Buscar en  
  Página principal

  Conquista

  Independencia

  Revolución

  Siglo XXI

  Siglo XX

  Siglo XIX

      1890-1899

      1880-1889

      1870-1879

      1860-1869

      1850-1859

      1840-1849

      1830-1839

      1820-1829

      1810-1819

          1819

          1818

          1817

          1816

          1815

          1814

          1813

          1812

          1811

          1810

      1800-1809

  Siglo XVIII

  Siglo XVII

  Siglo XVI

  Siglo XV

Siglo XIX > 1810-1819 > 1811

Causa contra el cura Hidalgo y su primera declaración en defensa.
Chihuahua, 6 de Mayo de 1811.

PRIMERA DECLARACIÓN DE HIDALGO

Para adelantar todo lo posible y según lo exigen las circunstancias la formación de las breves sumarias que corresponden contra los reos, cabezas de la insurrección que existen presos en esta villa, he determinado comisionar a V. a fin de que practique las diligencias y declaraciones respectivas al Cura Hidalgo, y los nombrados generales Allende, Jiménez y Aldama, en cuya consecuencia autorizo a V. para el efecto y también para el nombramiento de Escribano en dichas actuaciones, sirviendo a V. de gobierno que para lo que pueda convenir, le acompaño a V. bajo la adjunta carpeta las constancias que relativas a algunos de los mismos sujetos, existen en esta superioridad.

- Dios guarde a V. muchos años.

- Chihuahua, 6 de Mayo de 1811.

- Nemesio Salcedo .

- Sr. D. Ángel Abella.

Inmediatamente en dicho día, mes y año, el Sr. Juez comisionado, D. Ángel Abella, en prosecución de las diligencias de que está encargado por el señor comandante general, se trasladó al hospital de esta villa, en donde se hallaban presos los reos D. Miguel Hidalgo y consortes, y constituidos en la prisión del expresado D. Miguel Hidalgo, teniéndolo a su presencia le recibió juramento que hizo pacto pectore corone, bajo el cual prometió decir verdad en lo que supiere y le fuere preguntado, y siéndolo por su nombre y apellido, edad, religión, estado, empleo, calidad y vecindad, dijo:

Llamarse D. Miguel Hidalgo y Costilla: estado, presbítero, cura párroco de los Dolores, pueblo del Obispado de Valladolid: español y su vecindad la del de su curato

PRETEXTO POLÍTICO PARA EL LEVANTAMIENTO DIJO:

Que no se acuerda haberlo tomado por pretexto, aunque sí haberlo oído decir, y que lo dejó correr porque no dejaba de contribuir al logro de ellos; pero que no ha visto constancia auténtica de semejante trato: que es cierto que a la plebe se le dieron a saco muchos bienes de europeos y otra parte se reservaba para mantener las tropas

DE LA ORGANIZACIÓN DEL MOVIMIENTO DIJO:

Que el declarante los ha levantado, atacado y hecho frente con ellos a los del Rey, que ha fabricado moneda en Zacatecas, y se debía haber practicado en Guanajuato si se hubiese concluido el ingenio proyectado:

Que también fabricó cañones, armas y municiones, y lo mismo nombró generales y otros oficiales cuya prerrogativa no era exclusiva del declarante, pues también el capitán general y los demás generales que se hallaban distantes del centro del Gobierno y el cuerpo de la oficialidad, hacían y promovían lo que se les antojaba:

Que también han tomado de las cajas reales los caudales que se hallaron, y varias cantidades de las Iglesias Catedrales de Valladolid y Guadalajara y los de los europeos como tiene declarado, y de los criollos se tomaban caballos, y los que les hacían al caso con calidad de reintegro: han depuesto las autoridades establecidas, si eran europeos o criollos que no seguían su partido:

Que han perseguido a muchos de ellos, y muerto, sólo cuenta al Intendente de Guanajuato D. Antonio Riaño:

Que por la misma regla han dado y quitado empleos de todas clases:

Que en cuanto a emisarios ya tiene declarado en la posición cuarta: y en cuanto a los enviados a potencias extranjeras el que declara en unión de Allende despacharon a un Don N. Letona, natural de Guatemala, a los Estados-Unidos a solicitar su alianza y armas con poderes amplios y expresos de ofrecerles el libre comercio, y no tiene presente qué otra cosa se les ofrecía, lo cual pasó por el mes de Diciembre próximo pasado, e ignora si este encargado llegó a su destino, aunque ha oído decir que fue muerto en el camino:

