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1788
Entrada en la California de los religiosos franciscanos. Estado que manifiesta los bienes que poseía cada una de las misiones de la antigua California en el año de 1788.
1788
Estado que manifiesta los bienes que poseia cada una de las misiones de la Antigua California en el año de 1788
Nos es sensible el carecer de noticias de lo sucedido en la California desde el año de 1747 hasta el de 1767: quisa se huvieran hallado en los Archivos; pero no hemos podido verlos y assi saltaremos a hablar desde este ultimo año en que se hicieron los preparativos para nuevas y considerables expediciones a fin de reconocer sus costas, y acabar de reducir a sus havitantes.
Extinguida la Religion de la Compañia de Jesus, y debiendo salir de la California los Misioneros de ella, el Ex.mo S.or de Croix encomendó estas Missiones al Colegio de S.n Fernando de Mexico. Eran 16 los Jesuitas ocupados en ella; pero intentando S. E. poner en las 4 Misiones mas adelantadas Sacerdotes seculares solo se pidieron al Guardian 12 Religiosos, que fue muy facil reunir voluntarios, en aquel Colegio de virtud, y edificacion, elegido por Presidente el Insigne Varon F. Junipero Serra.
Salieron de Mexico en 14 de Julio de 1767 para el Puerto de S.n Blas.
Escrivio despues el Obispo de Guadalaxara al Virrey, que no le era posible destinar los Clerigos seculares que le pedian para la California: y en consecuencia de esto, se completo del dho Colegio en numero de 16 Misioneros en el Pueblo de Tepic.
Se embarcaron en el Paquebot S.n Carlos que havia transportado los Jesuitas: salieron el dia 12 del Puerto de S.n Blas y llegaron felizmente á la Rada de Loreto el l.° de Abril.
Distribuyo el P.e Presidente á sus Misioneros; y cada uno se dirigió á su Mision donde desde luego procuró en el regimen observado en ella sin atreverse á innovar cosa alguna hasta que llegase á la California el Ill.mo S.or D.n Joseph de Galvez.
Havian dexado los Misioneros Jesuitas estas Misiones en un estado floreciente tanto en lo espiritual como en lo temporal.1 El admirable sistema establecido en esta Religión de elegir para los destinos, á aquellos sugetos que por la continua obserbacion que hacian los Superiores de las dotes, conocimientos y aplicacion de sus inferiores, hallaban mas al proposito para desempeñar las comisiones que se havian de distribuir, proporcionó para la ardua empresa de sacar de las andas, y esteriles tierras de la California semillas, y frutos agradables para sustentar a sus havitantes: y hacer de estos Barbaros, individuos utiles a si, al Rey, y a la Sociedad. Y assi es muy digno de sentirse que el Govierno de Mexico no huviere atendido con mas esmero á una obra que havia costado sumas inmensas de dinero, muchos sudores á hombres insignes, y sus vidas a otros dignos de los mayores elogios. Quando los amantes de sus semejantes (parece) devian haver estado mirando con la mayor complacencia salir a luz los frutos de tantos travajos se infiere algun abandono en los que mas cuidadosos devian haver estado para fomentar tan digna obra, de las expresiones del Dominicano ya citado, tan merecedor del credito á las noticias de las cosas que presencio ó tenian una relacion inmediata con las que manejaba, como poco acertado en las q.e por impropias de su Comision, y adquiridas con debiles autoridades no debia haberlas tratado. Dice assi en la p.a 51 "los trabajos, y contradicciones, que experimentaron los nuevos Missioneros no se pueden explicar facilmente. Los Indios havian quedado á su libertad: en lo espiritual se havian olvidado hasta de los puntos mas principales, y como havian quedado las temporalidades á disposicion de la tropa havian llegado al ultimo exterminio: á esto se añade la poca experiencia del nuevo Governador, quien pensando hacer felizes á los Indios, expidio un Decreto en que mandaba que todos los Indios de cualquier clase y condicion que fueran, tuvieran dominio absoluto, y particular sobre los bienes, y utensilios de las Misiones, y que se les repartiese lo que huviese para su uso. El que conozca radicalmente la condicion de los Californios facilmente comprehenderá las fatales consecuencias de esta resolucion: en efecto publicar la orden empezaron á verse ruinas, y destrozos en los Ganados, y haciendas de las Misiones".
1. Esta sabia máxima, tan sabida de todos debia haber tenido presente el Religioso Dominicano dictor de las Noticias de las Californias, publicadas en Valencia año del 1794, quando escrivo lo que se lee en la P.a 46 y dice assi: "quiero avisar á Vmd. como hasta ahora no hemos podido averiguar que motivo tendria dha Compañia extinguida p.a colocar en esta Provincia Missioneros extrangeros, como Alemanes, Italianos y no Españoles; pues de estos solo habia uno o dos. Algunos dicen que seria por motivo del Idioma; pero yo veo que si el Español quiera también hablará como el Aleman el Idioma de los Yndios.
De Italia traxeron dos Missioneros y estos eran Musicos de profesion: enseñaron perfectamente a las Indias los Cantos de la Iglesia, Misas, Visperas y por eso se admira qualq.a de (...) las mugeres, como cantan en el Coro, y lo hacen con primor, pues regular.te las voces acompañan á la destreza."
Viages por Mar y Tierra executados en los años de 69 y 70 para poblar los Puertos de S.n Diego, y Monterrey.
Nos ha parecido que el mejor modo de dar una noticia circunstanciada, clara, y bien dispuesta de estas expediciones es copiar a la letra la Relacion que se publicó en Mexico en Oct.re del 1770 escrita p.r el Ingeniero D.n Miguel Costanso, y es como sigue.
Continua la Historia de las Missiones de las Californias
En Julio de 1769 se fundó con muchos trabajos la Mission de S.n Diego: se procuró atraer con dadivas, y afectuosas expresiones á los Naturales, pero estos como no entendian nuestro Idioma, no atendian á otra cosa, que a recivir lo que se les daba, como no fuese de nuestros comestibles; porque estos de manera alguna quisieron probarlos. Esta fue gran felizidad; porque si como apreciaban la ropa se hubieran aficionado á los comestibles hubieran acabado por hambre con los Españoles. Apetecian la ropa con anhelo; hasta pasar al hurto a quantas prendas podian alcanzar. Ignorando el poder de nuestras armas de fuego, y confiando en sus flechas, macanas, y mazos empezaron á robar sin temor alguno, y viendo que se les hizo resistencia, quisieron probar fortuna quitando la vida á todos los nuestros, teniendo alguna esperanza de quedar con todos los expolios. Asi lo intentaron en los dias 12 y 13 de Agosto. El 15 acometieron á la Mision, se entabló la pelea entre ellos y los soldados, Carpintero, y Herrero, que hicieron vigorosa defensa. Tocó á uno de los P.es una herida en una mano, y murio un criado de la Mision. Los Indios viendo muerto á algunos de los suyos, y que seguia con esfuerzo la resistencia se retiraron: y á pocos dias vinieron pidiendo que les curasen los heridos.
