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Siglo XIX > 1810-1819 > 1810

Carta de Ignacio Aldama dirigida a José Fusilo, en que le encargó hiciera ver a sus feligreses la justicia de la causa de la independencia.
Apróx. finales de Diciembre 1810 o principios de 1811.

La adjunta copia instruirá a U. de la justa causa que defendemos todos los criollos en masa, y por la cual hemos jurado los valientes morir o vencer.

Todos los pueblos se unen a nosotros al oír los clamores de la patria que nos llama a su defensa y nos convida a romper las prisiones y cadenas de la esclavitud en que nos han tenido los tiranos gachupines, contra quienes tenemos declarada guerra eterna, mientras no cedan a nuestras justas pretensiones de defensa de nuestra sagrada religión católica, apostólica y romana, los derechos de nuestra querida patria y de nuestro cautivo Rey, el Sr. D. Fernando VII, o de quien legítimamente le suceda en el trono; porque, según hemos advertido de las desconfianzas y recelos de todos los gachupines, sus recámaras y reservas de sus innumerables embustes y mentiras con que nos han tenido alucinados y han derramado en las gacetas y cuantos papeles sueltan y fraguan, procurando siempre tener desarmado el Reino y sacar hasta el último maravedí, para que, cogiéndonos indefensos los franceses, ingleses o cualesquiera otros enemigos del Rey y de Dios, se unan con ellos, en caso que se acabe de perder España, que casi nada le falta, si no lo está, se pierda también esto, y sea peor nuestra esclavitud que lo ha sido hasta ahora.

Estamos creídos, y se ha oído de boca de ellos mismos muchas veces, que lo que importa es defender aquello, y que si se pierde, aunque se pierda todo; de consiguiente, es evidente que sólo tratan de defender sus caudales, sus grandezas y sus títulos, honores y mandos, y no la justa causa, ni al Rey; y por tanto, debemos tenerlos por enemigos de S. M., de la religión, de la patria, y mientras no accedan a las justas pretensiones de la heroica nación criolla.

Y lo participo a U. que, como párroco de ésa, que es de esta jurisdicción, lo haga ver al pueblo para que no se deje alucinar de las amenazas y promesas de nuestros enemigos, ni de sus falacias y enredos, porque hasta los mismos padres misioneros han engañado y lo están haciendo predicar, según tenemos noticias de Querétaro, que uno de nuestros generales es el Anticristo, y que andan cometiendo mil atentados como los franceseS. Buen atrevimiento mentir en la cátedra del Espíritu Santo y desacreditarse unos padres que se han tenido por santos, y que pueda más en ellos el paisanaje que la verdad y la misma religión; que vengan a esta villa, a la famosa ciudad de Celaya, villa de Salamanca y demás pueblos que nos siguen, y verán que a ningún criollo que siga la razón y la justicia, y por lo mismo, ¿el autor se refería a los párrafos 2°, 39 y 4° de esta misma carta? nuestro partido, le hace nuestro ejército daño alguno, ni en sus personas ni en sus bienes, sino que a todos nos han dejado como estábamos, con los mismos comercios, las mismas leyes, el mismo arreglo, los mismos usos, las mismas iglesias y conventos, las mismas misas y cultos de los santos, los mismos templos, la misma veneración a ellos y a los sacerdotes: en una palabra, lo mismo que antes; menos el que nos manden los gachupines, porque lo que quieren es que todos los gobiernos, todos los cargos, todos los mandos los tengan los criollos que los merezcan, y no estén tan abatidos y esclavizados como hasta ahora lo han estado.

Por todas partes no se oye más que viva la religión, viva la patria, viva Fernando VII, viva nuestra Reina y Madre Santísima de Guadalupe, y muera el mal gobierno, y que los bienes de los gachupines sirvan para defender nuestro Reino contra los franceses, contra los ingleses y contra todos los enemigos de Dios.

Esta es la verdad de todo lo que ha pasado y lo que debe inflamar a todos los que se gloríen de ser criollos y verdaderos cristianos para seguir las banderas de nuestros generales y conseguir una perfecta victoria con la ayuda de Dios, que visiblemente nos protege y nos trae a las manos cuantos socorros de fuerza babemos menester.

Benditas sean sus misericordias. Los criollos desnaturalizados y viles que quieren seguir el camino de sus enemigos y remachar con sus mismas manos los grillos y cadenas con que los tienen esclavizados los gachupines, y más tiranos que los bárbaros se entregan a ayudarlos y a derramar la sangre de sus hermanos, que se declaren de una vez, para tenerlos por enemigos de Dios, de la patria y del Rey; pues siendo justa nuestra causa, creemos firmemente que no nos ha de desamparar nuestro Dios y Señor, ni nuestra única Emperatriz y Madre, María Santísima de Guadalupe, que es la que enarbola nuestras banderas y estandartes, ni el gran General de los Ejércitos Celestiales, nuestro gran Príncipe Sr. San Miguel, patrón de esta villa, en quienes ponemos todas nuestras confianzas con la ayuda de los brazos de nuestros compatriotas que quieran gozar de los frutos de una santa libertad, y no libertad francesa contraria a la religión.

Los débiles, que se unan a nuestro ejército y se harán fuertes; los cobardes, que se sepulten en el centro de la tierra o en las cavernas y no tengan osadía de pararse delante de los hombres, ni esperen gozar los frutos de nuestras victorias, ni de la sangre criolla que gloriosamente se derrame, sino que continúen en la esclavitud en que están tan bien hallados; pero los valientes, los patriotas honrados, los verdaderos cristianos, únanse a nosotros, que tenemos los brazos abiertos para recibirlos y morir gloriosamente con ellos en los campos de batalla, y no como viles e infames.

Ánimo, criollos valerosos, que en donde muera un valiente brotarán a millares ilustres defensores de la religión y de la patria, y los que mueran en defensa de la justa causa se harán un lugar distinguido entre los héroes, en los anales de la Historia, y nos iremos al cielo como víctimas de nuestra sagrada religión.

Pudiera decir más, pero era necesario un volumen, y así concluyo, pidiendo a Dios haga conocer a todos mis paisanos y a los mismos enemigas, la justicia que defendemos, y por la que hemos jurado morir o vencer, y guarde la vida de U. muchos años, como desea su amartelado compatriota Q. B. S. M.

Lic. Ignacio de Aldama (rúbrica).

Reverendo Padre Fray José Fusiño

Fuente:

"El Clero de México y la Guerra de Independencia", en Genaro García. Documentos Inéditos o muy raros para la historia de México. Biblioteca Porrúa No. 60. Editorial Porrúa. México, 2004. Páginas 422-424.

Nota: El autor debe de haber escrito esta carta a fines de 1810 o muy a principios del siguiente año.