Que también ha oído decir a Allende después, que él por sí solo había despachado al Licenciado Don Ignacio Aldama con igual objeto, sin contar con el que declara, y es cuanto puede decir sobre los particulares de que es interrogado

DE LA DESOBEDIENCIA CLERICAL DIJO:

Que sí supo de tal edicto por una carta que desde Querétaro escribieron a un soldado del ejército, en que se referían los artículos de que se le acusaba, pero no ha leído el edicto, no trató de hacerlo mediante que no pensaba comparecer, temeroso de ser castigado, no por los delitos de herejía de que se le acusaba, sino por el partido en que estaba empeñado, así como también para sostenerse con éste, se consideró en la necesidad de impugnarlo, y si en la ejecución ha faltado en algo al decoro y respeto debido al Santo Tribunal, todo fue efecto de las críticas circunstancias en que se hallaba, lo cual le ha causado entonces y después, no pocas angustias en lo íntimo de su corazón, y de que se halla arrepentido vivamente, como lo declara aquí en obsequio de la verdad y de la Religión Santa que profesa:

Que de las excomuniones de los prelados, sólo tuvo noticia de la de su diocesano en el camino de Guanajuato a Valladolid, la que no le detuvo por el mismo empeño en que ya se hallaba, y cuando llegó a dicha ciudad ya el cabildo había levantado la expresada excomunión, ignorando el motivo de este alzamiento, aunque siempre consideró sería con el prudente de evitar mayores males espirituales

DE LA PRENSA INSURGENTE DIJO:

Que sabe se han escrito, publicado y circulado muchos papeles de la clase que inquiere la pregunta, cuyos autores ignora, porque ellos de propio movimiento los escribían, de los cuales ha visto algunos, entre ellos uno que supo ser del Padre Saavedra, dominico, del convento de Zacatecas:

Que el que declara sólo ha escrito el manifiesto en respuesta del edicto del Santo Tribunal de la Fe, y otro cuyo objeto es probar que el americano debe gobernarse por americano y así como el alemán por alemán, &c., y de su orden la impresa que se le manifiesta y señala en la forma que la antecedente para la debida constancia:

Que también se publicaba por su orden en Guadalajara por el Doctor Maldonado, Despertador; y que no es suya la manuscrita que se le manifiesta

DEL ESTANDARTE DE LA VIRGEN DE GUADALUPE DIJO:

Que realmente no hubo orden ninguna asignando armas algunas, que no hubo más que, habiendo salido el declarante el diez y seis de Septiembre referido con dirección a San Miguel el Grande, al pasar por Atotonilco, tomó una Imagen de Guadalupe en un lienzo que puso en manos de uno, para que la llevase delante de la gente que le acompañaba y de ahí vino que los regimientos pasados y los que se fueron formando después tumultuariamente, igualmente que los pelotones de la plebe que se le reunió, fueron tomando la misma Imagen de Guadalupe por armas, a que al principio agregaban generalmente la del Señor Don Fernando Séptimo, y algunos también la Águila de México; pero hacía estos últimos tiempos ha notado que se hacía menos uso de la imagen de Fernando Séptimo que a los principios, particularmente en la gente que mandaba el llamado general Iriarte, cuyo motivo ignora, pues ni él ni Allende dieron orden ninguna sobre este punto, ni tampoco realmente se puede hacer alto sobre él, pues al fin cuanto se hacía era arbitrario, y que la ocurrencia que tuvo de tomar en Atotonilco la Imagen de Guadalupe, la aprovechó por parecerle a propósito para atraerse a las gentes; pero debe también advertir, que la expresada Imagen de Guadalupe que al principio todos traían en los sombreros, al fin eran pocos los que la usaban sin saber decir cuál fue la causa dijo:

Que por entonces no previó el abuso que podía hacerse y se hizo después del Santo nombre de la Virgen, porque ocupada su fantasía de los arbitrios y medios que tomaría para sorprender a San Miguel el Grande, no le quedaba lugar de pensar sobre las consecuencias futuras, y por eso adoptó aquel medio

DE LA INJERENCIA EXTRANJERA DIJO:

Que de sí mismo sabe y asegura que no ha sido sugerido por Bonaparte ni emisario suyo, sin que haya en el caso más que lo que tiene declarado en la citada posición; que habló al general francés D' Alvimar al pasar por Dolores desde el anochecer hasta como hora y media en unión de otros varios vecinos criollos y europeos, vecinos honrados del pueblo, en cuyo tiempo se habló del Emperador Bonaparte, del general Moreau y noticias generales de esta clase, con que el declarante se despidió, y no volvió a verlo más ni tener noticia de su paradero:

