1785
Descripción de Francisco de Requena y Herrera del Gobierno de Maynas y misiones en él establecidas, en que se satisface a las preguntas que se hacen en la Real Orden del 31 de enero de 1784.
25 de febrero de 1785


Formada por el Coronel D. Francisco de Requena y Herrera, gobernador de Maynas, Comandante General de su provincia y de las de Quijos y Macas y Comisario General de la 4.a División de Límites entre las Coronas de España y Portugal. (1784)

Después del primer Descubrimiento del grande Río Marañón hecho por el Capitán Francisco Orellana, que se separó de la tropa que salió de Quito con Gonzalo Pizarro el año de 1539, dejando burlado a su jefe, y llegó hasta el mar del Norte, desde donde pasó a España, se olvidó enteramente el conocimiento de los países que dicho río baña, y naciones que poblan sus orillas, hasta que casi un siglo después en 1616 unos soldados de la ciudad de Santiago de las Montañas situada en parte superior del célebre Pongo de Manseriche, arrebatados casualmente por la corriente de aquel paso, descubrieron la Nación Mayna en el alto Marañón / con cuya noticia el Capitán Don Diego Vaca de Vega, vecino de la ciudad de Loja, capituló con el Virrey del Perú Don Francisco de Borja y Aragón príncipe de Esquilache la conquista de este País, concediéndosele la Gobernación de todo lo que conquistase.

Con la tropa que a su costa juntó en las Gobernaciones de Loja y Jaén, siguiendo el camino que habían llevado antes los referidos soldados, penetró el expresado Capitán Vaca de Vega, y luego que desembocó el Pongo de Manseriche, fundó a la salida de él, la ciudad de Borja el año de 1634 estableciendo allí parte de su gente; continuando después sus conquistas subyugó las Naciones de Infieles que fue encontrando y estableciendo pueblos, // habiendo sido entonces en mayor número, y demás vecindario que el que tienen al presente, y desde luego se encargaron del Gobierno Espiritual de los pobladores, e indios conquistados los PP. de la extinta Compañía llamada de Jesús.

Las sublevaciones de los indios que sucedieron poco después, lo distante que establecieron unas poblaciones de otras, el mal trato que dieron a los naturales los españoles encomenderos, y la deserción de estos cuando les faltaron las encomiendas, todo fue causa a la considerable disminución de las Misiones que ha continuado siempre a más por no hacerse nuevas reducciones de los muchos infieles que pueblan los ríos, y bosques / inmediatos.

No fueron estas causas las únicas que redujeron las Misiones de la Gobernación de Maynas al corto número de poblaciones que al presente existen: las repetidas invasiones de los portugueses en diferentes tiempos las disminuyeron, adelantándose estos por el Río Marañón arriba sin haber encontrado oposición alguna: desde el año de 1631 hasta el de 1640 se extendieron las conquistas del Capitán Diego Vaca de Vega con la mayor aceleración, siguiendo las corrientes de este propio Río, pero desde este mismo último año en que la Corona de Portugal se sublevó contra su legítimo Soberano, empezaron los portugueses a introducirse hacia los dominios de España, con las luces que les dejó el Capitán Texeira, que un año antes en 1639 hizo su viaje del Pará, a Quito, como vasallo de nuestro monarca Felipe IV y desde esta época dieron principio a sus adelantamientos, sin derecho alguno, apoderándose de nuestros pueblos, y reducciones.

El año de 1686 tenían todavía nuestras Misiones por la eficacia del Padre Samuel Fritz muchos pueblos, y algunos al Oriente de la boca del Río Negro, pero éstos debieron de durar poco tiempo, sin embargo, de la legitimidad de nuestras conquistas, pues según Mr. de La Condamine, ya había algunos años que frecuentaban los portugueses el Río Negro, cuando él estuvo en el Fuerte de su boca / el año de 1743, lo que no hubieran logrado con tanta facilidad, si como aconsejó en su relación el Padre Cristóbal Acuña, se hubiera por España construido una fortaleza en la misma boca, y sin duda en la Guerra de Sucesión al principio de este siglo fue en la que dieron este paso adelante.

Como quedaron en pacífica posesión de estas usurpaciones tuvieron atrevimiento de querer establecerse en el Río Napo, donde desemboca el de Aguarico, el año de 1732, pero intimados por la oposición judicial que les hizo la Real Audiencia de Quito, se retiraron, aunque después no han dejado de adelantarse cuanto han podido. El año de 1762 ocupaban los PP. Franciscanos de // Popayán con sus Misiones de Sucumbios hasta la boca del Río Putumayo en que tuvieron el pueblo de San Joaquín, del que se hicieron dueños en la guerra de aquel tiempo y en el de 1775 se adelantaron por aquella propia costa septentrional del Marañón, y erigieron la fortaleza de Tabatinga a un día de viaje de nuestra última población de Loreto.

En el día consiste la gobernación de Maynas de 22 pueblos muy separados unos de otros, así por las orillas del Río Marañón, como por otros varios que en este desaguan en la conformidad que expresa la siguiente relación.

En el río Marañón, siguiendo su corriente desde la salida del / Pongo de Manseriche la actual frontera con los portugueses están:

Pueblos... Naciones de diferentes idiomas que los habitan

Borja 1. Blancos.

Barranca 2. de Indios Mainos, y Xeveros.

Urarinas 3. Urarinas, Itucales, y Uritos.

San Regis 3. Yameos, Nahuapeas, e Iquitos.

Omaguas 4. Omaguas, Yameos, Yurimaguas, y Mayorunas.

Napeanos 2. de Iquitos, y Napeanos.

Pevas 3. Caumaris, Caguachis, Yaguas.

Cuohiquinas 1. Mayorunas.

Camuchiro 2. Pevas, y Ticunas.

Loreto 1. Ticunas.

En el Río Pastaza que desemboca en el Marañón por la banda // Septentrional, entre los pueblos de Barrancas, y Urarinas están:

Andoas 3. Canelos, Gais y Semigais.

Pinches 2. Pinches, y Roamainas.

Ranchería de Santanderes.

En el Río Guallaga que desemboca en el Marañón por la banda Austral un día mas arriba del pueblo de Urarinas están:

Muniches 2. Muniches, y Otanais.

Yurimaguas 3. Yurimaguas, Aysuaris, y Boraderos.

La Laguna 3. Cocamas, Cocamillas, y Panos.

Chamicuros 2. Chamicuros, y Aguanos.

En el Río Apena, que entra en el de Guallaga, cerca de su boca está:

Xeveros 3. Xeveros, Cutinavas y Paranapuras. /

En el Río Paranapuna, en el que entra Cachi-yacu, y con éste en el de Guallaya está:

Chayavitas 2. Paranapuras y Chayavitas.

En el Río Caguapanas, que entra en el del Marañón, está:

Caguapanas 1. Caguapanas.

En el Río Napo que desemboca en el Marañón, por la margen Septentrional entran los pueblos de Napeanos, y Pevas, están:

Capucui 2. Anangos, y Payaguas.

San Miguel 2. Payaguas, y Encabellados.

Nombre de Jesús 1. Encabellados

Ranchería de Ycaguates de Encabellados.

En todos estos 22 pueblos se numeran 9.111 almas con corta diferencia, segun el Padrón que se acompaña // en qué se expresan sus estados y calidades, componiéndose las más de las Reducciones de varios indios de diferentes idiomas como se ve arriba, que muchas veces no se entienden unos a otros en una propia población, de suerte que aunque algunas naciones entre sí se diferencian muy poco en su modo de hablar, por hacerlo unos con mas velocidad que otros, como sucede entre los Cocamas, Cocamillas, y Omaguas, por el acento aspiral, o gutural con que hacen mayor inflexión a la voz, como se ve entre los Coguachis, y Yaguas, respecto de los Caumaris, que son también del mismo idioma, y así de otras naciones a más de la semejanza, e identidad que se encuentra en / muchísimos verbos, y nombres entre estos últimos, y los Yameos, como entre los Omaguas, y Urarinas; distinguiendo las naciones por la perfecta diversidad de los idiomas como debe ser, se hallan solamente 18 originales sin conexión, ni hermandad entre ellas, caracterizadas por idiomas distintos, de diferente locución, y modo de declinar, y conjugar, siendo con todo bien digno de reparo, que entre estas mismas 18 citadas, se nota como una rara particularidad el que para afirmar o negar una cosa; esto es, para asentir, o disentir, usan de una acción aspiral, sin expresión de sílabas casi todas estas naciones. //

Entre todos estos pueblos, y diferentes naciones que los forman, es muy raro el indio que sabe, o entiende la lengua española. Solo aquellos muy pocos, que, o por haber servido muchos años a los Misioneros, o por haber sido trasplantados a Quito, de donde regresaron por el amor de su patria, son los que lo hablan, siendo muy digno de lamentarse el grande descuido que ha habido en esta parte, y que los primeros Misioneros no hubiesen enseñado el español como establecieron desde el principio el idioma general del Inga antiguo del Perú, el cual entienden los más de los indios viejos, con que se manejan en lo más poblado de la Misión, como el más común, y con el que por el comercio, y trato de unas naciones con otras, se va propagando, particularmente por los pueblos que tienen mas comunicacion entre sí. Pero los que viven por los Ríos, Pastaza, Napo, y por el Marañón bajo en los pueblos Napeanos, Pevas, Camuchiro, Loreto, Capucui, San Miguel, Pinches por no saber sus propios Misioneros su idioma natural, pasan casi todos los feligreses las más de las Cuaresmas por no saber el Inga, sin cumplir con el precepto de la Iglesia, ni lograr instrucción cristiana, sucediendo también que aún por aquellos pueblos en que los indios la hablan con expedición como son la Laguna, Xeveros, Chamicuros, Yurimaguas, Muniches, San Regis, Omaguas, las indias, y // muchachos aunque la entienden la pronuncian mal por el poco uso que hacen de ella: entrando aún en la Misión alta los Chayavitas, y Caguapanas, entre quienes solo los indios justicia, y tal cual otro la saben.

Para internar a estas Misiones hay 4 diferentes caminos, todos ellos muy malos, dilatados, y con despoblados intermedios:

1.o El que se hace desde Quito atravesando de esta ciudad con caballerías, la alta Cordillera Oriental de los Andes, se llega al pequeño Pueblo de Papallacta en 2 días; este es el primero de la Gobernación de Quijos, y desde donde se camina por desiertos, 10 ó 12 días a pie, o en hombros de indios, llevando de la misma conformidad / los equipajes, y víveres, hasta llegar al embarcadero el Río Napo, en el pueblo de este mismo nombre y descendiendo por este propio Río se llega a la parte baja del Marañón.

2.o El que se hace por Ambato: 3 jornadas al Sur de la ciudad de Quito, está el Corregimiento de Ambato, desde cuyo asiento se va en 2 días al Pueblo de Baños último de su Jurisdicción, y desde este en otros 10 a pie, por montañas al pequeño pueblo de Canelos, Misión de los Padres Dominicos, en donde embarcados en el río Bobonaza, se entra en el de Pastaza, y por este último se llega a la parte superior del Marañón.

3.o El que se hace desde Jaén: // En el Gobierno de este nombre, el más Meridional del distrito que comprehende la Real Audiencia de Quito hasta el pueblo de Tomependa, situado en el conflüo del Marañón y Chirihipe, se embarcan en él los pasajeros en balsas, pasando muchos raudales, y saltos de este Río, hasta vencer el Pongo famoso de Manseriche, se llega en 6 días a Boria, en cuya población trasladados a canoas se navega todo a los demás pueblos de las Misiones.

4.o El que se hace desde Moyobamba y Lamas: estas son unas infelices ciudades, situadas en bosques, gobernadas por Tenientes del Corregidor de Chachapoyas, sujetos al Virreinato del Perú, desde ellas se atraviesa por tierra y a 3, y / a 5 y aún 7 días a pie, según las diferentes veredas, o trochas que hacen por los bosques, hasta los varios embarcaderos que tienen en el Río Guallaga y otros que en éste entran, por los quales se llega a lo más poblado de la Misión.

De estos 4 caminos, el primero, aunque el más largo, es el más frecuentado, y por el que regularmente entran los Misioneros, Gobernador, y pocos soldados que guarnecen a Maynas, así por ser éste el que está más proximo a la ciudad de Quito, de donde toman los avíos, y despachos, como porque atravesándose el Gobierno de Quijos, se halla en Archidona (residencia del Gobernador) quien facilite // indios de aquella Jurisdicción, así para el transporte del camino de tierra, como para el descanso (¿descenso?) del Río Napo. El segundo aunque más corto, y que por el se lleva (¿llega?) con más brevedad a la parte superior de las Misiones, como no se halla después del tránsito de pie por el despoblado, más población que la de Canelos muy reducida, no se encuentran en ellas tantos auxilios para la comunicación por aquella parte con el Marañón. Sólo la practican algunos Misioneros que quieten retirarse, con mayor brevedad a sus casas. Por el tercero se evita todo el camino de pie, pues teniendo facilidad de llegar al Puerto de Tomependa de cualquier destino que sea, / con caballerías, luego que éstas se dejan, se embarcan como está dicho en balsas, es verdad que a costa de muchos riesgos, cuando el Río crecido, particularmente los 2 primeros días de descenso, porque en ellos se pasan los raudales, y catadupas más peligrosas. Antiguamente se salvaban estos primeros arriesgados pasos, por el camino de herradura, que había desde el propio Temependa por la quebrada de Chuchinga que pasó Mr. de La Condamine, hasta el embarcadero, sitio en que ya es innaccesible el Marañón, para las canoas que suben por él, pero dejaron perder los vecinos el Gobierno de Jaén aquel camino, el cual por esta Comisaría // de Límites que actualmente se tiene mandado abrir, para la seguridad de los víveres, con que annualmente se socorre esta expedición de mi mando y esta es la única entrada, por la que se pueden introducir soldados, pertrechos, y demás subsidios siempre que fuere necesario, como propuse, siendo Quartel-Maestre General cuando en Quito el año de 1776 se disponía venir a atacar a los portugueses con la tropa levantada para esta empresa.

Ultimamente, el cuarto camino es el más corto, y menos incomodo de todos, y solo lo practican los Lamistas, y Moyobambeños por el comercio que hacen con los indios Mainos, / y ninguno otro por salirse por él a los territorios del Perú, a cuyo Virreynato, no están sujetas estas Misiones.

