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Siglo XVIII > 1760-1769 > 1767

Carta del Alcalde mayor de San Luis de la Paz, Juan Antonio Barreda, al Virrey Marqués de Croix.
10 de julio de 1767

Excelentísimo señor.

Anoche día siete a las diez, impensadamente y sin hallarme con el más mínimo recelo de alteración se ha vuelto a levantar este pueblo con tal desacato y desvergüenza que apenas hacían caso de los padres, que al primer grito salieron con evidente riesgo a contenerlos, exhortarlos y amonestarlos [que] se aquietasen y obedeciesen las órdenes de su majestad y con grandísimo trabajo han conseguido algún sosiego y separar la muchedumbre de gentes que estaban apiñadas en plaza y calles, habiendo pasado a apedrearme la casa y proferir algunos oprobios contra mí, lo que hasta entonces no habían proferido ni aun la más mínima palabra.

El motivo, señor, de esta novedad, no ha sido otro (en mi juicio) que el de haber arribado a la hacienda del Ojo de Agua, distante dos leguas y media de este pueblo, 18 soldados con un sargento y desarmados, lo que no he sabido de su arribo allí, que ha sido el domingo, hasta el lunes, y antes luego que lo supe di orden para que regresasen o pasasen adelante, tres leguas separados de este pueblo; y llevando su dirección a San Luis de Potosí, no ha querido obedecer hasta ayer, que dirigió su marcha el sargento con su comitiva hacia el Potosí.

Esto consternó tanto a los naturales que movió el tumulto referido y hallándome sin ninguna fuerza para oponerme a esta multitud de levantados determiné (no sin grave riesgo) a salir en busca de gente que introduzca los clérigos y [así] poder sacar a los padres, que desean su salida más que nadie.

El juez eclesiástico cura de Los Pozos, a quien escribe su ilustrísima [el obispo de Michoacán, Pedro Anselmo Sánchez de Tagle] reciba el curato y que despache a San Miguel por dos clérigos para administración de sacramentos, lo tiene ejecutado, pero le dice su ilustrísima que la entrada en el colegio a recibir el curato sea sin evidente riesgo de sus vidas.

Hoy lo hay por lo indefenso que está esto y por lo mismo no se atreve a venir, lo que me obligó a exhortar al padre [rector] y sus compañeros [que] prosiguiesen [en sus ministerios parroquiales] hasta que con gente que yo junte los pueda sacar e introducir los [clérigos], lo que ejecutaré sin pérdida de tiempo y lo más pronto que pueda aunque pierda la vida, enviando también a San Miguel por gente que ya el alcalde mayor de aquella villa iba preparando a mi salida para este pueblo y de donde me vienen dos forlones para la conducción de los padres, los que mandé estuviesen en la hacienda de San Diego, distante diez leguas de este pueblo, y pienso también pedir a Querétaro alguna tropa para con una y otra poder vencer la mayor dificultad que es la salida de los padres y la entrada de los clérigos y poder resguardar el colegio, porque juraron anoche de quemarle.

Esto es lo que en el día ocurre y me precisa noticiar a vuestra excelencia con el correo que recibí anoche del visitador.

Estando concluyendo ésta me avisa el padre rector le han asegurado venían cuatro cuadrillas a fomentar el tumulto sucedido aquí anoche, aunque a mí se me ofrece duda.

Nuestro señor guarde la vida de vuestra excelencia en la mayor salud y grandeza muchos años.

San Luis de la Paz y julio 8, a las diez del día, de 1767.

Señor.

A los pies de vuestra excelencia queda su más obediente súbdito y servidor.

Juan Antonio Barreda

Fuente: Gálvez, José de. Informe sobre las rebeliones populares de 1767, y otros documentos inéditos, edición, prólogo, índice y notas por Felipe Castro Gutiérrez, Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1990, pp. 91-92.