Que tampoco sabe que Allende haya sido sugerido ni otro alguno por D' Alvimar o emisario alguno de Bonaparte, bajo cuyo supuesto ignora el fundamento de la gaceta francesa para el anuncio referido, aunque confiesa que ésta da bastante probabilidad al común sentir, a no ser que hubiese algunos otros confabulados con Bonaparte y sus emisarios: es cuanto tiene que decir acerca de la pregunta

DE LA CONFISCACIÓN DE BIENES DIJO:

Que bien conoce que tal usurpación era no sólo injusta, sino perjudicial y contraria inmediatamente a los intereses de los criollos; pero la necesidad que tenían de ello para su empresa, y la de interesar en ella a la plebe, no les permitía escrupulizar sobre los medios de llevarla adelante: y también reconoce la inconsecuencia de su obrar, pero no es lo mismo cortar de lo ajeno que de lo propio, y por eso no hubo ninguno de los comprendidos en la insurrección que pensase en hacer sacrificio de lo que muchos han heredado,..... dijo:

Que aunque es cierto que la masa de insurrección se ha apoderado y dilapidado muchos caudales de todas clases, no es grande la cantidad que ha entrado en el fondo de ella, pues por lo que toca al declarante, apenas habrá entrado en su poder un millón, de los que se que daron cerca de trescientos mil pesos en Aculco; doscientos mil que entregó a Allende en Zacatecas y lo demás lo gastó con las tropas, pues no siempre hubo gran número de gente a quien pagar, ya por las dispersiones que han sufrido, ya porque cuando pudieron hacer pie en algún punto, se despachaba toda la gente de sus inmediaciones a sus casas hasta que urgía llamarlos, ya porque muchas veces les pagaban en efectos y por esto bastó para la paga el corto resto que quedaba de la expresada cantidad, ignorando lo que habrán cogido y gastado los cabezas que se hallaban distantes mandando cuerpos de esta gente, porque al declarante nunca se le daba cuenta a consecuencia del desorden que reinaba en todo:

Que tampoco sabe si algunos individuos habrán dejado cantidades escondidas o depositadas, pues es natural que si en efecto las dejaron tendrán buen cuidado de no revelarlo a nadie, dijo:

Que ninguna alhaja y vaso sagrado de las Iglesias ha tomado él mismo, ni sabe que lo haya tomado alguno otro de los cabezas de la insurrección dijo:

Que no se consideraba con más derecho ni autoridad que el mismo con que tomaban los demás de los particulares, y es el que tiene declarado a la pregunta veintiuna, y que cuanto al modo, no se hacía más que pasar a los cabildos un oficio, y no se acuerda si en Valladolid fue recado verbal para que manifestasen los caudales que tenían, y que de los bienes de la Nación se les satisfarían; y así se tomaron de la Iglesia de Valladolid una cantidad que no se acuerda: pero la tendrá presente D. Juan Aldama, que fue comisionado un Avendaño de Zamora que fue nombrado oidor de aquella audiencia por el que declara; y del juzgado de testamentos se tomaron también por el mismo estímulo, como setenta mil pesos

DE LA RAZÓN CONTRA EL GOBIERNO DE NUEVA ESPAÑA DIJO:

Que aunque se reconoce acreedor a la pena que merezcan los dicterios expresados en la pregunta por haber sido el motor de la insurrección, no se considera obligado a justificarse de los que no ha producido él mismo y que en cuanto a éstos, como son los que se encuentran en la proclama citada y en el Despertador Americano escrita de su orden, confiesa haber llevado el objeto de inspirar el odio contra el gobierno, no porque tuviese para ello un racional fundamento, sino porque le era necesario para sostener la empresa a que se había dedicado con ligereza a la verdad; pero no sin inclinación, nacida de persuadirse que la independencia sería ventajosa al Reino, y corroborada con ver este indefenso, y expuesto a caer en poder de una potencia extranjera, especialmente de los franceses, a causa de una expresión que había leído en una gaceta de México, en que se decía que la América debía seguir la suerte de la España, y esta es toda la constancia que en su citada proclama dice tener de que la América iba a perecer irremediablemente con lo demás que sigue en la pregunta dijo:

Que no se acuerda el número y fecha de ella, pero que es posterior a la entrada de los franceses a España;