El Gobierno espiritual de ellas, desde su fundación corrió al cargo de los Padres que fueron de la Compañía de Jesús, y para su expulsión entraron clérigos seculares, que ocuparon desde luego este encargo, y en el que permanecieron tres años por haber venido a sustituir a estos últimos los Padres Franciscos de la Provincia de Quito; pero éstos ya fuese por haber sido elegidos por su Prelado entre aquellos que tenían perdido el último Capitulo tan reñido para la elección del Provincial, o ya por no haberse escogido los que por su juicio, virtud, y letras eran // más a propósito para el empleo de Misioneros, pusieron en notable decadencia los pueblos que les señalaron para servir. Desertaron muchos, algunos se quedaron voluntariamente en los pueblos que querían, y otros se paseaban a su discreción por la Provincia vagantes sin residencia fija entre sus feligreses, o por un efecto de considerarse los más como desterrados, en pena del espíritu de partido que habían querido sostener, o por una desgracia calamitosa de aquel tiempo, que hizo notable perjuicio al bien espiritual de estos indios.

El año de 1774 se extrajeron todos los religiosos franciscos, y se volvieron a subrrogar los clérigos seculares, con los que desde luego / se mejoró de Pastores la Misión; pues entraron en aquella primera remesa idóneos sacerdotes para servirla: continuáronse sucesivamente las remisiones, conforme había necesidad de mandarlos, pero no todos fueron después de las calidades que convenía tuviesen para este Apostólico Ministerio: regularmente los más se presentan a las Sagradas Ordenes, haciendo su petición para recibirlas prometiendo entrar a las Misiones, sin tener vocación alguna llevados de solo el interes de iniciarse en la Santa Carrera del Sacerdocio por hallarse sin patrimonio, y aún muchos sin calidades, y demás requisitos precisos para hacerse dignos de esta alta dignidad, conociendo muy bien // que pasados 3 ó 4 años de servicios en la Misión, pueden volver a su Patria revestidos de un carácter al que sin este motivo nunca hubieran podido elevarse, ni ser a el acreedores.

Así se nota que una porción de jóvenes eclesiásticos que vienen a Maynas, desde que han de emprender el viaje, o se les intima la salida, y están discurriendo los medios de eludir su destino, o atemorizados de los riesgos, o lo que es más común, porque a pesar de su promesa, no hicieron formal intención de cumplirla; por esto, unos sin salir de Quito solicitan con los mayores esfuerzos eximirse de la entrada, otros, con cualesquiera especioso / pretexto se revuelven del camino, algunos se quedan entretenidos por el Gobierno de Quijos; y no son pocos los que se desertan sin licencia de su Prelado desde los pueblos en que los destinan, pues aunque regularmente están nombrados 22 sacerdotes incluso el Superior, pocas veces está la Misión completa, quedando por estas razones 1 ó 2 pueblos sin Pastor, o encargado de ellos el Párroco más inmediato, con imposibilidad de poder servir 2 ó 3 Reducciones por las largas distancias en que están situadas.

Aun aquellos que permanecen en sus residencias, no deja de haber quienes están con un anhelo e impaciencia indiscreta, porque // se pase breve el plazo que tienen prefijado, ya molestando al Vicario General porque los promueva a población más cómoda, ya con instancia al Ilustrísimo Señor Obispo porque les mande su licencia, cuya mala disposición no les hace ver como propio rebaño el que se les ha confiado, dejan deteriorar la población, están con grandes deseos de apartarse de ella, se descuidan, y enteramente desprecian el estudio del idioma de aquellas Naciones que deben educar en nuestra Santa Religión como un trabajo que consideran ocioso respecto al breve tiempo en que esperan salir, y por el fastidio que les causa una tarea que miran por disgusto, y falta de resignación con notable repugnancia.

Bien se deja inferir que éstos no pueden desempeñar con el debido / amor, y celo su Ministerio, y que las costumbres han de guardar consonancia con su tibieza, y desazón, como efectivamente me consta de muchos desórdenes dignos de lamentarse, y que en las nuevas plantas de neófitos, y catecumenos producen un escándalo muy perjudicial a la propagación del Evangelio, sin procurarles a éstos tampoco los bienes temporales que debían facilitarles, convirtiendo sus estipendios en lucros propios, comerciando, y extrayendo del País infeliz que habitan cuanto puede servirles de adelantamiento, tal vez instados ellos mismos de la necesidad por tener a su salida con que mantenerse algunos días, como que en su Patria habiéndose ordenado a título de Misiones sin otra congrua substentación // ni Capellanías, no les espera comodidad alguna, el tiempo que han de estar en expectación de otro beneficio.

Los 3 ó 4 años determinados, según he oído, por residencia ordinaria de los Misioneros en Maynas, y con cuyo plazo he visto salir muchos es un corto espacio de tiempo para que puedan las Misiones adelantarse en el pasto, y gobierno Espiritual, ni conservarse en el estado antiguo que tenían, pues aún los más celosos saldrán de esta suerte, cuando podrían ser más útiles a sus Feligreses por tener conocimiento de sus vicios y defectos por entenderles el particular idioma, y por estar connaturalizado al temperamento del Pais. Y así se ha visto que el mayor / fruto, y aprovechamiento de estas poblaciones lo ha producido la más demora que tuvieron en Maynas los 21 clérigos que entraron el año de 1774, y de los cuales algunos permanecieron hasta el año proximo pasado de 1784, pues éstos como me consta de ciencia cierta sabían varios idiomas de los pueblos en que se habían conservado, socorrían con los efectos de sus estipendios a los indios, los atendían en sus enfermedades, precavían por la más práctica las borracheras, y demás vicios dominantes, e hicieron algunas donaciones a las Iglesias, que aunque no fueron de mucha entidad, con todo, respecto a sus cortas conveniencias se deben considerar por grandes.

Los antiguos Misioneros hacían sus pláticas regularmente todos los Domingos, y días de fiesta al tiempo de la misa; concurren también todos los del Pueblo los sábados a la misa de Nuestra Señora, y por la tarde al rosario, y letanía. Todos los días del año enseñan en la lengua inca a los párbulos la doctrina, y los miércoles, viernes y domingos a los adultos: estos últimos, cuando tienen perfecta inteligencia de este idioma son los que salen medianamente instruidos, pero los pequeños y mujeres en casi todas las poblaciones permanecen en la mayor ignorancia, por que ni los Misioneros les enseñan en su nativo lenguaje, ni apacible, ni a ellos les queda idea alguna de lo que les explican / en inca, repitiendo algunos por solo el sonido lo que se les enseña sin saber el significado de aquellas voces.

No es esto todavía lo mas digno de lástima, sino el que en varios pueblos, ni aún los indios adultos consiguen esta instrucción, en unos, porque sus habitadores ignoran el idioma inca y en otros, porque aunque lo entienden, no lo sabe su propio párroco. No me admiro que muchos sacerdotes aunque se dediquen a estudiar la lengua de sus parroquianos no la aprendan por la grande dificultad que hay de pronunciarla, cuanto la general del inca, que es tan común en la Provincia de Quito, no la sepan, sucediendo // por esta ignorancia con que vienen de ella, que entretando la aprenden según su más o menos de habilidad y aplicación, estén sus pueblos como si no tuviesen Pastor, privados de la explicación del Evangelio.

Es cierto que en el Sínodo se examina no sólo la Latinidad y Letras Morales, sino también el idioma inca para dar curatos de indios al eclesiástico que lo pretende, pero sin duda acontece que los examinados llevan sabidas las oraciones, y algunas platicas compuestas en dicho idioma, valiéndose de algunos cuadernillos manuscritos, que se prestan mutuamente, y con esta prevención tocándoles la suerte de que se les pregunte las más veces / lo mismo que han estudiado salen canónicamente aprobados. Falta es ésta tan perniciosa, que el derecho y los Concilios los privan, e inhabilitan para ser curas de almas.

Para evitar este defecto tan substancial, no menos que el que vengan varios Misioneros a más de ignorar el idioma inca, como ya se ha visto en algunos, sin la latinidad y letras morales suficientes, y sobre todo sin saber las ceremonias y ritos para la buena administración de los Sacramentos, y perfecto ejercicio de sus deberes, sería muy conveniente que hubiera en Quito un Colegio Seminario destinado para la buena crianza, educación y disciplina de los ordenandos, pues todos // entran a las Misiones inmediatamente a su ordenación, y cuando por falta de asistencia no pudiesen muchos jóvenes bien inclinados conservarse en dicho Colegio, señalarles las Iglesias Parroquiales de la ciudad para que asistiendo a las funciones eclesiásticas que hacen los curas, se instruyesen con perfección en el servicio de la Iglesia, y enseñanza que deben dar a los feligreses cuando vengan cura de almas. No es mio este pensamiento: el sexto Concilio General Calcedonense, y modernamente el de Trento, así lo determinan, advirtiendo este último que aunque tengan todos los demás requisitos, si les faltase el de haber ejercitado en alguna iglesia con una frecuente / asistencia, no puedan promoverse a recibir los Ordenes Sagrados.

En ninguna viña, más bien que en esta por ser sus plantas aún visoñas, es necesario que el que ha de ser Misionero, sea idoneo por su edad, costumbres, ciencia, prudencia, y demás cualidades oportunas, para ejercitar bien su Ministerio: verificándose la disposición del Concilio, se lograrían buenos operarios, porque ensayados ya, en el respeto y veneración santa con que se debe servir a la Iglesia, a la repetición de algún tiempo se les engendaría un habito saludable, para sembrar sin zizaña, el Evangelio, y coger una abundante cosecha; a más de este seguro efecto, // sucedería que muchos que pretenden los sagrados órdenes más por asegurarse de una decente subsistencia, con que puedan pasar la vida comodamente, y no por vocación, dejarían de hacerlo, por no sujetarse desde luego al servicio de tan largo tiempo, y con las pensiones de una precisa asistencia, así a los ejercicios de la Iglesia, como a las conferencias, que ya sea en el Colegio Seminario, o en las Parroquias se debe tener.

La asignación, o estipendio que tienen los Misioneros, es de 200 pesos, y el Vicario General 333, percibidos en la Caja Real. Creo que Su Majestad tenía asignado al Colegio de los Padres / Expulsos de la Compañía 6.000 pesos anuales, para la conservación, y aumento de estas Naciones, y además de esto disfrutaban el Curato de Archidona con este propio objeto. Con esto, y con el auxilio de sus haciendas cedidas por los fieles a beneficio de las propias Misiones, tenían la Procura del pueblo de la Laguna proveída de herramientas, lienzos, y demás efectos necesarios para esta Provincia, lograban adelantar las conquistas, fundar pueblos, y adornar las iglesias: se les daba también a los Misioneros su estipendio íntegro, lo que hoy no sucede, porque rebajándoles en prorrateo, y de mancomún, los costos de bogas, despacheros, conducción de cargas por tierra, que // ordinariamente llega a importar a cada uno 25 ó 30 pesos, según el volumen de lo que se les envía a su petición, solo tienen que haber 170 ó 175 pesos en efecto de subido precio. El vino, harina y Santos Oleos viene también para cada uno a su costa cuya rebaja se incluye en dicha prorrata.

No perciben obenciones algunas, ni derechos, pero en recompensa de éstos tienen unos tantos indios de mitayo diario, que salen a pescar y a cazar para el Misionero, además de otros que tienen el mismo destino por semanas, porque la emplean toda en buscar qué comer en beneficio de los Padres, e igualmente cuando éstos son celosos / en el de los feligreses pobres, porque después de aprovecharse el suficiente para su subsistencia remedian las necesidades de huérfanos, enfermos, inválidos, y viudas socorriéndolas caritativamente. También tienen indios cocineros, y pongos de servicio que se van alternando por semanas.

Concurren también los días de Doctrina mayor todas las mujeres que tienen chacras, con dos plátanos, o incas, en calidad de Primicia poniendo en la puerta de la iglesia esta ofrenda. Y cuando faltan estos frutos, o raíces para comer al Misionero, van dos Fiscales, a pedir de casa en casa rozas de arroz, caña dulce, plátanos // y demás raíces con el nombre de Chacras de Misión, uso introducido desde los primeros operarios, de lo que resulta bastante utilidad, porque los más hacen de sus frutos granjerías, auxiliados no sólo del número excesivo de indios que se nombran de Mitayos, Semaneros, Sacristanes, y Fiscales de Doctrina, sino del servicio personal de todos los del Pueblo, que además de conducirlas sin costo alguno de unos a otros pueblos, les traen la sal de las minas que hay en la Misión, les hacen la Manteca de las Charapas, les salan pescado, y los emplean en fuerza del dominio que ejercen en ellos, por un abuso mal introducido, en cuántas diligencias quieren ocuparlos de su peculiar lucro / extrayendo otros frutos por los bosques satisfaciéndoles (los que son más timoratos) el pago por Arancel en efectos de aquellos viajes únicamente a que los envían fuera de las Misiones con cargas de cacao, cera, zarza, gomas y aceite de Copauba, trayendo en retorno, lienzos, tabaco, azúcar y carne salada. Debese exceptuar uno, u otro Misionero, aunque han sido muy raros, que han invertido todos sus estipendios en el socorro de sus feligreses con claros testimonios de su caridad, pero lo común es procurarse con estos arbitrios, y mortificando a los indios, la consecución de aquellos géneros que prometen más utilidad fuera de la Provincia, particularmente // la cera, por la que hacen a sus feligreses algunos anticipados repartimientos, que les asegura más que duplicada la ganancia.

Las iglesias ni son decentes, ni menos se conservan con aseo; son, pues, de una construcción despreciable, así por la calidad de los materiales, como porque estos mismos están colocados por los indios que las edifican sin más cultura que la de su rudeza. Sus paredes en unas son de palos o cañas, en otras de un sencillo bajareque, y en muy pocas de tapiales todas cubiertas de hoja de palma, que no tiene más duración que la de 3 años, o cuando más 4 ó 5, si se encuentra una de mejor calidad en tal cual pueblo /. Sus muebles, alhajas para adornarlas en las más poblaciones son las flores silvestres que recojen los muchachos y sacristanes, no siendo esto tan sensible, cuanto el que varias iglesias, ni altares, ni tabernáculos tengan, a excepción de una mesa, en que se celebra el Santo Sacrificio con un nicho de madera, o palo de balsa en que está colocado el Santo tutelar. En Pinches, Muniches, Omaguas, Napeanos, Cuchiquina, Camuchiro y Loreto tienen semejantes altares, y aunque en los demás los hay de madera labrada toscamente por los mismos indios no se halla en ellos más dorado, ni pinturas que algunos borrones que les han hecho de diversas tierras que hay en la Provincia. En Xeveros, que // es el pueblo que tiene su iglesia con más aseo se encuentran poquísimas piezas de plata; en la Laguna, otras pocas; pero en las demás a excepción de una corona, o diadema de la Imagen, cáliz y patena, no se halla otra cosa.

