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Siglo XIX > 1810-1819 > 1811

Extractos de doce acciones de guerra, dadas por las fuerzas de Nueva Galicia.
Guadalajara, 28 de diciembre de 1811.

TOMO III
NÚMERO 125

Habiendo ocurrido últimamente en varios puntos del territorio de mi mando diversas acciones parciales contra los rebeldes, que no se han dado a la imprenta, ejecutadas unas por las tropas del rey en unión de los patriotas, y otras por estos solos sin el auxilio de aquellas, me ha parecido justo hacerlas saber sin más retardo a los fieles habitantes de esta provincia para no privarlos de la satisfacción que de ello debe resultarles, y al efecto he formado extracto particular de cada una, con citación de fechas, en los términos siguientes.

PRIMERA.—

Teul 29 de octubre de 1811.

A las once de la noche del día 29 de octubre último se vio repentinamente acometido este pueblo de cuatrocientos rebeldes, a tiempo que la mayor parte de la gente que podía defenderlo se hallaba descuidada y dispersa en sus casas, y muy poca en el cuartel, y la remonta de los de a caballo muy distante; pero reuniéndose al momento todos a pie, tomando sus armas, y gritando llenos de valor y entusiasmo vamos a morir o vencer, se colocaron en las azoteas de la iglesia, y desde ellas se hicieron tan respetables al enemigo que no se atrevió ya a dar un paso adelante; pudieron para entonces montar como unos veinte hombres, y echándose denodadamente sobre la canalla la obligaron a huir con precipitación dejando seis cadáveres y otros tantos heridos, sin más desgracia por nuestra parte que la de un individuo que falleció a las seis horas de dada la acción.

SEGUNDA.—

Rancho del Capulín 3 de noviembre de 1811.

El capitán de dragones de Querétaro don Ángel Linares, que con la división volante de este ejército salió de la hacienda de Cuerambaro el día tres del corriente, avistó a las cuatro horas de camino en las inmediaciones de dicho rancho una gavilla de insurgentes compuesta de trescientos a cuatrocientos hombres, mandó perseguirla a la guerrilla al escape y luego ti toda la división pero la canalla volvió las espaldas y no dejo de correr hasta que se metió en un monte tan barrancoso y áspero que fue imposible perseguirla; pero sin embargo les mataron los nuestros seis hombres, y les quitaron ciento treinta caballos; elogia mucho Linares la valentía de su tropa, y como él dice de sus nuevos soldados que son algunas compañías de patriotas que llevaba consigo y acababa de levantar él propio en el pueblo de San Juan, pues las de Atotonilco y Arandas que le acompañaban se han distinguido ya en varias ocasiones.

TERCERA.—

Acaponeta 6 de Noviembre de 1811.

El señor coronel don Pedro Villaescusa, comandante de una división de tropas de provincias internas envió una partida de tropa a castigar la jurisdicción rebelde de Malo, y creyéndolos los de Acaponeta que su dirección era para aquel pueblo determinaron y ejecutaron sus vecinos el heroico lance de aprehender a los cabecillas principales que se decían coroneles nombrados Hidalgo y Costilla, Silva fundidor de cañones, José Miguel López que se titulaba secretario, y otros tres de los más perversos que fueron pasados por las armas de orden de dicho jefe; irritados los rebeldes de este acaecimiento amenazaron destruir el pueblo, pero socorrido éste con ciento cincuenta hombres a cargo del teniente don Benito Espinosa, con quien se unieron los fieles conductores de la citados reos, fue este valiente desafiado por el cabecilla principal Cecilio Rodríguez, y supo su constancia resistir
el día 6 del corriente un sangriento combate en Acaponeta, desde las ocho de la mañana hasta las cuatro y media de la tarde, en que ya conocieron los malvados difícil su empresa y desistieron de ella retirandose con bastante pérdida entre muertos y heridos, y de nuestra parte sólo hubo uno de la primeros y tres de los segundos, bien que a las orillas del pueblo saquearon y quemaron varias casas pereciendo en ellas con el fuego una mujer, dos hombres y un niño; la voz común era de que los rebeldes ascendían a dos mil y esta multitud cedió al corto número de poco más de doscientos valientes.