En Abril de 1770 pasó Fray Junipero en el Paquebot S.n Antonio al Puerto de Monterrey, donde tuvo la satisfaccion de fundar la Mision de S.n Carlos, sin experimentar las contrariedades, é imfortunios, que la de S.n Diego: y prometiendose durable seguridad á la sombra del Presidio que se establece al mismo tpo.
Las noticias de estos progresos alegraron tanto en Mexico, que se celebraron hasta con repique de campanas.
Animado el Govierno determinó que en Oct.re de 1770 hiciese el S.n Ant.o tercer viage transportando provisiones y 30 Religiosos Fernandinos venidos nuevamente de España p.a erigir nuevas Misiones hasta S.n Francisco.
Contento el P.e Presidente de la afavilidad de los Indios y de la promesa que le havian hecho de entregarle sus hijos para que los instruyese, salio á rexistrar las inmediaciones de la Mision, y conocio convenia trasladar esta á las vegas del Rio Carmelo distante una Legua del Puerto de Monterrey, por carecer en este de tierras al proposito para siembras, y de riegos, quando alli havia para esto mui buenas proporciones. Informó al Virrey, en primera ocasion de estas circunstancias; de la innumerable gentilidad descubierta en 300 leguas desde S.n Fernando de Velicatá hasta el Puerto de S.n Francisco: de los buenos sitios que ofrecian aquellas tierras para la formacion de Pueblos, y Misiones y exponia ser conveniente establecer muchas en la Costa, assi para la comunicacion como para la entera reduccion de los Gentiles; y que para esto era menester, que viniesen muchos Operarios con todo lo necesario para la ereccion, y servicio de las Iglesias, utensilios de Casa, y Herramientas de Campo. Quando llegó este informe á Mexico, acababan de entrar en esta Ciudad 49 Religiosos venidos de España. Y el Virrey conforme con los deseos del P.e Presidente pidio desde luego al Guardian del Colegio 30: 10 para que á mas de las Missiones mandadas fundar de S.n Diego, S.n Carlos, y S.n Buenaventura, se estableciesen otras 5, S.n Fran.co, S.ta Clara, S.n Gabriel, S.n Antonio, y S.n Luis en la Nueva California. Otros 10 para 5 nuevas Misiones entre Velicatá, y S.n Diego; S.n Joaquin, S.ta Ana, S.n Juan Capistrano, S.n Pasqual, y S.n Felix: y los 10 restantes para compañeros de los que estaban solos en las antiguas Misiones. Se entregaron á los Religiosos Ornamentos, Vasos Sagrados, Campanas: assi mismo se mandó al Sindico dar 19 p.s p.a fundar cada Mision, á fin de que se comprasen los demas efectos de Iglesias, Campo, y Casa, y para el gasto del camino 400 p.s para cada Misionero, cuyo Sinodo havia de empezar á correrles desde el dia de su salida de S.n Fernando.
En el Paquebot S.n Antonio se embarcaron en Feb.° de 71 los 10 destinados á Monterrey, y llegaron el 21 de Mayo. Los 20 p.a la Antigua California entraron en Loreto p.r N.re del mismo año.
Al emprender estas Misiones de la Antigua California se halló la falta de tropa, por no haber regresado de Monterrey, la que debia quedar aqui. Se dio cuenta al Virrey; pero quando llegaron los Pliegos á Mexico havia entrado en el Virreynato el Baylio F. D.n Antonio Bucareli, y pasado á España D.n Joseph de Galvez.
El 30 de Abril de 1772, se firmó por el Virrey el convenio para que los Dominicanos se entregasen de las 5 Misiones que administraron los Jesuitas, y se encargasen del establecimiento de las 5 proyectadas. En efecto entraron en la California en Mayo del 73.
Haviendo recivido Fray Junipero el permiso para traspasar la Mision de S.n Carlos á las orillas del Carmelo dispuso inmediatamente su mudanza, y dadas sus providencias, pensó ya en el establecimiento de la de S.n Antonio. Salio p.a la Sierra de S.ta Lucia con los Padres que devian trabajar en ella, la precisa escolta de Soldados, y los avios necesarios; caminaron 25 Ieg.s al S.S.O., y haviendo encontrado una Cañada poblada de arboles con un Plan dilatado, y vistoso, junto á un Rio se plantaron los primeros fundamentos de la Mission. Aunque no vieron desde luego Indio alguno, al sonido de la Campana vino uno, y este acariciado y regalado, traxo á otros; manifestandose todos dociles, y confiados; de tal suerte, que luego que levantaban sus cosechas de semillas se las llebaban á los Religiosos pidiendo tomasen las que quisiesen, y guardasen las demas para el Invierno.
Quedó situada esta Mision de S.n Antonio en el centro de la Sierra de S.ta Lucia distante de la Costa del Mar como 8 leg.s de fragosicimo camino y en lat.d de 35° 30'. Se experimenta en ella mucho calor en el Verano, y mucho frio en el Invierno. Las tierras proximas son buenas para siembras: y los campos que la rodean estan poblados de Robles, Pinos y Encinas. De estas sacan los Indios la mayor parte de su alimento: comen las Bellotas, frescas el Verano, y secas en el Invierno tambien son mui aficionados á los Piñones, pero padecen las resultas de su calidad ardiente.
Despues de pasados 15 dias de estar fundada esta Mision, salio de ella p.a Monterrey el P.e Junipero con deseos de fundar la de S.n Luis, p.ro no pudiendo verificarse atendio solo á ordenar la de S.n Carlos.
Havia llegado en el Paquebot S.n Antonio al P.to de S.n Diego en 14 de Julio de 1771, 6 Misioneros destinados á fundar 3 Misiones al S. de Monterrey. En 6 de Agosto salieron dos escoltados de 10 Soldados p.a establecer la 1.a con el nombre de S.n Gabriel: y haviendo caminado como 35 leg.s al N. llegaron al Rio de los Temblores. Estando reconociendo el terreno, se les presentó una multitud de gente armada, que daba espantosos alaridos, y pretendian impedir el establecimiento.2 "Recelando los Padres se rompiese la Guerra, y se verificasen algunas desgracias, sacó uno de ellos un Pintura de la Virgen de los Dolores, y la presentó á los Indios: no bien la huyo mostrado, quando rendidos todos con la vista de tan hermoso Simulacro, arrojaron átierra sus arcos y flechas, corriendo presurosos los dos Capitanes á poner á los pies de la Soberana Reyna los Abalorios que al cuello trahian, como prendas de su mayor aprecio. Convocaron á todas las Rancherias Comarcanas, que en crecidos concursos de hombres, mugeres y niños venian á ver á la Santisima Virgen cargados de varias semillas, que dexaban á los pies de la Santisima Señora, entendiendo que comia como los demas".