Los ornamentos, sobre ser pocos, están muy deteriorados, y en los pueblos de la Misión baja, desde Napeanos hasta Loreto me consta que apenas hay 1 ó 2 con que decir misa, sucediendo en alguno de estos que se celebran las de Pasión sin Paramentos morados, y las de requiem sin negros. Camuchiro y Cuchiquina, tienen ningunos, y con la misma escasez y miseria están los demás adornos Sagrados.

En tiempo de los Padres Ex-jesuitas, las iglesias se adornaban con el resto de los 6 ó 7.000 pesos que el Rey les daba anualmente para el fomento de esta Misión, quedando pagados los misioneros, y con parte del producto de los frutos de las haciendas que tenían para esto destinadas.

Esto mismo pudiera verificarse ahora si se destinase un Procurador con el encargo de satisfacer los estipendios y todo el residuo, de aquellos propios 6.000 pesos, se emplease en beneficio de las iglesias, mandando en todos los despacho según instruyera el superior las imagenes, alhajas, y ropas que se necesitan, pudiendose desde luego remediar la actual escasez, si fuere // del Real agrado de Su Majestad con lo que existe en la sacristía del colegio que fue de los Ex-Jesuitas en Quito, en donde creo ha de haber para socorrer enteramente estas Misiones. En las sacristías de ellas no hay llave, ni cerradura en que depositan los Vasos Sagrados, y demás alhajas, careciendo también las puertas de cerradura; por lo que sucede que los cuadrúpedos domésticos se están paseando en los templos.

Los gastos que se impenden en el culto son ningunos. Los indios dan la cera de lo que cojen en el País, y el vino y harina para las celebridades y domingos costea el Misionero. Los Santos Oleos vienen también por cuenta del estipendio. Para las festividades, / del Corpus, Nuestra Señora, Patrón y Navidad concurren los Priostes y Mayordomos que llaman Fiesteros, que son en número desde 3 hasta 16, según los pueblos; los primeros con 2 ó 3 libras de cera cada uno, y los segundos con otras tantas. Es cierto que hay ofrenda en cada una de estas festividades como también en el Viernes Santo, Reyes, y finados; en esta última siguen la costumbre antigua de la Iglesia, y ponen (los que quieren) los frutos del Pais; en las demás que llaman besar el manipulo, fuera de Reyes, que adoran al Niño Dios, y el Viernes Santo a la Santísima Cruz, ofrecen los indios mayores una pasta de cera negra, pequeña cada uno; las mujeres, ollas, cántaros // y platos de barro, huevos, raíces, gallinas, etc. En los pueblos donde se saca chambira, un cadejillo sin torcer, y las indiecitas, unos ovillitos de hilo de algodón; en la Misión Alta las esportulas que se hacen en semejantes días son también de cera blanca según la devoción de los indios, llegando la cantidad que se junta a montar algunas libras, siendo esto lo único que contribuyen los fieles, pues en todas las Misiones no hay hermandades, o cofradías, ni fundos destinados con este objeto.

Entre las misiones de Maynas desde el año próximo pasado, se comprehende la nueva establecida en el Río Putumayo que está servida por dos Religiosos Mercedarios del Convento de la Recolección de la ciudad de Quito, varones / verdaderamente apostólicos, por su celo, virtud, e instrucción, y por quienes se espera desde luego grande beneficio en la salud espiritual de los gentiles de aquel Río, y particularmente, en los de la Nación Yuri: un capitán de ella en diferentes ocasiones hizo viaje a Maynas pidiendo instantemente a varios Gobernadores de aquella Provincia les dieran sacerdotes para que en su propio terreno predicasen el Evangelio, y los pusiesen en carrera de salvación; su última petición la hizo, cuando yo bajaba con la Expedición de Límites el año de 1781 saliendo a encontrarme para este efecto al pueblo de Pevas: como esperaba que los portugueses cumpliesen con fidelidad lo estipulado en el último Tratado de 1777, y entregasen // sin oposición inmediatamente la Costa Septentrional del Marañón, que debían ceder a la Corona de España en virtud del Artículo XI de dicho Tratado, y en que se comprehende la boca del Putumayo le prometí al referido capitán indio gentil, que haría se verificasen sus deseos, luego que posesionado en aquel terreno, pudiese hacer entrar por la boca del expresado Río los Misioneros que deseaba acompañados de algunos soldados que les sirviesen de escolta. Como los Comisarlos de Su Majestad Fidelísima con la misma mala fé que han eludido la entrega de aquella costa, han estado al mismo tiempo sin cesar transmigrando indios gentiles de aquel Río, y del Yapurá para sus pueblos del Marañón, ya / fuese porque temió el Capitán de los Yuries, que a los de su Nación los extrajesen con la misma violencia que habían practicado con los de otras, o ya porque sus vivos deseos de ser cristianos fuesen efecto de una especial gracia, sin reparar en las extorsiones que los portugueses podían hacer en sus terrenos, celosos del afecto, y amor a nuestro Augusto Monarca, vino por 2 ocasiones a vista de ellos a este cuartel de la reunión de las partidas de las 2 Coronas a reconvenirme por el cumplimiento de la oferta. Hallábame entonces también imposibilitado de verificarla, porque los mismos Comisarios Portugueses, cautelosamente, situaron un grueso destacamento en la boca del // Putumayo, que siempre anteriormente la habían tenido sin custodia, y sólo me quedó el recurso de aviar al mismo Capitán con otros compañeros a Quito, para que allí reiterasen sus instancias, como lo hicieron, emprendiendo aquel largo viaje, así de su perfecta vocación como de su fidelidad a la Corona. De aquella ciudad volvieron después de haber recibido los Sacramentos del Baptismo, Confirmación, Penitencia, y Sagrada Eucarestía, y los regalos, socorros, y atenciones del grande celo, y providentísimo Gobierno del Sr. Don Juan José de Villalengua y Marfil, actual Presidente de aquella Real Audiencia, acompañado de los 2 idóneos Religiosos / de Nuestra Señora de la Merced que les sirven de Párrocos, los cuales han tenido que atravesar desde la población de Pevas en el Marañón por un camino trabajosísimo de tierra al Río Putumayo, y por este mismo transito les he mandado los subsidios que me han pedido pero por lo difícil que es esta comunicación, jamás se podrán fomentar estas nuevas Misiones, entretanto que no esté unida, según lo acordado en el Tratado de Límites citado, la Costa Septentrional del Marañón hasta la boca más occidental del Yapurá, a la Corona de España, pues en este caso, será fácil su aumento por la fácil navegación que así a ellas se puede hacer, como a las demás que // se logran establecer entonces entre las numerosas Naciones que pueblan por los dilatados referidos pueblos y ríos, Putumayo y Yapurá, formándose de esta suerte un cordón de poblaciones por sus orillas que las una con las Misiones Franciscanas del Obispado de Popayán situadas en donde principian estos mismos Ríos a ser navegables por su cabeceras.

El Gobierno temporal de Maynas lo sirve un Gobernador Militar nombrado por Su Majestad y en esta calidad tiene subordinados a él como Comandante General, los Gobiernos de Quito (Quixos) y Macas. Para que le ayuden a ejercer la Jurisdicción Real en su particular Provincia de Maynas nombra el mismo Gobernador otros Tenientes / a quienes destina algunos pueblos que están más inmediatos, pero con la desgracia que siendo un País en que no hay personas blancas establecidas, se ve en la forzosa necesidad de hacer elección de unos sujetos en quienes no concurren requisitos algunos para estos encargos, y regularmente son de muy mala conducta por cuya razón les coharta, y limita el mismo Gobernador aquellas facultades con que pudieran estar caracterizadas, no sirviendo los más para oirá cosa, sino para dar por escrito aviso de algún acontecimiento, las más veces poco exacto. Es verdad que hay algunos blancos de Borja y Barranca oriundos de los antiguos Conquistadores, y encomenderos // de esta Provincia, pero estos se han envilecido de tal suerte, que son casi todos enteramente inútiles para encargarles el cuidado y policía de los pueblos, pues además de no saber escribir, son por lo regular más viciosos que los indios.

La ciudad de Borja en la que reside la mayor parte de esta especie de blancos tenía antiguamente cabildo, y era la iglesia matriz de 21 anexos en otros tantos pueblos, y encomiendas de los vecinos españoles, pero su deterioro, y menoscabo ha llegado a tal extremo, que en el día esta misma ciudad es aneja del Pueblo de Barranca, y viven sus pocos moradores sin cultura alguna, y con la mayor libertad, gobernados / en primera instancia por un Teniente elegido entre los menos malos por el Gobernador de la Provincia. A excepción de esta población, en todas las demás que son de indios, hay en cada una un cacique con título de Gobernador del pueblo (empleo vitalicio) que tiene el mando de él, y un Cabildo compuesto de Alcaldes, Alguaciles, Regidores que se eligen anualmente por ellos mismos, y por los Capitanes, y demás Oficiales de cada Partido, que son perpetuos, y sirven también de Justicia por Derecho inmemorial desde el tiempo de las reducciones sin que haga en ningún Pueblo renta alguna para su entretenimiento ni propios, o fondos de comunidad.

En Omaguas donde reside el // gobernador por el Rey a estas elecciones de año nuevo, y después conforme vienen a darle parte de los nuevos alcaldes y demás electos de las otras poblaciones los va confirmando en sus empleos, y cuando vaca el de Cacique o Gobernador promueve él a su heredero, si lo considera acreedor dándole Despacho de tal, sucediendo lo mismo en las vacantes de los Oficiales de cada Partido, debiéndose a muchos de estos Justicias la conservación de sus pueblos. Por su providad, y entereza gobiernan con bastante juicio y acierto a los de su Nación, de quienes se hacen obedecer; ellos rondan, castigan a los delincuentes que encuentran en sus pesquizas, con cepo, azotes, y componen las diferencias / y pequeñas querellas que suceden entre los vecinos. Cuando el delito es de mayor gravedad aseguran al reo, y lo remiten al Gobernador de la Provincia, que substanciado la causa, ante sí, y testigos, condena al agresor y remite a la Real Audiencia de Quito los Autos para la confirmación de la sentencia: todas las demás demandas las determina el mismo Gobernador verbalmente e inflije los castigos que no son capitales, según la entidad de la falta, por que no hay en toda la Provincia actuación alguna. Los indios no saben escribir, no se conoce el Papel sellado, no hay Asesor, ni Letrado alguno, ni escribano, y por consiguiente no se exige derecho alguno por la // Administración de Justicia.

El carácter de los indios aún siendo de tantas diferentes Naciones como va dicho, no da tampoco mucho que hacer a los Gobernadores, ni a los Misioneros a excepción de algunos vicios que son más comunes entre ellos. No cometen aquel cúmulo de desórdenes que eran conocidos en los Imperios de los Incas y Motezumas, ni los que practican muchos blancos, y aun hay especie de pecados que, o los ignoran, o los han aprendido de estos últimos. La inverecundia y la embriaguez, son los más dominantes entre estas gentes, y sólo se acuerdan de las ofensas que les han hecho, cuando sus borracheras les incitan a las venganzas, pidiendo con la mayor sumisión / y sencillez perdón a los agraviados, con quienes se reconcilian fácilmente luego que se les acaba el efecto de las bebidas. Los plátanos y casi todas las frutas, granos, y raíces con que se mantienen, todo es fermentado materialmente que saben disponer para hacer sus Chichas; y como criados con estos brebages, sin ellos se debilitan porque les llega a faltar su natural alimento, no debe enteramente prohibirseles, y debe sólo el Justicia, o Misiones donde no lo hay procurar la usen cuando esten dulces y suaves, estorbándoles beban aquellas que han llegado ya aún grande grado de fortaleza, por ser sólo en este en que les priva la razón, y en el que más las apetecen. También cometen algunos // pequeños hurtos, o más bien ser unas especies de rapiñas que las executen cuando se ven necesitados de algún cuchillo, u otra cualesquiera herramienta, y no en otro caso; siendo por otra parte tan poco ambiciosos ni avaros que saben partir lo que tienen con sus compañeros con desinteresada liberalidad.

Entre los indios infieles que habitan por los pueblos y sus cercanías no se halla vestigio alguno de idolatría formal, ni material, ni menos se conoce esta infame adoración entre las diferentes Naciones que están situadas por las quebradas, y ríos que desaguan en el Marañón, y abrazan un espacio dilatadísimo, por esta parte de la América Meridional: sin observar / ritos algunos, ceremonias, ni culto de religión, y viven entre los bosques dirigidos a la voluntad de sus Principales, siendo los preceptos de su bárbara Jurisprudencia en cada parcialidad diferente, según la especie de Gobierno Político que han impuesto sus jefes; como unos infieles negativos sin conocida creencia, ofuscadas las luces intelectuales de sus almas por sus vicios, y por la ignorancia en que existen de la verdadera religión, están con más disposición por este motivo que las naciones idólatras y por no prácticar el uso de la poligamia para recibir la instrucción cristiana, y ponerlos en el gremio de nuestra Santa Iglesia, siendo bien doloroso no se cultiven estas bellas plantas que promenten sazonados frutos. //

Sus errores no pasan de ciertas superticiones, las cuales han conservado los mismos indios cristianos del tiempo de su gentilidad, u han adoptado después por la comunicación con otros todavía no reducidos, y estas son las que dan el mayor ejercicio a los Misioneros celosos, no siendo de extrañar las observen los naturales, cuando los pocos blancos hijos del País, y tal cual de Quito, que se ha avecindado después les confirman con su más pecaminosa credulidad en las mismas patrañas superticiosas. Pero es digno de advertirse que algunas operaciones que hacen, ya para alivio de sus males, y precaverse de otros a que están sujetos, ya por evitar que el fuego nutritivo de un volumen o aumento disforme a ciertas partes / del cuerpo en el sexo femenino para el mejor de su parecer adorno, y otras prácticas semejantes a estas, cuyo conocimiento han adquirido por la tradición de una remota antiguedad, verificándoles la experiencia cada día la virtud eficacia, y efectos de los simples que apliquen, las han graduado por vanas creencias algunos misioneros que no han tenido la más pequeña inteligencia de la Física, de que se infiere ser necesario pongan éstos en el examen de estas propias operaciones el mayor cuidado y estudio para sin privarles de algunos remedios, y usos que les son útiles, sepan distinguirles, lo que es en sí verdaderamente malo, por no tener conexión alguna con las obras de la // naturaleza.

Tal es el llevar consigo como lo acostumbran los hombres en la pretina del calzón, y las mujeres en la pampanilla la planta de una hoja menuda llamada Guayanchi para hacerse amar, y con la que se untan también por el propio impudio objeto, como asimismo con el zumo de otra planta que llaman Piripiri untándose con ella los brazos y boca y sus instrumentos de cazar y pescar, persuadidos que así han de tener más acierto. Distinguen tantas especies de Piripiri como son los diferentes usos a que los aplican, de suerte que és este un nombre genérico de aquellos vegetables, que consideran les sirven para lograr sus varios deseos. Creen que arrojandolos / al aire después de mascado pueden hacer con él uso de unos mal, y con otros bien a aquellos que no tienen contacto físico con ellos; que ha de formarse una tempestad; que han de lograr su sementeras; que no las de inundar el Río, y así de otras varias persuasiones que la casualidad no prevenida alguna vez los confirma en su error, y les hace persuadir que obra dicho Piripiri irremisiblemente.

