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Siglo XVIII > 1760-1769 > 1768

Instrucción dada por el visitador don José de Gálvez para la creación de nuevos pueblos en California, como defensa de la frontera, con incentivos a los pobladores.
Santa Ana, Baja California. 12 de agosto, 1768.

Don José de Gálvez, visitador de todos los tribunales de justicia, cajas y demás ramos de hacienda, comisionado regio, etc, en beneficio de los nuevos pobladores de la California y usando de sus atribuciones como visitador y comisionado regio, formó para que se guardase la siguiente instrucción que contiene las prerrogativas y condiciones indispensables con que a nombre del rey nuestro señor concedo mercedes de solares y suertes de tierras en los nuevos poblados y distritos de las tres misiones de este departamento del sur de la California y en los demás parajes que se vayan poblando en ella.

[Normas urbanísticas, repartos de tierra, medidas y condiciones de la donación]

1. Los solares concedidos a los nuevos pobladores se han de señalar por los comisarios reales, que nombraré, en los sitios y con la extensión correspondiente a la que tuviere el terreno donde se establezcan los nuevos pueblos, de modo que queden formadas su plaza y calles a cordel, que éstas tengan, si fuere posible, de catorce a diez y seis varas de ancho, para que delante de cada casa y con inmediación a ella pueda el dueño poner dos árboles a igual distancia de la puerta, y desviados dos varas de la pared de fachada, que sirviéndole de comodidad y defensa de los ardores del sol, hermoseen y fertilicen los pueblos.

2. Cada suerte de tierra, así de riego donde lo hubiere, como de temporal o secano, ha de ser de doscientas varas de largo y ciento de ancho, por ser éste el ámbito de terreno que regularmente ocupa la fanega de maíz en sembradura.

Y como me propongo concederlas a los nuevos poblados en mayor o menor número, según la calidad y mérito de cada uno, se demarcarán también por los comisarios reales de acuerdo con los rr. pp. misioneros si el repartimiento se hiciere en el distrito de las misiones, respecto de estar enajenadas de la administración económica de sus temporalidades y que estos repartimientos de tierras se han de hacer sin perjuicio de los indios naturales, en soldados reformados y en otros españoles de buenas costumbres.

3. Las casas fabricadas en los solares concedidos y señalados a los nuevos pobladores y las suertes de tierra comprendidas en sus respectivas mercedes, serán hereditarias con perpetuidad en sus hijos y descendientes o hijas que casen con pobladores útiles y que no tengan repartimiento de suertes por sí mismos, cumpliendo todas ellas las condiciones que irán expresadas en esta instrucción. Y para que los hijos de los poseedores de estas mercedes tengan la obediencia y respeto que deben a sus padres, ha de ser libre y facultativo en éstos, si tuvieren uno o más hijos, elegir el que quieran de ellos, siendo secular y lego, por heredero de casa y suertes de población.

Y también podrán si poseyeren más de una disponer que se repartan entre ellos, pero no que una sola suerte se divida, porque han de ser todas y cada una por sí indivisibles e inalienables perpetuamente.

4. Tampoco podrán los pobladores, ni sus herederos, imponer censo, vínculo, fianza, hipoteca, ni otro gravamen alguno, aunque sea por causa piadosa, sobre la casa y de suerte de tierras que se les conceden. Y si alguno lo hiciere contraviniendo a esta prohibición, quedará privado de la propiedad irremisiblemente: y por el mismo hecho se dará su dotación a otro poblador que sea útil y obediente.

[Prerrogativas e incentivos para los primeros pobladores]

5. Gozarán los nuevos pobladores y sus descendientes para mantener sus ganados, del aprovechamiento común de aguas y pastos que tengo señalados en el nuevo pueblo, o misiones, donde se hallen establecidos. Y además disfrutará privativamente cada uno el pasto de sus tierras propias, pero a condición de que pudiendo tener y criar de toda clase de ganados mayor y menor lo han de mantener precisamente en pastoría para que no se alce, y no han de exceder de cincuenta cabezas el que posean de cada especie, para que de este modo se distribuyan entre todos la utilidad que producen los ganados y que no se estanque en pocos vecinos la verdadera riqueza de los pueblos.

