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Siglo XIX > 1810-1819 > 1811

José María Morelos escribe a don Ignacio López Rayón, brindándole su apoyo entusiasta para la instalación de la Suprema Junta Gubernativa.
Tixtla, 13 de agosto de 1811.

Sr. Lic. D. Ignacio Rayón.

En oficio de 13 de este julio, me dice V.E. desea saber el estado en que me hallo para realizar la idea de que formemos una Junta a la que se sujeten todos los comisionados y jefes de nuestro partido, para embrazar los trastornos que la conducta de muchos de ellos originan a la Nación y la anarquía que se deja ver y será irreparable entre nosotros mismos.

Y que aguarda exponga mi dictamen y mande un hombre de luces sobresalientes para celebrar dicha Junta, de tres o cinco sujetos en quienes se deposite nuestra confianza, dicten lo conveniente a la causa y recojan tanto comisionado y generales como por sí propios se han nombrado, con el objeto de no entrar jamás en acción, hostilizar los pueblos y mantenerse del robo indistintamente.

Y respondiendo a todo por partes, digo:

Que tengo cuatro batallones sobre las armas, uno guardando los puertos de la costa, otro en el Veladero, alias El Fuerte de Morelos, sosteniendo el sitio de Acapulco, y dos acantonados en los pueblos de Chilpancingo y Tixtla, aguardando provisión de pólvora para seguir la marcha.

Con estos cuento seguros por escogidos a mi satisfacción, pues aunque hay otras divisiones criadas por mis condicionados, éstos se bambolean a la anarquía de tanto general como de día en día se van descubriendo.

Pero cuento también con los naturales de cincuenta pueblos, que hacen muchos miles, y aunque no están disciplinados, sirven de mucho en un ejército, estando subordinados; éstos los he retirado a la agricultura para el sustento de todos, y aquéllos sobre las armas con las correspondientes a su número, y más de cincuenta cañones de varios calibres.

Tengo hecha mi acendrada en las Amilpas, Puebla y Oaxaca, y los pueblos prontos al grito que se les dé, concluidas sus escardas, por lo que no dudo los progresos que me prometo en las provincias siguientes.

En cuanto a formar la Junta, parece que estábamos en un mismo pensamiento y muchos días ha que la he deseado para evitar tantos males por los que nada hemos progresado, y por ellos he padecido hambres y desnudeces hasta llegar el caso de vender mi ropa de uso, quedándome con lo encapillado por socorrer las tropas.

No hay duda que a los principios nos fue preciso extender muchas comisiones para aumentar el fermento, pero ya es tiempo de amasar el pan.

Yo di algunas por mi rumbo, pero a poco tiempo las reduje con modo a corto número de personas útiles, pues los demás sólo eran devorantes, resultándome algunos de éstos con nombramientos otorgados por sí mismos y de mayor jerarquía que Su Alteza.

Por este rumbo no hay letrado que poder comisionar de mi parte, y aunque yo no lo soy, pudiera, asistiendo a la Junta, allanar algunas dificultades por algunas experiencias; pero no pudiendo separarme un instante sin riesgo de perder, desde luego nombro en mi lugar al Dr. D. Sixto Berdusco, cura de Tuzantla, para que representando mi persona, concurra en la Junta a dictar lo conveniente a la causa para cortar el desorden y anarquía que amenaza, no haciéndolo en la persona de V.E., porque debiendo ser uno de los miembros de la Junta, no se diga que lo ha querido ser todo.

Y aunque me presumo que dicho Dr., por sus conocidas letras y talento, pueda ser de los tres que compongan la Junta, podrá delegar mi comisión en la persona que mejor le parezca, con tal que sea declarada a nuestra causa, cimentando en los principios y fines que hemos expuesto, y sosteniendo mis disposiciones, que digo en el adjunto y se contienen en los dos bandos para no causar trastorno y confusión.

Que no pasen de tres individuos la Junta, es muy conveniente, pues Non potest bené gerere Rempublicam imperio multorum; y serán cinco con los dos caudillos quibus Deus sceit...

Importa en sumo grado extinguir tanto devorante general o ladrones generales; conozco algunos que siempre se ponen a treinta leguas del enemigo, piérdase lo que se perdiere, y pudiera señalar algunos, pero ya son todos per se notos.

Esta junta es legítima, por lo menos respecto de este rumbo de mi cargo, por ser consentimiento de todos estos pueblos y oficiales, y por dirigirse la Junta a su objeto esencial primario.

Sólo resta que nos demos prisa en ejecutarlo todo, porque el tiempo se nos pasa y los desórdenes siguen, pues queriéndolo remediar de otro modo, sería mejor pelear contra las siete naciones.

Previendo éstos, lo acordamos con Su Alteza en Indaparapeo, que pudiera yo recoger las comisiones dadas de su puño a los que resultaran abusadores; pero como por una parte el enemigo no se me ha quitado del frente, y por otra los culpados han sabido acogerse al asilo de tanto general, como Muñiz, que introduciéndose a donde no le toca, han quedado sin efecto mis providencias en esta parte.

Espero que todo se remediará. Omito infinitos pormenores, porque me resultarían laúdes que no merezco, y a otros, daños que no les deseo.

Es adjunta la comisión al Dr. Berdusco.

Queda victoriada la batalla de Zitácuaro y publicado el Manifiesto de V.E.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Cuartel General en Tixtla, agosto 13 de 1811.

José María Morelos [rúbrica.]

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 178-180.

(Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Morelos, documentos inéditos y poco conocidos, México, Publicaciones de la Secretaría de Educación Pública, 1927, t. t, pp. 125-7.)