2. Son expresiones del R. P.F. Palou Guardian del Colegio de S.n Fernando de Mexico, que escribio la vida del P.e Junipero, y de quien hemos extractado las mas de nuestras noticias.
"Iguales demostraciones hicieron las mugeres gentiles del Puerto de S.n Diego despues de pacificados aquellos havitadores; pues haviendoles manifestado otra Imagen de nuestra Señora la Virgen Maria con el Niño Jesús en los brazos luego que lo supieron en las Rancherias inmediatas, corrian a verla; y como no pudiesen entrar, por impedirselo la estacada, llamaban a los Padres, y metian por entre los palos sus cargados pechos, expresando vivamente por señas que nenian á dar de mamar á aquel tierno y hermoso niño, que tenian los Padres".
"Con haber visto la Imagen de nuestra Señora los Gentiles de la Mision de S.n Gabriel se mudaron de tal suerte, que frequentando las visitas a los Religiosos no sabian como manifestarles el contento de que hubiesen ido áavecindarse en sus tierras, y ellos procuraban corresponderles con caricias y regalos".
"Con tan buenos principios se pusieron los fundamentos de la Mision de S.n Gabriel.
Escaseando mucho de Viveres el Presidio y la Mision de Monterrey, por no poder, o no querer pasar á aquel P.to los Barcos de S.n Blas que se hallaban en S.n Diego con las provisiones determinó el P.e Junipero transferirse allá. Salio de Monterrey acompañado al Cap.n de la tropa, visitó la Mision de S.n Antonio, y se llebó a uno de los Religiosos que estaban en ella, para fundar la de S.n Luis: caminaron hasta llegar á la Cañada de los Osos y alli se pusieron los fundamentos de la Mision, sobre una Loma por cuya falda corre un Arroyo con bastante agua para beber y regar aquellas fertilisimas tierras, que despues produxeron abundantes cosechas p.a el gasto de la Mision, y auxilios de otras. Está en Lat.d de 35° 38' distante como 3 leg.s del mar de buen camino, que sale á la Ensenada del Buchon donde los Indios tenian sus canoas. Aunque en aquel paraje no havia Rancheria alguna, en poco tpo acudieron los Naturales á la novedad. Visitaban con frecuencia la Mision llebando al P.e algunos regalos, de Venado y semillas silvestres, áque se les correspondia con abalorios y azucar. No acudian de mucha distancia, porque aquellos Indios con dificultad salen de su suelo patricio, y la variedad de Idioma, que encuentra á mui pocas leguas los separa. Estas circunstancias hacian precisa para la reduccion de toda la gentilidad el establecer Misiones poco separadas unas de otras. El P.e Junipero despues de dar sus instrucciones al Misionero siguio su marcha á S.n Diego, llebandole sus afectos la multitud de havitantes que encontró en el camino, y conciviendo esperanzas al ver la bondad del terreno, de introducir á muchos de aquellos Naturales en el Seno de la Iglesia.
Llegó á S.n Diego el 16 de Sep.e: pasó inmediatamente a persuadir al Capitan del Paquebot á que se volviese á navegar á Monterrey con las Provisiones, que trahia en su Buque, á causa de la falta de mulas, para transportarlas por tierra: surtio efecto la diligencia, logró convercerle de la necesidad, y q.e diese la vela inmediatamente.
Sosegado en esta parte, atendio á la fundacion de otras dos Misiones ya mucho tiempo antes proyectadas; pero no halló al Comandante de la tropa dispuesto á darle los auxilios necesarios de que infirio inmediatamente que el nuevo Govierno de Mexico esta menos inclinado que el anterior á proteger las nuevas Misiones Californicas. Por tanto conocio, que seria inutil qualquiera otra diligencia, que pasar á Mexico informar la utilidad de continuar con la misma ó mayor caridad los auxilios para proseguir la reduccion de aquella multitud de gentes que con docilidad se iban sugetando al Yugo suave de la Religion, y entrando en sociedad.
Llegó el P.e Presidente á Mexico en el forzoso tiempo de detener con su fervor, talento, y conocimientos las providencias que hubieran causado la total ruina de las Misiones de las Californias. Habian informado unos, al nuevo Virrey, que era util desamparar el Puerto de S.n Blas, y que bastaba para el socorro de aquellas entregar al Sindico del Colegio los Sinodos de los Religiosos, y al Habilitado, el situado de la tropa: y otros que las ropas, y provisiones necesarias podian transportarse con requas á la Provincia de Sinaloa, y Puerto de Guaymas (como 500 leguas de Mexico) y de este Puerto pasarlas en Lanchas á la Bahia de S.n Luis, y ultimamente con mulas repartirlas á sus destinos. En consequencia de estos informes se havia mandado despoblar el Puerto de S.n Blas.
Noticioso el P.e Presidente de esta resolucion acudio inmediatamente al Virrey, y con su dulce Elocuencia le hizo conocer el estado de la Conquista de la California, las grandes equivocaciones de los Informes, que le havian dado los medios que convendria usar para fomentar aquella obra digna del favor del Govierno.
No quedó el Virrey menos agradado de la suavidad del trato del P.e Junipero, que convencido de sus razones. Y assi haviendo recivido despues el informe que dio por escrito con todas las noticias oportunas, para resolver en esta materia; se examinó en Junta de Govierno, y con lo acordado: mandó el Virrey no se desamparase el Puerto de S.n Blas: que se destinase inmediatamente un Paquebot con viveres p.a el socorro de las Misiones: que se formase un Reglamento para el Govierno de los Presidios, que evitase las variedades producidas por el diferente modo de pensar de los Governadores: que se formase tres Presidios; uno en S.n Diego, otro en S.n Francisco, y otro en la Canal de S.ta Barbara: que se retirase la tropa de Voluntarios de Cataluña; y que en adelante toda la que huviese de servir en las Californias fuese de Cuera, por ser mas al proposito para tratar con los Indios: que á cada Mision se asignasen 6 Mozos para sirvientes pagandoles sueldo, y racion de cuenta del R.l Erario 5 años y assi para las otras q.e se ofreciesen en la Mission, como para el laboreo de tierras á fin que á su exemplo aprendiesen los Neofitos.
Aun mas se extendieron las miras del Virrey deseoso de evitar que en adelante sufriesen escases de lo necesario las nacientes Misiones. Despachó una orden al Cap.n del Presidio de Tubac de las fronteras de Sonora, para que con la tropa necesaria emprendiese abrir comunicacion entre esta provincia, y la de Californias por el Rio Colorado; para que si sucediese perdida del Barco destinado á socorrerla, se pudiese proporcionarselos por tierra.
