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Siglo XIX > 1810-1819 > 1810

Otro testigo: Pedro García.
16 de septiembre de 1810.

El acontecimiento tuvo lugar la noche del 15 de septiembre de 1810.

El siguiente día Domingo, que la gente del campo tiene por costumbre llegar a la población muy a la madrugada para aprovechar la misa prima, se empezaron a formar grupos con el fin de esperarla; y como pasara un gran rato sin llamarla, empezaron muchas a notarlo, sin acertar, por entonces, con el motivo de aquella tardanza.

No faltó quien empezara a informarlos, de que pudiera ser no hubiera misa, porque el Sr. Hidalgo había en la noche anterior mandado aprehender a todos los gachupines y todos se hallaban en la cárcel:

Semejante informe fue recibido por algunos con sorpresa aunque mezclada con algo de alegría, (tal motivo daba aquella situación formada por los procedimientos despóticos y tiránicos que observaban los españoles con toda clase de mexicanos).

En este estado de incertidumbre se fueron acercando al frente de la casa del Sr. Hidalgo.

Aumentó el número: viendo que por momentos crecía, parecía a aquel párroco respetable, que era tiempo ya de dirigirle la palabra a aquella multitud para informarla de los motivos que había tenido para un movimiento tan nuevo y desconocido.

Salió al zaguán y le explicó de la manera siguiente:

"Mis amigos y compatriotas: no existe ya para nosotros, ni el Rey, ni los tributos: esta gabela vergonzosa, que sólo conviene a los esclavos, la hemos sobrellevado hace tres siglos como signo de la tiranía y servidumbre: terrible mancha que sabremos lavar con nuestros esfuerzos.

Llegó el momento de nuestra emancipación: ha sonado la hora de nuestra libertad; y sí conocéis su gran valor, me ayudaréis a defenderla de la garra ambiciosa de los tiranos.

Pocas horas me faltan para que me veaís marchar a la cabeza de los hombres que se precian de ser libres.

Os invito a cumplir con este deber.

De suerte que sin patria, ni libertad, estaremos siempre a mucha distancia de la verdadera felicidad.

Preciso ha sido dar el paso que ya sabéis: y comenzar por algo ha sido necesario: la causa es Santa y Dios la protegerá.

Los negocios se atropellan: y no tendré por lo mismo, la satisfacción de hablar más tiempo ante vosotros.

iViva, pues, la Virgen de Guadalupe! iViva la América, por la cual vamos a combatir!"

A esto respondió la multitud en igual sentido y bastante animada.

Se retiró el Sr. Hidalgo y comenzaron los preparativos de marcha y todos se adelantaban entre sí para acompañarlo: aquel espíritu de libertad se difundió en aquella reunión con la violencia del rayo: cada individuo se preparaba con un garrote, honda, lanza o machete: así esperaban las determinaciones de su Párroco.

Fuente:

Independencia Nacional. Tomo I. Antecedentes – Hidalgo. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Seminario de Independencia Nacional. Universidad Nacional Autónoma de México. México. (Primera edición 1986-1987) Segunda edición 2005. Páginas 260-261. Tomado de Documentos de la Independencia, pp. 16-17.