Que el declarante ha dado a aquella expresión el sentido que tiene expresado, es decir, que haciéndose dueño Bonaparte de la España, que la América debía también seguir la misma suerte; y no sabe qué sentidos le habrán dado otros, y que en nada considera responsables en dicha expresión a los europeos, pues tiene confesado fue injusto cuanto se hizo contra ellos, y la causa de haberlo hecho

DEL DERECHO A LA REVOLUCIÓN Y A LA INDEPENDENCIA DIJO:

Que el derecho que tiene todo ciudadano cuando cree la patria en riesgo de perderse dijo:

Que esta es una flaqueza por donde pecan comúnmente los hombres, y esta es en realidad la que lo condujo al empeño de la independencia intentada por la insurrección

ALEGATO FINAL

Señor comandante general.

- Con el más lisonjero semblante se presentan las pasiones, halagan al que acomete, figurándole un bien real en las operaciones que aconseja, y presentando por apoyo firme cualesquiera fútil apariencia que hace decidir al apasionado y abrazar cuanto le ocurre, para saciar y alcanzar el objeto de su pasión.

El cura de los Dolores, D. Miguel Hidalgo y Costilla, hombre a quien generalmente se conceden algunos conocimientos, ministra la mejor prueba de esta verdad.

Por una expresión que a la pregunta treinta, dice vio en una gaceta, o más bien, por la inclinación que confiesa tenía a la independencia, y a separar estos dominios de su por tantos títulos legítimo monarca, hubo de abrigar en su corazón deseos inmediatos a tan pérfido designio, y persuadido por su propio consejo de que sería útil, llegó a determinar ponerlo en ejecución de acuerdo con D. Ignacio Allende, con quien había tenido varias conversaciones dirigidas al mismo fin.

- Al primer paso que fue a Querétaro le llamó Allende, se arrepintió y desistió de su empresa, significándolo así a su compañero; pero como su inclinación no se desapoderase de él, sino en cuanto tocaba la dificultad de realizarla, y los ningunos medios para conseguirlo, ya que le aseguró se contaba con algunos, según Allende le escribió, sin detenerse en examinarlo, dispuso fabricar algunas lanzas, y noticioso de que aquél estaba descubierto al gobierno, le llamó a Dolores para tratar lo que por tal ocurrencia sería conveniente a sus intentos; y ya que en la noche del 15 de septiembre del año pasado se aseguraron de la verdad de la declaración que por voces vagas había llegado a oídos de Hidalgo habiendo sabido la prisión de sus cómplices en Querétaro, de que le avisó otro de ellos, D. Juan Aldama, resolvieron entre los tres descubrir su perfidia, y dieron principio a su obra de iniquidad, reuniendo los que pudieron en aquellas pocas horas, y comenzando a aprehender a los europeos, según el plan que adoptaron en los pocos momentos que duró el acuerdo, procedió a esta resolución.

No hubo en Dolores quien resistiera semejante e injusto proceder: en la mitad de la mañana de dicho infausto día 16, quedaron en libertad los presos, forzando, con el amago de una pistola manejada por Hidalgo, al alcalde que los custodiaba, y asegurando los europeos y el subdelegado, se dirigieron a la Villa de San Miguel el Grande, en donde ejecutaron lo mismo que en Dolores, llevando ya entonces consigo una Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que tomaron en Atotonílco, invocándola patrona de sus armas y profanando su santo nombre para alucinar a los pueblos, colocándola en sus banderas y por distintivo en el sombrero de los que se adherían a su partido con el nombre de soldados.

- En los primeros asaltos de estos y otros menores vecindarios, estaba confundido el mando entre Allende e Hidalgo.

- Aquel fue el primer movedor de la revolución, más por este se decidió su mentida oficialidad, nombrándolo en la Junta de Celaya Capitán General, en cuya clase anduvo hasta que se celebró la de Acámbaro, en la que lo aclamaron Generalísimo, llegando por fin en Guadalajara a titularse Alteza Serenísima, hasta que en la hacienda del Pabellón entró en su lugar Allende; habiendo despojado de todo mando a Hidalgo, quien así caminaba cuando fue aprehendido en las Norias de Baján.

- No es necesario encargarme de todo lo que este hombre sanguinario, cruel hizo, y fue causa de que se hiciera mientras fungía los expresados títulos.

Los papeles públicos han pintado su conducta observada antes, y en la insurrección.