Para curarse de sus enfermedades llaman al Hechicero cuya denominación dan a todo aquel que sabe aplicar medicamentos; y en este concepto tienen por su imbelicidad, hasta el cirujano de la Partida de expedición de mi mando cuando han sido curados por él. Con todo hay entre los // indios algunos curadores en que sobresaliendo la malicia, les hacen creer que sienten el dolor que el enfermo padecía, cuando para extraerle el accidente les chupan la parte dolorida después de perfumada con tabaco, aparentado para comprobarlo, varios movimientos y visages, tan fingidos como extraordinarios. Verdaderamente no hay hechiceros, ni aún el General de los Indios podrá definir lo que comprende por este significado, y sólo por ser en el pueblo regalados, por tener aceptación, y conciliarle el respeto, o lo que es más común por satisfacer sus inhonestos deseos, es porque se fingen algunos serlo, ejecutando sus acciones sin algún pacto diabólico, y con perfecto conocimiento de que engañan. No sucede / esto cuando aplican algunos venenos que quitan la vida en un año poco mas o menos insensiblemente, y quieren con hierbas hacer abortar algunas mujeres, o por el contrario que se haga fecunda; pués entonces propinan las drogas de que saben bien sus poderosas virtudes, y que rara vez dejan de producir los efectos que se prometen.

Estos países no son tan sangrientos como lo suponen. Cuando ingresa alguna epidemia de los vecinos es cuando hay estrago en ellos. Tabardillos, y otros males de síntomas violentos son raros. Las enfermedades regulares que oprimen a estas gentes, son las calenturas intermitentes, y empachos. De éste les viene fiebre, sucediendo que uno y otro les infunda inedia. Los naturales // son tan indolentes, que al enfermo le dan un poquito de pexe, ú otro alimento sin instarle lo coma. El como tiene tedio al alimento no lo toma, ni hay quién le suplique a que esforzándose venza a la inedia. De esto se sigue, que una tan rigurosa dieta si es bien robusta sane, pues apenas tomaran en todo el día unas pocas onzas de un género de masa roja de Yuca, o majoto chirle; o que de flaqueza mueren, siendo las más de las muertes por esta última causa, que por la eficacia del mal. Con que si el misionero fuera caritativo que de lo que le sobra en su cocina, o mesa repartiera é instara al enfermo que se alimente e instara a los parientes más cercanos lo hagan comer, pocos fueran, respecto a los que / en la presente fallecen. No para aquí. Afirmo que los más mueren de necesidad. Si el enfermo no tiene mujer, hijos grandes, o padres, los cuales sólo por no ser notados (tal es su indolencia) se hacen los que cuidan al paciente mueren sin duda; pues enfermar, y abandonarlo es todo uno, y por consiguiente por falta de alimento, respecto a no poderlo ir a buscar, expira. Mientras el cadáver se mantiene en el aretro fingen los más inmediatos parientes sentimientos. Pero al instante que los sepultan se olvidan de él, como si tal individuo hubiese habitado entre ellos. Me parece imposible que en todo el Globo Terraqueo haya gente de más frágil memoria. Ni un punto conservan // en ella ni el bien, ni el mal. Tan presto se olvidan de uno, como de otro excepto aquellos que con el continuo roce con nosotros tal cual civilizando se van conociendo el beneficio y agravio.

Los más que han descrito las costumbres de los indios han querido darlos a conocer por sus vicios, y no por las virtudes, llevados de una preocupación de desprecio con que les han hecho injusticia: como se nota en ellos defectos que los caracterizan brutales también propiedades dignas de estimación cuanto nos producen utilidad. Los de Maynas son nimiamente sencillos, cándidos, o con muy poca malicia, de bella índole, de buenas inclinaciones, y de la mayor frugalidad: son bastante humildes, / obedientes, y leales, constantes en las calamidades, sufridos en la miseria, y de una extraordinaria fortaleza para tolerar con resignación toda especie de trabajos, pero demasiadamente embusteros, lo que les viene de no conocer el honor, y nada reconocidos a los beneficios. Entierran a los difuntos con toda la ropa de uso que tuvo, y algunos entran en la sepultura también sus bienes. Queman la casa en que habitaba; rompen ollas, tiesto, y demás utensilios con el objeto de no tener presente memoria alguna del finado, siéndo cosa que debe irritar la risa, pues no es preciso lo que ejecutan, respecto que acaban de enterrar al cuerpo // y olvidarse de él, aún los parientes más inmediatos, es todo uno. El duelo es de ambos sexos; cortanse el pelo hasta cierta altura. En la Nación Iquito es celebérrimo. Rodean al difunto todos los parientes, y demás asistentes, y cuanto dura el cuerpo insepulto se mantienen arrancando lágrimas forzadas no pudiéndose tener la carcajada al ver, principalmente a los viejos, los gestos que hacen por exprimirlas. Limpiándolas con la parte exterior de las manos, las que inmediatamente van a rozarse con la tierra, y subiéndolas prontamente, tornan a limpiarse los ojos, con cuyo ejercicio hace la tierra cierta custratura en el círculo del ojo que los pone disformes, y dignos de irrisión, siendo esta la gala, cuyas / anteojeras no se las lavan hasta pasados algunos días. Es poco menos célebre el duelo de la Nación Chamicura. Como los Iquitos rodean al finado. El indio, o india de más circunspección lo toma en brazos si es infante, o adulto no pesado. Suspende el cuerpo, y da un gentil grito, al que responden todos los circunstantes, haciéndo una melodía desagradabilísima como se puede considerar de tantos, y tan diferentes de los principios sin consonancia, lo que hace que la membrana del oído corrugándose, y extendiéndose sin método por las vibraciones de aire tumultuante fatigue aquel sentido. Dura esta función también todo el tiempo que existe el cuerpo insepulto, // haciendo aquellas ceremonias por no poderlo suspender con los brazos, y piernas del adulto.

Hubieran sido más creídos algunos escritores, si en lugar de dudar si eran hombres, por los defectos que supusieron en sus entendimientos, cuyo error tuvo que condenar un concilio mexicano en consecuencia de la Bula de la Santidad de Paulo III expedida en 2 de junio de 1537 en que los declaró verdaderos racionales, los hubieran considerado como bestias, reflexionando su grande sufrimiento, y la serenidad con que hacen frente a los mayores desdichas, no porque sean insensibles, sino por que son fuertes. Los viajes a la expedición de Límites en que me / han acompañado, me han dado motivo para admirar su constancia, al mismo tiempo, que me han excitado a compasión. Una continuada navegación de 5 meses y medio con el remo en la mano, sin descansar desde antes de rayar el día, hasta las 8, o 9 de la noche, expuestos sin alguna cubierta a los ardientes rayos del Sol, o los repetidos aguaceros, venciendo muchas veces arrojados al agua las rápidas corrientes, y raudales de los ríos para salvar las canoas, y siempre con semblante alegre, y risueño, sin prorrumpir la más pequeña murmuración, sólo la hubiera sufrido esta especie de gente. Aunque no estaban ejercitados // en el manejo de unas canoas de cubierta para ellos extrañas, llevaban siempre la mia delante bogando emulados de los portugueses que de su uso tienen una anticuada práctica y sin ella se presentaban los primeros con la mayor intrepidez a los peligros; su descanso las pocas horas de la noche en los bosques era la tierra mojada, y en las playas, un hoyo en que se sepultaban en la arena para librarse de los aguijones de los mosquitos, su alimento una corta ración de harina de Yucas, que por la escasez no pasaba de una libra y media, y en más de 2 meses porque esta se acabó, sólo les servían de sustento las frutas, y raíces silvestres, que se encontraban, y hacía recojer, y su alivio y consolación un vasito de aguardiente, y un / pedazo de tabaco tal cual vez, que les convidaba, lo que recibían por finezas, sin conocer todavía, que era muy poca dádiva respecto a su inmenso trabajo.

Tal es la vida que tuvieron en esta expedición, semejante a la que observan en sus demás caminatas y peregrinaciones, por lo que con ellos se pueden emprender acciones para las que no tendrían resistencia los europeos, ni aún los negros africanos; pero no es esto lo que les debe hacer más acreedores a nuestro aprecio. La facilidad de gobernarlos es aún más admirable, ni en las marchas ni en los cuarteles por los dominios de Portugal se vieron en los indios tantos excesos y desórdenes como en los pocos soldados blancos de escolta, no llegando estos // a 25, y siendo aquellos 250 rara vez a los unos tenía que reprender, cuando los otros me obligaban repetidamente a aplicarlos proporcionados castigos a sus delitos para contenerlos, y esto mismo sucedía en los pueblos de Maynas, como lo esperimenté el tiempo que allí estuve, pues los indios no daban tanto ejercicio a la Jurisdicción Real, como los pocos blancos, viéndose en muchos de los primeros más fervor para los actos de nuestra sacrosanta religión que en los segundos.

Distinguen por ociosos y holgazanes a los indios en los pueblos aquellos Tenientes blancos o soldados más poltrones que ellos, que los mandan a las faenas del servicio sin querer tomarse siquiera la mortificación de / estar al pie del trabajo para autorizarlo inspeccionándolo después con el mayor rigor y aspereza. Cuando aquellos naturales ven a quienes los gobiernan activos y celosos, y que tratándolos con dulzura y buen modo, no se excusan a tener alguna parte en las ocupaciones, son capaces de ejecutar las más rudas y continuadas fatigas. Para el alivio de sus casas, así los hombres como las mujeres trabajan las rozas, que les son precisas, talando los bosques que eligen por más propios, para que después de quemados, sus cenizas fecundicen los granos, y raíces que siembran en aquellas nuevas tierras, no teniendo estas en propiedad, o repartimiento por los campos dilatados llenos de arboledas, y el corto vecindario // de las poblaciones les da bastante terreno, y permite que pueda extenderse cada uno a su arbritrio. Después de emplear aquel tiempo que consideran necesario y propio para estas labores, se ocupan lo restante del año, los hombres en la diaria pesca y cacería que llevan a su familia y las mujeres en tejer sus ropas, y demás entretenimientos ordinarios de una casa.

En unos pueblos, sus armas belicosas son el arco y la flecha, y en otros esta misma proyectada por la estólica, y en todas regularmente la lanza de chonta, y otros palos de mucha resistencia. Usan también de macanas, gruesos bastones esquinados de fuerte madera, redondo por la parte de la empuñadura para / poderlos manejar. La pesca la hacen de varios modos, con anzuelos más o menos grandes, según la calidad de pescados que quieren coger con agudas puyas de fierro que encaban en unas astas por su cubo redondo las que enclaban en los cascos de las Charapas, y así las aseguran; con arportes de varios tamaños para las bocas marinas, y otros cetáceos, y animales anfibios de extraordinaria grandeza de que abundan los ríos, y con barbasco, raíces, y bejucos que emborrachan al pexe de la quebradas, y lagunas, logrando con esta última especie de pesca, proveerse abundantemente en pocas horas de entretenimiento todo el vecindario de una población. //

Para sus monterías y caza, aunque algunas veces las hacen con la flecha y dardo, lo más común que se usa en toda la provincia es la bodoguera, o cerbatana, por cuyo largo cañón despiden con bastante alcance los virotes (varita muy delgada puntiaguda) llevando en el parte más gruesa un poco de algodón para fijar la dirección, y envenenando el otro extremo que remata inmediatamente el ave o cuadrúpedo a quien la dispararon. Pólvora sorda, que asegura los tiros sin espantar los demás animales que están inmediatos y los que sucesivamente van siendo objeto, y víctima de la destreza de estos cazadores.

No son menos diestros, e / industriosos para hacer los instrumentos, así de guerra, como preciosos para buscar el sustento: con una hacha un machete, y un cuclillo hacen cuanto necesitan, y a veces dejan admirados a los europeos de sus obras fabricadas sin todo aquel aparato de herramientas que tienen los artesanos. A sus canoas, remos, arcos, flechas, arpones, estólicas, cerbatanas, etc. les dan la forma con los referidos tres fierros, y los pulen, y perfeccionan con algún pedazo de vidrio que les es de mucho socorro si llega a sus manos por casualidad, o con arena que sólo la paciencia de ellos pudiera lograr después de mucho tiempo y afán la conclusión de las obras, supliendo su empeño // y trabajo la falta de otros auxilios.

Para conseguir estas cortas herramientas que llevo referido, algún lienzo de algodón, espejo, agujas, azulejos, u otras bujerías con las que se consideran ricos, extraen de los bosques cera, cacao, aceite de copauba; y de María, sangre de drago, zarza-parrilla, vainilla y varias gomas, y resinas apreciadas en las boticas que venden a algunos pocos blancos tratantes, pero lo más es para satisfacer al Gobernador y Misioneros, quienes les reparten efectos, recompensándose estos la dilación de la paga con las dobles, o triples ganancias que aseguran. Pocas veces logran estos infelices lo que les hace falta en / premio de su servicio personal, siempre suelen lograrlo a costa de pagarlo en permuta de efectos por subido precio.

