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Siglo XIX > 1810-1819 > 1811

Relato de Josef Sánchez Pareja sobre la forma en que José María Morelos se hace de prosélitos en las comarcas rurales del sur del país.
Pinotepa del Rey, 3 de febrero de 1811.

RAZÓN QUE HAN DADO HOY, 2 DE FEBRERO DE 1811, LOS SOLDADOS DE LA COMPAÑÍA DE VOLUNTARIOS, PEDRO ROBLES [Y] ANASTACIO SÁNCHEZ, QUIENES VINIERON AYER DEL PASO REAL DE LA SABANA, EN DONDE ESTABAN PRISIONEROS DE MORELOS DESDE EL DÍA 4 DE ENERO ÚLTIMO

Dice el cabo lo siguiente:

Que el día 4 de enero, de madrugada, cuando dieron el asalto, no trajeron más que 36 fusiles, hombres, flecheros y macheteros, que todos no llegaban a 200; que a éstos los mandaba un negro que había de capitán; que para su entrada venían tan bien guiados, que a la primera centinela la cercaron y cuando ésta dio el quién vive, se le arrimaron, Marcos Landín, sargento de los soldados de San Marcos y le dijo que si hablaba lo mataba; luego, inmediatamente, se pasaron a los cañones y se apoderaron de ellos; que allí [fue] cuando le tiraron al ayudante Machauri, que iba a que obraran los cañones, que estos estaban con las cebas mojadas;

Que luego que todas las tropas se retiraron, el único que se resistió fue el sargento veterano de los de Acapulco, Pios;

Que éste mandó hacer fuego y no lo dieron los fusiles; que en vista de esto dijo estaba de Dios y luego le mandaron entregasen los fusiles y se rehusó, y en esto tuvieron sus altercaciones, quisieron amarrarlo y respondió que iría suelto a hablar con el padre Morelos;

Le pidieron que entregase todas las municiones de los cañones, que les respondió con arrogancia un disparate o desvergüenza, que se tomaron todas las municiones, fusiles y equipajes y cuanto había en el campo; que luego empezaron a conducirlo todo al Paso, y que 60 soldados de la Compañía de Xamiltepeque, todos fueron amarrados y conducidos con los demás prisioneros; que habiendo llegado al Paso fueron presentados al cura Morelos todos;

Que éste mandó poner grillos a los dos Magros, al sargento Olvera, a Galiandes y Pelayo; al cura de Ayutla lo amarraron y a Campy, engrillado y amarrado, lo murmuraron y burlaban, dándoles tirones de los mecates, y que éste les decía "i Quítenme la vida y no me hagan burla !"

Que el sargento Rios, luego que fue presentado a Morelos, le mandó que le quitasen la casaca y charreteras; a esto respondió, que luego que le quitasen la cabeza lo harían, pero vivo que no, porque aquel distintivo se lo había dado el rey, a quien servía.

Le dice Morelos:

— ¿ Parece que vuestra merced es hombre ?

— Sí señor, y siempre lo he sido en todas las partes que me han destinado a defender a mi amo el rey.

— ¿ Con que vuestra merced salió el otro día del puerto a matarme gente ?

— Sí señor, y si vuestra merced quiere experimentar si soy yo fiel vasallo del rey, dome vuestra merced mi tropa veterana y póngame al frente.

A esto dijo el cura que se le pusiese un par de grillos, y él le respondió: "aunque sean dos."

Después mandó el cura que todos los veteranos, como muy vivos, no convenía que estuviesen allí, que los pasasen a Teypan.

A los 60 hombres de Xamiltepeque con estos dos declarantes los mandaron al Pie de la Cuesta de Collucan, que está al otro lado del Veladero, en un estrecho por donde corren la correspondencia y víveres de la costa.

Que allí tiene un destacamento de 150 flecheros, 30 fusileros, y estos dichos de Xamiltepeque, sin armas; de capitán de éstos estaba un tuerto negro.

Que en el Veladero tienen destacamento de flecheros y algunos fusiles, pero pocos; que hay en dicho punto sus ramadas; que en Las Cruces hay otro destacamento como de 200 hombres; en el mismo orden dicho, otro al lado de Las Cruces; otros de 100 hombres, ídem;

Que en el Marqués hay 300 hombres, y que en el Papagallo abajo 200 hombres; ídem, que río arriba 100 hombres; que en el Ahuacatillo hay 300 hombres e ídem, y dos cañones pedreros;

Que en La Brea tienen otros 300 hombres y que estaba aquella hacienda en corriente de molienda; que el Paso Real está cercado de una muralla que tiene el estado de un hombre de alto y de ancho una vara, de piedra y rellenada de arena, es cuadrado el campo y tendrá 200 pies cúbicos; dentro de este campo están como dos mil hombres de todas partes, a saber oaxaqueños, miztecos, costeños mexicanos y de Teypan, y de adelante.

Sus armas abundantes con flechas y fusiles, los que nos tomaron de los tres y otros pocos. Cada cuartel tiene 506 lanzas, 20 ó 30 fusiles y muchas flechas.

