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1784
Propuesta para el establecimiento de una Sociedad de Amigos del País en Valladolid de Michoacán.
Valladolid de Michoacán, 7 de julio de 1784.
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Así como una pequeña chispa suele encender toda una selva, así también un proyecto económico, literario o político, aunque en sus principios sea muy tenue por estas o aquellas causas, con el tiempo suele venir a ser la felicidad de una provincia o reino.
Y omitiendo antiguos ejemplares, está a la vista con admiración de toda la Europa la célebre Sociedad Vascongada de Amigos del País, que tuvo principio por los años de 1764; y aunque en su origen tuvo una infancia bastante débil, el celo patriótico de aquellos nobles, honrados y muy sufridos habitantes ha vencido montes de dificultades, y en el día hace tan rápidos y agigantados progresos en ciencias y artes, industria y educación popular que hasta las naciones más émulas de nuestra España no se desdeñan ya de enviar sus hijos a que se eduquen en aquella nueva Atenas Vascongada.
Su celo y actividad ha(n) sido tan ardientes que a su imitación se han erigido en Madrid y otras muchas provincias semejantes sociedades y escuelas pías para educación y laboriosa industria de hombres y mujeres pobres y aun de los niños y niñas.
2. De estos importantes proyectos están brotando diariamente los más honrosos arbitrios para desterrar la ociosidad y mendiguez vagabunda, causa y origen capital de todos los vicios, según la expresión del Espíritu Santo: Multam enim malitiam docuit otiositas.
3. Penetrado de estas ideas el Gobierno Diocesano, que en el día está a nuestro cargo, en nombre de nuestro venerado prelado el Ilustrísimo señor don fray Antonio de San Miguel, obispo de esta ciudad y obispado; teniendo asimismo presente las obritas de oro que se intitulan: Industria y educación popular sobre artesanos y su fomento, cuyas sabias máximas están autorizadas y muy recomendadas por reiteradas reales órdenes de nuestro augusto soberano, el señor don Carlos III, y que por el Real y Supremo Consejo de Castilla se han dirigido cartas acordadas a todos los ilustrísimos señores prelados y gobernadores diocesanos para que por sí y por medio de sus párrocos y otros eclesiásticos sabios y celosos cooperen por cuantos modos les sea posible a los saludables e importantes fines, así espirituales como temporales, que se siguen del destierro de la pobreza vagabunda o mendicidad;
Penetrado asimismo este Gobierno de la más dolorosa compasión al ver el crecido número de pobres ociosos y ociosas de todas edades que hay en esta capital, y que, por otra parte, no es nada difícil proporcionarles de pronto alguna honesta y útil ocupación ya con las hilazas de lana y algodón y ya con varios tejidos de estas primeras materias, las que no se escasean en esta provincia;
Constándonos asimismo por ciencia cierta que el señor don Antonio Belaunzarán, prebendado de esta Santa Iglesia a impulso de su celo, tan eclesiástico cuanto patriótico, ha dispuesto y conseguido que uno de los artesanos tejedores de esta ciudad, que se llama Vicente Durán y vive en el obraje de la Calle Real, le haya tejido unas decentes toallas de hilo de algodón, de las que puede servirse cualquiera sujeto honrado;
Que igualmente ha dispuesto y fomentado no obstante su ningún caudal y la escasa renta de su media ración, que se traigan algunos tornos para que a su imitación se formen otros, y los pobres hilanderos e hilanderas avancen su trabajo diario hasta veinticuatro y aun treinta onzas de hilaza de algodón, cuando al malacate o rueca en el día sólo hilan cuatro o cinco onzas;
Inflamado este Gobierno con estas ciertas noticias y poseído de deseos ardientes contra la ociosidad y mendiguez, por ser éstas fuente y manantial de toda especie de pecados contra los que nos consideramos en la más estrecha obligación de aplicar los más eficaces antídotos, hemos determinado pedir, rogar y exhortar encarecidamente al dicho señor don Antonio Belaunzarán que, en prosecución de su cristiano celo patriótico, se sirva informarnos y proponernos, con la brevedad posible, los medios y arbitrios que su instrucción político-económica le dicte más convenientes y más fáciles para fomentar los artesanos y operarios, así en el punto de hilazas de lana y algodón como en el de tejidos;
Sirviéndose extender también dictamen a cualquiera otro ramo de industria y educación popular que de pronto juzgue de fácil ejecución en esta ciudad, para que, con sus luces, hagamos a nuestro venerado e Ilustrísimo prelado el debido informe, al que acompañaremos el original que nos presente dicho señor Belaunzarán.
4. Y para más explicar estos nuestros insinuados deseos determinamos y queremos desde luego contribuir de nuestros intereses personales con la cantidad de cien pesos para que, por mano del expresado señor Belaunzarán, se empleen en tornos de hilar y en alguna otra leve maniobra que su señoría juzgue conducente para fomentar algunos pobres hilanderos y tejedores, a quienes gustosamente hacemos esta limosna, dejándolo todo al prudente arbitrio y distribución económica del expresado señor Belaunzarán, a quien se pasará copia autorizada de esta nuestra determinación exhortatoria con nuestra carta política.
5. Y para más vigorizar este nuestro proyecto a beneficio de los pobres queremos, así mismo, que con igual carta nuestra se entregue otra copia autorizada a los señores doctor don Vicente Antonio de los Ríos, dignidad de tesorero, y al licenciado don Blas de Echeandía, prebendado de esta Santa Iglesia, para que con vista de estas nuestras ideas sobre industria y educación popular se sirvan sus señorías, cada uno de por sí, informarnos y proponernos cuanto juzguen conducente de pronta y fácil ejecución en los expresados ramos de hilaza y tejidos, y sobre cualquiera otra que pueda promoverse fácilmente en esta capital.
Y no dudamos que su celo patriótico, sólida instrucción económico-política y el mucho conocimiento práctico que les asiste de este terreno nos sean de particular luz y guía para hacer efectivas nuestras ideas, y ambos informes los pasaremos también a manos de nuestro Venerado Ilustrísimo, luego que se halle su Señoría.
Ilustrísima en la Corte de México, a fin de que, instruido, de todo, pueda, si tal vez le pareciere conveniente, hacer alguna representación o informe al Superior Gobierno, para que, a la sombra de la real protección, se dé principio de algún modo a que en esta capital se establezca una Sociedad de Amigos del País u otro equivalente proyecto con que se fomente y resucite la industria y educación popular de que sea capaz esta ciudad y provincia.
6. Los señores doctor don José Pérez Calama y doctor don Juan Antonio de Tapia, dignidad de arcedeano y canónigo de esta Santa Iglesia Catedral, y gobernadores de este obispado por el Ilustrísimo y Reverendísimo señor don fray Antonio de San Miguel, del Consejo de Su Majestad y dignísimo señor obispo de esta diócesis, así lo decretaron y firmaron.
Doctor José Pérez Calama
Doctor Juan Antonio de Tapia
Fuente:
Independencia Nacional. Tomo I. Antecedentes – Hidalgo. Instituto de Investigaciones Bibliográficas. Seminario de Independencia Nacional. Universidad Nacional Autónoma de México. México. (Primera edición 1986-1987) Segunda edición 2005. Páginas 17-20. Tomado de Germán Cardoso Galvé: Michoacán en el siglo de las luces. Doc. IV.
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