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Siglo XIX > 1810-1819 > 1811

El comandante realista del Sur, Nicolás Cosío, explica al virrey la necesidad que hay de batir a José María Morelos, aplicando las reglas del arte militar, si se desea contener los avances de éste.
Cruces, 5 de abril de 1811.

Reservada.

Excmo. Sr. Virrey, D. Francisco Xavier de Venegas.

Desde el pueblo de Tistla hice presente a V.E. la clase de posición en que están los enemigos que siguen el partido del cura Morelos, que ahora se halla restableciendo su salud en el pueblo de Teipan, según algunos prisioneros, y según otros en la cumbre del Veladero, montaña inaccesible por la naturaleza y por el arte, y como combinaban todas las relaciones, conocí la necesidad que había de batirlos, de distinta suerte que a los demás insurgentes.

Entonces no estaba impuesto de la habilidad de un tal David, anglo-americano, director de las operaciones y fortificaciones militares.

Sin embargo, conocí también la localidad de los terrenos, su mal temperamento, lo despoblado que se halla, y acercándose el tiempo de aguas, en cuya estación se pone todo esto intransitable, pues hasta los arrieros dejan de transitar los caminos, tanto por lo pesado de ellos como por la enfermedad, que a esta hora ha hecho ya sus efectos en el ejército.

Esta narración, que parece muy cansada, la hago a la superioridad de V.E. para hacerle presente el que esto se halla en el forzoso caso de asistirlo muy pronto, con un regimiento de ochocientos a mil hombres mandado por un oficial inteligente en fortificación, pues todo lo que no sea batir en las reglas del arte militar la posesión de Morelos, es sacrificar gente, hacer desmayar a los raros buenos que hay y lo que es más, aumentar el orgullo de los enemigos y que se internen por la provincia de Oaxaca, Tistla, etcétera.

Acompaño a V.E. un mapa, que aunque imperfecto, da alguna idea de lo escabroso del país.

No hay un paraje por donde se transite, donde quepan tres hombres de frente.

Las muladas y caballos están todos los días expuestos a la sagacidad campestre de los enemigos; ¿y qué hara el ejército el día que se lleven la mitad de las primeras?

Esta es una de las menos causas que atormentan el espíritu del que manda; la mayor y esencial, es el conocer de ciencia cierta la ninguna utilidad de los afanes y trabajos.

Han sido incalculables los que he pasado en la conducción de la artillería, y gracias al teniente de marina D. Francisco Madrazo, que voluntariamente se ofreció a servirla, habiendo desempeñado sus funciones en el más alto grado.

Por todo lo expuesto y mucho más que sepulto en el silencio, se servirá V.E. resolver lo que tuviere por conveniente; suplicándole me releve de una responsabilidad que no puedo desempeñar y concederme su superior permiso para pasar al pueblo de Xamiltepeque o Oaxaca a restaurar mi salud, por el tiempo que fuere del agrado de V.E.

Entre tanto, continuaré mis esfuerzos a sostener los puntos tomados al enemigo de los Cajones, Cruces y Aguacatillo, sin quedar responsable a ningún accidente imprevisto, por no poder llenar las distancias que haya que atender.

Si en el entretanto se me aumentase mi enfermedad, lo haré presente al señor Castellano, para si fuese caso ejecutivo, que disponga S.S. lo que tuviere por conveniente.

Dios guarde a V.E. muchos años.

Cruces, 5 de abril de 1811.

Excmo. Sr. Nicolás de Cosío
[rúbrica].

Fuente:

Ernesto Lemoine Villicaña. Morelos, su vida revolucionaria a través de sus escritos y de otros testimonios de la época. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición. México, 1965. p. 171-172.

Nota de Ernesto Lemoine Villicaña: Archivo General de la Nación (AGN), Infidencias, t. 143, f f. 32-5. Tan duro golpeó entonces Morelos, que Cosío solicitó su relevo, aceptado de inmediato por Venegas.