Contento el P.e Presidente con tan buen exito de sus pretensiones, y con regalos del Virrey para las Misiones, no tardó en salir de Mexico, deseosisimo de volver á veer á sus hijos espirituales de la California.
Se aprestaron en S.n Blas la corveta S.ntiago, y el Paquebot S.n Antonio, y se repartieron en estos barcos ,(...) para las Misiones. En aquellas se embarcó el P.e Junipero salio al Mar el 24 de En.° de 1774 y llegó a S.n Diego el 13 de Marzo. El ansia que tenia de visitar á sus subditos que se hallaban entre aquel Puerto, y Monterrey le alertó a emprender, a pesar de su abansada edad, y achaques, el camino por tierra a su Mision.
La Corveta se transfirio á aquel Pto. descargó en él y salio á reconocer la Costa hacia el N. en cumplimiento de las ordenes en que se hallaba.
Siguiendo nuestros deseos de hablar de los sucesos que se han de referir, quando recorrimos el tpo en que tuvieron lugar, debiamos tratar ahora del viaje del citado Governador de Tubac, para conocer la comunicacion de las dos Provincias por el Colorado; pero nos ha parecido conveniente no cortar el hilo de la historia de la fundacion de las Misiones, y colocar el extracto de dha expedicion quando hallamos dexado de hablar de estos establecimientos.
A pocos dias de estar el P.e Presidente en la Mision de S.n Carlos llegó á Monterrey en nuevo Cap." con sus tropas de Cuera: y entonces con este auxilio resolver fundar una Mision entre S.n Diego, y S.n Gabriel baxo la advocacion de S.n Juan Capistrano.
Luego salieron para S.n Diego los Misioneros nombrados: tomaron alli los utensilios necesarios: volvieron á reconocer el terreno, y hallado un paraje al proposito empezaron á cortar maderas, y á hacer otros preparativos, á q.e ayudaban los Gentiles que acudian con mucho gusto. Pero mui pronto se disipó el que causaba á los Padres estos buenos principios. Llegó un correo de S.n Diego con la triste noticia de haber los Gentiles pegado fuego á la Mision, y quitado la vida á uno de los Misioneros. Inmediatamente se dio de mano á la obra del establecimiento: y los P.es con el Cap.n y la tropa pasaron al socorro de S.n Diego.
Hallabanse pacificos y contentos los dos Misioneros de S.n Diego logrando el fruto de sus trabajos que los muchos Naturales que despues de instruidos pedian el Baptismo. Por ser ya grande el numero de los concurrentes que habia trasplantado la Mision á la Cañada del Rio, que vacia en el Puerto, á dos leguas del Presidio, por ofrecer aquel terreno ventajas para la siembra de trigo y Maiz, para la manutención de los Neofitos que mostraban estar satisfechos de su suerte. Pero dos de estos que parece se havian apoderado de la maldad, que havian dexado los demas salieron á correr las Rancherias de la Sierra, y á predicar la desolacion de los que les havian acogido con dulzura y amor. Exortaban á los que veian publicasen entre los suyos que los extrangeros venidos nuevamente á aquella tierra querian acabar con la Gentilidad baptizandolos por fuerza. Creian unos estas noticias dudaban los otros: pero al fin consiguieron que se juntasen mas de (...) Indios de diferentes Rancherias, que convinieron acometer á los que les habian dho eran sus enemigos. Es notable el orden que guardaron para la disposicion de la empresa. Se dividio el exercito en dos trozos debiendo caer uno sobre la Mision, y el otro sobre el Presidio, para dar fuego á este luego que viesen arder aquel.
Assi pactados, y bien armados de flechas, y Macanas se encaminaron á poner en execución sus depravados designios. Llegando el exercito á la Cañada de S.n Diego, se dividió caminando la mitad hacia el Presidio, y la otra mitad hacia la Mision, donde llegó sin ser sentida. Los que la componian se repartieron, unos por las Casas de los Neofitos para no dexarlos salir de ellas ni gritar, otros á la Iglesia á hurtar los ornamentos, y otros tizones encendidos al quartel de los Soldados, que no eran mas que 3 y un Cabo, que hubieron de encontrar durmiendo, donde pegaron fuego. Con esto, y los Alharidos de los Barbaros despertaron todos los que dormian en la Mision. Tomaron las armas los Soldados, quando ya los Indios empezaban á disparar sus flechas. Los Padres dormian en diferentes quartos: salio el P.e Fr. Vicente Fuster, y se encaminó hacia donde estaban los Soldados: salio despues el P.e Fr. Luis Jayme, y viendo un gran peloton de Indios se arribó á éllos saludandoles con la salutacion establecida en todas las Misiones por el P.e Junipero, Amar á Dios. Conocido con esto por los Indios, le embistieron como bestias feroces, le arrastraron hacia el Arroyo, quitaron el habito, flecharon, y golpearon con las Macanas antes y despues de morir; de suerte que solas las manos quedaron enteras: quisá para dar a entender el Señor, que su siervo no habia obrado mal y si habia empleado las manos en su servicio. Al tpo que llebaban unos al Padre al lugar del martiro, fueron otros al dormitorio de los Carpinteros y Herrero mataron á unos de aquellos é hirieron de muerte a otro, y este tuvo la fortuna de unirse á los Soldados, dando con una escopeta muerte á un Indio.
Reunieronse á los que habian destruido la Mision los que se habian dirigido al Presidio, que viendo arder la Mision antes de llegar a su destino, y temiendo que viesen las llamas en el no se atrevieron á llegar, y se volvieron. Reunida toda la Chusma, acometieron á los Soldados, que por arder su Quartel se habian refugiado con el P.e y algunos otros á un Quartito de Adoves techado de enramada, atrincherandose como les fué posible: á poco tiempo fueron heridos dos Soldados; y no quedando p.a la defensa mas que el Carpintero un Soldado, y el Cabo, se dedicaron este á solo disparar, y los otros dos á cargar. Viendo los Indios los estragos que hacian en ellos los fusiles, y el poco que hacian sus flechas por la trinchera, determinaron pegar fuego á la enramada del techo. Sufrieron los nuestros aquella averia, cubriendo el P.e el saco de la Polvora con las faldas de su habito. Enrrabiados los Malvados de que no bastó esta diligencia para echar fuera de techado álos objetos de su furia, probaron el arbitrio de arrojarles por elevacion tizones encendidos, y pedazos de Adoves. Estuvieron asi peleando hasta el amanecer, que temieron que con las primeras luces llevaran al socorro de la Mision alguna gente del Presidio, assi se retiraron.
Desamparado el campo: quando ya con claridad se descubrieron los estragos de la Sangrienta escena, buscaron los Neofitos al P.e F. Luis, le manifestaron con lagrimas no les habian permitido los enemigos salir de sus casas, y habiendose lamentado de las desgracias que sabian procuraron noticias del P.e Jayme: le buscaron por varias partes hasta que le vieron con espanto, y le conocieron con dificultad en un Arroyo. Sacaron su desfigurado cuerpo con respeto, y con incesante llanto le traxeron a la Mision.