También con algunas facturas del país comercian estos pueblos de Misiones entre sí, y entretienen un pequeño tráfico cuyo mayor lucro redunda en aquellos blancos que extraen fuera de la provincia las producciones de ella. En el Marañón bajo los Pevas, Ticunas, y Camucheros fabrican el veneno que es la munición con que buscan por los montes la carne, y de aquel partido se derrama y extiende por todos los demás, y aun a otros Gobiernos distantes. Por el Río Napo hacen hamacas que son apreciables en // todas las poblaciones del Marañón, en Urarinas tejen con unos hilos que sacan de las palmas Cachiguango las telas que tienen este nombre con que los indios de aquellas inmediaciones se visten, y venden aquellas sobrantes a otras naciones, siendo agunas tan buenas, particularmente cuando les ponen la trama de algodón, que toda persona de buen gusto puede lisongearse de llevar un vestido de palma bastante fino. En los pueblos de la Misión alta, por la abundancia de varias plumas, hacen cosidas en lienzo, y enceradas algunas delicadas obras como frontales, quitasoles, colchas, y sombreros, por lo raras, extrañas, dignas de mucha estimación, hermosas por la diversidad y viveza de los colores / y de poca utilidad para los indios porque no conocen todo el mérito de ellas; cuando tienen quien los dirige en el dibujo y modo de matizar las labores salen de especial gusto, y dignas de colocarse en un Gabinete. Las indias tejen también, pero sin más telar que un par de palos por todos los pueblos de la Misión las mantas de su uso y ropas de sus maridos con hilos fuertes y delgados de algodón, que duplicando la trama y el estambre, a lo que llaman paños de macana por lo mucho que las comapactan con la vara lanzadera de este nombre, quedan muy suaves y de bastante duración. Estas pequeñas piezas de 2, 3, ó 4 varas, o las pintan después de hechas, o las hacen a listas de diferentes // colores, o forman en el tejido en blanco varias labores. Del mismo modo en todos los pueblos hacen las mujeres las botijas, tinajas, cántaros y demás loza que han de menester para el uso de su casa las que embarnizan con resinas y pintan, como también las cuyas, totamas, o mates con aquellas mismas tierras, hierbas y frutas, que les sirven para ponerse en los días festivos, con estudiada prolijidad, a su modo galanas y en la realidad monstruosamente feas. La necesidad creo les enseñaría este uso, que la práctica y costumbre les hizo después conceptuarlo por preciso adorno, pues es cierto que bañadas las caras y demás partes descubiertas del cuerpo de aquellos / colores como lo hacen para asistir a sus rozas así hombres como mujeres, les liberta del mayor ardor de los rayos del Sol, les conserva la piel limpia, y se libran de las picadas de los muchos mosquitos, tábanos, y moscas que les estorbarían el ejercicio de sus labranzas.

Ultimamente unos pueblos trafican con pescados salados que tienen dispendio en aquellos que son más escasos, y con mantecas de charapas que se saca en las bolteaduras de estos anfibios cuando salen en la estación de la ovación a las playas: en otros con chambira suelta, o torcida en sogas de algodón, y lino es en forma de red para guardar sus utensilios, en algunos // con pastas, frutas de un árbol que encendidas tiene en su misma materia el Pavilo, y la cera con que se alumbran es un poderoso astringente. En Xeveros fabrican petacas de bejuco, y hojas que conservan los muebles en los viajes. En Borja cosechan tabaco, aunque no le saben dar aquel beneficio de que es subsceptible por la buena calidad de terreno para que tuviera más valor: por Yurimaguas y Muniches extraen del cerro de la Sal que está en el Río de Cachiyacu, y sigue hasta las orillas del Luallaga donde también, y con más abundancia la extraen toda la que se consume por las misiones, y no hay nación alguna de las establecidas en la poblaciones que no tengan su ramo / peculiar que le es propia, y a la que con particularidad se dedican.

Más harían los indios de Maynas si hubieran tenido maestros que les hubiesen enseñado útiles ocupaciones pudiendo decirse que los pocos conocimientos que han adquirido, los han merecido a su experiencia, pues después de tantos años de conquista se ha descuidado mucho su policía, y cultura. Aunque yo no permanecí en aquella provincia más de 9 meses, en que estuve apurando los preparativos para las Demarcaciones a que se me había por Su Majestad destinado, desde luego que entré al Gobierno conocí eran capaces los indios de dar más utilidad sabiéndolos dirigir que la que hasta entonces // otros se prometían de ellos, inmediatamente licencié los serradores, hacheros, calafates y oficiales de herrero, que extraídos de la maestranza de Guayaquil en el mar del Sur, se habían con mucho costo de la Real Hacienda entretenido, lo mismo hice con los oficiales y maestro de carpintería después que concluyeron los 3 botes que tenían en astilleros los que me sirvieron con otras canoas del país, y balsas para empezar mi comisión, pero aquellos 3 propios botes, los hicieron tan pesados, que era imposible manejarlos contra la corriente, y de tan malas maderas que al año quedaron enteramente inútiles, por haber despreciado las advertencias reiteradas de los indios, con los cuales / hallándome ya sin embarcaciones se hicieron en mayor número otras, y de más manejo, duración y utilidad, en cuyo ejercicio se han entretenido, con notables ahorros por el espacio de 5 años, pues en lugar de 8, 12, y 16 reales diarios que ganaban los de la Maestranza de Guayaquil, éstos se han contentado con 12 ó 16 reales de salario al mes, y han adquirido en los oficios que han trabajado, una práctica con la cual volverán a su Patria acabada la Expedición, y que será ventajosa así para la provincia de Maynas, como para las urgencias subsecuentes del Estado.

En tiempo de los Regulares Expulsos procuraron que algunos aprendiesen los oficios de herreros, carpinteros // y tejedores, dedicaron otros a que se adistrasen en la práctica de la música, y tenían cuidado de que en los más pueblos hubiese un pequeño almacén de herramientas, y otros utensilios, pero desde entonces acá han ido a menos aquellos pocos adelantamientos que había adquirido la provincia. Los artífices los más han muerto, y los pocos que han quedado de ellos son muy viejos, los telares se han perdido, y las fraguas, herramientas grandes, calderas de cobre, y otros muebles que dejaron en las casas de sus residencias, o se han inutilizado, o desparecido no sin poca culpa de muchos posteriores Misioneros, que en lugar del aumento de sus pueblos, parece hicieron estudio unos por indolencia, y otros sin / estorbar las deserciones, y apostasías de que se destruyesen para cohonestar su apetecida retirada, hallándose sin feligreses a quienes socorren con el Pasto Espiritual. Del mismo modo no se ven por la Misión, aquellas librerías que ahora menos de 20 años dejaron los propios ex-jesuitas en cada convento para entretenimiento, alivio, y enseñanza de los Misioneros; los pocos que existen como he visto en algunos pueblos están arrojados por el suelo, o a la merced de los ratones e insectos en algún cajón sin tapa, descuadernados, destruidos y mezclados confusamente las pocas hojas que han quedado de cada libro, con los de los demás. No sólo no han tenido amor // a la lectura, a la ocupación del estudio, y a la necesidad de repasar las obligaciones, é instrucción de su Ministerio, sino que hasta su desidia y abandono, no les ha inspirado ni permitido el corto trabajo de limpiarlos, y tenerlos con aseo.

Como Su Majestad previene en la misma orden de 31 de Enero de 1784, que para su obedecimiento he formado esta Descripción, se proponga lo que convenga variar, o establecer en otras Misiones en beneficio de la religión de estos dominios, y de los mismos naturales, voy a exponer lo que considero ser más acertado, para que se logren estos importantes fines, con los artículos siguientes.

1.o Hallándose la Provincia de / Maynas tan escasa, como manifiesta el padrón de gente blanca, y que sin ella, ni se pueden gobernar los pueblos de indios o ponerse ninguna pronta defensa contra las invasiones de los portugueses se debe eregir una población de españoles en la frontera cuidando el Oficial Comandante de ella de su establecimiento; pero los nuevos pobladores (han de) ser casados de poca edad, robustos, y de espíritu a quienes se debe proveer según el número de los que compongan sus familias de aquellas herramientas propias para las labranzas, darles vestidos, algún lienzo de algodón para sus toldos por la grande abundancia // de mosquitos que tiene el Marañón, algunas aves para dar principio a las crías, casa hecha, y la ración para mantenerse por el espacio de un año, en cuyo tiempo puedan ellos sembrar para lo sucesivo.

2.o Con estas familias convendría viniesen algunos mozos solteros bajo las mismas condiciones, y con la obligación de casarse con indias del país, pues de este modo se lograría evitar las enfermedades a que estarían expuestas muchas de las mujeres blancas que entrasen en él. Estos matrimonios serían más aptos para la populación y tendrían los blancos que se casasen con indias, en ellas más proporciones para establecerse, debiéndose para animar a estas / alianzas considerase estas mujeres como si fuesen españolas privilegiadas, y exceptuadas de todo trabajo de comunidad, o servicio a que pudiesen estar sujetas las demás de las indias.

3.o A cada cabeza de familia en la dicha población se le debería proveer de un fusil, bayoneta, y cartuchera de cuenta del Rey siendo de su cuidado y responsabilidad conservar este arma con aseo, bajo la inspección del Oficial Comandante quien deberá enseñarles su uso, y a disparar, animándolos a que cacen con ellas, y aprendan a procurar sus alimentos por las malezas, haciéndose de este modo útiles para las urgencias del Estado, impidiéndoles // por consiguiente el uso de la cerbatana, pues considerándose esta población fronteriza a las de los portugueses, y siendo en estas diestros cazadores de escopeta así los soldados, como los indios de la propia nación, están en el día indefensas las Misiones españolas por no haber gente que pueda resistir el más pequeño ataque, por no tener armas de fuego.

4.o Pasado el primer año de su residencia no se deben consentir en dicha nueva población indios algunos, porque continuando sirviéndose de la humildad y sencillez de estos, en todos sus trabajos, no se conseguirá jamás que los blancos aprendiesen a rozar, cultivar, pescar, ni andar en canoas: tampoco se debe en 6 años ocupar estos propios blancos / en servicio alguno del Rey, sin extrema necesidad, pues para este efecto se considera el establecimiento en la frontera donde reside del Destacamento que la guarnece.

5.o Siendo la provincia tan dilatada, y la tropa de su dotación del corto número de 14 soldados, un sargento y un cabo, la que deberá aumentarse después cuando se entreguen por la Corona de Portugal, corno debe hacerlo por las presentes Demarcaciones, la boca del Río Putumayo y las más occidental del Yapurá donde forzosamente se deberá entonces poner Destacamento, es necesario se añadan al Gobernador 3 sargentos que con un soldado cada uno sirvan de Tenientes particulares, el // uno en el pueblo de la Laguna de la Misión alta y los otros 2 para los pueblos de los Ríos Pastasa, y Napo. En el primero por razón de las grandes poblaciones que están por aquella parte, y en los segundos porque siendo aquellos ríos los que dan la comunicación con la ciudad de Quito por falta de Justicias, y deserción de sus curas, han llegado ya a un estado tan deplorable que casi están desiertas las navegaciones de ellos, y pueden temerse que en poco tiempo quede interceptuado, por los infieles particularmente al tránsito del Río Napo.

6.o Mientras los indios no tengan capacidad, e instrucción bastante para gobernarse por su Gobernadores y justicias, deberá ponerse en cada población un Director de buenas / costumbres, celo, prudencia, verdad, e inteligencia en leer y escribir que sea casado con mujer blanca, o con india de diferente nación de la de aquel pueblo el cual no tendrá Jurisdicción coactiva con los indios, sino sólo directiva, y en caso que viese no se castigan los pecados, se desimulan, o consienten, les harán las advertencias necesarias, y si no obstante continuase la tolerancia darán parte al Teniente Partidario más inmediato o al Gobernador.

7.o Cada uno de estos Directores, no debe tener más gages que el poderse mantener de las sementeras que llaman de la Misión del Rey, procurando sean éstas grandes para que sin gravamen de los indios puedan de ellos socorrerse los Misioneros a // su entrada y salida del Gobernador, y Vicario General en sus visitas, y los soldados, o correos que vayan en diligencia del Real servicio, teniéndo además de esto 2 indios que se alternarán por meses, para ayudarle en sus ocupaciones, y para su establecimiento se les debe dar lo mismo lo que se ha detallado a cada una de las familias pobladoras de la frontera.

8.o Será del cuidado de estos Directores el que no entre canoa ninguna en su población sin examinar el objeto de su llegada para dar curso, y contestar a las órdenes que pudiesen a ella llegar, indagando los forasteros que transitan; y si son blancos, u indios tratantes presenciar los contratos para que se guarde el arancel en las compras y / ventas, dirijiéndo a los naturales en ellas para que no salgan engañados, procurando después despachar los viajantes, sin tolerarles más residencia que la que les fuese muy precisa, y sin consentir se avecinde ni establezca ninguna persona blanca a menos que no tenga oficio que pueda enseñar a los indios, y que preceda permiso por escrito del Gobernador de la provincia.

9.o Deberán cuidar estos mismos Directores en la civilidad, cultura, y comercio de los indios a fin de que así se puedan hacer más aptos para entrar en el verdadero conocimiento de nuestra Santa Religión, y en sus adorables misterios, y para que se hagan útiles para sí, y para el Estado. Siendo de su cuidado el hacer // que asistan a la doctrina, a la misa guarden todos los preceptos de Dios, y de la iglesia, satisfagan las Primicias, y conserven a sus párrocos todo el respeto que les es debido, para todo el cual el mismo Director debe darles el mayor ejemplo, y si algunos faltasen a las indispensables obligaciones del cristianismo con noticia que deberán darles los curas, hará que sean castigados por los mismos Justicias de su nación, porque está visto reciben los naturales por ellos, con más sumisión cualquiera pena que les imponen y los corrije, y contiene mucho más que cuando son castigados por el Misionero, o algún blanco Teniente que por poco que en este caso padezcan, los exaspera sin que les sirva de enmienda. /

10.o Tendrá para este efecto una lista, y el Padrón del vecindario del pueblo que remitirán cada año al Gobernador, y darán copia al Misionero para que éste pueda examinar si alguno faltó a la misa, o doctrina, anotando los que estén de viaje, o en ocupaciones del Real servicio: por ella hará concurrir todos los días de trabajo a los indios acompañados de las justicias de su respectiva nación, y los destinará a las faenas que puedan ser a ellos útiles, según la estación, a que hagan sus propias sementeras, cacerías y pescas, haciéndoles ver serán más felices cuánto más trabajen para no vivir con miseria, a la refacción de sus casas, o formación de otras que estuvieren muy deterioradas, a la composición de las // iglesias, o nueva fábrica, de las que están arruinadas, inspirándoles un católico celo, de que sus templos sean de teja, y en ladrillados, cuyos materiales se saben hacer en el pueblo de Xeveros como que las paredes se hagan de gruesos bajareques embutidas de palos incorruptibles, y cuanto los pueda hacer más permanentes aseados, y decentes con proporción a sus fuerzas, procurando que en esta ocupación, y en las demás que sean precisas para beneficio del pueblo, se empleen todos con igualdad, y noble emulación.

11.o En el tiempo oportuno nombrará aquellos indios que según el número del vecindario pudiesen separarse del pueblo, para que acompañados de algunos de sus Justicias, o / capataces extraigan el cacao, vainillas, zarza, cera, gomas, resinas, bálsamos, venenos, sal, y demás efectos que da el país, sin necesidad de cultivos, y que se empleen en hacer mantecas, salar pescado, todo lo que hará el Director se deposite en un almacén, del que tendrá la llave el Gobernador indio, o el Justicia que fuese de más cuidado, y pasando una relación de los frutos que hubiesen recojido, al Gobernador de la provincia, destinará éste, los conduzcan los mismos indios interesados, fuera de las misiones al territorio en que tuviesen según fueren los efectos mejor despacho de ellos, quien llevará carta exortoría a los Gobernadores limítrofes, para que estos procuren // se les facilite a los indios la venta de la producción de su país, conduciendo en retorno precisamente, no lo que ellos quieran, sino lo que se denomine, y detalle, y hagan después el regreso a su tierra, trayéndolo todo el Comisionado a depositar en cada pueblo lo que corresponda, lo que se conservará en él bajo de llave de los justicias, hasta que el Gobernador impuesto de lo que ha llegado, mande hacer la distribución entre las familias Con intervención del Director, y por mano de los mismos Principales, con la equidad, y circunspección más escrupulosa, a fin de que por el repartimiento, y ganancias conozcan desde luego los indios las ventajas, y utilidades que les trae este comercio directo, y / consigan empeñarse en él para lo sucesivo, sacando antes del total producto el pago de los indios, y blancos que hicieran el viaje.