El respetable Tribunal de la Inquisición, lo emplazó por delitos de fe; su inmediato prelado lo excomulgó; pero él arrostró con todo, tuvo el arrojo de impugnar el edicto de la Santa Inquisición y no se dirigía bajo de otros principios que los que apoyaban su empresa, sosteniéndola a todo trance, y no perdonando medio por inicuo y vil que pareciese, siempre que pudiese contribuir a ella.

Y como ni él ni sus compañeros contaban al aliarse a la vez con caudales algunos, no tenían armas, ni modo de sostener la gente que se les reunía, de aquí es que al primer paso aprobaron el robo y saqueo de los caudales de los europeos, y ellos mismos dieron el ejemplo, tomándose los de las cajas reales, los de las iglesias y los de cualquiera que los tenía.

Así arruinaron los pueblos que invadieron trocando las delicias con que vivían, en el luto y amargura que ha sido necesario consiguiente de los destrozos que experimentaron en haciendas y vidas de sus habitantes, quedando expuestos a la hambre y a la dificultad de saciarla por la imposibilidad de restituir a su antiguo estado de artes y trabajos que les proporcionaba su cómoda subsistencia.

Esas poblaciones que tuvieron la desgracia de sufrir el yugo de Hidalgo, la multitud de gentes que le creyó sus engaños, y se declaró por él, son los más intachables testigos de sus delitos.

- Ellos darán el más auténtico testimonio de los saqueos cometidos; de las prisiones de tantos inocentes, de la libertad de los facinerosos detenidos en las cárceles y distinguidos después con grados militares como Marroquín.

Ellos publican que los derechos de la soberanía se ultrajaron, que Hidalgo se los arrogó, dando grados militares y tratamientos, deponiendo a las legítimas autoridades que gobernaban; habilitando a un tal Pascasio Letona con poderes para tratar alianzas con potencias extranjeras; disponiendo de los fondos fiscales en cuantas partes entraron, acuñando moneda, fundiendo armas, presentando batallas como en las Cruces, Aculco y Puente de Calderón, publicando y consintiendo publicar proclamas y todo género de papeles incendiarios, sediciosos y llenos de las más negras imposturas, e injuriosos dicterios, como los que se imprimieron en Guadalajara, a donde Hidalgo soltó los diques a su crueldad que empezó a descubrir en Valladolid, después de la derrota que padeció en Aculco; aquí fue donde por su mandado sufrieron la muerte hasta sesenta personas que él confiesa; más en Guadalajara, la voz pública asegura que pasaron de seiscientos, aunque Hidalgo a poco más o menos dice: que serían trescientos cincuenta y tantos.

¿Pero cómo se practicaban semejantes ejecuciones? iAh! que se estremece la humanidad, el espíritu más empedernido se conmueve, y lleno de espanto hasta quiere dudar que pudiese existir uno que a sangre fría mandase a la muerte tantos centenares de hombres, sin aparentarles causa, sin atribuirles delitos y acaso, acaso sin darles el consuelo de un confesor, pues así lo practicaba Hidalgo; hacía conducirlos a parajes ocultos y que allí fuesen degollados, previniendo a sus subalternos guardar este mismo método, según la carta que tiene reconocida, que puso a Hermosillo.

La muda sencilla relación antecedente, comprende los principales crímenes cometidos por Hidalgo, en los que son por él mismo confesados; y estando con esto y con el testimonio de los pueblos y papeles públicos comprobado el cuerpo del delito, basta ocurrir para la averiguación del delincuente a su misma confesión, y a la de todos los reos juzgados en esta villa que reconocieron a Hidalgo por autor de la sedición, y dijeron ser el mismo que con ellos se había trasladado de Monclova a esta Villa, y no haberse sustituido otro en su lugar, y pues que estas constancias, justifican el pronunciamiento en causas criminales; son las suficientes en delitos notorios; y la actuación formada sobre ellas por D. Ángel Abella, comisionado de V. S., está ratificada con la rehabilitación del juez eclesiástico; y la causa tiene el estado en que por las prevenciones de V. S. y del Exmo. Señor Virrey, se han de sentenciar las de su naturaleza; teniendo asimismo a la vista, la orden que V. S. me recuerda en el decreto que precede a este dictamen, que es la que agrego antes de él, en la que me ordena que le consulte la pena que merezcan los sujetos en ella nombrados; procedo en su cumplimiento, y supuestos los hechos arriba referidos y los demás constantes en su declaración, a encargarme de lo que funda la legalidad del juicio, que expondré consultando a V. S. el pronunciamiento que le toca hacer acerca de Hidalgo.