CUARTA.

Xiquilpan 13 de noviembre de 1811.

El capitán don Miguel de la Mora de la división del señor coronel don Manuel del Río salió de Sayula con cuatrocientos sesenta caballos de Acordada y marchó sobre Xiquilpan, donde según noticias había una gavilla de bandidos; no encontró a nadie a su llegada, que le verificó el 12 del corriente, pues que la canalla estaba en Cotija, y así trató de que descansase la tropa algún tanto aquella noche, pero a las tres de la mañana en que se notaba el mayor silencio fue asaltado dentro del mismo pueblo por unos cien rebeldes que aunque quisieron sorprender a los nuestros no pudieron ni lograron otra cosa que dispersar algunos por la confusión en que se vieron todos con la oscuridad de la noche; el comandante Mora se vio en bastantes apuros para arreglar su gente, pero por fin lo consiguió, y los cien rebeldes con otros muchos que habían quedado a las orillas del pueblo huyeron a la lagunilla acaudillados por Gudiño y Silva; entre dos y tres de la tarde del propio día 13 se presentaron de nuevo los rebeldes en frente de Xiquilpan con aparato de querer atacar; pero haciéndose fuerte Mora en la plaza no se atrevieron a cometerle y pasaron de largo a tomar la ventajosa posición de un cerro en donde tiempo antes fue derrotado el lego Gallaga, y en cuya acción se halló el capitán Mora; animado este del conocimiento que tenía del terreno marchó sobre ellos con cosa de doscientos cincuenta hombres, número muy inferior al de la canalla, y sin detenerse en formación les cargó de improviso y los dispersó en pocos momentos, dejando en su campo más de veinte cadáveres, treinta caballos ensillados algunas lanzas, un fusil y hasta un uniforme de coronel de la gavilla.

QUINTA.—

Xolostolitlán 14 de noviembre de 1811.

A las once y medía de la mañana del día 14 del corriente atacaron de improviso los rebeldes al pueblo de Xalos en número de quinientos hombres al mando de Hermosillo, acercándose hasta las puertas del muro que acababa de construirse; veinticinco hombres patriotas fueron sólo los que de pronto pudieron juntarse y este corto número lleno de entusiasmo hizo por espacio de cinco horas una vigorosa resistencia, acudiendo con valor a los puntos por donde la chusma pretendía escalar, hasta que por fin obligaron a los enemigos a fugarse precipitadamente con pérdida de algunos muertos y heridos, sin que por nuestra parte hubiera habido más que dos contusos de piedra.

SEXTA.—

Pueblo de San Diego en la Sierra 19 de noviembre de 1811.

El capitán don Manuel Ignacio de Arvizu de Provincias internas, que con un Cuerpo de trescientos hombres pertenecientes a las tropas del ejército de Sonora del mando del señor coronel don Pedro Villaescusa se hallaba en Acaponeta, y venía dirigido a batir en combinación los insurgentes de la hacienda del Pozole, tuvo noticia de que en el pueblo de San Diego situado en la sierra a distancia de diez leguas, había una gavilla que pasaba de quinientos rebeldes capitaneados por los cabecillas Ramón Lugo, Juan Costilla y Juan Gamboa, e inmediatamente marchó para aquel punto con doscientos cuarenta hombres, y subiendo a una sierra muy áspera y escarpada en la noche del 18 de este mes, cercó al amanecer del 19 a los enemigos y logró derrotarlos completamente, dejando muertos en el campo de batalla doscientos veintiún rebeldes que pudieron contar, y esto con poco uso del arma de fuego porque siendo corto el terreno del cerco sólo la lanza y el sable fueron bastantes a exterminarlos, y los que escaparon tuvieron para conseguirlo que arrojarse por un botadero al parecer inaccesible; por nuestra parte hubo sólo un oficial contuso de golpe de sable que le dio un rebelde, quien quedó muerto por aquel en el acto; entre los enemigos muertos fueron comprendidos los cabecillas Gamboa y Costilla, y el capitancillo Lugo que cayó vivo en manos de los nuestros y lo pasaron por las armas con ocho más de la canalla; y lograron su libertad cincuenta y tres vecinos honrados que de diversas partes traían ellos prisioneros.