Desde luego que acudio alguna gente del Presidio, se pasaron á el los muertos, y heridos, de los quales el Carpintero murio al quinto dia dando antes asi exemplo de generosidad Christiana tan admirable como raro. Era acreedor á los sueldos de algunos años, que habia servido en la Mision: no tenia herederos forzosos y haciendo testamento nombró por sus herederos á los mismos Indios que habian sido la causa de su muerte.
Se pasó por lo pronto la Mission á las inmediaciones del Presidio, y se empezaron á hacer averiguaciones para saber, quienes habian sido los principales motores de la revolucion.
Quando llegó el aviso á Monterrey, dixo el P.e Presidente con embidiable paz, "Gracias á Dios, ya se regó aquella tierra: ahora si se conseguirá la reduccion de los Diaguinos". Se puso en camino inmediatamente el Cap.n del Presidio con alguna tropa, y llegado á S.n Diego empezó á buscar á los agresores.
Despues que el P. Presidente hubo hecho los funerales al difunto Missionero, ansiaba por pasar á S. Diego: pero no pudo satisfacer sus deseos hasta pasados 6 Meses que se embarcó en el Paquebot S.n Antonio que debia hacer viage á aquel Puerto. Encontró á los Misioneros de S.n Juan Capistrano, quç acompañaban al P.e Fray Luis, con el desconsuelo que nada se hacia para la reedificacion de la Mision atendiendo solo los Capitanes de la tropa á asegurar los delinqüentes. Enterado de todo se interesó con el Comandante del Paquebot D.n Diego Choquet para que prestase algun auxilio con su gente para trabajar en las obras de la reedificacion: y habiendo respondido este Oficial, que no solo seria su gente, sino el mismo trabajaria, se dispuso todo para emprender la tarea. Seguia felizmente la fabrica de los humildes edificios, quando el Comandante de terra sin que nadie supiese hubiese motivo fundado para temer determinó que se retirase la tropa, y se desamparase el terreno; porque se decia, que los Indios querian volver á acometer. Grande fue el dolor que sintio el P.e Presidente en tener que abandonar su obra en que con mucho contento trabajaba. Pero no tardó Dios en consolarle con las ordenes que expidio el Virrey inmediatamente que le informaron del hecho: Estas fueron, que se reforzase con tropa el Presidio de S.n Diego: que se reedificase la Mission: que se erigiesen las de S.n Juan Capistrano, y de S.ta Clara las cercanias de S.n Francisco: y que no se castigase á los cabezas de la revolucion conforrnandose con la propuesta del Presidente, por si la piedad con que se les tratase; obligase mas á todos los Gentiles, que el castigo que merecian.
Enterado el Cap.n de la tropa de las ordenes del Virrey puso en libertad á los Indios presos, y aprontó la escolta de 12 Soldados p.a la Mission de S.n Diego, 10 para S.n Juan Capistrano, 2 para la de S.n Gabriel, y los restantes hasta 25 para reforzar el Presidio.
En quanto el P.C Presidente se vio con los auxilios que necesitaba volvio á la reedificacion de la Mission de S.n Diego con otros dos Misioneros, y los Neofitos que trabajaron con diligencia, y alegria: y desde luego que hubo dexado ordenado el trabajo, y dadas las providencias oportunas para la continuacion pasó con los Missioneros á la fundacion de S.n Juan Capistrano. Hallase esta en lat.d de 33° á 26 leg.s de la de S.n Diego: el temperamento es como, y sano: se experimentan lluvias en el Invierno que con el agua de Arroyo proporcionan abundantes cosechas, de trigo, maiz, y legumbres no solo suficientes para la manutencion de los Neofitos mas tambien de sobra para socorrer á la tropa á trueque de ropa para ayudar á vestirlos. Se consigue el vino, y varias frutas de los Payses templados de Europa y en las inmediaciones hay pastos para los ganados de toda especie que han propagado mucho.
Viendo ya el P.e Junipero en buen estado la fundacion de la Mission de S.n Juan Capistrano, tendia ya todas sus miras á las que estaban proyectadas de S.n Fran.co y S.ta Clara; y no tardó mucho en pasar á Monterrey para aplicar los medios de verificar sus fundaciones.
Habia dado el Virrey providencias tan eficaces como podia desear el P.e Presidente á este efecto: pues desde luego que D.n Juan Baptista de Anza Governador de Tubac le dio parte de estar ya conocido el camino de Sonora á Califorriias, le mandó que se dispusiese p.ra repetir igual viage; que pidiese lo necesario para reclutar 30 Soldados de Cuera, casados en las Provincias de Sinaloa y Sonora, y otras familias, para poblar la California. Al mismo tpo. dispuso que el Teniente de Navio D.n Juan de Alaya examinase el Puerto de S.n Francisco.
Era la Comision de Anza prolixa, enredosa, y mui molesta assi para juntar las familias voluntarias para la formacion de los Pueblos de Monterrey, y S.n Francisco, como para conducirlas por caminos tan dilatados, desproveidos, y peligrosos, Por tanto no pudieron estar reunidos los individuos de la Expedicion hasta Sep.e de 75, y llegar á la Mission de S.n Gabriel á donde recalaron hasta 4 de Enero de 76.
El 17 de Junio salio de Monterrey la Comitiva que debia formar la Colonia de S.n Francisco compuesta de los Missioneros, del Teniente de la Tropa, un Sargento, 10 Soldados de Cuera todos casados, 7 Pobladores con numerosas familias, y varios sirvientes, baqueros y Arrieros, que conducian el Ganado y las Recuas. En el grande llano de S.n Bernardino les parecio ver una punta de Ganado bacuno: corrieron al instante algunos Soldados para reconocerlo, y hallaron que era una especie de Venados tan grandes como bueyes con una cornamenta tan larga, y abierta que medida la distancia del extremo de un cuerno al otro servir 16 palmos: 3 lograron matar 3; y queriendo cargar uno en una Mula no pudo esta llebarlo. Tenian debaxo de cada ojo una abertura que parecia otro ojo: pero yacios, y quisá solo destinados para lagrimar. Dixeron los Soldados que los siguieron, que siempre corrian á favor del viento: de que se infiere que las ventolas que cogen las hastas los incomoda mucho en la Carrera.
El 27 llegó la Expedicion á una Laguna que bacia en el Rio de S.n Fran.co y en sus cercanias formaron el Real de 15 tiendas. En quanto estuvo armado acudieron muchos Gentiles con muestras de alegria de la llegada de los Extrangeros á aquel paraje: y haviendo llegado al Puerto un Paquebot con los utiles para el Presidio y Mision, con el auxilio de la Marineria se empezó la fabrica de aquel, y las piezas precisas para esta.