Él ya ha visto V. S. que es un hombre criminal, que es autor de la sedición; que se llevó tras sí y levantó pueblos enteros; atacó a los ejércitos de S. M.; de que es responsable a la sangre que se derramó en todas las batallas que dio o dieron sus caudillos; que es obligado a la de tantos inocentes honrados vecinos que se sacrificaron por su mando, a los daños incalculables que causó con el hurto y saqueo, dejando perecer millares de gentes, cuyos maridos, padres, hermanos o bienhechores sufrieron la muerte y robo de sus bienes; y para decirlo de una vez, a la irreparable pérdida de esta América, a la que ocurrieron cuantos males se experimentan, y durarán por total ruina de las labores que ministraban la subsistencia, y hacían la felicidad de los pueblos invadidos; y lo que es más, su ejemplo y sus máximas dejan impuestos a los pueblos a desobedecer las autoridades; propensos a levantarse y repetir los crímenes que aprendieron de él, y a desear la independencia solicitada por Hidalgo.

Los crímenes de éste son de más enormidad que los de Allende, y los fundamentos que en la causa de éste deduje para demostrar el género de delitos que había cometido y su pena, obran del mismo modo, en la de Hidalgo, y por eso tengo a bien repetir aquí.

Que el Rey y su Reino tienen entre sí tan íntima conexión que la ley 3, tít. 19, part. 2, dice que son como alma y cuerpo que magüer en sí sean de partidos, el Ayuntamiento les fase ser una cosa, y que de aquí nace, que aunque el pueblo guarde lo que debe hacía el Rey, sí al Reino non guardasen de los males que le podían venir, no sería la guarda cumplida.

- Que la misma recomienda eficazmente por la primera guarda que le contiene faser, cuando algunos se alsasen con el Reino para bollecer, o faserle otro daño; apunta los que vienen de la guerra intestina; se encarga de la falsedad con que se mueven estos levantamientos, y les denomina traidores a los que los fasen.

Que la ley 1a, tít. 2, part. 711, enumerando las especies de traición, cuenta por la tercera si alguno no se trabajase de fecho o de consejo, que alguna tierra o gente, que obedeciese a su Rey, se alzase contra él, o que le non obedeciese tan bien como solía.

- E sobre todo decimos, que cuando alguno de los yerros sobredichos, es fecho contra el Rey, o contra su Señorío; o contra procomunal de la tierra, es propiamente llamada traición.

Que el jurisconsulto Ulpiano la define cualesquiera daño intento contra la República o el Príncipe, y generalmente las leyes y sus intérpretes, igualan el interés del soberano con el de la República, los convierten entre sí, las reglan bajo de unos principios, y establecen unas mismas leyes para ambos en materia de traición, de manera, que no sólo es llamado así, los que miran a los Soberanos y a su Señorío, sino también todo lo que sea contra el procomunal o bien general de la tierra.

Que siendo esto así, y constando que los daños causados a este Reino son irresarcibles; que en ellos se comprenden los intereses de la religión, porque las costumbres se han relajado y las pasiones se han exaltado de modo y aún extremo que no sería fácil reformar los del Soberano; porque a las autoridades que en su nombre gobiernan, el pueblo no obedecerá como solía, y el real erario se disminuiría considerablemente por la destrucción de los ramos que lo engrosaban, fuera de los inmensos gastos que ha hecho, y tendrá que sufrir en adelante con la guerra.

Los de la patria y particulares porque está visto, obstruido el comercio y todo género de fábricas que hacían el tráfico interior de la Provincia de Michoacán, Guadalajara, Zacatecas y demás lugares; y que redundando todo esto inmediatamente en servicio del Soberano y en perjuicio universal del Reino, y contra el procomunal de la tierra, son traidores los autores de estos daños, que Allende y sus compañeros deben conocerse por tales, y numerarse su secta entre las que Gregorio López nota que suelen moverse contra el Rey o los que gobiernan a pretexto y so color de bien, y que advierte que siempre se presumen ilícitas, y movidas, no por celo de la justicia, sino dolosa e ilícitamente.

Fuente:

Independencia Nacional. Tomo I. Antecedentes – Hidalgo. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Seminario de Independencia Nacional. Universidad Nacional Autónoma de México. México. (Primera edición 1986-1987) Segunda edición 2005. Páginas 424-433. Tomado de M. Orozco y Berra, A. Chavero. J. E. Hernández y Dávalos. Primer almanaque histórico de la Independencia..., pp. 35-64.