovechar cualesquiera oportunidad que se le presente para romper las cadenas con que injustamente se ve atado.

A más de que la disciplina y práctica de la Iglesia y la razón natural dictan que el sacerdote, ajeno de todo lo profano y terreno en todo tiempo entre el vestíbulo y el altar, sólo se ocupe en la felicidad de las almas; el celo indiscreto y rigoroso no puede producir sino desgracias, aun cuando parece que consulta al mejor servicio del Eterno.

Vuelva V.S.I. los ojos por un momento a las funestas consecuencias que ocasionó el celo violento que Gregorio VII en haber fulminado excomuniones contra Enrique IV de Alemania y el arzobispo de Ravena, resultando a la Iglesia un cisma de más de tres años, la efusión de mucha sangre humana y la prisión escandalosa de Su Santidad en un castillo.

Crea V.S.I., que lejos de amagarle con estas manifestaciones, sólo deseo que los altos respetos de su dignidad en manera alguna sean violados.

Corra V.S.I. el velo a tantas preocupaciones, como las que han mantenídolo, oficiando activamente a favor de una causa injusta, ilegítima por lo mismo y temeraria ya en las actuales circunstancias, pues muy a su pesar la experiencia habrá desengañádole de que a un corto número de hombres que forman el miserable ejército de los tiranos que tratan de sojuzgar ilegítimamente a esta grande y generosa Nación, es imposible se sostenga contra el clamor y deseos de toda ésta.

V.S.I. hasta aquí ha llenádome de dicterios, ha despreciado y ultrajado a cuantos me siguen y prodigado libelos infamatorios para obscurecer nuestra justicia; pero yo no seré capaz por esto, de violar mis deberes, ni en modo alguno atentar contra su persona ni la de español alguno por sola esta cualidad.

Las cadenas de una ominosa servidumbre de casi tres siglos, con las que tratan de romperse contra los déspotas que en las actuales circunstancias de nuestros días se creen autorizados para llevar adelante la vergonzosa conducta del gabinete de la Península, sólo deseamos que prestándose a nuestros justos reclamos, V.S.I., el Mino. Sr. Deán y Cabildo y todos los párrocos, clero y religiosos de su Diócesi, se conserve como las de todo el Reino, en el goce de su inmunidad y beneficios.

Acabo de intimar a esa capital, se rinda a discreción dentro del preciso término de cuatro horas, contadas desde las cinco de este clía, y que, no verificada, se entrará a sangre y fuego, destruyendo y aniquilando indistintamente este valeroso ejército, acostumbrado a señorearse de sus enemigos, a cuanto se le oponga a la justa posesión a que aspira de esta capital.

La investidura con que la Suprema Junta Nacional Gubernativa se ha dignado condecorarme, el convencimiento íntimo de la justicia y la precisión en que me ponen las actuales ocurrencias, me precisan presentándome con una mano la oliva y con la otra amagando terrible con la espada, a ofrecer a todos su seguridad individual, la conservación de sus derechos y propiedades y la opción de ciudadanos, siempre que se presten por su propio beneficio, a seguir nuestras banderas e influir cuanto esté de su parte al reconocimiento de la soberanía que legítimamente nos gobierna.

Esto es lo que justamente exijo de V.S.I., pues sus altos respetos tienen el debido influjo para lograrla, con beneficio de la religión, de la patria y de la humanidad misma, dignándose de recibir con agrado la sinceridad de mis expresiones y mi alta consideración a su dignidad y persona.

Dios guarde a V.S.I. muchos años.

José María Morelos."

Y para que por parte de vuestras señorías se comunique a los párrocos, clero y religiones de esa capital (pues el tiempo y otras consideraciones no me dan más lugar), con el santo objeto de economizar la sangre humana y consolidar los principios de paz a que consultamos, contribuyendo con sus respetables y eficaces influjos, se lo participo, suplicándole tenga a bien el recibir con agrado la ingenuidad y buenos deseos con que me ofrezco a servirle en cuanto pueda de mis adbitrios.

Dios guarde a V.S.I. muchos años.

Campo sobre Oaxaca, con dirección a la Capital, y noviembre 25 de 1812, a las cinco de la mañana.

José María Morelos [rúbrica].

[Al margen: "No se contestó."]

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 230-232.

Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Archivo General de la Nación (AGN), Infidencias, t. 108, ff. 272-3. Original.