SEPTIMA.—

Hacienda del Pozole 23 de noviembre de 1811.

De resultas de la acción de Acaponeta se fue el caudillo Cecilio González, con toda su numerosa gavilla a la hacienda del Pozole y con esta noticia ordeno saliera de Tepic a encontrarlo una partida de tropa al mando del capitán don Mariano Urrea, comandante de las armas del mismo pueblo, y que se le incorporase en la marcha otra del apostadero de San Blas, a cargo del alférez de fragata don Mateo Plowes; llegó en efecto a las inmediaciones de dicha hacienda el día 23 de este mes, y en tres ataques que dio a la canalla la derrotó enteramente, y dejando tendidos en el campo de batalla más de cien cadáveres, se dispersó por la tierra montuosa de aquel paraje, con tanto horror y precipitación que por haber en el camino de la huida sitios donde apenas cabía un hombre, se tiraban por sobre las ramas de los árboles y arbustos.

Recomienda Urrea a Plowes, y otros.

OCTAVA.—

Teul 25 de noviembre de 1811.

El gobernador de Colotlán teniente coronel don Manuel Iturbe e Iraeta, que se hallaba en el pueblo del Teul, destaco en la mañana del 25 del corriente una partida de cuarenta hombres a cargo de un teniente con el fin de observar una reunión de rebeldes que tuvo noticia hallarse en el cerro del Duraznillo, ignorando el número a que ascendían; pero dicho oficial ni pudo avistar el citado cerro, ni dejar le atacar en retirada a los enemigos que intentaron embarazarle el paso; su número pasaba de doscientos de caballería y ciento cincuenta indios flecheros, pero sin más que veinte armas largas de fuego y otras tantas lanzas, no solo os resistió sino que los escarmentó matándoles diez y haciendo poner en fuga a los demás, sin de nuestra gente experimentase daño alguno.

NOVENA.—

Coalcomán 29 de noviembre de 1811.

Ya había algunos días que se tenían noticias de que la canalla iba reuniéndose en Coalcomán, y que trabajaban en aquella ferrería y construían cañones, pero no fue posible en el momento averiguar el número de gente que componían, y demás conocimientos que se requieren en estos casos para poder determinar su destrucción, a causa de que habían impedido con vallados y otros obstáculos las difíciles entradas del pueblo; se receló por último que las intenciones de los rebeldes fueran de acometer a Colima.

Para evitarlo mandé que se les atacara, y a este fin salieron dos cuerpos: uno al mando del subdelegado y comandante de armas de Colima don Juan Nepomuceno Cuellar, y otro por diverso rumbo al del capitán don Miguel de la Mora que depende de la segunda división del ejército, ambos con gente de a caballo compuesta de patriotas y hombres de Acordada, para que acometiendo los dos a una misma hora quedase la canalla derrotada completamente; no pudo verificarse el ataque combinado, porque noticioso Mora en el camino de que los rebeldes lo esperaban al abrigo de seis cañones en el puerto de las Cruces, situación ventajosísima para ellos y mucho más por haberla fortificado con estacas, vallado y etcétera, apresuró la marcha y doblando jornadas, se presentó a su vista, pero no se atrevieron a guardarlo sino que con cuatro de los cañones se fueron a coger el punto por donde debía llegar Cuellar, y apoco rato huyeron y se dispersaron todos; de consiguiente entró Mora en Coalcomán sin oposición y sin poderles picar la retaguardia, como lo deseaba, el día 29 de noviembre último, y luego llegó su compañero; se apoderaron de los seis cañones, de muchas cureñas que a toda prisa estaban labrando, herramientas y maquina para montar lo menos veinte; encontraron también mil arrobas de fierro fundido, ciento y treinta quintales poco más o menos del llamado vergajos, y mucha madera de camas y otros usos.

Cuellar tuvo asimismo su encuentro en la marcha, pues siguiendo a una avanzada de rebeldes que se le apareció por el monte, llegó al paraje, donde en punto ventajoso tenían dispuesta su fortaleza con estatuada doble, vallado y troneras, y no halló en ellas más que utensilios de cocina, mucho bastimento y veintitrés ridículos monos de trapo, bien que la gente que destinó a perseguir la avanzada referida se trajo catorce caballos ensillados, alguna muda de ropa, dos bastones, tres lanzas y una escopeta que abandonó aquella en su fuga.