Que para formarse no tienen orden, sino que llaman algunas compañías sus listas y el que no responde lo borran; que a todos les dan dos reales diarios y que los ponen a trabajar en muralla, a chaponear, y al que ven parado le apuran que vaya a la fagina, y éstos responden "no estoy alistado" y no va; esto respondieron varias ocasiones los declarantes y tampoco querían los dos reales; que los cañones están repartidos dos por cada costado y uno en el cerrito, por donde el capitán Rionda subió el día del ataque;

Que dicho campo tiene cuatro puertas, que de noche ninguno sale ni entra, con orden las centinelas que el que saliere lo maten, y que quien da las órdenes es Morelos; a éste le sigue D. Julián Galiana, y que en el día ya disputaban dicho Galiana y Tabares el mando.

Este último andaba cada día remudando uniformes y cargando el sable del Capitán Magro; ensillaba los mejores caballos.

El traje del cura es pantalón de cotonia blanco o coletilla en pechos de camisa, un pañuelo colgado de la cintura, un ceñidor de hiladillo envuelto en la barriga, su par de pistolas colgadas y un sable a la mano.

El traje de los Galianos es como el de los bejaranos, como de campo. Estos son como seis, hasta con los muchachos que hay de dicha familia; y que no vieron familia decente ninguna.

Que los únicos que hacen alguna distinción por el color más claro, son los de Zacatula; que hay indios, negros, mulatos y fascinerosos fugitivos de sus patrias; que cuando alguno se presenta, le preguntan que "¿qué patria?", y que debe responder "la patria", y confiesan sus delitos; que le responden, "no debes nada, estáte aquí".

Que hay un padre que dicen que era de Teipan, éste hacía de capellán, que confesó a Machauri;

Que Dolz y D. Benito Manero pasaron por enfermos, y están los dos en una cama muy pálidos, y a éstos socorrieron de sábanas Pedro Baños y Agustín Sapotillo; y que todos los nuestros que están allí suponían que la enfermedad de los dos oficiales dichos era supuesta, por no entrar en parte de Morelos; y que se habían escapado de ir a Teypan por ser criollos;

Que aunque los Magros dijeron eran criollos, no los creyeron y les dijeron que cuando estén en Oaxaca, verán la fe de bautismo y lo creerían; que fuera de este campo hay muchas mujeres que son las que venden las tortillas y frutitas;

Que los maíces, arroz y otros víveres, les vienen de la costa del Sanjón; que ya de carnes se han acabado tres ranchos y que no tenían carnes por aquellas inmediaciones, que a San Marcos venían a traer;

Que está el cura y toda su familia muy soberbia y no hablan otra cosa que de conquistar todo el reino; que a el cura le iban cartas de Valladolid, de Tepecocuilco y otras partes; que un día dijo Morelos que el cura Hidalgo le decía que viese cómo se componía por acá y que no tuviere cuidado de él, que estaba muy bien puesto;

Que ya sabía Morelos cómo estaba acá en Cortijos nuestro campo de reunión, y que Maldonado y Quajinicuilapa estaban levantando mucha gente para la Palizada e ir a donde él; que ya sabía que bajaba tropa de México, pero que nada le asustaban, aunque fuesen los miles que quisiesen no tenía cuidado, que él los compondría, que allí los esperaba;

Sabía Morelos muy bien de los oficiales que había en el campo de Tres Palos, y que él al Comandante Paris tenía muchas ganas y a su ayudante Verdejo, a quien en la hora que lo cogiera le quitaba la cabeza.

Del campo de los Quaulotes decía que había vicecomandante, que sería porque era criollo; que sabía que dicho comandante no amarraba a sus soldados, porque algunos que salían del Paso iban a dicho campo; sólo con decir que venían huidos del padre, y que iban a sus casas, los creía y los dejaba ir.

Que el sargento Aguirre, de Pinotepa, era un tonto y que siendo criollo había huido; que el día que estaba señalado para ir a tomar el puerto por entrega, salieron 400 hombres, y entre ellos iban los declarantes, y que llegaron a los puntos señalados donde esperaban las señas que ofrecía el que iba a entregar; que ésta no la hubo porque ya había caído el traidor, y en vista de esto se tiraron a robar al pueblo, y que del castillo les tiraron dos cañonazos y se huyeron.

En esta borrasca se fugaron los declarantes y se escondieron en el monte y después de retirados los enemigos se presentaron al Castellano y les contaron su historia;

Dicho señor les imposibilitó el tránsito para sus pueblos por agua, y que si querían se viniesen por los montes; tomaron dicho consejo y cuando menos pensaron cayeron nuevamente prisioneros en donde había unas espías; éstos le dieron el quién vive, respondieron "América", y la pregunta de dónde venían, respondieron que del Puerto;

Luego los pusieron en camino para el Paso, pero ellos solos a poco andar vieron dos hombres armados sentados a un lado del camino; tenían tintero y papel, éstos les hicieron las mismas preguntas y los dirigieron para el Paso, caminaron y así fueron encontrando espías, hasta que llegaron a donde estaba Morelos.