12.o Se ha de prohibir (y celar su cumplimiento con la mayor eficacia) el que los efectos del comercio se vendan ni permuten en la frontera a los portugueses, porque en este caso sin utilidad de la provincia harían nuestros indios un negocio precario, que sólo resultaría en beneficio de los de esta nación, que al mismo tiempo que impondrían unos precios ínfimos por los géneros, procurarían introducir otros muchos de contrabando a los Virreynatos del Perú, y Santa Fé. Ni debe obstar para esta prohibición el reparo que algunos pondrán sobre la dificultad // que les parecerá hallar para extraer fuera de Maynas sus preciosos efectos hacia los países bien poblados por nuestra América, infiriendo de aqui, será excusado la cosecha de los frutos de las misiones como un trabajo perdido; quién ponga esta objeción a mi propuesta acreditará estar lleno de preocupaciones, y no haber reflexionado sobre la naturaleza, y calidades de este comercio. Hay efectos de poco volumen, como la cera, bálsamos, gomas, venenos, etc. que por los Ríos Napo y Pastaza se pueden conducir a Quito o por el Río Guallaga a Moyobamba, y Lamas, como hasta aquí se ha hecho, haciendo por ellos el tráfico de Montaña a pie, y otros que ocupan más lugar que se pueden transplantar para la / Gobernación de Jaén siempre por agua hasta hallar con canoas, subiendo el Marañón, el Desembarcadero, en que encuentren caballerías para continuar su viaje, con tal que en el tránsito de 2 días que hay del puerto al lugar de Tomependa se tenga abierto el camino de herradura que en estos últimos tiempos se ha dejado cerrar y estaba abierto hasta el año de 1770, y fue el mismo que está dicho en la Descripción por donde se acercó al Marañón Mr. de la Condamine en 1743. Tampoco es este camino tan arriesgado como se suele figurar, porque aunque hay varios caudales, y despeños del agua, son accesibles en la estación del río bajo: aún estando como // se hallan cerrados, de malezas las dos referidas jornadas, lo que obliga en el día a que las balsas con carga se desprendan del mismo pueblo de Tomependa en cuya inmediación están los más peligrosos pasos, y no se ha perdido en ellos hasta el día, después de 5 años que esta Expedición de mi mando se socorre por aquella vía ninguna carga, por un efecto de la destreza de los indios en el manejo, y uso de las balsas: viaje que por estos mismos saltos y raudales hizo ahora 2 años, mi mujer sólo con sus 5 pequeños hijos, y criados por venir a buscarme a estas montañas con el mayor heroismo, pudiendo en ella más su constancia, y animosidad, que el horror que justamente le imprimía tan larga / y arriesgada peregrinación, principiada en la ciudad de Guayaquil, se me puede suplir esta doméstica noticia de que hace memoria mi justo reconocimiento, porque ella comprueba la facilidad de conducirse efectos de comercio por un camino que pudo ser transitado.

Satisfecha la duda que se puede poner sobre los grandes riesgos de este camino, es necesario resolver también la que pueden añadir de los muchos costos que tendrá por él la conducción de efectos. Para la solución de esta última bastará advertir que estos mismos gastos se compensan sobradamente por lo barato que se hallan en Maynas según su arancel, los frutos (de) los bosques, y porque ha de provenir // al común de los indios, y demás tratantes más provecho de su venta en Jaén que en la frontera de Portugal. Es digna de monstrarse claramente esta aserción. En Maynas la arroba de cacao que aunque silvestre es de buena calidad, da un indio por 2 reales, o un cuchillo por otro 3 cuchillos de flete conduce a Jaén, donde se vende a 16 ó 20 reales con una ganancia más que duplicada: esta misma arroba de cacao vale en las misiones portuguesas en que ahora resido 6 reales y esto mismo tendrá su principal y costos hasta este paraje para aquel que intentase sin utilidad emprender la venta clandestina que sin duda sólo lo podrían ejecutar con la criminal intención de hacer en retorno / contrabando de efecto de Europa: los mismos se deduciría de la negociación de zarza-parrilla, si se emprendieran su transporte porque cuando los portugueses la compran a 4 ó 5.000 reales la arroba esto es desde 5 hasta 7 pesos reportarían en el Gobierno de Jaén, y valles inmediatos del Perú, un lucro aún mayor que en el cacao, pues en la provincia de Guayaquil donde sacan alguna poca, y transportan a Lima, vale a real y medio, o 2 reales la libra, y a veces hasta 3, y en Maynas se aprecia cada canuto, de 6 a 7 libras 2 reales, por esto he estorbado con el mayor cuidado, no se extraiga de aquel distrito con repetidas órdenes este género // para venderlo a los portugueses, a fin de que se animen a llevarla como el cacao a Jaén, en donde tendrían más segura, licita utilidad. Estando escribiendo esto he sabido se ha descubierto Quinaquilla, o Cascarilla en las alturas que forman el Pongo de Manseriche que son unos derrames de la alta cordillera de los Andes: un Teniente me ha mandado muestra, y le tengo prevenido haga que los indios lleven alguna de su cuenta a Jaén para hacer ensayo de su calidad, y si fuere buena los empeñe a este ramo comercio.

13.o De las primeras remisiones y ventas de estos géneros se deben comprar pesos y medidas, y el número de herramientas para labranza que fuere necesario, y los / utensilios de herrero, carpintero, calafate, y demás oficios que son indispensables en una población, los cuales deben conservarse en el almacén, para emplearlos únicamente en las obras de comunidad en que debe concurrir todo el pueblo, y lo demás se invertirá siempre en hachas, machetes, azulejos, agujas, cuchillos, tijeras, navajas, y ropas propias por su calidad y duración para las familias y cuando convengan todos o la mayor parte de los vecinos en hacer alguna donación a la iglesia se podrá apartar para invertirse en alhajas del Servicio Divino lo que determinasen; pero bien entendido que a esto les debe persuadir el Director con un celo discreto, depués que estén vestidas, // aunque pobremente con honestidad las mujeres, y se hayan socorrido los inválidos, viejos, y viudas, que muchas veces éstos sin toldo en que poder encerrarse para dormir experimentan todo el rigor de las plagas del país.

14.o En cada población deberá haber uno, o más telares de lienzo según su tamaño y para la primera materia la fábrica se hará por el público anualmente una siembra de árboles de algodón cuya cosecha se repartirá con igualdad a las mujeres para que lo hilen, de donde pasará a los tejedores, y según el número de varas que resultase, se distribuirá con la más escrupulosa equidad. De esta suerte, y con lo que en cada familia se labre en particular de macanas tendrán / todos suficientemente con que vestirse.

15.o A los españoles que quieran voluntariamente para lograr cómodo establecimiento dedicarse a enseñar a los indios la construcción, y uso de los telares hilanderos, máquinas de desmotar el algodón, formar trapiches, beneficiar buen tabaco que pueda remitirse a la administración de Quito, hacer loza con torno, o cualesquiera otra industria, u oficio que sea a los mismos naturales útil, se le permita vecindad en el pueblo señalándoles terreno en propiedad sin que puedan adelantarlo en perjuicio de los indios, ni tener opción a ser elegidos por Justicia de sus Cabildos, y se les dará por el espacio de 10 años // aquel número de muchachos que en calidad de aprendices sea conveniente cuyo trabajo ha de resultar en su utilidad, siendo responsables a dar cuenta a los Directores de su aplicación, quienes celarán con el mayor cuidado que no falten estos aprendices a las obligaciones de cristianos y que no los empleen sus maestros en otras ocupaciones que aquellas que son anejas al oficio a que están destinados. Estos serán los únicos vecinos blancos que se permitirá en las reducciones de los indios con tal que sean casados, o que se casen para establecerse y sean de buena conducta con estos requisitos se les dará casa hecha, y la sementera el primer año, procurandose con el mayor empeño se establezcan estos artesanos / en los pueblos de la residencia del Gobernador y de sus Tenientes, y en los de la Misión alta, en donde por el mayor número de vecinos podrán sus naturales adelantarse en los oficios.

16.o Las enfermedades epidémicas que destruyen las Misiones de Maynas provienen por lo regular de ingresar de los países vecinos, y tal cual vez de lo cerradas que están las habitaciones entre los bosques y malezas que las cercan, por esto debe cada año cuidar por el Gobernador, Tenientes, y Directores se formen alrededor de los pueblos grandes taladuras de las arboledas, sin interrumpir esta práctica por cualesquiera pretexto que se quiera // alegar hasta tanto que se logre tener descubierta la población por todas partes el espacio de media legua, a fin de que se formen campiñas que críen pastos, sean más sanas las situaciones, y no estén tan llenas de mosquitos. Conforme se vaya desembarazando el terreno se animará los indios traigan para sí, o para el común del pueblo ganado vacuno conducido en balsas, como se ha traído otras veces de la provincia de Jaén, haciéndoles conocer, y persuadir las utilidades que les traeran estos animales, permitiendo también a los Directores, y demás blancos que puedan estar avecindados tengan esta u otra especie de ganado en particular; pero con prohibición que debe observarse / con el mayor rigor, de que no pueda ninguno matar para su uso las hembras, hasta tanto que se logre la multiplicación, y el número necesario que pueda el terreno mantener según la bondad de los pastos, en las campiñas artificiales; del mismo modo se ha de obligar a que en cada familia de indios haya siempre, y conserven a lo menos 6 gallinas, y un gallo, y demás aves domésticas que en el país se crían lo que mensualmente deben hacer constar al Director, y éste también procurará se aumente el ganado de cerda todo a fin de desterrar el perjudicial abuso que conservan los indios desde su gentilidad de desemparar la población en busca de // carnes por los bosques, con grande trabajo, y dispendio de tiempo pudiendo conseguirlas sin salir de ellas.

17.o Es también muy conveniente el que con la mayor suavidad se vaya obligando a que cada familia viva en casa separada y no muchas juntas como sucede debajo de un pequeño techo que sean espaciosas para que estén con más desahogo, y embarradas sus paredes, en lugar de las cañas con que las cercan, y las hacen enfermizas, que tengan cuartos dormitorios para la decencia, y buena educación de los hijos en lugar de la mala costumbre de estar, y dormir todos en una sola pieza, que guarden grandes intervalos de unas a otras casas para precaver los incendios, que se les vaya haciendo olvidar las / pinturas del rostro, el quitarse las cejas, y pestañas horadarse las orejas, ternilla de la nariz, labio inferior, y otros usos que algunos indios conservan de sus antepasados sin traerles más conveniencia que la de desfigurarlos, y que se prohiba a las mujeres a lo menos fuera de sus casas el uso de la pampanilla, y coton obligandoles a que se vistan con más honestidad, y que adapten el traje de saya, o pollera con camisa, que pueden muy bien hacer con las grandes mantas con que se envuelven para ir a la iglesia desterrando así la desnudez que es en ellas efecto de rusticidad, y preocupaciones hacia su peculiares modas; y que a los indios se les inspire un deseo moderado de // tener vestidos decentes, y decorosos particularmente a los Justicias para que se hagan de este modo más distinguidos y respetuosos entre sus nacionales, y para que los mismos Justicias puedan adquirir con qué hacer estos vestidos se les permitirá vayan ellos propios a procurar para sí los efectos comerciales de los bosques con tal que siempre queden la mitad en el pueblo llevando 6 indios que les ayuden en este trabajo.

18.o Como una de las verdades máximas del comercio es la que en todo negocio crece la utilidad, al paso que se disminuyen los gastos, y se facilita la consecución de los géneros, estando estos en Maynas por los bosques, no pueden los indios recojer / bastantes, por falta de alguna especie de pan que los alimente fuera de sus poblaciones y sin gran costo por no tener de cómodas canoas para sus peregrinaciones hacen unas mazas que llevan en grandes tinajas que ocupan mucho volumen donde se fermenta, y las que disuelven en un poco de agua para mantenerse. Para lograr en la Expedición de que estoy encargado socorro de víveres que pudiesen llegar desde la Gobernación de Maynas a estos territorios de la Corona de Portugal en que resido y que fuesen estos de alguna duración tengo mandado, y ya se ha dado principio en algunas poblaciones se hagan sementeras de Yuca brava que llaman los Portugueses "Mandioca" cuya semilla // tengo hecho trasladar, y que se beneficien aquellas raíces en harina tostada que los portugueses llaman también "fariña de pao," o en cazaves conforme se hace en otras partes de nuestra América después de extraído el zumo venenoso que tiene este fruto cuando está crudo. Bajo de este supuesto es necesario que en cada población se haga todos los años una chacra de esta especie con los precisos rallos esprimidores, y hornos para su beneficio cuyo producto deberá almacenarse y servir para que los indios que salen a los viajes del comercio puedan llevar alimento sobrado para hacer sus cosechas más copiosas. Esta yuca tiene muchas ventajas sobre las demás raíces del país. No es tan suceptible / de que la devoren los animales, no es tan codiciable para que los indios la roben, y hagan con ellas chichas, como hacen con todas las demás, y su harina, y pan de cazabe es de mucha permanencia; con estas mismas harinas tendrían los Destacamentos, y Correos con qué socorrerse, y es muy útil su cultivo para las urgencias del Real Servicio.