Entre tanto determinaron el Comandante del nuevo Presidio, y del Paquebot dos expediciones una por mar y otra por tierra para rexistrar el gran Rio de S.n Francisco conviniendo en el punto en que debian encontrarse para continuar el rexistro unos á la vista de otros.
Fue en su Lancha el Comandante del Paquebot D.n Fernando de Quiros, navegó al N. hasta llegar á la punta señalada para punto de reunion de las dos expediciones. Al mismo tiempo habia salido el Comandante del Presidio con la tropa que juzgó necesaria, y caminaron al S.E. á vista del Estero, o brazo de mar como de 15 leg.s hasta llegar a su termino; donde hallaron un Rio mediano, que llamaron de Nra. Señora de Guadalupe. Siguiendo algo hacia el S.E. les dio lugar para atravesarlo á caballo: pero la otra banda viendo que tenian que desandar las 15 leg.s para ponerse á vista del P.to y subir por la costa para ganar el punto de reunion á fin de ahorrar camino, teniendo á la vista un abra que les ofrecia la Sierra con Cañadas entre lomas determinaron entrar por una de ellas p.a juntarse mas pronto con la expedicion maritima; pero les salio al contrario; pues fue esta la causa, porque no se pudieron veer en todo el viaje. Siguieron por las Cañadas que forman las Sierras, y fueron á salir á una grande llanura mui lexos de la Playa, y mucho mas del punto de Reunion, y considerando que en la diligencia de buscarlo se pasaria el tpo. señalado, determinaron seguir por aquella dilatada llanura; por la que les parecio corrian 5 Rios segun las arboledas que veian, y que culebreando iban á desaguar al Puerto. Caminaron p.ra la Calle mas inmediata de muchos arboles de diferentes especies, y hallaron que estos ocultaban un gran Rio. No se atrevian á cruzarlo por la mucha agua que llebaba y siguiendo su orilla encontraron en ella algunas Rancherias cuyos havitantes se mostraron pacificos, y agradecidos, correspondiendo con pescado á los abalorios que les regalaron, y ofreciendose algunos á acompañar a los nuestros. Les preguntaron estos á los que quisieron acompañarles ¿por donde podrian cruzar el Rio? y ellos los conduxeron á un Vado por donde todos pasaron con facilidad. Siguiendo por la llanura, que hacia horizonte por todas partes no viendo mas Indios que los que vivian en las cercanias del Rio, y no siendo facil continuar el reconocimiento de los demas determino el Comandante volverse al Presidio.
3. Dice el Padre Palou que tuvo la curiosidad de medirlas por si.
El Comandante de la Expedicion de Mar habiendo esperado en el punto de reunion el tiempo convenido, rexistro la Costa trató con los Gentiles de las Rancherias, que estan entre los talanes, que halló pacificos: navegó por la gran Bahia redonda como de 10 leg.s de diametro. Llegó al desemboque del Rio grande, que tiene un quarto de legua de ancho, y halló mui cerca un Puerto, que llamó de la Asuncion: divisó á poca distancia la Sierra de S.n Francisco, y segun la Lat.d en que creyó hallarse, le parecio que el remate de dha. Sierra, que corria al Poniente seria el Cabo Mendozino.
En el Rexistro que hizo de la Costa hacia el O., vio varios Esteros, entre ellos, uno mui ancho que sospecho comunicase con el mar Pacifico por el Puerto de la Bodega: se internó para reconocerlo, y habiendo navegado por el un dia, y una noche siempre al O. llegó al termino, quedando cerciorado no tiene comunicacion con el mar pacifico por otra parte, que por la boca donde está el Presidio. Concluido el reconocimiento se volvio al puerto.
Detuvo algun tiempo la reduccion de los Gentiles en la Mission de S.n Fran.co el haber aquellos desamparado la Peninsula, y el haberse pasado en balsas de tule á las Islas despobladas que hay dentro de el Puerto, y otras á la banda opuesta á la en que esta la Mision: á causa de haber acometido á sus Rancherias e incendiado la Nacion Salsona su Capital enemiga.
La eficacia con que el Virrey repetia sus ordenes para que se efectuase la funcion de las Missiones, mandadas erigir estimularan al Comandante del Presidio de S.n Diego á salir con uno de los Misioneros destinados á fundar la de S.ta Clara por los llanos de S.n Bernardino á buscar un paraje al proposito para establecerla: caminaron hasta llegar al remate del brazo de mar del Puerto de S.n Francisco que corre al S.E.; hallaron en el un Rio con mucha agua, y en las inmediaciones varios ojos de agua corriente, que podian servir para beneficiar las muchas, y buenas tierras pobladas de varias Rancherias, y con grandes Robles. Quedando elegido este paraje para Mision que volvieron á S.n Francisco que distaba 15 Leg.s al N.O.
En 6 de En.° de 77 se enarboló la Cruz, y se dio principio á la fundación. Esta Mission de S.ta Clara logra quisá la mejor situacion de todo lo conquistado: en una llanura de mas de 30 leg.s de largo, y de 3, 4, y 5 de ancho tiene mui buenas tierras, que no solo vuelven con abundancia el trigo, maiz, y legumbres, sino que lleban todas las frutas de los Payses templados de España. El Rio subministra quanta agua se quiere, excelentes truchas en Verano.
Visitó el P.e Presidente las dos nuevas Missiones de S.n Francisco, y S.ta Clara á cuyas fundaciones no habia podido asistir y á vista de los progresos que se habian hecho en ellas se enfervorizó para tratar de las 3 que debian establecerse en el Canal de S.ta Barbara.
Para dar fomento, y estabilidad á la conquista de esta parte de la California, habia mandado el Virrey al Gobernador de la Provincia procurase formar algunos Pueblos de Gente Española, que se ocupase en el Laboreo de las tierras, y cria de ganados, y bestias de carga. En atencion á esta orden, y viendo dho Governador las proporciones que se encontraban en los llanos de S.n Bernardino para establecer uno de los Pueblos: juntó á los Pobladores, que habian venido con la Expedicion de Sonora, y agregandoles otros les señaló Sitio, y repartio tierras para formar un pueblo titulado S.n Joseph de Guadalupe. En dho Sitio dieron principio los Colonos á su Pueblo en Nov.re de 77, á los que les han agregado otros vecinos todos governados por un Alcalde elegido entre ellos subordinado al Governador de la Provincia, escoltados de 3 Soldados, y un Cabo. Se mantienen de las cosechas que logran de trigo, Maiz, y Frixol, y se visten que con el sobrante que venden á la tropa, y el ganado mayor y menor, y caballadas que crian al mismo fin.
La ferviente caridad del P.e Junipero le habia estimulado á solicitar la facultad de confirmar en la California segun la tuvieron los Missioneros Jesuitas de ella. En Oct.re de 77 tuvo el gusto de recivrla, á pesar de una enfermedad, que á veces le rendia, corria con diligencia las Missiones para no retardar el apreciable Don del Sacramento de la Confirmacion, á los nuevos Christianos.
