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1787
Propuesta de tertulias literarias en Valladolid de Michoacán.
Valladolid de Michoacán, 27 de julio de 1787.
Señor doctor Yáñez, mi simpático amigo y amado compañero:
El dulce soliloquio de anoche, en que vuestra merced refirió el opio antiliterario o inacción político-literaria, me excitó con dictamen preceptivo de la conciencia y del honor el bosquejo o borrón de ese papel.
Si a vuestra merced le agradare la idea, añada, corrija, enmiende y quite lo que le parezca.
Mas, "sí tibi, dilectissíme Emmanuel, non arriserit, dele, discerpe, combure".
Para precaver habladurías sobre noticias de correo, que es en domingo, me parece mejor el jueves.
Mande vuestra merced como quiera a este su verdadero amigo. Calama.
La hora será mejor de ocho a diez o nueve y media.
Lo que nunca se emprende nunca se verifica.
"Homines nihil agendo discunt male agere", dijo el sabio Luis Vives.
PENSAMIENTO
El doctor Calama, deán de Michoacán, y el canónigo doctor don Manuel Vicente Yáñez han acordado el pensamiento siguiente:
1. Que en un día de cada semana, el jueves, su diaria tertulia comience a las ocho de la noche, y por espacio de dos horas, o la hora y media, se emplee en lectura de Religión, Historia y Política.
Para el artículo de Religión se usará por ahora de la lectura de los Santos Evangelios, traducidos al castellano por el maestro Petite, benedictino.
Para Historia del compendio de España de Duchesne, traducido por el padre Isla.
Para Política de las célebres Instituciones del barón de Bielfeld, traducida por Mollinedo.
2. Estas lecturas las hará un dependiente estudiante, pero se permitirá que las ejecute también cualquiera de los tertulianos.
3. Cualquiera de éstos podrá hablar lo que se le presente, conveniente sobre el punto que se vaya leyendo, usando del estilo familiar, atento y político que se acostumbra en toda concurrencia de gentes de honor, y en manera alguna se permitirá disputas ni alteraciones. Cada cual abunde en su sentir y parecer.
4. Los tertulianos asistirán en el hábito y traje que más les acomode al tiempo y hora que cada cual pueda.
Estarán sentados o levantados o paseándose, y podrá cada cual chupar (1) y ejecutar cualquiera otra acción de franqueza, libertad y familiaridad, compatibles con el decoro.
En una palabra, con la misma franquía, libertad y decoro político que hasta aquí se ha observado en la tertulia de Trucos y Malilla.
5. No habrá distinción de asientos. Cada cual se sentará según vaya entrando, sin que nadie se levante ni ejecute alguna otra ceremonia.
Las salutaciones, cuando ya esté comenzada la lectura, se omitirán o se ejecutarán con estilo silencioso y afable.
6. De una semana para otra se señalarán las hojas o capítulos que en la siguiente se habrán de leer, según lo permita el tiempo.
Con esto cualquiera tertuliano podrá presentar algún papel de reflexiones que le hayan ocurrido.
Estos papeles se procurará que no excedan de dos hojas de cuarto.
7. Si alguno no quisiere que se sepa el autor, podrá entregar su papel con disimulo al lector o algún otro tertuliano.
8. En manera alguna se ha de hablar ni tocar la menor especie que concierna o pueda tener combinación con el gobierno eclesiástico ni político; y mucho menos se permitirá que se hable de alguna persona, sea la que fuere.
Sobre este punto se encarga y aun se suplica a cada uno de los señores tertulianos que procedan con la más exacta escrupulosidad.
9. Por ahora se compondría esta nuestra asamblea de los sujetos que en el día suelen asistir a la diaria tertulia de Truco y Malilla, es a saber: señor Chantre, doctor Tapia; señor doctoral, doctor Pérez; señor prebendado, doctor Rubí; señor prebendado, licenciado Cuvilano; señor regidor, don Isidro Huarte; señor contador real de diezmos; señor administrador del correo; señor contador del tabaco; señor flotista, Medra; señor Cuesta, oficial de la contaduría de diezmos; y nosotros dos, canónigo doctor Yáñez y deán.
10. En lo sucesivo se admitirá en esta asamblea cualquiera sujeto eclesiástico, político o militar que guste asistir, precediendo que, en los términos que dicta la política, insinúe su deseo a cualquiera de nosotros dos.
11. Según nos parezca conveniente, se leerá este papel de cuando en cuando, especialmente el artículo de que en manera alguna se ha de hablar nada del gobierno eclesiástico ni político ni de persona alguna.
12. Estamos muy distantes de pensar ni imaginar que esta nuestra proyectada asamblea se ponga en paralelo con las serias y Academias.
Redúcese nuestro intento precisamente a formar en cada semana una tertulia familiar, agradable y nada laboriosa, en que uniendo la franquía honesto desahogo, logre cada cual recrearse y divertirse con ilustración del entendimiento.
En una palabra que sea mero pasatiempo de honor y recreo sociable, quedando cada cual en plena y total libertad de asistir cuando se le antoje, en el hábito y traje que más le acomode, y entrar o salirse según le parezca.
13. En la pieza del Truco ha de ser la concurrencia, y sobre minutos más o menos se ha de comenzar precisamente a las ocho de la noche, aunque sólo sean dos o tres los tertulianos, que al principio hayan concurrido.
14. El móvil y resorte principal de este nuestro pensamiento ha sido haber leído en estos días con alguna reflexión los discursos del excelentísimo señor Flechier, obispo de Nimes, a los canónigos de su Iglesia Catedral, cuyo asunto se reduce a "cuáles deben ser las ocupaciones de un canónigo fuera del coro o en el que le deja libre la celebración y continua asistencia de los oficios divinos. Yo -dice el citado Ilustrísimo- las reduzco a tres, que son: lecturas útiles, acciones ejemplares y honestas recreaciones".
Fuente:
Independencia Nacional. Tomo I. Antecedentes – Hidalgo. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Seminario de Independencia Nacional. Universidad Nacional Autónoma de México. México. (Primera edición 1986-1987) Segunda edición 2005. Páginas 20-23. Tomado de Germán Cardozo Galué: Michoacán en el siglo de las luces, Doc. IX.
Notas:
(1) Chupar o fumar tabaco en las visitas y concurrencias (aún de las señoras) por general costumbre de toda la América no desdice de la política. Sólo los hijos y las hijas no pueden chupar en presencia de sus padres o madres, ni los súbditos o subalternos delante de sus prelados o jefes.
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