DÉCIMA.—

Teul 1 º de diciembre de 1811.

El gobernador de Colotlán que permanece en el pueblo de Teul supo que había algunos pelotones de rebeldes en Huisila, Xalpilla, Cumbre de la sierra, y vertientes del rió con dirección al paso de Santa Rosa, o hizo marchar a los primeros puntos en la noche del 30 de noviembre último al teniente don José Ignacio Alegría con cuarenta hombres; este
buen oficial asaltó cerca de Tesalesca, en la madrugada del día siguiente, a sesenta o setenta acaudillados por el capitán Manuel Robles, los derrotó completamente matándoles once, entre ellas el caudillo y les quitó toda la caballada.

UNDÉCIMA.—

Arandas 24 de diciembre de 1811.

A las doce del día 24 del corriente diciembre fue asaltado el pueblo de Arandas por más de ochocientos insurgentes divididos en gavillas por varios puntos; atacaron en cerco con un fuego terrible que duró hasta las cuatro y medía de la tarde en que admirados y acobardados del valor de los defensores, se retiraron aquellos, sin ofender a estos en lo más leve, llevándose de nueve a diez cadáveres que tuvieron en los suyos por haberse atrevido a acercarse algo más que los otros, y únicamente cometieron la vileza de matar a un soldado y un paisano que encontraron indefensos a extramuros de dicho pueblo, pegando también fuego a todas las casas pajizas, o sean jacales del círculo del lugar; en este pueblo no había tropa alguna del rey, sino sus patriotas y parte de los de Atotonilco que estaban allí en calidad de auxiliantes; no es la primera vez que unos y otros han dado pruebas de su valor y patriotismo, y ahora más que nunca entusiasmados desean nuevas ocasiones de acreditarlo para escarmiento y confusión de los rebeldes, y ejemplo de los demás pueblos que hasta ahora no han tenido la gloria de imitarlos.

DUODÉCIMA.—

San Pedro piedra gorda 25 de diciembre de 1811.

El capitán don Ángel Linares que venía con su división y la del de la propia clase don Luis Quintana, incluso algún número de patriotas pertenecientes a León, Silao, Lagos, San Juan y Xalos de socorras a Guanajuato se encontró el 21 en Cuerambaro con una avanzada de Albino García que le hizo fuego, y habiendo mandado a la guerrilla que la
persiguiese, huyeron los rebeldes con precipitación y no pudo alcanzarlos; el grueso de ellos se hallaba en Tupatano y Penjamo, pero luego que tuvieron noticia de que se acercaban nuestras tropas, desampararon dichos puntos, y se dirigieron por diverso rumbo.

Supo Linares que en San Pedro había otra reunión, y marchando para este pueblo se le presentaron en un llano inmediato, a las cuatro de la tarde multitud de enemigos todos a caballo al mando del cabecilla Salmeron formados en batalla; pero en cuanto vieron el primer movimiento para atacarles, se pusieron en una violenta fuga, y perseguidos hasta después de la oración por toda la caballería e infantería montada que los siguió hasta los montes, consiguió el dispersarlos, matarles una gran porción de gente y quitarles como trescientos caballos y mulas, e igual número de ganado vacuno y lanar que el día antes había cogido el propio Salmeron en las inmediaciones de Arandas.

Y lo aviso al público para su noticia y satisfacción.

Guadalajara 28 de diciembre de 1811.—

José de la Cruz.

Fuente:

J. E. Hernández y Dávalos. Historia de la Guerra de Independencia de México. Seis tomos. Primera edición 1877, José M. Sandoval, impresor. Edición facsimilar 1985. Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana. Comisión Nacional para las Celebraciones del 175 Aniversario de la Independencia Nacional y 75 Aniversario de la Revolución Mexicana. Edición 2007. Universidad Nacional Autónoma de México.

Versión digitalizada por la UNAM: http://www.pim.unam.mx/catalogos/juanhdzc.html