19.o Del mismo modo no son a propósito para el mismo objeto las canoas de un sólo palo al modo de los infieles en forma de artesas llamadas por los portugueses "ubas" que usan en la Misión, son muy costosas por la mucha gente que se ocupa en ellas de bogas, la poca diligencia que hacen, lo expuestas // que son a las barracas, y escasa carga que permiten no teniendo la mayor una cuarta de bordo, y por consiguiente inútiles para este proyecto de comercio; también para el servicio de esta Expedición he enseñado a los indios y se han hecho ya muchas embarcaciones de carena de diferentes tamaños, y especies, sirviendo de quilla a fundamento un grueso palo abierto a fuego al que se le da la vuelta proporcionada para formar los costados, y lanzamiento para la popa, y proa, después se le ponen las cabernas, roda y falcas conforme el puntal que le corresponde, y el codaste durmientes y bancos con lo cual se logran estas embarcaciones con cubierta o sin ella según se desea, capaces de que poca gente las maneje, y llevar mucha carga: De suerte que 4 ubas de a 20 bogas cada una no podrían llevar el cargamento de uno de estos botes que demanda sólo 12 remeros, y éste hará cualquiera diligencia en la mitad del tiempo que aquellas teniendo mucha más resistencia para cualquiera turboneda. Por esto es indispensable se continúe en la Misión, la fábrica, y uso de esta nueva especie de embarcaciones, haciendo que en cada pueblo haya siempre un bote debajo de su ramada sin permitir olviden los indios la instrucción que han aprendido en esta Expedición, con las cuales facilitarán sus comercios, y navegaciones // y podrá ser en adelante más útil aquella provincia para las demás Comisiones del Estado, sin que se encuentren los obstáculos que se opusieron al que actualmente ejerzo, por la inutilidad de las canoitas de los indios, y no conocer especie alguna de pan como va dicho. Pero se debe entender que dichos botes sólo servirán para el tráfico dentro de la provincia, pues a Jaén, Napo, Cantos, y demás cabeceras de los ríos es imposible entrarlos, ya por falta de agua en que naden, y ya por lo raudales que en ellas se encuentran los que no podrán vencer.

20.o Establecida en las Misiones la fábrica de las referidas embarcaciones, y de la harina de Mandioca / serán más fáciles las correrías para la exiración de indios infieles, las que deben practicarse cada año antecediendo la formación de rozas, y casas para darles habitación, y alimento. Los pueblos del bajo Marañón son tan reducidos que de no colocar breve en ellos más gente, en poco tiempo se verán aniquilados. Lo mismo sucede en el río Napo en donde es ya preciso establecer 2 o 3 pueblos para facilitar su tránsito. Las transmigraciones de los infieles no son muy arriesgadas, ni dificultosas, por grande cantidad que hay de ellos en cualquiera quebrada que desemboca en el Marañón, en el Pastaza, Napo, y otros ríos de // mucho caudal, pero donde se hallan en más abundancia es en el río Ucayale que nace en el Obispado del Cuzco. Por todo su dilatado curso están las naciones de Panos, Cunibos, Chepeos, y Piros, todas guerreras, y bellicosas que han empezado ya a navegar por el Marañón robando los pueblos Cristianos, y debe recelarse que por la codicia de las herramientas hagan algunas incursiones, y destruyan las poblaciones de Omaguas, San Regis, y Napeanos que son las más inmediatas a la boca de aquel Río. Por esta razón debe fundarse en ella un establecimiento para contener de pronto aquellas naciones, y después procurar reducirlas a nuestra Santa Religión. El año de 1781, hallándome en el pueblo / de Omaguas 6 canoas de Chepeos llegaron al puerto, y viendo pocos blancos porque toda la gente de la expedición estaba fuera, nos atacaron con sus Macanas, y flechas, a cuya novedad acudieron los soldados que estaban enfermos en el Hospital con fusiles con lo que me iban subministrando conforme los cargaban con lo que les hice un fuego vivo, y obligué a la retirada con pérdida de una canoa, y algunos indios que murieron con las heridas.

21.o A estas correrías deberá acompañar a los indios Cristianos prácticos en ellas el Teniente partidario de aquel terreno auxiliado de los soldados que el Gobernador de la provincia destine, y demás blancos // que se pudiesen nombrar exceptuando siempre de este servicio a los Directores de los pueblos, llevando aquellos efectos con que puedan animar a los gentiles a que se reduzcan a poblado, sin usar de violencias a menos que por sus insidiosas acciones se hagan justamente acreedores el rigor de que se extraigan por fuerza. En este último caso deberán repartirse los infieles por los diferentes pueblos de la provincia, conservándolos así separados para hacer su fuga más dificultosa, y evitar las traiciones que podrían cometer estando todos juntos. Al contrario cuando se trasladen los mismos infieles voluntariamente se deberán situar en cuerpo de nación para no privarles de la comodidad, y consolación que les puede resultar / de vivir en sociedad, pero de cualquiera suerte que se establezcan no se les ha de obligar al servicio el tiempo de 3 años.

22.o Los pueblos de aquel partido de donde saliese la Expedición deben concurrir con sus embarcaciones, víveres, e indios armados que fueren necesarios, y los efectos para regalar a los infieles, y vestirlos después en el poblado, se extrairán de aquellos que de cuenta del Rey deben con este objeto estar almacenados en la residencia del Gobernador de la provincia, hasta tanto que establecido el comercio activo y directo de las Misiones que está proyectado en los Artículos 11 y 12, se vaya reservando en cada pueblo en // su particular almacén, parte de aquellas ganancias para continuar después las correrías, por las ventajas que resultan a cada población, de ser en ellas menos gravosas las faenas públicas, conforme fuere mayor el vecindario.

23.o Cuando este mismo comercio, y mejor gobierno de las Misiones este bien establecido, se podrá obligar a los indios Cristianos viejos al pago de los Diezmos, para invertir sus frutos en beneficio del Estado, según lo dispuesto por las Leyes de Indias, y subvenir de algún modo al establecimiento de los propios Tenientes y soldados de la Misión, exceptuando de esta paga a los indios nuevos que hubiesen extraído de los montes, hasta que éstos tengan 10 años de / población para que así puedan mejor hacer su establecimiento, y esta propia gracia se debe conceder a los españoles que con oficio útil se avecinden en Maynas.

24.o Luego se ha de suprimir en la Misión todo trabajo personal de los indios, libertándolos de la pensión de Mitayos, y del abuso introducido de emplear el número que quieren, y sin salario alguno, Gobernador, Vicario, y Misioneros en cuanto les parece. Debe solamente tener el Gobernador de la provincia, dos indios Justicias, y dos muchachos para su servicio, otras 4 personas el Vicario, 2 cada uno de los Misioneros con destinos uno de sacristán, y otro sirviente, y una viuda para // cocinera, un sólo indio, y una viuda los Tenientes partidarios, y 2 Indios los Directores, y cualesquiera otras personas que se empleé, ya sea por alguno de estos, o por los vecinos blancos las deben todos pagar a razón de 12 reales al mes, y mandándolos fuera de la población además de esto les han de dar la ración de harina de Yuca por el tiempo que hubiesen de estar separados de sus casas, pero para que así los Misioneros, como los moradores españoles no carezcan del alivio que les fuere preciso a los primeros, y de los medios de fomentarse, y adelantar los segundos, será del cuidado de los Directores señalar de aquellos indios más holgazanes, e inútiles para el público, / los que cada uno de estos pudiere, haciendo que reciban con su intervención la paga de dinero, o si fuere en efecto según el arancel establecido en la Provincia.

25.o Se ha de prohibir igualmente al Gobernador, Vicario, Misionero, y Tenientes toda especie de comercio por sí, y por interpósita persona, y los repartimientos de géneros, para que no se distraigan de sus empleos, y ocupaciones que deben ser todas en utilidad de ambas Majestades, de la provincia, y de sus naturales. Los vecinos blancos podrán tratar y comerciar en particular atendiendo en cualesquiera gracia que se les pueda hacer a aquellos que más sobresalgan por su // industria, actividad y luces en beneficio de los frutos, y efectos del país, y a los Directores únicamente para que sirvan con legalidad sus encargos, y animarlos al adelantamiento de sus pueblos e indios que dirijen, se les dará una sexta parte del producto que resultase del común comercio de la población, sin permitirles ninguna otra grangería en particular, directa, ni indirectamente, por justa, y razonable que parezca.

26.o Para que los misioneros puedan subsistir sin gravamen de los indios de su doctrina, deberá entregárseles los 200 pesos que gozan de estipendio, sin la obligación en que están de subministrarlos en efectos a los mismos indios en pago / de que éstos los mantienen enteramente, pues sin cumplir los más de ellos con esta deuda, vienen a expensas de sus feligreses, empleando el estipendio en comercio, y negociaciones que les son tan prohibidas por su estado, de esta suerte, habrán de satisfacer a los indios que quieran emplear de Mitayos, o se dedicaran desterrando la desidia a formarse un establecimiento cómodo para mantenerse con la aves, y otros animales que puedan criar en sus casas con las primicias, ofrendas, y rozas de la comunidad, pero aun cuando no quisiesen tomarse el menor cuidado para su propia economía pueden tener muy barato de los mismos indios cuanto les sea necesario, pagando por el arancel // de la provincia lo que compren, un huevo está apreciado en una aguja, pollo en una sarta de avalorios, una gallina en 2, lo demás con la misma proporción, y siendo estos alimentos mucho más sanos y delicados, que los loros, paugies, guacamayos, tucanes, monos, ardillas, y otros animales del monte, de carne muy dura, se vé que no es otro el motivo porque se conserva en esta práctica sino por vivir con más indolencia, y tener más indios a su arbitrio, y disposición, sin embargo de que se hacen servir de toda la población con el mayor despotismo. En algunos grandes pueblos en que la cacería es muy escasa, para conseguir pequeños ocupan un número considerable de indios, pudiendo lograr / mejores alimentos en el corral de su casa, sin emplear más que una sola persona, será muy aproposito para el conocimiento de Su Majestad hacer patente con la mayor claridad este desorden. En el pueblo de Xeveros tiene el misionero en su servicio todos los días 32 Mitayos, y semaneros 18 Fiscales, 9 Sacristanes, 4 Alcaldes, 2 Regidores, 2 Alguaciles, 2 Pongos, 3 Cocineros en todas 62 personas ociosas que pudieran ocuparse últimente en beneficio de la población: esto mismo sucede en todas las demás reducciones, pues aunque no es tan crecido el número de estos inútiles sirvientes, siempre son muchos respecto al vecindario, y a la facilidad que tiene el cura de subsistir sin que los indios padezcan esta opresión.

27.o Se debe a los misioneros, con el establecimiento de Tenientes Partidarios y Directores, quitarles todo el gobierno temporal que ejercen todavía en los pueblos sin que puedan tener en su casa cepo, ni otras prisiones, como asimismo a la puerta de la iglesia puedan castigar con azotes; son muy sabias y católicas las Sinodales del Obispado, y Concilios Limenses que permiten cierto número, con justa y santa providencia para enmienda de los fieles lo que tienen siempre muy presente los curas, y particularmente las Sess. 11 del Lib. 1.o trat. 4.o de la Instrucción de Párrocos del Señor Montenegro, Obispo de Quito, pero / ejercen la Jurisdicción de imponer esta pena con el mayor rigor e imprudencia, no haciendo reflexión muchos al estado de catecumenos, y neófilos, o a la poca malicia con que hacen sus delitos, y otros vengan con crueldad en la entrada del Santuario sus enconos particulares, o la más leve falta de respeto hacia sus personas. No es poca prueba de este relato la que dio este año pasado el cura del pueblo de Omaguas, haciendo perder la vida a la crueldad de azotes, y el cepo de cabeza, a una muchacha doncella, por la inhumanidad, y mandato de su mismo Pastor. Advirtiendo el Misionero al Director, o Gobernador los que no asisten a la Iglesia, por estos se hará que en su presencia sus propios justicias // nacionales los castiguen conforme se ha expresado en el Artículo 9.o.

28.o No se abonará a los Misioneros su estipendio sin que para cada despacho anticipen a la Tesorería de Quito certificación del Gobernador, o Tenientes Partidores que haga constar la residencia continuada que han tenido en los pueblos; para separarse, o salir de ellos, no podrán nombrar los indios que los han de conducir, pedirán precisamente el número que necesiten al Director, y la elección dependerá de éste, haciendo siempre vaya un justicia para que se transporte con más decoro, y seguridad; esto deberán concederles cuando quieran buscar el sacramento de la Penitencia en los pueblos / inmediatos; pero para su salida a Quito, o traslación a otra población, deben hacer constar para su avío a los Tenientes el permiso, u orden del Vicario General sin este requisito deberán los mismos Tenientes, y de los Directores de los Pueblos por donde transiten, quitarles la canoa, y bogas, dando cuenta al mismo Vicario para que lo haga recoger, sólo así tal vez se evitarán las frecuentes deserciones que cometen. En los 5 años que sirvo este Gobierno 3 succesivos Misioneros de Andoas se han huido por el río Pastaza, tal vez pretendiendo aquel destino con la premeditada intención de facilitar su fuga, por no haber en dicho río ningún Teniente, ni persona blanca. Cuando entré en // las Misiones no encontré en todo el río Napo algún sacerdote, y uno de ellos que tenia aquel destino, lo hallé en el Gobierno de Quijos en donde estaba había ya 2 años, sin que hubiese dado un paso adelante hacia su doctrina.

29.o Aunque los eclesiásticos que de en adelante se nombren para las Misiones, sean educados, e industriados en el Seminario, o Colegio que se elija para este intento en Quito como se ha dicho en la Descripción, conviene que los Vicarios Generales tengan la virtud, juicio, y ciencia que requiere este encargo, y que no sean de poca edad, y tan jovenes como han sido los últimos que ha tenido la provincia contemporáneos de los mismos / clérigos; y a fin de que con mayor providad entereza, y justicia pueda hacer las visitas, estorbar los daños espirituales y contener a los clérigos que no cumplan perfectamente con su obligación, debería elegirse entre los prebendados del Cabildo de Quito u otro Sacerdote que ocupase un buen beneficio en el distrito de la Diocésis por el espacio de 3 años, siviéndole este viaje, y comisión de particular mérito para sus adelantamientos, como debería servir también por sus informes el empleo de misionero a aquellos que hubiesen desempeñado este Ministerio, teniéndolos presentes a su salida en las oposiciones de curatos, con preferencia a los que no han estado en Misiones // y con atención a no tener congrua sustentación con que mantenerse, para que el incentivo del premio moviese a los demás a dedicarse con empeño, y celo, en este apostólico ejercicio.

30.o Apesar de cuanto quieren exponer algunos sobre la dificultad que les parece encuentran en que los indios aprendan la lengua española se debe poner el mayor cuidado y esmero, así por los Misioneros, como por las Justicias en que se haga vulgar, y común en todos los pueblos, prohibiendo a todos los soldados, y demás personas blancas les hablen en Inca; ni es tan general este último idioma para que se procure adelantarlo a excepción de / algunos pueblos de la Misión alta, en todos los demás sólo una sexta, o séptima parte de los habitadores la entienden, y así como se practica instruir a todos en dicho idioma Inca, se debe substituir esta enseñanza en el español, eligiendo aquellos indios que ya lo saben para mandones si se hallan con los demás requisitos necesarios, y haciendo algunas distinciones a los que más se adelanten en su inteligencia. Desde luego se empeñaría a los Gobernadores, y demás Justicias a que la aprendan pues consiguiendo esto, y mandando cada uno a los de su nación con voces españoles se hará en poco tiempo familiar, y mucho más cuando // hubiese en los pueblos personas blancas establecidas, para poder elegir entre ellas, la demás juicio y conducta que tenga escuela pública de idioma, gratificándole del comercio de comunidad con proporción al aprovechamiento de sus discípulos. Raro es el indio particularmente los muchos que a los dos años se servía algún blanco ignorante de la lengua Inca, no haya aprendido el español, de lo que tengo bastante experiencia.