6. Por términos de tres años serán exentos y libres los nuevos pobladores de pagar diezmos, ni otro derecho alguno, de los frutos que les produzcan las tierras de su dotación, con tal que el primer año contado desde el día en que se les señale los solares y suertes construyan en la forma posible sus casas y la habiten, y que cerquen o hagan zanjas para dividir y resguardar cada uno las tierras que se les repartan, poniendo a las lindes o márgenes en lugar de mojones, árboles frutales o silvestres que sean útiles a razón de diez en cada suerte.

7. Después de tres años satisfarán los diezmos a Su Majestad para que los aplique según fuere de su real agrado, como que enteramente le pertenecen, no sólo por el patronato real absoluto que tiene en estos dominios suyos, sino también por ser navales, pues han de producirse en terrenos hasta ahora incultos y abandonados y que van a hacer fructíferos a costa de los grandes  dispendios y gastos que causan las grandes expediciones.

8. Pasado el referido término de los tres años, y en reconocimiento del derecho y supremo dominio que pertenece al soberano, pagarán los nuevos pobladores y sus descendientes un almud de trigo o de maíz al ario por cada suerte de tierra de temporal y una cuartilla por la que fuese de riego, y en beneficio de ellos mismos será obligación indispensable y común de todos concurrir a reparar las atarjeas del agua y las demás obras públicas de su pueblo, inclusa la iglesia, sea parroquial o de misión, donde tuviere su feligresía.

[Orientaciones agropecuarias y obligaciones de los pobladores]

9. En el supuesto de que el ganado de cerda y de los demás útiles en todas partes, y que en ésta de sur de la península donde enteramente se come de él, se hace indispensable por ser el que destruye las víboras y la langosta a pro-porción que se multiplica, será obligación precisa de los nuevos pobladores aumentar en cada año de los diez primeros dos puercas de vientre, y mantener este ganado en pastoría, como todo el de los demás especies, a fin de que no lo destruyan, como antes ha sucedido, los leopardos y coyotes.

10. Además de la puercas de vientre estarán, también, obligados los nuevos pobladores a tener dentro de los dos primeros una yunta de bueyes o vacas, en arado, dos rejas o puntas de ellas para labrar la tierra, dos azadones, una hacha, un martillo de monte, cinco ovejas o cabras, y dos yeguas con fierro propio y en pastoría. Y finalizadas enteramente sus casas en la población, dentro del mismo tendrán, igualmente, cada uno cinco gallinas y un gallo.

11. Por recompensa de la mayor aplicación en el cultivo y labor de las tierras se concederán dos suertes más al poblador que hiciere noria para regar los de secano o temporal que ahora se les concediesen y señalasen. Y si entre dos hiciesen noria de aprovechamiento común ambos, tendrá cada uno su suerte de aumento con sólo hacerlo constar al que gobernase en este departamento.

[Poblamiento fronterizo: fuero militar a los pobladores, a cambio de su colaboración en defensa de la frontera (penetración enemiga, levantamientos indígenas)]

12. En mayor honra y distintivo de los nuevos pobladores españoles yo les concedo, a nombre de Su Majestad, el fuero militar y los privilegios y exenciones que por reales ordenanzas gozan las milicias provinciales a condición de que cada poblador, cabeza de familia, tenga su caballo, un fusil o escopeta, una espada ancha y su manga, y adarga: para ocurrir a la defensa del país siempre que se ofrezca cualquiera invasión enemiga, y auxiliar el gobierno a los ministros de las misiones si ocurriere el caso de alguna conmoción o levantamiento interior de los indios, a cuyos fines se alistarán y distribuirán los pobladores en una o dos compañías que mandaré formar en este departamento del sur.

[Tramitación de las concesiones y de los títulos de propiedad]

13. Y librados por mí los despachos correspondientes de las mercedes de solares, de tierras y aguas que concediese a los nuevos pobladores, los han de presentar al comisario real y teniente de gobernador de este departamento don Manuel Espinosa de los Monteros, para que tome razón de ellos en el Libro General de Población que he mandado formar, y que ha de guardarse en el archivo del gobierno, con los memoriales y decretos de las concesiones.

Y si éstas las hiciere en el término de algunas de las misiones, los suscribirá, también, el padre ministro de ellas, al propio fin de que tome razón de la merced en el libro particular del pueblo y repartimiento de la misión.

En Fabila, pp. 39-41.

Fuente:

Francisco de Solano. Cedulario de tierras. Compilación. Legislación agraria colonial (1497-1820). Instituto de Investigaciones Jurídicas. Universidad Nacional Autónoma de México. Primera edición: 1984. Segunda edición: 1991. México.

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=387