No disfrutó mucho tpo. de la paz, y gusto, que le producian los progresos notables que se hacian en la reduccion de los Gentiles, sin experimentar algunos sinsabores que le contristaron summamente. En Junio de 79 tubo la noticia de haberse segregado del Virreynato de Mexico las Provincias internas, y la de California, y quedado baxo el mando de un Comandante Gentil. Conocia mui bien el P.e Presidente que esto produciria mucho atraso en las Providencias, e infinitas contextaciones molestas. En efecto no dexó para mui tarde el manifestar su autoridad el nuevo Comandante Gentil obligando al P.e á que no exerciese su facultad de confirmar hasta que se consultase al Rey.
No tan solamente dio el Virrey respuesta favorable acerca de la facultad de confirmar del P.e Presidente sino que lo recomendó con eficacia al Comandante Gentil y este se inclinó tanto á cumplir la recomendacion que concurrio quanto pudo á auxiliarle par ala fundacion de las Missiones en el Canal de S.ta Barbara. Envio orden al Governador de Californias para que
comisionase al Cap.n de la tropa para reclutar 75 Soldados para fundar un Presidio, y 3 Misiones en dha Canal. El Presidio, y una Mission en la mediama con el nombre de la Santa, y las otras dos con el de la Purisima Concepcion, y de S.n Buenaventura en los extremos, dotada cada una con 15 Soldados empleando el resto en el Presidio con su correspondiente Oficial; y de reclutar tambien algunas familias para formar el Pueblo de Nra. Señora de los Angeles en el Rio de la Porcincula. Al mismo tiempo encargó á los Padres al Colegio de S.ta Cruz de Querataro fundasen dos Missiones en el Rio Colorado assi para la conversion de aquellos Gentiles, como para asegurar la comunicacion que se havia descubierto de las dos Provincias; pero con las circunstancias, de que huviese en cada una de ellas solo 8 Soldados, y 8 familias pobladoras, un Alferez en la una, y un Sargento en la otra: que los Missioneros no habian de cuidar mas que de lo espiritual, y que los Indios que se baptisasen viviesen en sus Rancherias, y se mantuviesen como quando Gentiles.
Se fundaron segun este Sistema; pero en breve se vieron los malos efectos del mal ordenado proyecto. Mataron los Indios al Comandante, á 4 Religiosos, al Sargento á quasi todos los Soldados, y demas vecinos; quedando cautivos los que con vida: incendiaron las Misiones, acabaron con todo lo que habia en ellas é imposibilitaron el paso.
Este funesto acaecimiento detuvo las fundaciones de las Misiones de la Canal: y entre tanto se formó un Pueblo de Españoles a la orilla del Rio de la Porcincula.
En Marzo de 83 pudo tener ya principio la fundacion de la Mission de S.n Buenaventura con buenos auxilios cerca de la Playa en lat.d de 34° 13'.
Fue memorable p.ra la nueva California el año de 1784 por la perdida del Venerable P.e Fr. Junipero Serra Presidente de las Missiones de ella: su talento, y sus virtudes le hicieron amable á los Españoles, y á los Indios: su afabilidad, y desinteres le constituyeron un digno modelo para sus subditos: y los Monumentos de Caridad que dexó establecidos con sus sudores, con su sangre, en la California haran su Memoria mui grata á todos los buenos Christianos, y amantes de sus iguales.
Dexaremos ya de hablar de la Nueva California para decir algo de la antigua, que seguia baxo el cuidado de los Religiosos Dominicos encargados de continuar la reduccion espiritual que habian empezado los Religiosos expulsos Jesuitas.
Lo que vamos á decir es extracto del Autor Dominico, que ya citamos de las noticias de California.
No les fue posible á dhos Misioneros Dominicanos (dice este Autor) fundar mas de 4 Misiones en el espacio de 17 as. En el de 81 experimentaron un atraso grande á causa de la horrorosa Epidemia de Viruelas que introduxo un barco, que llegó á aquellas Costas. "Puedo decir (el Autor citado) por lo que yo mismo experimenté, que en los campos se veian muchos hombres muertos: si entraba en las cuevas los miraba moribundos, y las Misiones estaban desiertas por falta de gente. Aqui fue donde los Misioneros trabajaron incesantemente por espacio de un año; yo mismo salia despues de curar los que tenia en esta Mission de S.n Vicente por los campos vecinos por los barrancos, y las cuevas y raro era el dia que no llebase en mi compañia algunos soldados para ayudar, y volviamos cargados de Ninos desam
parados, y los curabamos en la Mision. En el paraje llamado S.n Jacinto encontré 6 muertos dentro de una cueva y a su lado 5 Niños, y 3 Niñas muriendose mas de hambre, que de las viruelas, y habiendolos llebado á la Mission se restablecieron perfectamente".
Para dar alguna idea del Reximen que continuaron estos Religiosos en el Govierno de las Missiones copiaremos tambien lo que acerca de esto nos refieren.
"El modo de conquistar es como se sigue. Noticioso el Missionero de haber algun sitio con agua, leña, piedras, y otras proporciones, para la fundacion, dá parte al S.r Virrey, habido consentimiento de S.E. avisa á todos los Misioneros para que den limosna, y ayuden para la fundacion del Pueblo: unos envian carneros, otros bacas, mulas, caballos, y familias reducidas para empezar la obra: luego toma alguna escolta de soldados: con todo este (...) sale para el paraje señalado, empieza á sembrar, á hacer corrales y alguna estacada para defenderse: y concluido esto sale por barrancos, cuevas, y montes á buscar Gentiles; y este es el lance de los mas apretados; pues suelen emboscarse los Indios para acometer á la tropa y Misionero, y lastimarlos como a mi me ha sugerido: habia la fortuna de encontrar con algunos Indios que les habla de su infelicidad desnudez, pobreza, y otras miserias que padecen, y se les atrahen con algunos donecillos. Si el Misionero no entiende el Idioma les habla por un interprete, y les asegura, que ha llegado á aquel paraje para hacerles felices en el alma, y en el cuerpo: unos reciven con alegria la propuesta, otros despues de cansado el Misionero cte hablarles, contestan ¿Quien sabe Padre? otros instados por sus vecinos Christianos para la instruccion se huyen, otros (y son los mas) se muestran taciturnos y algunos á la primera insinuacion se juntan con el Misionero, y se van al sitio donde está plantificado".
"Verificado el Pueblo el Rey consigna (...) y de esto saca el Misionero para herramientas, calderos. Lo perteneciente á la Iglesia, lo envia el Sr. Virrey de los expolios de los Padres expulsos, que asistian en Mexico. Pero si el Barco que trahe todo lo necesario se pierde como sucedio dos ó 3 (..) entonces aumentan los trabajos por falta de viveres y ropas."