Éste, un día llamó al soldado declarante y le dijo:

— Amigo de Xamiltepeque, venga vuestra merced acá.

Le preguntó que si mucho había robado en el puerto, le respondió:

— Yo, señor, no sé robar, porque no es lícito robar, según nuestra ley.

— ¿ Cuál es tu ley ?

— La cristiana.

— Eso no sabes tú y están engañados de los gachupines, que ni saben lo que les iba a suceder; ahí tengo el fierro con que los iba [a] señalar para entregarlos a Pepe Botella, quien los había comprado, a los hombres a cuatro reales y las mujeres a uno y medio reales y los muchachos a dos reales.

Esto es cierto y tengo cómo hacérselo bueno a los gachupines; ahí tengo los papeles en que habían hecho la venta y yo los voy a defender.

El rey Fernando es cierto que estuvo preso en Francia, pero los ingleses lo quitaron y lo trajeron a este reino. En tierradentro está bien cubierto hasta que ganemos todo el reino, que luego que quitemos a los gachupines ya está ganado, y entonces sale nuestro rey a gobernar y Nuestra Señora de Guadalupe, que es tan milagrosa, está en nuestra ayuda.

Y así, que supiesen cómo estaba el mundo, para que no creyesen a los gachupines, que nos llaman a todos los insurgentes rebeldes, que los trataban a todos los prisioneros de cobardes que habían perdido el campo, y que este mismo cargo hizo al sargento Ríos, Morelos, a quien respondió dicho sargento: "Eso es por la entrega de Tabares, quien hay algún día las pagará".

Que en dicho campo se hablaba mucho del ataque del día 13, y que nos habían matado como 200 soldados, y de ellos solos 7, pues por último, viendo que éramos tan aguantadores que no huíamos, se huyeron todos ellos y hasta el cura y Galianas, dejando la casa por perdida;

Pero que un chino con 13 hombres, dijeron no se iban hasta ver nuestra entrada, y que con tres M [¿ morteros ?] de pólvora estuvieron tirando nuestras tropas, y luego que lo vieron mandaron a avisar al cura que se viniera, que el cargo no se había perdido; que era corriente la voz en dicho campo del cura, de que la entraga de Tres Palos había sido de Tabares, de los dos Gandines y los ingleses, y que en dicho Morelos hay conocimiento de cuanto se dispone entre nosotros, ahora y antes que tomaran el campo; y todos los jacales estaban destechados del zacate, porque sabían que había disposición de quemarlos con las camisas embriadas, y que todas las dichas casas están reducidas a ramadas; que por aquellos contornos está todo el campo chaponeado, y lo mismo en los destacamentos; y que en Las Cruces está de piedra hecha una muralla.

Que el cura es muy determinado; que cuando se le antoja monta en su mula y con cuarenta hombres va a registrar su avanzada; que espera allí [a] cuantos quieran irle a acometer; que un día le llegaron dos o tres mulas cargadas de pesos, que estaban disputando éstos Pedro Baños y los demás soldados de Xamiltepeque;

Que donde hubiera proporción matarían a los que cuidaban de ellos y se irían al puerto, y para esto ya estaban vendiendo sus sillas y caballos para hacerse de relojes, digo reales, y fugarse; que a dicho Baños lo hicieron sargento; que Aldeco es cabo y también lo es Radilla, quien estaba tan insurgente, que hacia mucho papel, y éste es uno de los que burlaron mucho al capitán Campy.

Pinotepa del Rey, 3 de febrero de 1811.

Es copia de la que me entregó hoy, 4 de febrero de 1811, el Comandante de esta División, D. Josef Sánchez Pareja.

Campero [rúbrica].

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 165-170.

(Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Archivo General de la Nación (AGN), Operaciones de Guerra, t. 105, f f. 5-8.

(Este documento, de no fácil lectura, por su rústico y atropellado vocabulario, es una fuente de primerísimo orden para el estudio de Morelos y la guerra de independencia en una de sus facetas más atractivas: el impacto que el caudillo provocó entre las masas que lo secundaron, es decir, la esencia de la revolución popular.

(Los hechos aquí relatados se ubican en los días posteriores a la acción del Veladero (4 de enero de 1811), memorable triunfo del cura de Carácuaro.

(Por la ingenuidad "y la falta de malicia de los informantes —seguramente analfabetas, ya que no firmaron su declaración—, que describen llenos de azoro el ambiente de un campamento rebelde y la figura extraordinaria del jefe que lo dirige, creemos que el relato ofrece mucho de verídico y que los diálogos en que se hace participar a Morelos entran con el pie derecho en el terreno de la verdadera historia.

(Otra buena información coetánea de estos sucesos, aunque de autor más "letrado", fue publicada por nosotros bajo el título: "Las primeras victorias de Morelos relatadas por un espía realista" en, Boletín Bibliográfico de la Secretaría de Hacienda, núm. 291, México, 15 de marzo de 1964, pp. 6-9.)