31.o Siendo el dinero el alma del comercio, con que se facilita éste según aquel circula, se establecerá entre los indios el uso de la moneda, enseñandoles su intrínseco valor, y procurando los Directores instruirlos en este conocimiento, interviniendo siempre / como una especie de Tutores en su contratos hasta tanto que ellos por sí puedan manejarse en esta parte, haciéndoles comprender podrán con él adquirir lo que necesiten.

32.o En cada población deberá haber casa de Cabildo capaz, como también carcel segura en las moradas del Gobernador de las Provincias, de los Tenientes, y de los Directores, pero la llave de estas últimas, y demás prisiones, estará al cuidado de los indios Gobernadores, como que en ellos ha de permanecer la Jurisdicción Real de los pueblos en que no residiese el Gobernador por Su Majestad o sus Tenientes Partidarios.

33.o Por estos, por los mismos Directores, y por los Misioneros se ha de procurar con la mayor prudencia se destierre de la provincia el vicio de la embriaguez, persuadiendo a las justicias a que celen, y den buen ejemplo en tan abominable, y pernicioso delito, valiéndose de los medios de suavidad y blandura, particularmente en los principios, porque no degenere la reforma en desesperación, y se retiren a los montes, al mismo tiempo que se observara con los blancos que incurriesen en esta culpa el mayor rigor para que no autoricen por la mejor calidad de sus personas este vicio, el mismo se observará cuando estos o los indios vivan escandalosamente sin honestidad, pues además de las ofensas que se cometen por la libertad, con que viven unos y otros, y es de la obligación / de los Justicias, castigarlas, y precaverlas; estos desórdenes causan la desolución de los pueblos, por lo opuesto que son a la populación, y aumento de su vecindario. Muchos son los matrimonios en que se ve fruto alguno de ellos y la juventud en todas las poblaciones no es proporcionada al número de las familias, por esto se debe procurar el que antes que se entreguen los adultos de ambos sexos, al libertinaje se casen, y vivan cristianamente como utilidad propia, y del estado.

34.o Últimamente por el Gobernador de la provincia, Tenientes, Directores, y Misioneros se debe observar inviolablemente en hablar a los indios Gobernadores, y demás Justicias con atención dandoles buen tratamiento // y asiento en sus casas, así a ellos como a su mujeres, tratándolos con la distinción que es debida a sus empleos, para que de esta suerte sean ellos mismos más respetados en cada pueblo por los de su nación y se logre que sirvan con la debida honrosidad pues así secundarán gustosos todas las providencias que se dicten, para su mayor utilidad, mejor gobierno de esta provincia, y aumento del erario, pues al cabo de algunos años del establecimiento de este nuevo régimen, u proyecto sin duda se podrá empezar a extraer los Derechos Reales que servirán para el pago de la guarnición, y demás empleados cuya satisfacción toda sale en el día de la Caja Real, sin que estas Misiones produzcan nada al Rey que reintegre los gastos que en ellas se invierten.

Esto es todo lo que según el conocimiento que tengo de las Misiones, conviene se practique en ellas, atendiendo a su situación encajonada por los desiertos que las cercan por la parte de los terrenos poblados por España, y por los dominios de la Corona de Portugal. Mucho más útiles serían a la verdad las referidas Misiones, si tuvieran por el Marañón comunicación con la Mar del Norte, pero como en los principios de la conquista de la América no se pudo conocer desde luego los puertos que serían para lo sucesivo ventajosos, e // importantes para cubrir, los portugueses se situaron después en la boca del propio Marañón, o Amazonas, con que nos tienen privados de este giro y viaje. En el día si se pretendiera que los portugueses por otro nuevo tratado dieran paso franco a nuestro comercio por esta vía, era necesario que se desprendiesen de toda la costa Septentrional del Marañón hasta su salida al Mar de la Plaza de Macapa que está en la boca, y villas que corren hacia el cabo del Norte y de toda la Capitanía de Río Negro, y no hay duda que solicitarían en cambio otras cesiones, y por otros parajes que les recompensase sobradamente bien este desmembramento de sus Estados, quedándose siempre / con la mayor utilidad del comercio del Río Marañón que nunca podría España estorbarlo.

Lo primero por falta de seguro puerto en la boca hacia la banda de Norte que asegurase nuestros navios y escuadras en cuya costa brava se experimenta la impetuosidad de las mareas en el raro fenómeno de las Pororocas, de suerte que aunque los portugueses erigieron pocos años hace la ya nominada Plaza de Macapa, no fue por tener buen puerto, si no porque sirviese su fortaleza, y otros pueblos de blancos fundados en aquella costa de barrera a las colonias francesas de Cayona, al mismo tiempo que guardasen la verdadera boca del // Marañón, debiéndose advertir que sus navíos los dirijen siempre a la Ciudad del Pará situada a la parte Meridional, y en donde van pocas aguas del Río Amazonas por un pequeño caño, por estar la grande Isla de Marayo de intermedia.

Lo segundo por que teniendo los portugueses mejor puerto que los españoles, y contiguas al Pará sus demás posesiones del Brasil que sigue por aquella parte del Sur, estarían siempre en estado de perjudicar con sus violencias al comercio de España, y ejecutar un contrabando tanto más difícil de estobar cuanto sería entonces dilatada por un espacio de cerca de 600 leguas, la común navegación del Río Marañón para las / dos Coronas, en la que cada día se ofrecerían desaveniencias y motivos de querellas, además que antes de hacer la entrega de toda la Ribera Septentrional del citado río, trasladarían con mala fe, las poblaciones a la margen opuesta, y extraerían por fuerza todos los habitantes del Río Negro, por más que se estipulase lo contrario que se hiciese, como durante estas presentes demarcaciones lo han hecho, sin que llegue el caso de verificarlas, para lo cual hasta ahora las tienen diferidas, de conformidad, que con las mismas aunque injustas operaciones con que aumentarían sus pueblos para poder impunemente cometer por este dilatado Río sus excesos, harían más dificultoso el // que España en muchos años lograse un sólido establecimiento que le fuera útil, y pudiera contenerlos. Tefe, alias Ega. Portuguesa del Río Marañón 20 de Febrero de 1785.

"Método que deben observar los Misioneros de Maynas, sobre algunos puntos interesantes de sus feligreses".

Como estoy persuadido a que ni en los antiguos tiempos nadie llego a tener tanto conocimiento de estos neófitos, y de todas las naciones, su carácter, e índole, como yo, por continuo tráfico de cerca de 11 años que con ellos tengo juego, hacerles un gran servicio, patentizado lo siguiente. Bien puede tal cual Misionero por estar dotado de alguna penetración, o por los muchos años que / habite en su reducción comprender el temperamento de las naciones que doctrina, pero por lo mismo sólo tendrá conocimiento de ellas, y no de otras con quienes no se roza.

Enfermando gravemente un adulto llaman al Misionero a que lo confiese, Marcha él, confiesase el paciente, pero aunque llegue a exalar el espíritu dentro de él, posteriormente a la confesión, 2, 3, ó 4 semanas, no se vuelve a confesar, no cuidando los parientes de austerarla, ni el Misionero. Es imposible que en este intervalo aún dado caso que el doliente se confesase bien, no vuelva a pecar mortalmente. Son muchas las ocasiones. Dentro de la misma casa habitan diferentes familias las // que por varios caminos le suministran materias a que peque, pues son muy dados a la incontinencia y embriaguez, sucediendo tal vez que sus cómplices le asistan en la enfermedad. De aquí se infiere claramente que muriendo en pecado se pierde miserablemente esa alma. El remedio para atajar tanto mal es el que se sigue.

Desde que vean los Misioneros que el enfermo se halla en peligro, deben continuar sus visitas, o poner un fiscal de centinela para cuando se halle cercano, si lo permite el accidente, y no se priva a dar el último suspiro, después de componer escribiendo alguna exortación, infundirles atrición no la formidolosa, pintando lo mejor que pueda las penas / del Infierno, y la Eternidad, mirando siempre a Dios por ser quién es. Logrado ver al moribundo con atricción confesarlo, después de lo cual no separarse de su lado hasta que expire, modo único yo lo afirmo de salvar estas gentes. Ellas no tienen una idea cabal de Dios, y me parece imposible tengan contricción, siendo esta tan difícil para otros que tienen conocimiento de la Deidad, no perteneciendo ahora la cuestión que por lo mismo de ser obra sobrenatural la merezcan aquellos, pues me parece no debían disfrutarla, cuando no ponen medios para adquirirla; por lo que sin procurar la tengan, deben poner el mayor empeño en infundirles atricción, para que // mediante ella, y la absolución a tiempo, como llevo dicho, se logre la sangre purísima del Redentor. A mi ver es imposible que estas gentes afirmen o lleguen a entender el sigilo sacramental, y por consiguiente callan algunos pecados o por vergüenza, o por que temen ser castigados por los Misioneros se compesan. De esto hay varios ejemplares, que yo he tocado, aún entre los indios, e indias que se precian de más civilizados. El remedio era, que llegando el tiempo de cumplir con el precepto los Misioneros que tienen las Reclusiones más cercanas dejan de administrar este Sacramento en la suya, y lo ejecute en otra debiendo el de ésta hacer lo mismo en aquella. Con este advitrio tal vez hicieran las confesiones válidas: / ni se me diga que el propio Párroco como más instruido en los defectos de sus feligreses los confesará mejor, pues siendo los dominantes en estas gentes la lascivia, y embriaguez también lo harán en una, como en otra Reclusión. Que algunos de los habitantes en estos países cumplan con el precepto anual voluntario también es imposible. Es cuestión que en esta Capital se ventiló en la Cuaresma que para decir confesandose ellos forzados, como lo hacían, eran dignos de la absolución, o si se les debía forzar a ello. Yo sin embargo, de no ser facultativo di mi dictamen afirmando a la 2.o parte; pues para ello había la Iglesia fijado penas; pero que sin embargo de que experimenten // vienen los Penitentes sin disposición no los despidan airados como suelen, antes si con paciencia procuran decirles tales cosas que los reduzcan, y engendrándoles atricción los absuelvan; modo con el que se logra, que aunque se lleguen a sus pies sin intención de cumplir con el precepto, lo cumplan, a cuyo dictamen asistieron, y en particular el Misionero de Barranca Dr. Riofrío, es lo que se debe hacer con la primera parte. Debían poner todo empeño en enseñarles el idioma castellano, y el rezo en él; modo con el que comprenderían lo que saben de memoria como el loro. Como en la lengua Inca pura, que es la que allí se habla, y mucho menos en sus bárbaras no hay aquellas voces para explicarles, las que como no entienden / tampoco comprenden lo que les explican. Dicen y muy mal, que cuando el Misionero sabe el idioma bárbaro de sus feligreses son estos felices en lo espíritual. Yo entiendo casi todos los que hay en estas Reclusiones, y sé algunos con perfección pero nadie por elecuente que fuera en ellos me podría explicar los Misterios de la Trinidad, Encarnación, Redención, etc. Son muy escasos de voces. Con una misma voz según el acento que se le da, o se exetura de diferente modo significa diversas cosas. Debíase precisamente enseñarseles el castellano, y el rezo, como llevo dicho; pero con el método siguiente. Enseñarles un día sólo el Padre Nuestro, explicarles repetidas veces lo que se dice, y pide en esta Oración. El siguiente de Doctrina tomarles lección, y si aún todavía no lo comprenden proseguir en la explicación hasta lograr instruirlos, instándolos seguir con las demás oraciones, con el mismo método, y de ningún modo todo el rezo junto, sino es cuando lo hayan comprendido enteramente. Nada de esto se hace en el día en esta provincia. Los días señalados de Doctrina se plantan los fiscales y de carretilla relatan todo el rezo, el que sigue el concurso, y se marchan tan ignorantes como entraron a la Iglesia; bien que tal cual Misionero asiste al rezo, o enseña con su boca; pero como no hay la explicación que solicito, ni aún en la lengua Inca, es lo mismo que si no hubiera tal Doctrina. Hay un pucrito grande en esta provincia en / que no se civilicen los naturales con la disculpa que mientras más expertos se hacen más pícaros. Está bien, háganse más picaros enhorabuena, pero puestos en el artículo de la muerte afirmo que más se salvaran de los llamado pícaros, que los embrutecidos pecadores; y es la razón, que aquellos como han botado las cataratas del entendimiento conocen que han ofendido, y piden perdón de la ofensa; cuando éstos delinquen, saben que han delinquido, pero sus cerradas molleras no se arrepienten. He hecho muchas experiencias, que cuando se hallan en la Iglesia, y asisten al Santo Sacrificio los llamados pícaros están con devoción, hallándose los otros tan indiferentes, y sin reverencia alguna // que causa grandísima impaciencia. Ni en Ayavitas que al tiempo de alzar la Sagrada Eucarista una india cuyo hijuelo lloraba, para hacerlo callar, mostrándole con el dedo hacia la hostia le decía Coco, Coco repetidas veces. Esta era de aquellas indias tenidas por buenas por justa, al paso que otra llamada mala por civilizada que se hallaba contigua la reprendió por acción semejante. La conclusión es se debe propender a que estas gentes tengan alguna cultura, la que se conseguirá enseñándoles el castellano, y que a los indios civilizados llamados antonomásticamente pícaros no los consigan sólo por el delito de ser más racionales sin otro objeto que el de hacerse los blancos, y Misioneros Deidades en este país, y no recibir tanto / incienso de éstos como de aquellos. Las indias solteras, viudas o casadas, cuyos maridos se hallan ausentes, cuando se sienten puestas encinta, es ya costumbre y moda entre ellas el abortar, de modo que rara de éstas saca a luz el fruto de su pecado, despidiendo el feto con mucha facilidad con cierta porción eficacísima. Debían los Misioneros pesquisar con mucho sigilo a las de esta clase que se hallan embarazadas, y llamándolas a su casa exortarlas, y obligarlas a que paran, advirtiéndolas que precisamente deben manifestarle el Infante.

Francisco de Requena y Herrera

Fuente: Relaciones histórico-geográficas de la Audiencia de Quito (siglo XVI-XIX). Estudio introductorio y transcripción por Pilar Ponce Leiva. MARKA, Instituto de Historia y Antropología Andina/Ediciones Abya Yala, Quito, 1994, tomo II (s. XVII-XIX), pp. 658-700.