"Cada una de las Misiones debe ser contemplada como una pequeña, pero ordenada Republica. El Misionero es el Padre, la Madre, el Criado, el Juez, el Abogado, el Medico, y cuantas castas de Artesanos hay en el Pueblo. Luego que amanece congrega á los Indios en la Iglesia para rezar la doctrina, les dice su Misa y reza con ellos el S.to Rosario. Entre dia es necesario una continua vigilancia para que no se junte hombres, y mugeres, y que estas en medio de sus labores esten siempre empleadas en rezar o en cantar cantos de la Iglesia: nadie sale á parte alguna, aun á beber agua, que no sea con el permiso del Misionero. Al ponerse el Sol congrega otra vez á los Indios para rezar el Rosario, Letanias, y otras devociones, despues de su corta cena se congregan otra vez en casa del Misionero, y alli se les explica algun punto de la Doctrina Christiana, se reprehenden sus defectos, y se castigan con azotes. Omito el decir sobre el negocio de la Confesion y Comunion, que es de los mas criticos y de los mas pesados atendiendo á su inconstancia, á su desidia, y su inclinacion natural á ciertos vicios de los que apenas se pueden apartar: con que es preciso estar trabajando incesantemente para que á lo menos sean un poco buenos, y aun esto jamas se consigue sino con los azotes tanto á hombres como á mugeres".
"La otra grandisima carga, que tiene el Misionero es el cuidado de lo temporal, porque se debe suponer, que todos los Indios viven de comun en las Misiones; por lo cual para que tengan que comer, los unos Misioneros trabajando mezclados entre los Indios, otros proyectando modo para adelantar las siembras, otros fabricando Iglesias, casa, y almacenes para las semillas, han levantado á estos Indios para que salieran de su pobreza. Concluido el exercicio espiritual por la mañana en la Iglesia se presentan todos los dias los Indios, y el Misionero señala á cada uno el oficio en que debe exercitarse; á las mugeres les reparte su hacienda en lana o algodon para que la hilen, lo mismo hace con los Niños, y Niñas, igualmente nombra á uno de los mas racionales para que cuide del trabajo, y para que avise de lo ocurrido; lo mismo hace con las mugeres. Desocupado de estas tareas debe visitar la enfermeria; y de aqui se va al campo á ver el trabajo de los Indios ó a trabajar con ellos, assi mismo debe dar disposicion para el almuerzo, comida, y cena, que regularmente se reduce, el almuerzo y la cena á unas gachas, y la comida á trigo cocido con agua, y aun assi con esta corta comida, se veen con tantos apuros los Misioneros, que por falta de trigo, apenas los pueden mantener. Lo mismo sucede con la ropa; pues con la poca que les creen remitir desde Mexico va cubriendo en los hombres, y mugeres lo que la Naturaleza pide oculto. El vestido de los Christianos se reduce áun Braguero de vara y media de largo, y media de ancho, una camiseta corta hasta el ombligo con mangas hasta los codos, las mugeres tienen la misma camisa; un delantal de hilos largos por delante, y uno de bayeta por detras".
Estado que manifiesta los bienes que poseia cada una de las misiones de la Antigua California en el año de 1788
caballos mulas bacas borricos lanar cabrio trigo maiz
Nra. Señora del Loreto 22 14 127 6 200 110 00 00
S.n Francisco Xavier 14 10 120 4 200 140 100 60
Todos Santos 88 28 420 10 300 210 500 300
S.n tiago 88 26 500 6 246 204 340 300
S. Joseph del Cabo 60 34 506 8 254 200 250 200
S.n Joseph de Comandu 54 32 480 5 390 300 360 200
La Purisima 44 28 340 6 400 310 350 200
S.ta Rosalia de Molexe 42 20 330 7 380 270 270 210
Nra. Señora de Guadalupe 46 28 360 5 410 230 160 100
S.n Ignacio 69 32 557 7 610 312 400 300
S.n Gertrudis 26 22 314 4 316 200 210 110
S.n Fran.co de Borja 18 28 414 4 164 300 350 200
S.n Fernando de Vellicatá 36 16 210 2 320 180 250 300
Nra. Señora del Rosario 28 18 170 4 400 200 200 700
Sto. Domingo 29 20 240 4 270 150 260 200
S.n Vicente Ferrer 28 16 230 3 242 164 350 200
S.n Miguel Arcangel 42 22 160 2 260 180 250 300
Suma 764 394 5.487 87 5.662 3.660 4.700 3.880
Estado general de las misiones de la Antigua California en el año de 1787
Misiones del Departamento del Sur
l.ª N. ª Señora de Loreto Cap.1 de la Antigua California 1698 Oeste
2.ª S.n Fran." Xavier 1698 Oeste
3.ª Todos Santos 1727 Sur
4.ª S.n tiago 1719 s.e.
5.ª S.n Joseph del C.º de S.a Lucas 1730 s.e.
6.ª S.n Joseph de Cornandri 1704 no.
Departamento del N.
7.ª La Purisima de Cadegomo 1713 N.O.
8.ª N.a S.ta de Guadalupe 1709 n.
9.ª S.n Rosalia de Molexé 1700 n.
10.ª S.' Ignacio 1725 N.
11.ª S.ta Gertrudis 1731 n.
12.ª S.n Francisco de Borja 1726 n.
13.ª S.n Fernando de Vellicatá 1769 n.o.
l4.ª N.a Señora del Rosario 1774 N.O.
15.ª Nro P.e S.n Domingo 1775 N.O.
16.ª S. Vicente Ferrer 1780 N.O.
17.ª S.n Miguel Arcangel 1787 n.o.
Años en que se fundan Rumbos
Latitud y Lon.d Temperamento
25° 264 Calido y seco
24. 40. 264 Calido y seco
Calido y humedo
Calido y humedo
Calido y humedo
Humedo y calido
Idem
Calido y humedo
Calido y seco
Humedo y calido
Idem
Calido y seco
Idem
Idem
Humedo y frio
Idem
Idem
Idem
Leguas Misioneros Familias Almas Soldados
000 2 13 90 19
9 1 27 190 1
106 2 19 90
136 1 19 63 0
148 2 8 49 0
14 1 29 98 0
23 1 34 102 0
43 1 32 106 0
41 1 52 166 1
66 1 72 273 0
90 1 64 297 1
116 2 174 695 2
159 1 129 567 3
173 2 119 328 5
194 2 107 271 5
214 2 105 317 8
243 1 l00 137 13
24 1.099 3.015 60
Fuente: Ángela Cano Sánchez, Neus Escandell Tur, Elena Mampel González. Gaspar de Portolá. Crónicas del descubrimiento de la Alta California, 1769. Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona, Barcelona, 1984, pp. 289-307.
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